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EN MI CABEZA
viviendo en este mundo de caos... ¿Quién tiene claros los conceptos básicos?
Acerca de
Hell es un apodo. Me lo llama a veces un amigo porque dice que soy un infierno. Más concretamente dice: "¿Porqué no te estás quietecita un rato?". Más bien: "Deja de ser tan impaciente y en lugar de intentar acelerar las cosas deja que estas ocurran..." Muy sabio mi amigo.
Sindicación
 
La ruleta rusa o el riesgo de amar
El problema es que él no es de donde yo soy. J es de la otra punta de España, y cada vez que tenemos un problema entre los dos existe la amenaza de que si él coge las maletas y se va, tal vez nunca volvamos a vernos.

Siempre que discutimos aparece el tema de las maletas " pues si no te gusta cojo las maletas y me voy...",o "pues si no te gusta coges las maletas y te vas..."

Hoy, por ejemplo, ha bastado que yo dijera algo que a él no le ha gustado para desencadenar la tragedia.

- He pensado irme dos semanas...
- ¿Cómo? Si acabamos de venir de tu tierra... Si hemos pasado un mes y medio allí estas navidades...
- Ya, pero echo de menos a mi madre...
- ¿Qué echas de menos a tu madre? ¿Pero tú cuántos años tienes?

No lo entiendo, un tio emancipado que lleva un año viviendo conmigo, que ha visto a su madre hace apenas un mes, que ya empieza aquí la temporada de trabajo y que hemos de estar a tope el uno con el otro, ahora, cuando más afianzada está nuestra relación, cuando yo más me he entregado a él... Ahora, él quiere marcharse a ver a su madre... Puede que me tacheis de incomprensiva y tal vez tengais razón, pero no, no lo entiendo.

Yo también lo dejé todo por él. Hice daño a alguien que me amaba por encima de todo, reformé mi piso para borrar todas las huellas del pasado gastando hasta el último centavo, apostando por él, por ese amor que tanto prometía y que yo creía que crecería con el tiempo, con estar juntos... Quizás me equivoqué. Desde luego no empezamos con buen pie. Se supone que el primer año de relación deberíamos estar en el paraiso ¿no?

Él dejó a su familia y a sus amigos allí. ¿Y yo qué? Yo dejé a mi compañero de siete años, me había comprado un piso al que tuve que renunciar, lo metí en mi casa, en mi familia, puse el mundo en contra de mí por él... Vale, no tengo excusa, yo me lo busqué y ahora estoy pagando las consecuencias... Nadie me obligó a hacer lo que hice, nadie me oblígó a enamorarme, nadie me obligó a arriesgarme.

A veces se arriesga y se gana, otras en cambio...

No sé lo que pasará mañana, quizás mañana todo esté bien. Pero ahora son las dos de la mañana y él se ha ido a pasear amparado en la oscuridad de la noche para recapacitar y pensar, no sé ni si dormirá en casa o... no sé, porque él aquí no conoce a nadie y no tiene donde pasar la noche... Esperad... oigo la puerta... Él ha llegado. No me habla, no me mira. Se tumba en el sofá porque sabe que esta noche la cama es mia. Esa enorme, fría y solitaria cama esta noche es mia, porque no somos capaces de dormir el uno junto al otro. Porque ninguno de los dos quiere dormir junto a alguien que no le entiende, junto a alguien con quién no hay empatía.

Ahora en mi mente sólo cabe el debate: ¿Qué hacer? Doy por terminada una relación que apenas ha empezado pero que no apunta bien en pos de esperar tiempos mejores, o intento recuperar lo que por otra parte quizás no sea recuperable por falta de conexión.

Sí, hay química. Sí, hay pasión. Sí, nos queremos. Pero... ¿es eso bastante? Pese a lo incompatibles que somos... ¿basta el amor?

Si lo de irse es una marcada de paquete por su parte para que yo le suplique que se quede, eso, no va a suceder. No es mi estilo rogar. Si quiere irse que se vaya. Yo sufriré lo inimaginable. Pero prefiero sufrir a que él un día tenga que reprocharme que se quedó por mí. Si se queda ha de ser por él. Porque él considere que vale la pena luchar por lo nuestro, no por pena ni por ninguna otra clase de sentimiento similar a la pena...

Ya veremos...

De momento nuestra relación ha sido una ruleta rusa. Sin ningún tipo de seguridad. Mucho amor, pero ninguna seguridad de futuro.

