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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
El chorro infinito
Dice Marisa que no hay que estirar la manta más de lo que son los pies. En este caso, se refiere a que la cuenta corriente de uno no es como un manantial. No, el dinero de uno no es un chorro infinito. Nada en esta vida es un chorro infinito. Hoy vienen a quemar Madrid -alguien ha empezado el trabajo por nosotros con el Winsord, qué fácil, lo sé- los señores Castillo, como dice la Mari. La Mari espera que su chorro aguante el fin de semana. Si no, siempre podrá tirar del chorro del Rober, que pa eso es su chorvo. A ella, que es una mujer independiente -de las de verdad, no de las que se lo hacen-, no le gusta tirar del chorro monetario de su novio. Yo le dije que lo hiciera sin complejos, que los ricos están para ser sangrados por los pobres. Robin Hood estableció un precedente que las mujeres y los hombres virtualmente independientes de este mundo pierden a menudo de vista. ¿A qué viene acomplejarse por dejar que tus padres / novios / amigos quieran pagarte el carnet de conducir, la carrera o una copa? Yo nunca me he sentido mal imaginando la enorme cantidad de dinero que mis padres se han gastado en mí desde que me compraron el primer pañal. Nadie hace nada que no quiera.

Yo vine a este mundo veinte años después de mis hermanas. Nadie en su sano juicio puede opinar que mi hermana melliza y yo fuimos producto de la planificación familiar. Puedo ser responsable de cosas en esta vida, pero desde luego, no lo soy de lo que ocurrió con anterioridad al 1 de julio de 1973. Así que, una vez arrojado al chorro infinito de la vida, pagadme lo que me debéis por haberme sacado, en contra de mi voluntad, fuera del útero materno. Compartir el aire de la atmósfera con Bush, los jefes de proyecto y la gente que se pone mocasines y chinos a la vez merece una compensación.

Now listening "Come with us" de los Chemical. Los Chemical también son un chorro infinito -el Raúl decía el otro día en mi coche: "avísame cuando empieze la siguiente"-, pero los viernes por la noche te pueden llevar a lo más alto.
 
Azucar en el cerebro
Qué bien, mañana se vienen finalmente la Nuri y el Casti a pasar el finde en Madrid. Por lo que respecta a mi día de hoy, mi cerebro está alcanzando el nivel de saturación, por lo menos en la parte -pequeña, apenas un pliegue- que dedico al trabajo. Antes he dicho:
- La impresora de la home lo está sacando sin tinta-. Me refería a la impresora sita en la "entrada" de esta santa empresa. Si llamo home a un espacio físico de una oficina, algo va mal en mi vida. Carcajadas alrededor de mí, vosotros hijos míos sabéis que no me importa ser el puto bufón, pero al menos me gusta serlo cuando lo elijo, no cuando quiero ser una persona normal.

Ayer me había obligado a mí mismo a buscar un gimnasio cerca de aquí para dejar de ser un enclenque y poder este verano, tal vez, lucir camisetas sin mangas -nunca lo he hecho, no creo que lo haga este verano, qué hostias-. Bajo las indicaciones de una supuesta vecina, estuve dando vueltas a varias manzanas indefinidas del Barrio del Pilar mientras la nieve me sepultaba. No encontré el gimnasio prometido. Mis huesos y yo nos metimos en La Vaguada, nos compramos una bolsa de aceitunas preñadas -sé que en madrid las llamáis de otra manera, pero no lo recuerdo- y nos la ventilamos mientras mirábamos escaparates y libros de saldo. La Vaguada me gusta, pero es lo peor. No sé si siempre que me meto ahí, como es a estas horas, me falta azucar en el cerebro o qué, el caso es que alucino con las personas que me cruzo, las tiendas a las que me asomo y lo desorientado que me siento cuando salgo de una de ellas. Nunca sé si venía de un lado o del otro. Soy como una brújula en un polo magnético.

A Yorch todavía le quedan unas cuantas horas aquí, lidiando con las impresoras y con el gerente del proyecto. Que te sea leve un día más, Yorch. Yo me piro con tu novia de cañas.
 
Miércoles
Le he propuesto al canario quedar a tomar algo por Plaza de Castilla, y ya luego, si eso, vamos a su casa -a jugar al parchís-. Es que yo a ese chaval sólo le conozco con las paredes desconchadas repletas de fotos de Tenerife de su habitación de fondo, es como si él y su habitación fueran todo uno, y me los follara a los dos. Y como su habitación es pequeñita, creo que nunca le he visto a una distancia superior a, digamos, dos metros, y claro, me fata perspectiva. Tampoco le he visto vestido de calle, siempre con un chándal de estar en casa y pantuflas, o desnudo.

