Me enfermas (Henry)
A pesar de los pocos años de ejercicio, pensaba que había visto casi todo en mi profesión... hasta aquel día.
La mujer que entró en la consulta apenas había cumplido los 18 años, pero era una auténtica mujer: esbelta, preciosa, sensual, exótica, excitante. Algo en ella me inquietó desde el momento en que la vi.
Yo procedí con el protocolo habitual: apertura de historia clínica, toma de datos, preguntas, exploración... y en este punto me sorprendió. Me sorprendió su reacción cuando palpé sus pechos y cuando procedí a su zona genital: se estaba excitando, y me estaba arrastrando hacia mi perdición. Veo muchos sexos femeninos, pero no me resisto a la visión de uno cuando su propietaria lo acaricia delante de mi: me vuelve loco, me excita, me pierde.

Así me encontré: observando ensimismado aquellos dedos acariciando expertamente un tierno clítoris hasta un orgasmo que acallé con mi boca.
Sin darme cuenta, estaba en la camilla sobre ella, besándola, mi pantalón bajado y mi polla en su mano. Ella curioseó con ella: la acarició en toda su extensión, jugó con ella, y pronto quiso catarla. "Es la primera vez que chupo una" me dijo, y sin decir más me tumbé, ella se situó sobre mi y comenzó a lamer mi miembro.
Era la primera vez, pero parecía otra cosa: lo hizo con tal delicadeza que parecía una veterana felatriz. Lamió y disfrutó de mi sexo en su boca como algo largamente deseado, como una escena mil veces imaginada por ella, mil veces ensayada, por fin realizada.

Me miró y me dijo que quería probar mi semen. Me dejé hacer, me relajé a pesar de tener la sala de espera llena, y me abandoné a un delicioso orgasmo que llenó su boca.
Me incorporé, la miré, me vestí y fuí a mi mesa. Cuando ella se vistió le di un papel: era la cita para el día siguiente.
"Mañana tengo que terminar tu exploración. Ven por la mañana: la tengo toda libre para hacerte un chequeo completo".
La mujer que entró en la consulta apenas había cumplido los 18 años, pero era una auténtica mujer: esbelta, preciosa, sensual, exótica, excitante. Algo en ella me inquietó desde el momento en que la vi.
Yo procedí con el protocolo habitual: apertura de historia clínica, toma de datos, preguntas, exploración... y en este punto me sorprendió. Me sorprendió su reacción cuando palpé sus pechos y cuando procedí a su zona genital: se estaba excitando, y me estaba arrastrando hacia mi perdición. Veo muchos sexos femeninos, pero no me resisto a la visión de uno cuando su propietaria lo acaricia delante de mi: me vuelve loco, me excita, me pierde.

Así me encontré: observando ensimismado aquellos dedos acariciando expertamente un tierno clítoris hasta un orgasmo que acallé con mi boca.
Sin darme cuenta, estaba en la camilla sobre ella, besándola, mi pantalón bajado y mi polla en su mano. Ella curioseó con ella: la acarició en toda su extensión, jugó con ella, y pronto quiso catarla. "Es la primera vez que chupo una" me dijo, y sin decir más me tumbé, ella se situó sobre mi y comenzó a lamer mi miembro.
Era la primera vez, pero parecía otra cosa: lo hizo con tal delicadeza que parecía una veterana felatriz. Lamió y disfrutó de mi sexo en su boca como algo largamente deseado, como una escena mil veces imaginada por ella, mil veces ensayada, por fin realizada.
Me miró y me dijo que quería probar mi semen. Me dejé hacer, me relajé a pesar de tener la sala de espera llena, y me abandoné a un delicioso orgasmo que llenó su boca.
Me incorporé, la miré, me vestí y fuí a mi mesa. Cuando ella se vistió le di un papel: era la cita para el día siguiente.
"Mañana tengo que terminar tu exploración. Ven por la mañana: la tengo toda libre para hacerte un chequeo completo".
Comentario:
Algo terriblemente parecido he leido yo en otro blog? O estoy flipando?