El destino dirá...



 
Una de família...
Este fin de semana ha sido tranquilo.
Yo sigo tomando antibióticos por la maldita infección de orina (que no se acaba de curar la muy...), así que me encontraba un poco débil y no hicimos gran cosa.

El sábado fue día de fútbol (dos partidos seguidos). No es que me guste mucho el fútbol pero J es forofo y como yo no me encontraba muy bien pues accedí a ir al bar de abajo (el bar no está mal, con rinconcito chill out incluido) y zamparme los dos partidos (el del depor y el del real madrid).

Nos comimos unos bocatas y luego subimos a casa. Sin saber cómo nos enzarzamos en una discusión en la que acabé (como no) llorando.

Fui un poco injusta, lo reconozco. Esta vez él no me había dicho ni hecho nada para ofenderme, pero yo estaba de muy mal humor. Estaba harta de encontrarme mal con la infección, de no poder tener sexo, de tomar antibióticos y no poder salir en condiciones, y lo pagué con él.
- ¿Pongo una peli?- me pregunta él, que nada más llegar se fue directo al ordenador para entrar a comentar el partido en el foro. Yo le contesto encogiendo los hombros sin mirarle.
- ¿Qué te pasa?- me pregunta.
- Joder, cada vez estamos más distantes. Tú te pones en tu foro, yo me pongo a leer... Además, ya no me deseas tanto- yo, superborde.
- Pero ¿cómo que ya no te deseo? Hell, mujer, estás mal con infección ¿qué quieres que hagamos?-. Por supuesto él tenía toda la razón. Pero yo soy muy sexual. Me encanta sentirme deseada, y tenía la moral minada con la tediosa infección (y es que yo soy muy mala enferma, no tengo ni un ápice de paciencia), necesitaba atención y mimos.

La cosa fue creciendo (como sucede siempre, empiezas por una tontería y...), empezamos a sacar trapos sucios del pasado, nos dijimos cosas que no pensábamos y yo acabé llorando en el baño. Por suerte, los dos nos dimos cuenta en seguida que había sido una solemne chorrada y lo arreglamos rápido (él vino al baño a secarme las lágrimas y yo no quería pelear más por tonterías).

Me porté como una cría. Lo sé. Pero llevo dos semanas encontrándome mal y cambiando de antibióticos (¿vale como excusa?).

El domingo fuimos a comer a un bareto. Nos sentamos en la terraza y pedimos unas tapas (que por cierto no estaban muy buenas).
Suena mi móvil. Era mi hermano:
- (...) pues sí, estamos sentados fuera, veníos p' acá si quereis...

Vinieron y comimos juntos. Mi cuñada es enfermera. Yo me estaba tomando una caña.
- Pues tomando antibióticos no deberías beber cerveza...
- Joé, sólo me he tomado una, por una no pasa nada ¿no?
- Yo sólo digo que no es recomendable, tu haz lo que quieras...- Yo, con la aprensiva que soy, me dejé la caña a la mitad. Jo, ni una cañita me dejan beber. Me entró un malhumor... Y es que acostumbrada como estoy a hacer lo que me da la gana llevo fatal las restricciones, aunque sean por consejo médico.

Ya en casa J me recompensó con un super masaje en las piernas que me dejó nueva. No tenía frio y me apeteció quedarme en shorts. Me puse a juguetear sentada encima de J y... llaman a la puerta (¿porqué cuando no te apetece ver a nadie viene todo el mundo?). Mi padre y su novia. Me pongo el pantalón.
- J anda, enséñale a Cati el médico ese que vimos por internet- mi padre, que está mal de la espalda y está siempre liado con los médicos el pobre.

Cuando se van me pongo a leer blogs. Al cabo de un ratito J viene a darme un beso y me mete mano en la entrepierna, la cosa se pone interesante y... vuelven a llamar a la puerta. Otra vez mi hermano. Que si pedimos comida china y cenamos todos en mi casa (mi hermano vive en el apartamento de al lado).

