logotipo

img_google
Peripatetismos
día a día (es un decir) de una neurona de la web
Quién es quién
Sindicación
 
Don't smoking o la conjetura de von Foerster
Asisto entre agradecido y estupefacto a los últimos movimientos político-mediáticos que pretenden poner coto a los malos hábitos improductivos de los españoles (todavía, oh, demasiado alejados de las altas cotas de productividad de nuestros socios nórdicos europeos), dígase: fumar un pitillo, tomar cerveza en los bares o dormir la sacrosanta siesta, legado inestimable de nuestros ibéricos ancestros. Agradecido, digo, porque uno que se ocupa de monitorizar la realidad (primer paso de la mímesis que desemboca en toda obra de arte) ya ha venido apreciando desde hace años tal "ímpetu", un germen más o menos aletargado en nuestra sociedad y que ahora parece fructificar al haber encontrado el terreno y la temperatura ideal, y un prurito de vanidad hace que nos felicitemos cuando la realidad nos da la razón, aunque la razón adquiera el formato de malas noticias. Al tiempo leo en un libro de Dupuy acerca de la conjetura de von Foerster, según la cual un sistema integrado por elementos que apenas guardan relación entre sí (un desfile militar, por ejemplo) impide que los elementos puedan intervenir en el comportamiento del sistema, apreciando sus variaciones como acontecimientos ineluctables. E inmediatamente, mi mente enfermiza empieza a hacer asociaciones. Privándonos del cigarrillo, la copa, etc se logra eficazmente extirpar el tiempo que el ser humano invierte en la socialización, en establecer y mantener las relaciones. Imaginemos un mundo integrado por personas-caracol, que salen del trabajo para encerrarse en su habitación provista de todos los adelantos tecnológicos, sin deseos de salir de ella salvo para adquirir la última novedad publicitaria en el centro comercial más cercano. Estaríamos en las condiciones ideales de la paradoja de Foerster. Todo lo que ocurriera en el mundo adquiriría el tinte de catástrofe imprevisible. La naturaleza o un grupo de hombres infernales serían los responsables del menor acontecimiento perturbador. Por supuesto, una persona-caracol jamás podrá llegar a sospechar que tenga algo que ver con las así llamadas catástrofes, protegido por su tecnológica concha de irresponsabilidad.
 
 
 
 
 
Comentario:
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Comentario:
Me hiciste acordar de la película "Brazil".
Ya hay cierta tendencia no a las personas-caracol, sino a las sociedades-caracol, encerradas en sí mismas, protegidas por su tecnológica concha de irresponsabilidad, cerrando fronteras y caminos como quien cierra las puertas de su casa, sin creer que tengan nada que ver con las catástrofes del mundo (aunque después vayan a votar a los bushes del mundo).
No