Con el francés creo que quedo mañana, según me dijo ayer. Digo "creo" porque por teléfono suena más a francés que a español, y encima vive en Tribunal en un interior y llega más cobertura a la cara oculta de la luna que a su casa. Por cierto, que me acuerde de no pasarles el blog ni al francés ni al canario, que hablo de ellos más de la cuenta.

Pues aquí quedamos en el curro el Yorch y yo. El Yorch está to chinao porque tiene que hacer una propuesta y el cliente ha dicho que menos de no sé cuantas páginas a espacio doble, porque sabe que en esta empresa somos unos rolleros, y ahora el Yorch tiene que hacer un ejercicio supremo de inteligencia: condensar. Hala Yorch, yo sé que tu puedes. Pero no te vayas al truco fácil de usar la Arial Narrow que canta mucho. Besos a todos!



 
Mis hermanas
Pues me gusta el francés. El chico francés. Nos conocimos por fin el sábado, habiendo dormido yo tres horas y habiéndome pasado la mañana y la tarde recorriendo todas -cuando digo todas es todas- las tiendas del centro de madrid con mis hermanas, que son unas enfermas mentales de las compras. Mis hermanas están temblando ya, saben que cuando empiezo así, empleando el verbo gustar en lo referente a un chico, lo más probable es que termine llamándolas en quince días con un nudo en la garganta. Ellas suspiran y se arman de valor, pero respetan mis decisiones.

Con el fancés hablo un rato en español y otro en inglés. Lo que se dice francés, no sé. Le he advertido que cuando yo hablo en inglés no me importa nada lo que digo, sólo me fijo en que suene bien. Así que utilizo siempre frases de canciones, se ajusten o no a la esencia de lo que quiero decir. Es la fuerza del metalenguaje. Así que en mi conversación con el francés dije cosas como "you can't always get what you want" -los Rolling-, "woke up this morning the house was cold" -Bruce-, "even better than the real thing" -U2- o "life is a bitch and I am her whore" -Tim Booth-, todas perfectamente embebidas en nuestro diálogo. No creo que lo notara. Otras frases como "I drive a pink Cadillac" nunca se pueden usar, está claro. Y después nos besamos, y después nos metimos mano como adolescentes en la planta de abajo del Gris, y saliendo del Gris... a quién me encontré en la cola para entrar? a la Marisa, al Pichina y al Rober. Se ve que le han cogido el gusto a Chueca. Y yo borracho y con el francés de la mano. Pues nos fuimos todos a otro lado a continuarla...

Ayer me llamaron mis hermanas preocupadas por mi estado mental y físico. Había dormido tres horas y me tuvieron todo el día de muestrario en muestrario, pero creo que se piensan que me drogo. Les expliqué que no tengo mucho tiempo para drogarme, ocupado como estoy emborrachándome, enredándome en aventuras interculturales -incluso interraciales-, y conduciendo de Madrid a Pozuelo y de Pozuelo a Madrid. Por lo menos, como ya conocen el mundo real, han dejado de aspirar a un novio con carrera para mí, ahora se conforman con que viva en este país y no sea asesino en serie. Yo también me conformo con eso.

Pero mis hermanas me quieren, así que me gusta que me llamen, aunque me hagan sentirme un poco mal. Y yo sé que las quiero a ellas. Si no, ¿de qué me iba a levantar a las 3 horas de sueño y con resaca para ver zapaterías?
 
Fotos de carnaval
 
Agonías
¿Os acordáis de que hace unos cuantos posts os hablé de un tío que conocí por internet, que medía 1,88 y que le pasaba lo que a los dinosaurios, que no le llegaba la sangre a la cabeza? Creo que también le llamé gilipollas. Pues es que a lo mejor quedo hoy con él. Sí hijos míos, por mis palabras no me juzguéis, hacedlo por mis actos. Bueno, mejor por mis actos tampoco. Es que el chaval no está mal, y, con un poco de suerte, a lo mejor no tiene el cerebro del tamaño de una manzana, como los diplodocus.

Que no, que me he liado! Que hoy no voy a quedar con ése, que ése me dijo que me llamaba el sábado -nota: lo lógico sería corregir el párrafo anterior, pero he decidido dejarlo como está y exponer linealmente mis recuerdos según llegan, para que veáis la clase de persona que soy-. Hoy probablemente quede con otro tío que esta mañana me ha reconocido literalmente ser un "agonías" porque cuando quiere algo lo quiere para ya, dice -en este caso se refiere a conocerme-, aunque está dispuesto, reconoce, a esperar a mañana o al finde o "incluso" al próximo finde. Yo le he contestado que agradecía su sinceridad, y que la mayoría de los gays éramos ciertamente agonías.