La cena estuvo bien. La charla fue animada y nos reimos bastante:
- (...) y entré en puticlub por que quería ver cómo era por dentro, ya me ves a mi, jajaja, parecía un pez fuera del agua, jajaja, había un montón de amigos de papá, jajaja- yo, contando mi anécdota del club de alterne.
- ¡Yo también quiero ver uno por dentro! Tengo curiosidad...- mi cuñada.
- Yo prefiero los bares de striptease- digo yo-. Son más estéticos y el show y la música están bien. Un amigo mio es dueño de uno de esos bares, un día os llevo a todos... así hacemos algo diferente.
- Buff... yo me pongo muy celosa...- mi cuñada.
- A mi no me atrae la idea- J, que sabe que soy celosa y teme que la monte.
- ¿Celosa porqué?- mi hermano a mi cuñada.
- Eso, celosa porqué, si tu estarás delante y sólo vereis las chicas y los chicos bailar...- digo yo, aunque entiendo que ver un cuerpo perfecto desnudarse delante de tu chico (y de todos los demás clientes del bar), pueda producir cierta quemazón. Tal vez me la produciría a mí también, aunque ahora pienso que no, una vez allí... no sé yo...

Después de la cena jugamos al Buzz (juego de acertar preguntas de música, muy divertido por cierto). Ganó J la primera partida y mi cuñada la segunda. Se nos hizo bastante tarde, ya era la una de la madrugada.

Pues así terminó mi fin de semana. Seguro que vosotros estuvisteis de juerga hasta las mil y os pasaron un montón de cosas (al menos eso imagino yo, que a todo el mundo le pasan muchas cosas interesantes). Pues ya podeis empezar a contármelo...




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Yo nací en el mediterráneo.
¿Cómo pasabais los domingos de verano cuando erais niños?

Yo me acuerdo especialmente de los domingos de verano en la playa. En plan dominguero: mis padres, mis abuelos, mi hermano y yo. Con la sombrilla, las sillas plegables, el taper con la ensalada, la tortilla, la fruta; la siesta de mi abuelo bajo un pino tumbado en una hamaca; mi insistencia a cada miembro de la família para que se metiera en el agua conmigo...

Se me pasaba el día volando. Me encantaba sentir el calor del implacable sol en contraste con el frescor del agua cristalina, saltar las olas que venían a la orilla, hacer castillos de arena y hacer nuevos amigos de todas las nacionalidades. Cuando eres niño sólo existe un idioma: el idioma del juego. No importaba que idioma hablaran, nos entendíamos todos. Bastaba con las miradas y las risas. Es curioso como perdemos esa capacidad con los años ¿verdad?

Una hora antes de irnos, mi madre nos hacía salir del agua, para secarnos bien. Nos daba fruta y nos la comíamos sentados en la toalla al sol. Después de todo el día jugando, saltando y nadando, esa hora de relax al sol era lo más gratificante del mundo.

Ahora también voy a la playa en verano. No los domingos puesto que trabajo para el turismo y ese día se curra como el que más. Voy cuando puedo, cuando encuentro un rato libre.
Pero, claro está, es distinto ahora. Ahora los niños que corren a mi alrededor me llenan de arena la toalla, el agua me resulta demasiado fría y tengo que mojarme despacio (excepto en agosto que todo está que arde), me tumbo al sol y me agobio al cabo de un ratito del tremendo calor. Aún así disfruto.

El mar con su olor, su color y su sonido siempre me ha invitado a la introspección, a encontrar mi voz interior.

Al llegar a casa, después de que el agua fresca de la ducha se lleve toda la sal y la arena, siento como el mar y el sol me han dado su energía. Los músculos de mi cuerpo están libres de cualquier tensión y es como si hubiera vuelto a nacer. Nada me duele aunque estoy tan relajada que me cuesta moverme. Pero tengo las pilas cargadas.

Por supuesto que en verano echo de menos el invierno.

Pero pronto llegará la primavera, las camisetas con tejanos, las tardes de terraza, las cañitas frescas a mediodía, el buen color de piel, los campos llenos del color amarillo de la genista, las puestas de sol, la siesta, el vino con gaseosa, las gafas de sol...

Y es que como dice Serrat "yo nací en el mediterráneo".



 
El árbol al que rezar.
Siempre he pensado mucho en la muerte. No negaré que me da un miedo patológico.

El hecho de que alguien a quien yo quiero desaparezca de este mundo me produce desasosiego al igual que mi propia desaparición.

De pequeña fuí a un colegio de monjas. Creía en Dios.

Desde la adolescencia y con el paso de los años esa creencia se ha vuelto cada vez más débil.

Antes de seguir quiero hacer un inciso para dejar claro mi absoluto respeto a las creencias de cada uno.

