El hombre de la casa (cuarta parte) Henry
Ella me empezó a regalar una maravillosa mamada, una mamada impresionante. Parecía leer mis deseos, y recorrió con su lengua mi polla, alcanzando y saboreando mis huevos. Los succionó, los saboreó, y, sin ningún pudor, avanzó hacia mi agujero más secreto. Noté su lengua hurgar alrededor de mi ano y un escalofrío recorrió mi columna. No pude evitar lanzar un gemido de placer mientras se aventuraba a humedecer bien la zona.
Volvió hacia mi capullo, totalmente erecto a pesar de mi reciente corrida, cuando humedeció un dedo y lo dirigió hacia el interior de mi ano. Una sensación extraña me recorrió, un tanto sorprendente al principio pero placentera, excitante.
Los movimientos de su lengua y de su dedo me estaban poniendo cardiaco, comencé a gemir y me dejé hacer un rato. Me iba a volver a correr, pero prefería esperar un poco más.
Orienté la cam hacia el sofá del lado opuesto de la habitación. Nuestra amiga miraba encantada, acariciándose los pezones, sonriendo extasiada. La Llevé al sofá, se sentó y yo me agaché entre sus piernas abiertas. Ella se echó hacia atrás mientras lamía sus pezones morenos, duros y sabrosos. Me excitaba verla así, gozando con mi lengua en sus pechos, dejándose hacer.
No protestó cuando dirigí mis labios hacia su sexo.
Su vulva abierta, húmeda, excitada me esperaba. Estaba totalmente empapada, llena de líquido sabrozo, excitante, de olor a sexo. Mi lengua quería devorar la más deliciosa zona, la flor entreabierta rodeada por unos delicados labios sonrosados.
Recorrí con mi lengua su sexo. Todo su sexo, cada rincón. Hurgué en la entrada de su vagina, busqué su escondido ano, cosa que ella agradeció y me facilitó arqueando su cadera. Respiraba hondo, casi gimiendo. ascendí hacia su clítoris y comencé a lamerlo despacio primero, apenas rozándolo con la puntita de mi lengua, aumentando ligeramente la intensidad del roce poco a poco, y dsfrutando de sus movimientos, de sus gemidos. Una mano acariciaba sus pezones, mientras los dedos de la otra jugaban en la entrada de su vagina y de su ano.
Nuestra amiga nos miraba, y de reojo adiviné que con su mano movía un vibrador por sus pechos. Sonreí mientras seguía lamiendo aquel delicioso sexo...
(Henry)
sigue tú ...si puedes...
Volvió hacia mi capullo, totalmente erecto a pesar de mi reciente corrida, cuando humedeció un dedo y lo dirigió hacia el interior de mi ano. Una sensación extraña me recorrió, un tanto sorprendente al principio pero placentera, excitante.
Los movimientos de su lengua y de su dedo me estaban poniendo cardiaco, comencé a gemir y me dejé hacer un rato. Me iba a volver a correr, pero prefería esperar un poco más.
Orienté la cam hacia el sofá del lado opuesto de la habitación. Nuestra amiga miraba encantada, acariciándose los pezones, sonriendo extasiada. La Llevé al sofá, se sentó y yo me agaché entre sus piernas abiertas. Ella se echó hacia atrás mientras lamía sus pezones morenos, duros y sabrosos. Me excitaba verla así, gozando con mi lengua en sus pechos, dejándose hacer.
No protestó cuando dirigí mis labios hacia su sexo.
Su vulva abierta, húmeda, excitada me esperaba. Estaba totalmente empapada, llena de líquido sabrozo, excitante, de olor a sexo. Mi lengua quería devorar la más deliciosa zona, la flor entreabierta rodeada por unos delicados labios sonrosados.
Recorrí con mi lengua su sexo. Todo su sexo, cada rincón. Hurgué en la entrada de su vagina, busqué su escondido ano, cosa que ella agradeció y me facilitó arqueando su cadera. Respiraba hondo, casi gimiendo. ascendí hacia su clítoris y comencé a lamerlo despacio primero, apenas rozándolo con la puntita de mi lengua, aumentando ligeramente la intensidad del roce poco a poco, y dsfrutando de sus movimientos, de sus gemidos. Una mano acariciaba sus pezones, mientras los dedos de la otra jugaban en la entrada de su vagina y de su ano.
Nuestra amiga nos miraba, y de reojo adiviné que con su mano movía un vibrador por sus pechos. Sonreí mientras seguía lamiendo aquel delicioso sexo...
(Henry)
sigue tú ...si puedes...





