GRILLETE Y PANDERETA
He visto en el espacio Crónicas de Televisión Española un magnífico reportaje de una hora de duración titulado "Guinea, el sueño colonial". Suficiente motivo para recordar la sorpresa que me produjo descubrir, ya con más de veinte años de edad, que España fue la última nación europea que mantuvo la esclavitud. Posteriormente pude completar datos con otras referencias como el libro de Hugh Thomas "La trata de esclavos". Sin embargo no recibí ningún dato al respecto en mis casi veinte años como estudiante o espectador de cine y televisión, y eso que Franco murió cuando yo estaba en preescolar. Recuerdo ver la serie Raíces y cómo toda la audiencia se apiadaba y ponía del lado de Kunta Kinte sin sentimiento de culpa y repleta de ajenidad.
Más de cien años después de que Rousseau o Montesquieu teorizaran sobre el abolicionismo en España aún había corrientes masivas, importantes y poderosas que apoyaban la esclavitud. Ciudadanos españoles fueron impulsores y conservadores de algunos de los últimos vestigios de esta lacra de la humanidad. España extendió su recurso esclavista africano principalmente en sus provincias del Caribe y del Golfo de Mexico, justamente donde los españoles lograron, a diferencia de en Sudamérica y por diversos motivos, hacer desaparecer prácticamente la totalidad de la población indígena.

En la Cuba española de 1847 había cinco millones de esclavos cuando Inglaterra había abolido la práctica esclavista en 1807, Mexico en 1813 y Venezuela y Colombia en 1821. En 1883 España declaró oficialmente ilegales cepo y grilletes. Por fin en 1886 finalizó el proceso que abolía la esclavitud en tierras de España, incluido el Patronato que habían inventado seis años antes y que obligaba a los libertos a trabajar siete años más para su antiguo dueño y de esa manera pagar el precio de su liberación.
Frank Delgado, excelente trovador cubano de la generación de Carlos Varela y Gerardo Alfonso, compuso hace años esta canción, Quinto Centenario:
Gallego, leí en un libro
la historia del exterminio,
cuando en menos de dos siglos
acabaron con los indios.
Les fumaron el tabaco
y en el nombre del pudor
les hicieron usar ropa
y morirse de calor.
Gallego, a mí me contaron
de inquisitivas hogueras,
de arcabuces y de espadas,
y enfermedades venéreas.
Gallego, a mí me contaron
que acabaron con sus ritos
y no dejaron ni a uno
pa'bailar el areíto.
Gallego, si no es porque la ira no me ciega
ya te hubiera incendiado la bodega
como en los tiempos remotos, y al amparo de la ley
quemaron en la hoguera al indio Hatuey.
Gallego, si no fuera gente civilizada,
ahora mismo asaltaba tu embajada
y a todos los funcionarios los tomara de rehenes
y los mandara a construir los pedraplenes.
Gallego, a mí me contaron
sobre la trata negrera
y de tu ancestral manía
de amancebarte con negras.
Del cepo, de la tortura,
el látigo y barracones
y safaris con jaurías
para cazar cimarrones.
Gallego, a mí me contaron
que a pesar de las golpizas
nunca pudieron tus cuadros
contra las cargas mambisas.
Y me dijeron que cuando
se puso la cosa dura
nos vendieron a los yanquis
como una fruta madura.
Gallego, la historia es espiral que nunca acaba:
uno la lleva alante, otro la caga.
Si Maceo resucita y va a entrar al Sol Meliá,
yo creo que se arma otro Baraguá.
Ay, gallego, y te preguntarás por qué yo atizo
cenizas con espíritu enfermizo.
Yo andaba con mi ignorancia y con mi mala memoria,
pero es que justo ayer leí el libro de historia
nacional.