En realidad, yo creo, es deseo sexual sublimado. Confundimos las ganas de follar con alguien distinto -los felizmente casados lo explican como inmadurez, también podemos contemplarlo, venga- con insatisfacción vital, ansiedad del tiempo en que vivimos y otros rollos. Pero sólo es eso: ganas de follar con alguien distinto. Es duro decírselo a uno mismo a la cara. Sin embargo, es lo que hay. Cuando nos enamoramos de verdad -con la misma frecuencia que el Halley se arrima a la Tierra- saltamos al polo opuesto: nos arrastramos por debajo del nivel del mar, el chico es alfa y omega y no hay nada en el mundo excepto él, ni futuro ni pasado, ni familia ni amigos, ni yo ni los demás. Sólo él y su chantaje. ¿Me estoy proyectando? Vale, vale, bajad las manos.

Que eso, que si no quedo hoy me iré al Gris, allí me tomaré algo con el Edu que creo que se apunta, que tiene que celebrar que se ha quitado la carrera de encima, y con todos los gays agónicos del mundo que quieran pasarse. Los gays normales también serán bienvenidos.
 
Mi blog se lee en Aguilar
Me he comprado una funda para la iPod -ahora, cuando ya tiene un rayón en mitad de la pantalla del tamaño de Burgos provincia- en un puesto de esos, y mola porque tiene una estrella de cinco puntas sobre fondo rojo, URSS total, pero está rematada como en una cenefa rosa y blanca que le jode todo el encanto. En qué cabeza cabe semejante adorno!

Hala que movida, colegas: ¡Que un chaval de diecisiete años de mi pueblo se ha metido en el Google y le ha dado por buscar "carnaval en Aguilar" y se ha topado con el presente blog y se lo ha leído de cabo a rabo y... es gay! ¡Ay dios! ¿Quién será? ¿El nieto de la Mina la vecina? ¿El hijo de la que tenía la zapatería en la plaza? Me como los huevos. Y encima dice que me conoce a mí de vista -de verme de copas, as usual-, y a mi amigo Arman y la hostia... qué intriga! Ahora mismo estoy hablando con él por el msn. Estoy a ver si le saco de quién es hijo, o amigo, o sobrino. Nada, que no suelta prenda, tiene el armario cerrado con llave por dentro -es broma, eh? que el tío dice q lo lleva muy bien, no como yo, que a su edad me pensaba que yo y una foca polar ártica eramos los únicos homosexuales de la Vía Láctea-.

Mientras, el diseñito para el Canal de Isabel II por hacer. Me he visto unas quince mil fotos de agua. Gotas de agua, agua y bosques, agua y niños. Voy a tomarme un whisky, qué cojones tanta agua. Como hizo la Marisa ayer, que celebró que le había salido el HTML tomándose un whisky-Sprite a la hora de comer. Solo que yo hoy no tengo nada que celebrar. Bueno sí: que, además del calcetín hortera para la iPod, me he comprado una camisa de mierda en el C&A por 5,95€, con unas rayas terribles. Pero es de manga corta y me está pequeña, así que da el pego. Espero que lo dé. No os penséis que me mola ir de trapillo, es que prefiero dejármelo en discos -se sale el último de los Spock's Beard, si alguien los conoce se gana un fin de semana en Aguilar de Campoo con todos los gastos pagados-, y además pasaba por delante del C&A para ir a comer, y además, los letreros grandes que terminan en ,95 colgados en percheros, es que me pierden.

