Oráculos
Todos sabemos que en la época clásica los griegos acudían al oráculo cuando se trataba de decidir sobre importantes cuestiones peronales o de estado. Las consultas de Edipo o de Temístocles son sólo dos ejemplos sin duda relevantes. Pues bien, creo haber descubierto en la "voluntad popular" reflejada a través de escrutinios que acaban formalizados en inapelables estadísticas lo que Spengler llamaba un "pseudomorfismo" de aquellos venerables oráculos. Cuando dejamos de confiar en nuestros políticos (que al fin y al cabo no dejan de ser profesionales de su oficio) nos dejamos llevar por los eslóganes o las pancartas o los referendos, todos traducibles a normalizadas estadísticas, para ver si éstas nos dan o no la razón. Lo que sí tiene en común dichas estadísticas con los oráculos es su inapelabilidad. Un 70% a favor o en contra de cierta actitud, cierto hábito, son decisivos para que el gobierno o la oposición pongan manos a la obra. Pues nada, que regresen los oráculos. Se me ocurre uno así, a botepronto: "el 68% de las españolas se declaran molestas con la incívica costumbre de sus parejas consistente en no bajar la tapa del váter después de hacer sus necesidades"
Habrá que hacer algo, ¿no?
Habrá que hacer algo, ¿no?