Todo empezó a parecerme un invento humano fruto de su desesperación aprovechado por los mandatarios para someter y tranquilizar a las masas.

Todas las religiones tienen huecos que rellenar, espacios vacios (por ello necesitan de la fe). No voy a explicar uno por uno todos los puntos absurdos e inverosímiles para mi (cada persona tendrá los suyos) y no pretendo convencer a nadie en contra de una o de otra filosofía teológica, así que me los reservo para mi.

Cuando murió mi madre, necesité por primera vez en mucho tiempo aferrarme a algo. Necesitaba pensar que de algún modo ella no se había ido del todo, que seguía conmigo de alguna manera, me daba igual cual fuera.

Durante el primer año la buscaba por todas partes; en las dificultades y en las alegrías, cualquier coincidencia, cualquier huella que me demostrara que su mano estaba detrás.

Me fuí convenciendo de la nada que hay detrás de la muerte, del sinsentido y vacuidad de la vida, de lo insignificantes que somos.

La nada... ¿Debería darnos miedo la nada?... Suena fuerte ¿verdad?... LA NADA.

Supuestamente no debería darnos miedo porque nosotros no tendríamos conciencia ni nos daríamos cuenta de nada más. El mundo seguiría sin nosotros. No puedo imaginar mi inexistencia.

Si me da por pensar que existe algo, creo que esa pequeña energía que pasaríamos a ser tampoco tendría conciencia de sí misma.

De cualquier modo me gustaría creer en algo. Particularmente me gustaría pensar que volvería a nacer, que volvería a empezar en un círculo interminable de vida.

No sé que tipo de conciencia o energía maneja este mundo, este universo que palpita. No sé si todo lo visible y lo invisible está organizado y ordenado premeditadamente.

Sólo sé que aún busco el árbol al que rezar...


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Y algo hizo "click"
Ayer por la mañana, mientras yo dormía, fue al médico por el tema de la infección de orina. Tiene síntomas parecidos a los que yo tuve y temía que nos hubiéramos contagiado el uno del otro.
Al volver antes de lo acostumbrado le pregunté:
- ¿Qué haces aquí tan pronto?
- Al final he decidido ir al médico, por esas molestias, ya sabes...
- ¿Y qué te ha dicho?
- Me ha mandado unos análisis.

Después de comer se tumbó en el sofá. Yo mientras contesté algunos correos y miré algunos blogs. Al cabo de un rato necesitaba que me diera el aire, así que llamé a Joe y me tomé una caña con él.

- ¡Qué! ¿Cómo andan las cosa por casa?
- No sé que decirte... Al menos ahora nos hablamos. Hemos comentado alguna cosa que ha salido por la tele y eso... Pero estamos raros. Ahora hace como si no hubiera pasado nada, cosa que tampoco me gusta, yo prefiero cerrar los temas, en fin...

De todos modos yo me sentía extrañamente tranquila. Segura de mi misma.

Cuando llegué a casa, él estaba sentado al ordenador y yo me puse los cascos para escuchar música.
Él parecía estar más atento a mi, más accesible. Me hablaba. sonreía... " Lo que daría porque estuvieramos como antes" pensaba yo. Sólo hacía unos días que tuvimos el episodio de la cenita con los bueyes de mar y todo estaba tan bien...

Llevábamos un par de semanas en las que todo era perfecto. Estábamos más unidos de lo que nunca habíamos estado.

Yo le miraba y sólo pensaba: "Le deseo, le deseo, le deseo... Me muero por tenerle encima de mi embistiendome como sólo él sabe..."

Después de cenar pusimos la película Click de Adam Sandler. Es una de esas pelis con moraleja: ¿Qué pasaría si tuvieras el control de tu vida a través de un mando a distancia? ¿Qué momento querrías volver a ver y qué cosas pasarías a cámara rápida?

La peli filosofa acerca de como aprovechamos el tiempo, a qué cosas se lo dedicamos y a qué damos mayor importancia en la vida.
En un momento de la peli, el prota, que ha pasado a cámara rápida una cena con sus padres que no le apetecía nada, pregunta a quién le proporcionó el mágico mando que porqué no se acuerda de lo que ocurrió en la cena si él había estado allí. El otro le responde: "No te acuerdas porque llevabas el piloto automático puesto".

¿Cuántas escenas de nuestra vida suceden sin que nosotros estemos realmente ahí? ¿Cuánta vida perdemos dejando el piloto automático puesto?