 
el cajero de la Fnac
SRG empezó a mirarme un día salvajemente en la cola de una caja en la Fnac. Él era el cajero.
-¿Has visto cómo me mira ese? -le dije a Peq. Peq se fijó y dijo, siempre tan ecuánime:
-Pues va a ser que , porque está pasando el código de barras al tacto, como si fuera ciego -os digo, hijos míos, que si Peq cree que son imaginaciones mías, también me lo dice. Pues no tuve huevos para cambiarme de caja y pagar en la suya, pero abajo me arrepentí y le dije a Peq que me esperara, y él dijo que mejor iba comprándose las Nike, así que subí de nuevo, me pillé el "Tunnel of Love" de Springsteen -lo tenía en vinilo pero en el pueblo, el mejor disco de Bruce detrás del "Nebraska", no pretendáis ser más fans de Bruce que yo porque os mearía- y me planté en su caja. El juego de miradas fue a más, temblor de canillas, rubor, taquicardia.
-Tenía que pagar en ésta -dije, absurdo de mí. A él no le pareció absurdo:
-Me alegro de que haya sido así -dijo-. ¿Está lloviendo?
-¿Cómo? -"qué pregunta más gilipollas", pensé.
-Que si está lloviendo. Es que llevo aquí metido todo el día y estoy hasta los huevos -"vale, ya lo pillo".
-Yo también llevo aquí dos horas, no sé si llueve. Si quieres déjame un boli y te apunto aquí -cogí un folleto del Club Cultura- mi teléfono. Quedamos para tomar algo después.
La señora que iba detrás a pagar un libro de Pemán, va en serio, no daba crédito.
-Guay -dijo SRG, y añadió, cuando vio que me disponía a precipitarme escaleras abajo-: pero apúntame también tu nombre. Y te olvidas el disco.

Aquel día -sábado- no quedamos, pero el lunes follamos en mi casa. He recordado todo esto porque ahora bajo a la Fnac a recoger las fotos de carnaval. Luego he quedado con Marisa y Armandín y Nela y Moni y Vic y Pichina para unas cañitas y una cenita y tal vez una copita -seguro que, con lo de la copa, mi voz resonará en el desierto de los working-day-drink-panic que son mis amigos. Lo intentaré, de todos modos.

 
El día de hoy
Hoy es el fucking día de los fucking enamorados. Enamorados del mundo, jodeos -que en el fondo me molaría pertenecer a vuestro grupo-. El viernes se nos pegó nuestro cupido particular: el Xavi.
-¿Xavi? -le pregunté-. Pero si tienes un acento del sur que flipas.
-Eh que soy de Cái. Pero como allí to er mundo se llama Havi, Havi pacá, Havi pallá, y mi padre eh catalán, poh yo Xavi. Así me dihtingo.
Pues convertimos al Xavi -que se había bebido una botella de aguardiente de Shiclana antes de salir de casa- en nuestro cupido y le enviamos en busca de una francesa pelirroja que le había gustado a nuestro Alvarito. Y la franchute le dió coba al Álvaro, pero luego, la muy perra nos le dio puerta en plan Amelie-lángida-coñazo. Entre eso y que después entró a la que resultó ser la única lesbiana del bar, el Alvarito hizo una noche redonda.

Y el sábado estuve con la Marisa y con el Pichina, este último completando cum-laude primero de "mi primer día en Chueca". Y sin echar las manos, oye. Un triunfo. Hasta les sacó una copa a una parejita abierta que, en lo que yo pude ver, se morreó cada uno -unilateralmente- con un par de ellos/as. Pichina es que aprende rápido. Y yo, por listo, ya es la segunda vez que me pasa, perdí la oportunidad de ligar con uno, que, según fui informado por un colega suyo -que llevaba un colgante de estaño que le había hecho su madre, profesora de estaño, ahí lo llevas, del tamaño de una paellera, es lo que tiene ser hijo de madres fumadas de los setenta- andaba detrás mío. Y no estaba mal el chaval. Pero como soy un listo y preferí descojonarme con la Mari, que tenía ganas de levantarse la camiseta y enseñar las tetas, y a la vez se sentía culpable porque tenía que madrugar para ir a Ifema, con lo cuál estaba más graciosa y más borracha, y también con el Pichina, que no daba crédito en general, pues a tomar por culo el polvete.

Para rematar, ayer me encontré con el Angelito, el último tío del que he estado pillado de veras -el año pasado SÍ estaba enamorado, de él, el día de San Valentín- que iba con el que será su novio -encima estaba bueno, jódete hijo de Juliete- al cine, igual que yo, que sin embargo iba con la Moni y la Vic en plan confraternización lesbiano-marica a los Acteón sesión 22.00, centradas y adelante, porfa. No sé si me vieron, pero me dio un poco de taquicardia. Odio el amor.
 
