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Peripatetismos
día a día (es un decir) de una neurona de la web
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La ministra
Dominical del País. Reportaje acerca de la ministra de Sanidad. Una tal Elena Salgado. No se pierdan el titular: La ministra se propone una cruzada para salvaguardar la salud de los españoles. Primero fue la ley antitabaco (esos señores y señoras que apestufaban (sic) a los no fumadores con sus malos humos, después: la obesidad, la anorexia, extirpar todo mal hábito, toda mala costumbre que atente contra la sacrosanta salud. La ministra presume sin rubor (sic) de sus matrículas de honor. Eso sí, flojeaba en filosofía. Era la única chica de ingeniería. Sus compañeros eran "a menudo" (atenuante no sabemos si introducido por la ministra o por el varón reportero) rudos y machistas. Rememora sus tiempos de estudiante. En aquella época todos eran rojos (una costumbre que desaparece con el tiempo, le falta añadir). Discutían sobre Marx y Heidegger (imaginamos que sobre Heidegger hablarían sus compañeros rudos y machistas mientras ella tomaba notas acerca del dasein , el andenken y el ereignis). Siempre estuvo a bien con la casta empresarial, sin embargo (¿sin embargo?). En aquella época los empresarios se dejaban llevar por la intuición y la experiencia (otro par de malas costumbres). Afortunadamente aquellos tiranosaurios se han extinguido. El capital no tolera las costumbres neolíticas ni a las bestias inadaptadas. Entre tanto la vemos cruzando un riachuelo entre la nieve, en foto ecuestre (se echa de menos un caduceo que blandir contra los infieles). Su aspecto es el de un esqueleto andante, pero abomina de la anorexia. Se nos ofrecen datos analíticos precisos de su sangre: niveles de colesterol, de hemoglobina, etceteraetcétera. Un modelo de salud, vamos. En su frigorífico podemos encontrar verduras, yogures con trozos de fruta y, eso sí (para algo somos españoles), un poco de jamón. La última foto es la más elocuente. Aparece acariciando una burra que responde al nombre de Autónoma. Su compañera (burra ella también) se llama Complutense. Ama la naturaleza, es evidente.

La cosa es para dar pena si no diera tanta risa. El periodista (no sabemos si voluntariamente o no) ha trazado una sutilísima parodia de la ministra. El retrato del artículo destila resentimiento y anhelos cátaros de pureza. Debería prohibírsele el ejercicio de poder a todos los que creen en la pureza (de raza, de salud, de pensamiento). No hay nada más peligroso que el integrismo secularizado de los higienistas. Ellos son los auténticos peligros públicos.
No