Al final la peli se vuelvió bastante emotiva y acabamos los dos llorando como magdalenos. Supongo que eso nos ablandó un poco, porque después estábamos ambos mucho más receptivos el uno con el otro. Él me acaricia y yo me dejo.

Todavía quedan cosas por hablar y aún no está el ambiente totalmente limpio... Pero empiezo a tener algo de esperanza en que las cosas puedan ir bien.

Qué haríamos sin el cine...

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Guerra fría
Ayer por la mañana se dió cuenta de que yo había dormido en el sofá. Se pone en plan paternal.
- Nena, ¿qué haces? ¿Has dormido en el sofá?- mientras me acaricia el pelo. Yo creo que no se acuerda de su actuación de hace apenas unas horas con la borrachera.

Me da una explicación de poco peso para su comportamiento. Como un padre quemando sus últimos cartuchos cuando intenta mantener la fe de su hijo en los reyes magos, cuando éste último se ha dado perfecta cuenta de que los reyes son los padres.

Después de su escueta y poco reforzada explicación ha pedido perdón, pero un perdón arrogante, como a regañadientes... Se ha metido en la habitación de la que no ha salido prácticamente en todo el día. Las veces que nos hemos cruzado por el apartamento ni nos hemos mirado.

Me voy a tomar un café. Vuelvo y sigue la guerra fría.

Me vuelvo a ir. Esta vez a tomarme una cerveza - estoy saturada-. Vuelvo. Inicia un lamentable intento de acercamiento:
- ¿Piensas seguir con esta actitud mucho tiempo?- me pregunta.

Relajada, intento explicarle el estado de confusión en el que me encuentro. Pero su defensa - como siempre- ha sido floja, y para colmo suelta un " yo ya te he pedido perdón...", como quien dice " yo ya te he pedido perdón, ahora la pelota está en tu tejado, si sigues, tu sabrás..."

Hay formas de pedir perdón que no son válidas. Cuando es notable el hecho de que en realidad no hay ni arrepentimiento ni propósito de enmienda, ni reconocimiento del error cometido... No hemos arreglado nada. Vuelta a la guerra fría.

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No nos conocemos
¿Conocéis la sensación que produce el hecho de que alguien a quién creéis conocer y del cual tenéis un concepto arraigado y en quién confiabais de repente haga algo que dé un vuelco y se convierta de en un completo desconocido?

Yo lo descubrí ayer.

La sensación es de consternación, incredulidad y dsasosiego. Si además esa persona en cuestión es con la que te acuestas cada noche, entonces es aún peor. Te sientes perdido. No sabes qué pensar, ni qué creer, hasta el punto de dudar de ti mismo, poniéndote en el límite de la cordura.

No voy a contar lo que hizo ni lo que dijo para llevarnos a esta situación. Tampoco viene al caso. Ni tan sólo fue tan grave. Sólo fue grave para mi, porque no lo esperaba de él.

En un par de posts anteriores comentaba el miedo que me producía la soledad y que si ésta llegaba esperaba poder contar conmigo misma. Pues bien, ese momento ha llegado.

De momento no estoy sola físicamente. Ahora simplemente estoy sola. J metido en la habitación y yo en el salón. No sé cuanto tiempo durará esta mutua tortura, porque J no es dado a reconocer sus errores, ni es muy constante a la hora de arreglar las cosas. Él cree que con venir a dialogar una vez y darme una caricia ya está hecho todo lo que él podía hacer. A veces, la herida es tan profunda que no basta con eso.

Dudo de todo en este momento.

Dudo de su capacidad de amar; dudo de que sea la persona que yo creí que era; dudo de mi capacidad de perdonar y dudo de mi capacidad de poder volverme a entregar a él limpiamente, sin barreras.

Yo quiero que vuelva mi J -si es que alguna vez fue real-, ése del que siempre estaré enamorada. Pero ese J se ha ido y no sé si volverá.

Él sabe ser frío mientras yo lloro desconsolada. En momentos como estos, cuando estamos distanciados parece que ni siente ni padece nada. Pasa por mi lado ignorándome y no da ni una muestra de que me eche de menos él a mi también.

Hoy ha sido la primera vez que me he planteado sinceramente la vida sin él. Y no me gusta. Pero esta vez yo no iré a lamerle la mano para que vuelva a acariciarme, y como dudo que él sea capaz de hacer nada para remediar esta situación, me temo que lo peor se acerca.