Convivencias
La primera vez que probé un porro fue en las convivencias previas a la confirmación -el sacramento-. Aguilar de Campoo, hijos míos, Palencia, 1990. 2 AM. Pasábamos el fin de semana en un monasterio en medio del campo, bebidas prohibidas -las botellas no cabían en un saco de dormir-, los chicos dormíamos en un ala del edificio y las chicas en el otro, la Fernanda -una monja vestida de paisano, gafas de culo botella y pelo de escarola- dormía con su saco en en medio del pasillo que separaba ambas.
-Hay que llegar a la habitación de las tías como sea -dijo Pedro Sierra-, tienen el mechero.
La cocina salvaba el pasillo por un lado, aupamos a Pedro Sierra entre Luis Doce y yo a través de un ventanuco alto, subiéndonos en una cacerola gigante -de esas para dar de comer a cien mil monjas-.
-Que no puedo respirar. Hostia, la Fernanda -murmuró Pedro, medio cuerpo dentro, medio fuera-. El ventanuco, lejos de dejar el obstáculo atrás, se levantaba justo encima del saco de la Fernanda y de la propia Fernanda dentro, roncando. Sí, roncaba. Luis Doce le dio un último empujón y Pedro Sierra cayó al otro lado. "Te acabas de pasar" apunté. Un golpe sordo, un grito, carreras por la cocina, portazos, diversas menciones a los santos del cielo.

Más tarde, a Luis Doce se le caería el porro por la ventana de nuestra habitación -"mierda, es el último que nos quedaba"-, se arrojaría al vacío en mitad de la noche sin pensárselo dos veces y aterrizaría en una mata de ortigas. En calzoncillos. Empezó a dar saltitos, nunca había escuchado aquel sacro claustro juramentos semejantes. La Fernanda lo hubiera atribuído a la justicia divina, pero nunca se enteró. Fue la última vez que los aspirantes a confirmación se irían de convivencias en mi pueblo.

Siempre hubo curas e iglesia rondando por ahí durante nuestra adolescencia. Yo salí del armario por primera vez con un cura. Quince años. No os imaginéis nada sórdido, era un cura muy enrollado. Se lo conté, lloré lo que quise en su despacho y luego me relató sus deslices con las mujeres, como para ponerse a la par. "Como sacerdote te diría que eso no está bien, pero como ser humano te digo que olé tus cojones". Tal cuál me dijo. Después nos fuimos a un bar al otro lado de la plaza y nos tomamos un calimocho. Fue importante para mí. Si soy ateo no es por culpa de los curas enrollados que aún quedan.
 
Ser hijo de puta
Ayer fui un poquitín hijo de puta con alguien. Con un tío, vamos -salvo error u omisión siempre me refiero a tíos, la gente que convive conmigo día a día se lo sabe, la Noe hoy ha dicho que el único modo de que yo haga la declaración antes de junio es que, de algún modo, un tío sea el reclamo, la cabrona-. Pues me gustó serlo -un hijo de puta-. Sí, hijos míos. Lo digo aquí, nada orgulloso, al revés: como exorcizando la culpa, como diciendo: I'm this way, si seguís hablándoos conmigo es a riesgo de que pueda serlo con vosotros.

Sí, Marisa, es el chico del otro día, el que no invité a cenar conmigo y con la pandi del pueblo, el que tú dijiste que no estaba mal y yo me aferré a ello como a un clavo ardiendo -si dijera que no, que no estaba mal, teniendo el cuenta el modelo "gamba", os costaría menos verme como un hijo de puta? ¿A que sí?-. Ya había aprendido que las opiniones ajenas nunca sirven, pero lo olvidé. Y ayer me afianzé en que a mí NO me gusta. Y el chico se puso romántico -yo estaba carnal- y quiso ponerse carnal a destiempo, y me llamó después, y... yo qué sé. Mi conciencia, que es como un menhir de Obélix pero de cartón piedra, me insta a que me perdone a mí mismo. Pues sí que me cuesta a mí eso. Ya está, sólo tengo que pensar en las veces que lo han sido conmigo -valiente excusa-. Y perdonado. Así andamos todos en Chueca: compensado nuestra balanza de pagos emocional entre unos, otros y terceros. Si eres nuevo en el asunto, bienvenido, gilipollas. Como decía Vic, si no te jodo la vida yo ya te la joderá otro, así que mejor te la jodo yo.

Y como, Noe, me has dado en lo más profundo de mi orgullo adolescente -no debería quedar ni rastro de él a mis 31-, pienso contar lo de la vez que tiraste a un cigarro a una papelera, entraste en la tienda de al lado y luego entró una mujer diciendo "fuego" y la tendera salió con el cubo de agua diciendo "vándalos" y tú callada como una ya sabes. Es igual, de todo se aprende. Si no hubieras entrado en la tienda y aprendido que no se debe tirar colillas en las papeleras, tal vez ya hubiera ardido Madrid.
 
Cualquier cosa
La cosa es: escribo todos los días aunque sea una gilipollez, o, si no tengo nada que decir, no escribo nada. ¿Por donde tiro? O, como diría Christel, ¿cuál debe ser mi propuesta artística? -es que la Christel se lee el Wallpaper y habla muy bien; a mí el Wallpaper sólo me interesa por los tíos lacios de los anuncios de gafas de sol-.

