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Peripatetismos
día a día (es un decir) de una neurona de la web
Quién es quién
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Otra, otra...
Hay algo que siempre me ha sorprendido y es el hecho del placer que los niños encuentran en la repetición de ciertos juegos, qué variable antropológica se oculta detrás del otra, otra... con el que suelen recompensar nuestras gracias, nuestras incursiones de adultos en el universo lúdico de la infancia. Aventuro una respuesta. Simplemente la misma que hace que busquemos repetir una vez y otra nuestros éxtasis (sean eróticos o estéticos). Hay algo que se hurta a la presencia en tales éxtasis, en esas salidas de nosotros mismos, algo que escapa a los mecanismos de la memoria. ¿Es posible acaso rememorar la sensación obtenida al escuchar ciertas piezas musicales? ¿Quién es capaz de revivir un orgasmo? Los momentos intensos de placer radican en un substrato de ausencia, constituyen esas pequeñas muertes de las que se ha apropiado la expresión popular sin saber muy bien en qué consiste su esencia. Se sobrevive al placer como se sobrevive al nacimiento, como algunos postulan que es posible sobrevivir a la muerte. Sólo cabe la anámnesis -siempre frustrada- del instante pasado. La manera más eficaz de volver a ese origen perdido es la repetición, el rito. Un placer sólo es tal si se confonta con otro placer. El instinto erótico emparenta así con el instinto lúdico. Bajo ambos subyace el intento de apresar lo inapresable.
 
 
 
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