Estoy muy rota. Me duele tanto el alma que me traspasa al físico entumeciendo mis músculos.

Creo que empieza a sonar la sinfonía de la soledad.

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La fauna y flora
Cuando voy a algún centro comercial de alguna ciudad (yo vivo en un pueblo, grande y turístico, pero un pueblo al fin y alcabo) me encanta observar a la gente. Hago mis compras y, luego, me siento en una de sus cafeterías y me tomo un café.

Veo al grupito de adolescentes, con sus voces chillonas, revoloteando emocionadas por los últimos modelitos adquiridos en Stradivarius o en Zara; comentando lo que se van a poner el próximo fin de semana o lo que ocurrió en el último botellón... ¿Tuve yo alguna vez esa edad? Cambia uno tanto con los años que ya no me acuerdo apenas de esa rebeldía "porque sí". Cuando todas las puertas están aún por abrir, con esa inocencia a punto de perderse.

Señoras que van de dos en dos. Algunas empujando el carrito con el crío, alargando un tiempo que no tienen. Tiempo que intentarán reparar al llegar a casa y, con prisas, tendrán que bañar el niño, hacer la cena y planchar una montaña de ropa. Mientras recogen los últimos juguetes del suelo piensan: " Dios, que tarde se me ha hecho... y mañana otra vez a las siete en pie".

Parejitas abrazadas que pasean mirando escaparates. Tomando nota mental de lo que el otro apunta que le gusta para futuros regalos sorpresa.

Chicos (estos me hacen gracia) con cara de agobiados, cargados de bolsas mientras sus churris se prueban hasta lo que nunca se atreverán a ponerse.
- ¿Me queda bien Carlos? ¿A qué me hace el culo a lo Jennifer López?- pregunta ella sin para de girarse ante el espejo para verse desde todos los ángulos. "Si, como el de Jennifer López, que ya de por sí no es pequeño, pero multiplicado por dos" piensa Carlos aunque responde: - Si, cari.

Entran en la cafetería tres amigas. Las tres llevan el mismo abrigo, pero de distinto color. Las tres portan bolsos de similar estilo, y las tres lucen el mismo peinado. Típicas usuarias del "o sea..." y del
" ¡Dios mio, tengo cinco llamadas perdidas!" Se notaba claramente cual de las tres era la líder, la dictadora de la moda. Coincidía que era la más mona, la más alta y la más delgada. Las demás la seguían (o lo intentaban), pero con menor suerte en sus resultados (como suele pasar a quien no tiene mente propia).

A continuación entra el grupo de las chonis. Rabillo del ojo pintado de negro, chandal de mercadillo alguna de ellas y alguna otra con vaquero ceñido acampanado y cinturón ancho. Miran a las tres primeras de arriba a abajo con total falta de disimulo.

Por ahí va también el típico intelectual de treinta y pico. Vestido a la moda con un toque bohemio, gafitas de Armani y bufanda enrollada al cuello, cuyos únicos logros con el sexo femenino ( o masculino, para el caso es lo mismo) consisten en encandilar a alguna jovencita (a la que da clases) con su labia y sabiduría puesto que aburre a las más experimentadas con su verborrea (los huelo a kilómetros).

Total, que me he terminado el café y me voy a casa a preparar dos sabrosos bueyes de mar que nos comeremos J y yo acompañados de un delicioso albariño que tira p'atrás. Ya que no pude celebrar San Folletín por estar malita... HOY TOCA.

¿Gustais? ¡Que aproveche!

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Vaya con "San Folletín"
Bueno, bueno, bueno... Esto sólo me podía pasar a mi: el día de "San Folletín" y yo con infección de orina.

Ni cenita romántica, ni noche apasionada, ni nada.

No es que yo sea dada a celebrar el dia de los enamorados, que para mi es como la Navidad: una excusa para gastar dinero. De hecho tanto corazoncito rojo me empalaga un poco, pero una cenita (si encuentras una mesa libre) en algún bonito restaurante, nunca está de más.

Pero aquí estoy, en casita, con un dolor irritante en el vientre y en el baño cada veinte minutos. Por lo menos tengo a mi chico al lado cuya misión es rellenar mi vaso de agua cada vez que lo vacio (recomendación del médico) y darme mimos.

De todos modos hace unos días fueron nuestros respectivos cumpleaños y entre eso y los gastos de Navidad, llegamos a San Folletín a dos velas y sin ideas sobre qué regalarnos. Menos mal que en un mes empieza la temporada y con ella el curro para recuperar el capital.