Hoy voy a probar a poner lo que me de la gana: me dan dentera las páginas de la Biblia que teníamos en el colegio de Los Menesianos. El MJN era un menesiano que se auto-invitaba a cenar a la casa de mi prima, la DRT -lo pongo así para no herir susceptibilidades, que ya me han dado algún toque- y se erecaba debajo de la mesa mirando las tetas de mi prima, según pudo comprobar alguno de sus hijos -mi prima ya tenía una edad-. Un profesor, no menesiano, si recordara su nombre lo pondría, y también su dirección, porque era un hijo de puta, me rompió una regla en la cabeza. De canto. De las de 30 cm. Todo por volverme a mirar cómo un enfermo mental de mi clase se pintaba la polla con rotuladores de colores -la "pilila", entonces, creo que no había vello púbico aún- y luego se la llenaba de pegamento Imedio. Sí, hijos, sí. Imedio por toda la puta polla. Yo no debía ser gay por aquel entonces, pero aquello había que verlo.

Bueno, y a otro le retorcía el brazo un cura todos los santos días, y nos daban capones con el anillo... yo qué sé. A lo mejor me violaron y no me acuerdo. Estoy hablando por msn con un capullo de 1,88 de alto que le pasa lo que a los dinosaurios: no le llega la sangre a la cabeza. Cuánto gilipollas. Me encanta que a mi sobri le haya gustado la camiseta que le regalé ayer por su cumple.

Todas estas cosas. Mañana volveré a la narrativa clásica, espero. Ahora me piro que tengo ganas de salir a la calle.
 
Hacer el tonto
A lo mejor os pensáis que, porque yo cuente tonterías, no puedo estar triste -no es el caso hoy, no os preocupéis-. Pues para que lo sepáis, yo puedo ser mogollón de infeliz. Lo que pasa es que hacer el tonto me puede. Es como aquella vez que la Moni, volviendo conmigo de marcha, se encontró que la antena de su coche estaba partida y colgando desde la base. Yo pensé: "verás a esta quién la aguanta ahora, con lo de que se vuelve al pueblo, que Madrid no es para ella, que encima hay cucarachas en el piso, todo ese coñazo". Pues lo vio y, sin inmutarse, terminó de partir la antena, la extendió, señaló a la pared y empezó:
-Marejada y fuerte marejadilla por la costa de Cádiz...

La Moni y yo seremos gansos hasta la muerte. Yo lo aprendí de ella, porque en mi casa había aprendido que todo es terriblemente grave, siempre, cualquier cosa. La Moni aprendió de mí lo que es el rock progresivo y yo aprendí a hacer el imbécil por sistema. Un intercambio justo, ¿no? Moni me enseñó a bailar a lo robot, a enrollarme una pajita en el dejo y dejar que se desenrolle sin que salte por los aires, a jugar al Out Run -los viejos os acordaréis- y al Super Pang -al Tetris le enseñé yo-, a meter temazos de Enrique y Ana en medio de recopilaciones alternativas -la de "Coconut", por ejemplo-, a cantar desafinando al oído de la gente en el Polana, a intercambiar las sílabas de las palabras -"nocitias" en vez de "noticias", yo ya nunca más diré esta bien-... todas esas cosas que, incautos, son mucho más útiles de lo que parece.

Tal vez os parezca fuerte aquella vez que, viendo a un cojo, dijo: "¿a ése qué le pasa? ¿Se ha metido mal la zapatilla?" Pero con Moni nada es fuerte. Ella lo diría de sí misma si estuviera coja. Su humor es auténtico, es el que nace de reírse de sí misma. Y eso es muy sabio.

Además, a veces no somos imbéciles queriendo. Nos sale de dentro. Nuestros primeros días en Chueca andábamos mosqueados.
-¿Cuánto ciego hay gay, no? -decía Moni, viendo a cantidad de ellos con sus bastones de un lado para otro.
- A lo mejor hay una relación genética -yo, como siempre, yendo de listo.
Hasta que descubrimos la sede de la ONCE en la calle Prim. A veces, Moni y yo somos genuínamente idiotas. Y eso tampoco está bien.

PD: Me informa Marisa de que al Pichina -el Gremlin travesti- todavía le duelen, hoy martes, los pies por culpa de los tacones. Angelito. Ya tengo un par de fotos, pero todavía váis a tener que esperar...
 
