El hombre de la casa (2da parte) El turno de Henry
La sorpresa me duró poco cuando me sorprendió nuestra ayudante en casa, en una deliciosa sesión de messenger con una vieja amiga. Fue esa amiga quien me sopló que estaba siendo espiado, y me pidió que siguiera masturbándome e intentara incorporarla a nuestro juego.
Ella es una preciosidad de mujer, de piel morena y suave, con un cuerpazo caribeño que más de una noche me había quitado el sueño, en mis pensamientos, en la soledad de mi cama.
Aceptó mi invitación, un poco asustada al principio, de sentarla frente al ordenador, mirando a la cam. Mi amiga estaba desnuda en la pantalla, desnuda, mirándola, acariciándose provocativamente.
Yo fui desnudandola lentamente, despojándola de su blusa, su sujetador y su falda. Quedaron para mi sus deliciosos pechos, con unos pezones desafiantes y exquisitos, su piel, sus caderas, sus contorneados muslos, sus muslos.
Estaba situado detrás de ella, besando su cuello y acariciando su piel. Humedecí mis dedos para acariciar sus pezones hasta ponerlos duros. Ella se dajaba hacer. Mi verga estaba muy dura, y dejab regueros húmedos en su espalda.
Quería seguir en mi actitud voyeur, así que cogí su mano y la dirigí a su entrepierna. Pareció que estuviese deseando eso, pues sus dedos no dudaron en recorrer su surco húmedo, deliciosamente, buscando la entrada de su vagina y dirigiéndose posteriormente a su clítoris. Lanzó un respingo de placer cuando los empezó a mover lenta pero rítmicamente.
Aquella visión de las dos mujeres masturbándose una frente a la otra ne estaba volviendo loco. Era una estampa perfecta, las dos proporcionándose placer, gimiendo, moviéndose, mirándose.
Entonces ella se hizo a un lado, y sin dejar de tocarse, me susuró: "tambien quiero ver como te tocas tú... me estaba gustando mucho".
De nuevo dirigí mi mano a mi polla y comencé a agitarla.
Me había quitado los curiculares, y del altavoz del ordenador una voz me pidó: "córrete encima de ella, quiero ver como te corres encima de ella". Ella me miró ansiosa, afirmando con la mirada. Ella estaba sentada en la silla, ligeramente reclinada, yo de pie frente a ella. Mi mano cogía mi glande y lo acariciaba lentamente, excitado por la expectación que despertaba en esas dos mujeres y por la visión que me regalaban.
No tardé en correrme. Lo estaba deseando, casi necesitando. Un chorro de semen salió disparado hacia los pechos de ella, dejando un reguero entre ambos, mientras un delicioso gemido escapaba de lo profundo de mi garganta.
Las dos mujeres siguieron masturbándose mientras yo me quedaba allí de pie, mirando, disfrutando. Era tan bella la estampa, tan excitante, que mi polla no dejó de estar erecta casi ni dos minutos.
Ella no tardó en correrse. Mientras se acariciaba me miraba alternativamente a mi y a su nueva ciberamiga, y, pos sus gemidos, su cara y sus movimientos, estaba disfrutando de lo lindo. De repente lanzó un largo gemido y se quedó medio derrumbada, temblando de placer en la silla, mientras nuestra amiga seguía acariciándose.
No me extrañó: ya la conocía y tenía la fantástica virtud de correrse varias veces sin apenas dejar de acariciarse, y había adivinado por el sonido y la posición de su cuerpo al menos dos orgasmos.
No me había movido cuando ella, todavía sentada, se percató de mi polla erecta cerca de ella. Se acercó tímidamente a ella, y lentamente comenzó a lamer los restos de semen que había en mi capullo. Aquello me encendió de nuevo.
Su lengua parecía no querer dejar un rincón sin lamer, y comenzó a recorrerla entera...
(Henry)
ahora sigue tú...
Ella es una preciosidad de mujer, de piel morena y suave, con un cuerpazo caribeño que más de una noche me había quitado el sueño, en mis pensamientos, en la soledad de mi cama.
Aceptó mi invitación, un poco asustada al principio, de sentarla frente al ordenador, mirando a la cam. Mi amiga estaba desnuda en la pantalla, desnuda, mirándola, acariciándose provocativamente.
Yo fui desnudandola lentamente, despojándola de su blusa, su sujetador y su falda. Quedaron para mi sus deliciosos pechos, con unos pezones desafiantes y exquisitos, su piel, sus caderas, sus contorneados muslos, sus muslos.
Estaba situado detrás de ella, besando su cuello y acariciando su piel. Humedecí mis dedos para acariciar sus pezones hasta ponerlos duros. Ella se dajaba hacer. Mi verga estaba muy dura, y dejab regueros húmedos en su espalda.
Quería seguir en mi actitud voyeur, así que cogí su mano y la dirigí a su entrepierna. Pareció que estuviese deseando eso, pues sus dedos no dudaron en recorrer su surco húmedo, deliciosamente, buscando la entrada de su vagina y dirigiéndose posteriormente a su clítoris. Lanzó un respingo de placer cuando los empezó a mover lenta pero rítmicamente.
Aquella visión de las dos mujeres masturbándose una frente a la otra ne estaba volviendo loco. Era una estampa perfecta, las dos proporcionándose placer, gimiendo, moviéndose, mirándose.
Entonces ella se hizo a un lado, y sin dejar de tocarse, me susuró: "tambien quiero ver como te tocas tú... me estaba gustando mucho".
De nuevo dirigí mi mano a mi polla y comencé a agitarla.
Me había quitado los curiculares, y del altavoz del ordenador una voz me pidó: "córrete encima de ella, quiero ver como te corres encima de ella". Ella me miró ansiosa, afirmando con la mirada. Ella estaba sentada en la silla, ligeramente reclinada, yo de pie frente a ella. Mi mano cogía mi glande y lo acariciaba lentamente, excitado por la expectación que despertaba en esas dos mujeres y por la visión que me regalaban.
No tardé en correrme. Lo estaba deseando, casi necesitando. Un chorro de semen salió disparado hacia los pechos de ella, dejando un reguero entre ambos, mientras un delicioso gemido escapaba de lo profundo de mi garganta.
Las dos mujeres siguieron masturbándose mientras yo me quedaba allí de pie, mirando, disfrutando. Era tan bella la estampa, tan excitante, que mi polla no dejó de estar erecta casi ni dos minutos.
Ella no tardó en correrse. Mientras se acariciaba me miraba alternativamente a mi y a su nueva ciberamiga, y, pos sus gemidos, su cara y sus movimientos, estaba disfrutando de lo lindo. De repente lanzó un largo gemido y se quedó medio derrumbada, temblando de placer en la silla, mientras nuestra amiga seguía acariciándose.
No me extrañó: ya la conocía y tenía la fantástica virtud de correrse varias veces sin apenas dejar de acariciarse, y había adivinado por el sonido y la posición de su cuerpo al menos dos orgasmos.
No me había movido cuando ella, todavía sentada, se percató de mi polla erecta cerca de ella. Se acercó tímidamente a ella, y lentamente comenzó a lamer los restos de semen que había en mi capullo. Aquello me encendió de nuevo.
Su lengua parecía no querer dejar un rincón sin lamer, y comenzó a recorrerla entera...
(Henry)
ahora sigue tú...





