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Peripatetismos
día a día (es un decir) de una neurona de la web
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Sindicación
 
Más humo
Ya empezó la cuenta atrás. Fumadores, estáis condenados a la extinción. Pero no, todavía resta una posibilidad: la rehabilitación, la conversión a la bondadosa hueste no fumadora dispuesta a acogeros en la pureza de su seno. Eso, o el ghetto en forma de cubículo pestilente donde la concentración deletérea de nicotina, alquitrán y otros venenos acabará reduciéndoos a la condición subhumana a la que siempre habéis pertenecido. Durante decenios habéis envenenado impunemente nuestros bares, nuestros restaurantes, nuestros andenes de metro, la impoluta transperencia de nuestro aire y nuestros ríos, pero al fin (mejor tarde que nunca) la mano de la justicia os ha señalado con su dedo acusador. Arrepentíos, digo. Nuestra generosidad ha dispuesto de infalibles remedios: libros de autoayuda, programas de televisión, parches de nicotina, sobrinitas que rehúsan vuestro contacto tras diseccionar una rana fumadora y comprobar en qué masa purulenta se han convertido sus pulmones, mercenarias insobornables de la gloriosa cruzada. Aquel que rechace nuestra mano tendida deberá elegir entre el ostracismo o el exterminio. Pero ay del converso insincero, aquel que públicamente reniega del pitillo y envenena el templo sacrosanto del retrete con sus pestíferos humos. Esos serán mostrados en la plaza, de él harán escarnio las buenas gentes, renegarán de ellos esposas e hijos, perderán su empleo, nadie podrá mirarlos a la cara sin que la vergüenza y el desprecio incendie sus mejillas. He dicho.
 
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Fortunato, mejores razones que las tuyas son aquellas que proporciona Zizek (no sé si el tipo es o no fumador):

"Nos convertirmos en humanos cuando quedamos atrapados en una curva cerrada, autopropulsada, que repite siempre el mismo gesto y encuentra satisfacción en hacerlo"
 
Comentario:
No, noooo, nooooooorrrrr. Aun quedamos una minoría de fumadores comprometidos dispuestos a resistir. Frente a esa moderna ola de responsabilidad para con el propio cuerpo y de sensatez, nosotros seguimos defendiendo los valores eternos del tabaquismo.

¿Por que fumanos? Porque somos guays. A pesar de lo que digan las campañas antitabaco nosotros los fumadores y las fumadoras somos la gente molona, los chicos malos y enrrollados, los rebeldes y enterados. Nuestros santos patrones son modelos de persona molona: James Dean, Humphrey Bogart, Audrey Hepburn, el vaquero de Marlboro...

Los hombres fumadores somos los más machotes y las mujeres fumadoras son las más femeninas. Somos los más sofisticados, somos gente con mundo y fumar es una garantía de que no nos vamos a convertir en unos pardillos, de que somos los protagonistas de la película. Y en cuanto a eso de la salud, con no pensar en ello asunto arreglado.

Por eso decimos no a eso de que somos enfermos sin voluntad. Somos los más chachis y jamás renunciaremos a vivir en el mundo del sabor.
 
 
 
 
 
 
 
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Comentario:
Pues sí, he constatado las virtudes medicinales de Bernhard. No hay nada mejor para la resaca, pura homeopatía, muchísimo mejor que el tomate o una sobredosis de B12. Un clavo saca a otro clavo, que dice la sabiduría popular. Ante tanto desencanto las neuronas y el estómago acaban reaccionando, vamos que en lugar de siesta he acabado devorando páginas bajo las sábanas al tiempo que pastelillos navideños. Una delicia.
 
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¿Reunión de chicos malos?

Pues aquí llego, para que no falte un representante del bando de los purísimos: propongo aplicar la condena del hautor también a los bebedores intemperados. (Condena conmutable por la lectura obligatoria de Thomas Bernhard en plena resaca).

Con otro tipo de viciosos, habrá que pensárselo.
 
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Me encanta cuando te pones rimbaudiano, tropovski.
 
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En otro tiempo, si mal no recuerdo, mi vida era un festín en el que encendía mis camel a tutiplén y mi golden virginia de liar, y se abrían así mis pulmones al placer etéreo y el cáncer a plazos...

Pero un día Sanidad nos sentó en su regazo, y nos encontró amargos, y nos injurió...

¡Armémonos de cigarrillos, compis humeantes/infernales, e inundemos los centros públicos con nuestros humos...!
 
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Uff, me dejaste anonadada. Mejor me fumo un pucho mientras medito en tus palabras.
No