Carnavales primera parte
¿Os acordáis de la escena del bar en Gremlins? ¿El Gremlin travesti que se había vestido de tía y fumaba? Pues igualito igualito que mi amigo Sergio el sábado. Sergio, "Pichina" for friends -no intentéis haceros una cuenta fácil con el origen del apodo, q os equivocáis-, se plantó unos tacones de 12 cm. y sólo aguantó hasta el minuto quince. Vale, aguantó toda la noche, pero de puntillas y cagándose en tó. Primerizo de tía, lo típico. Los demás hemos pasado por ello antes. Disfrázate de tía pero vete con zapatillas, puedes parecer un zorrón igual.

Es que no sé por dónde empezar. El Juanjo parecía Brian May en el vídeo de "I want to break free", sólo le faltaba la aspiradora, el Arman parecía una gitana de esas que le volvieron la cara para atrás de un tortazo a la prima de Moni cuando era niña -erróneamente, porque la que había dicho "vaya par de caballones" había sido otra-. Arman se metió muy en su papel antes de salir de casa, cuando, a medio vestir él y yo, sólo con los pantis, el sujetador y el relleno, y los pelos por encima de todas aquellas tiras axfisiantes, nos cruzamos por el pasillo y me dijo, apartándose la melena rubia de un manotazo -es que era gitana teñida, que las hay-: "quita de enmedio, paya".

Juanjo, sin embargo, es incapaz de sacar un poco de pluma. Cómo os lo diría yo, si le intentas torcer la mano para coger un cigarro debidamente le dislocas la muñeca. Esto es un supuesto, antes te la retorcería él a ti, y te arrancaría el brazo. Hace años, como rito de iniciación en su pandilla o algo, me metió la cabeza debajo de una fuente en pleno enero -encima, de agua no potable-. Con Juanjo, si te pilla, no puedes hacer nada. El secreto es no dejarte pillar. Correr. No podemos decirle que es un tío violento porque se pone violento. Pero es lo mejor del mundo y a mí, como sabe que no tengo media hostia, me deja putearle. Pues teníais que verle con su falda desigualada de ante y leopardo, su top de leopardo y debajo otro top de tirantes rosa fucsia. Y sin tetas -"se me han olvidado" dijo el tío, y es capaz-, con esas espaldas de armario y esos andares como si en vez de huevos tuviera kiwis. Pero esta vez se dejó tocar el culo por extraños sin levantarles el puño. Si Juanjo te levanta el puño te haces caca, sin solución de continuidad. Los diez segundos después de hacerle algo a Juanjo son críticos. Te puede arrancar la cabeza con las manos o simplemente inclinarse sobre ti -también te haces caca- y decirte: "tío, tío, tío". Pero el Juanjo, desde que tiene amigos gays en Aguilar y en Valladolid, es otra cosa. Es, cómo diría yo, mucho más humano.

La primera noche de juerga con ellos alguien tiró un cachi -mini- de calimocho y cayó en la camiseta blanca de Los Ramones de Juanjo. Yo estallé en carcajadas y tardé un tiempo en comprobar que nadie se reía y todo el mundo me miraba como las vacas al tren. O como la plebe a María Antonieta en la guillotina, "la última vez que la vamos a ver con los ojos abiertos", se dirían. Ahora sé que nunca he estado más cerca de la muerte. Sé que me la juego por contar que arrancó una farola de cuajo después de un concerto en Melgar. Ya sabes, uno de esos conciertos en que una camiseta de Iron Maiden es una mariconada y una de Sepultura así, así. Si, estoy rozando el larguero. Pero yo me noto valiente. Eso y que ahora mismo estoy a 350 km de él. Juanjo, ya sabes que lo de que te enculen figuradamente en la barra del Nebraska y luego te digan "sólo te estaba lubricando" es parte de la terapia para exorcizar fantasmas.

PD: habrá fotos del finde, ya os diré.
 
Mi madre y los Silencers
-¿Eres hétero? -me pregunta ayer el tío, más largo que un día sin pan y con "parato" en los dientes, en cierto bar de Chueca. Había salido porque vinieron unos amigos de mi pueblo. Qué huevos. Como si necesitara yo una excusa para salir un jueves.
-Pues va a ser que no- dije. Me dio las gracias y se piró. Qué hartito estoy de pasar por hétero. ¿Es que nadie se da cuenta de que es una pose? Al rato viene su amiga y me pregunta:
-¿Te quieres enrollar con mi amigo?-. Nada de "¿quieres tomarte algo con nosotros?", ni siquiera "¿te ha gustado mi amigo?"
-Me parece que te estás saltando unos cuantos pasos. Además, tu amigo es un poco joven, ¿no?
-Tenemos diecinueve. Pero es que mañana no tenemos insti-. "Insti" pensé yo, y un escalofrío de recuerdos rancios surcó mi espina dorsal, como cuando te metes en una bañera con agua demasiado caliente.
-¿Y por qué no tenéis insti?
-Porque se ha quemado.
Ya no quise saber más. Me alejé de aquellos adolescentes pirómanos, terminé mi Kas de naranja y me fui a casa, que ya había sido un día suficientemente raro.