Pues si, después de pasar toda la mañana en el centro médico, ahora estoy aquí sentada escribiendo, mientras estoy viendo a Jesús Vázquez vestido de pirata en la tele.

- ¿Bajamos a por una peli?- me dice J. El cajero dispensador de películas está a una calle de casa. Creo que es lo más lejos que mi urgencia urinaria me permite ir y que de paso me dé el aire.

- Siempre nos quedarán las pelis...- le digo. Menos mal que a ambos nos gusta el cine.

Mi padre ha venido a verme. También se va de cena de San Folletín con su novia y un par de parejas más. Los más jóvenes van a cenar solos en plan romántico y los más maduritos se juntan con otras parejas para pasar la velada.

- Jo papá, que guapo vas- todo trajeado él.
- ¿Y tu cómo estás? ¿mejor?
- Pues ya me ves, aquí tirada en el sofá, cabreada y de mal humor aguantando las molestias-, que dicho sea de paso cada vez las aguanto con menos temple.

Pues nada, que me voy a pillar una peli, eso si, pienso coger una comedia romántica se ponga como se ponga J, que estoy malita y escojo yo.

A los que os vais de cenita, que lo paséis bien, que la cena sea sabrosa y el vino riegue la noche (si llevais el coche no bebais), y a los que no tengan pareja que se apliquen lo que dice el anuncio de telepizza: Más para ti!
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¿ESTAMOS SOLOS?
Siempre me ha dado miedo la soledad.

Llegar a casa y que esté vacia; que sólo sus paredes y mis cosas me den la bienvenida. No tener a nadie a quién contarle como me ha ido el día, o sentarme en el sofá a ver una peli y no haya nadie a mi lado a quien dirigirle un comentario.

Cuando me separé de U (mi anterior relación. Ya hablé de ella anteriormente) pensaba que eso era justo lo que quería. Estar sola; ser libre. Pero al llegar a casa la añoranza y la melancolía me recibían llenándome de ansiedad. Abría el armario y lo encontraba tan vacio como mi corazón. La cama era demasiado grande y fría, sin nadie a quien abrazar al despertar de una pesadilla.

Estar sola ya no tenía la emoción de cuando era más joven y no quería compromiso; de cuando dormía en mi cuarto de soltera en casa de mis padres; de cuando mis amigas y yo contábamos los dias para que llegara el fin de semana y llenarlo de risas y aventuras; de cuando los locales llenos de luces y atestados de gente nos parecían paraisos de encuentros inesperados ( recuerdo todo aquello con cierta nostalgia).

El pequeño periodo de tiempo que estuve sola acabé por acostumbrarme un poco. Profundicé un poco en el tema y me di cuenta de que en el fondo todos estamos solos.

Mi abuela, por ejemplo, pasó toda su vida felizmente casada. Tuvo hijos y nietos, pero desde que mi abuelo dejó este mundo llega a su casa todos los dias y sus únicos compañeros en sus interminables noches en vela son sus recuerdos. Por supuesto que pasa tiempo con su familia, y recibe cariño, pero obviamente no es lo mismo. Cada uno tiene su propia vida con sus problemas y responsabilidades... Aún así es con lo que cuenta para pasar el invierno de su vida (ojo, que no es poco).

En realidad sólo nosotros estamos en nuestra cabeza, con nuestros pensamientos. Nuestros dolores son nuestros, aunque los compartamos, sólo nosotros sentimos nuestro propio dolor.

Por eso es importante llevarse bien con uno mismo, trabajar en la confianza en uno mismo y en su fortaleza, en la capacidad de cuidar de nosotros mismos y querernos.

Ahora tengo el amor de J que me llena de mimos, cariño, risas, buenas conversaciones, desastres culinarios y también ( como no, sino no sería una relación) de pequeñas discusiones cotidianas, sin olvidar nuestros múltiples momentos de pasión bajo las sábanas. También tengo un par de buenos amigos, de esos que te conocen bien... que saben quien eres.

Me siento feliz y afortunada por todo ello, por tenerlos junto a mi, y si en algún momento de mi vida me toca estar sola... espero poder contar conmigo.

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UN TIEMPO PARA TODO
El otro día recibí un sms de Natalia: "¿Puedes quedar para tomar un café?".

- Después de casi tres meses sin saber nada de ella, hoy por fin Natalia ha dado señales de vida-, le digo a J.
- Vaya... ya era hora ¿no?
´- Si, tengo la sensación de que tiene algo que contarme... No sé, normalmente tengo que insistirle para quedar, me extraña esa iniciativa suya.

Pues si. Tenía algo que contarme: ESTÁ EMBARAZADA.

- Lo sabía- le dije yo -, en cuanto vi el sms se me pasó la idea por la cabeza. ¿Y cómo estás? ¿cómo te sientes al respecto?
- Pues no lo sé. Aún no lo he asimilado. Lo sé hace sólo dos días y la verdad es que estoy algo chocada, asustada por todos los cambios que se avecinan...

Chocada estoy yo. Mi compañera de tomar cañitas tantos años, mi confidente, mi amiga... ya iba a ser mamá.

Hablamos un rato de todo un poco, poniéndonos al día, le conté mi bronca del sábado con J (que por cierto se solucionó y bastante antes de lo que creía).

Me acordé de cuando éramos más jovencitas. Nuestros sábados en el bar de siempre, bebiendo cerveza y jugando futbolines, nuestras cenas de reencuentro cuando ya ambas teníamos pareja estable y nos veíamos menos... Parece tan lejos todo eso...

Tengo casi treinta y dos años y no me siento ni de lejos preparada para ser madre. Si es verdad que me gustaría en algún momento experimentar esa forma de amor, diferente de todas las clases de amor que he conocido hasta ahora. Soporto -un poco agobiada- los comentarios típicos de: "se te va a pasar el arroz". Pero me aterroriza la idea, como también temo que dichos comentarios tomen forma real y se me pase el arroz.

Siento como si la vida pasase más rápido para mi que para los demás. Parece que todo el mundo tiene un tiempo para todo: un tiempo para ser jóvenes, para terminar sus carreras, para divertirse, para realizarse profesionalmente y para tener hijos. En cambio yo es como si fuera diez años atrasada.

Que deprisa pasa el jodido tiempo...
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LA QUE SE FORMÓ POR UNA TONTERÍA...
Los sábados normalmente salimos a cenar. Solemos repetir chino.
Después de haber pasado por una pelea bastante gorda y tirarnos casi una semana sin hablarnos, llevábamos unos días de paz y armonía en los que parecía que por fin todo iba a salir bien... pero no.

Cenamos tranquilamente, charlamos, bebemos vino, me dice lo mucho que me quiere que tiene claro que quiere quedarse a vivir conmigo siempre - "siempre". Es una palabra a la que no tengo demasiada fe...-, que quiere buscar un trabajo estable...

Eso me gusta, pienso yo.

Terminamos de cenar y vamos a ver un pequeño concierto en un bar del grupo ese que son conocidos nuestros. En el bar había ambiente, se estaba a gusto, añadimos al vino un par de copas más con el bueno de Joe... Total que nos animamos, bailamos y reimos.

Yo, bastante achispada por el vino y el cubata que me acababa de meter, en un intento de darle picante a nuestra relación, no se me ocurre otra cosa que en un momento de la agradable velada mirarle, poner las manos alrededor de mi boca para que sólo él pudiera verla y formar con mis labios pero sin pronunciarla la palabra fóllame. Ni que decir tiene que si no hubiera algo borracha no lo hubiera hecho, pues soy un poco cortada para esas cosas.

Yo esperaba que él me siguiera e juego con otra burrada por el estilo, pero me sorprendió con un noooooooo. Lo dijo en tono de broma pero a mi me sentó fatal que no fuera capaz de seguirme el juego ni siquiera un poquito, joder que somos adultos ¿no? Lo miré perpleja y me volví hacía Joe, le pregunto: - ¿Qué harías si una tía, por ejemplo yo, te hiciera esto?- Y repetí lo que antes le había hecho a J.
Joe contesta:- Diría, "cuando quiera nena".
- ¿Lo ves?- le digo a J.

A partir de ahí ya no tengo claro lo que pasó. Se lió una tangana entre los dos del tipo estoy hasta los cojones de ti, y cosas por el estilo, J tomó carrerilla y no paraba de soltarme lindezas por su boquita, mientras yo procuraba estar callada para no montarla más.

Así que ya véis, ahora estamos otra vez enfadados. Ni nos hablamos ni ná de ná, y esta vez va para largo...

Y todo por intentar ser sexy, hay que joderse.

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