Y hoy otra vez aquí, en la ofi, con el maricón y la pija hablando de mezclar en naranja y el rojo, y de que su web iba a paracer de Agatha Ruiz de la Prada, y la cerveza y el pollo con aceitunas peleándose por un lugar mejor en mi estómago, y yo pensando -mientras defiendo la usabilidad del sitio web rojo y naranja- en si alguien en mi pueblo tendrá una minifalda que me quepa, y en que me tengo que comprar unas medias para mi disfraz de zorra de gangster, y en que me tengo q afeitar para que, cuando la Marisa me maquille, no se cage en mi madre, y en mi madre, que me ha dicho "te quiero" por teléfono delante de la pija y el maricón, que eso lo dice para que conduzca despacio hacia el pueblo.

Sí, tengo resaca y 350 km que conducir. Voy a necesitar algo más que el amor de mi madre. Bueno, tengo a los Silencers en la iPod. Creo que con el amor de mi madre in my heart y a los Silencers on my speakers, está casi todo hecho. Caranvales de Aguilar de Campoo, are you ready for what's next?
 
Tener razón
El padre de la Moni siempre dice: "cómo me jode tener razón". Es su frase favorita. Y no parece joderle mucho, en realidad. Les dije a mi compi del curro: "me traen un diseñata para el proyecto de Canarias, ya veréis como es maricón". Pues maricón. Debí apostarme el menú del día en La Copa. El cielo es azul, el campo verde y los diseñadores web maricones. Como diría mi propia madre, "si tan seguro tuviera el cielo, derecho iba". Mi madre también dice "cojonnnnnes!" cuando se hostia con el pico de un armario abierto, pero esto tiene menos mérito.

Ayer quedé con un chico que conocí fugazmente el sábado, tipo:
- ¿Ya te vas?
- Sí, me esperan mis amigos. Podemos darnos el teléfono y quedamos esta semana.
Pues quedamos, el tío me moló -siempre me molan- y también sacó la conclusión de que siempre quiero tener razón y de que intento imponer mis opiniones. Como lo he oído tantas veces, me dio un poco la risa y el tío se me mosqueaba. Le expliqué que estoy hartito de conocer a gente que me recrimina eso y luego descubro con pasmo que, en realidad, son ellos más cabezones e intransigentes que yo. Vamos, que me cuesta menos cambiar de opinión que a muchos q van de respetuosos. Si soy un poco vehemente al exponer mis ideas, agüita fría.
- Inseguridad -me achacó él, y yo estuve de acuerdo. "Inseguridad, tu muñequera de Puma" se me ocurrió añadir, pero lo dejé estar. Yo quería besarme con él y quizá este apunte me hubiera apartado un poco de mis intereses. Ya me ha pasado antes. A mí y a mi madre, mi padre siempre lo ha dicho, nos pierde el pico.

Hoy me estoy cagando en las cervezas y los cigarros que consumí pasando la tarde con dicho colega, porque además voy a tener reuniones maratonianas con los de Canarias, el maricón y la pija, y me da que me van a revolver el estómago. Espero al menos poder comer con mis compis de siempre, porque si algo me jode en la vida, además de tener razón, es comer con desconocidos. A no ser que me los vaya a... dios, qué opinión váis a terminar teniendo de mí!
 
Sexo con 1 / sexo en grupo / otras actividades
El Javito anda preocupado porque su recién estrenado novio -lo conoció a las 9.30 AM el día de nochevieja, a esa hora no quedan más que los retales, pero es que Javito y yo somos retales- tiene un perfil en Gaydar en el que busca sexo con 1 / sexo en grupo / otras actividades. Yo le he dicho que el "sexo con 1 / sexo en grupo" todos lo buscamos -quizá no cuando tenemos novio, vale- y que el "otras actividades" tal vez se refiera que es aficionado al anillado de aves acuáticas. Javito dice que más bien será que le va el látigo o el látex. No me he visto con fuerzas para llevarle la contraria.

Javito quiere hacerle la catorce-quince haciéndose pasar por otro internauta para pedirle sexo.
- Eso nunca sale bien -le he dicho-. Y menos si pones una foto del pivón del siglo, entonces escuchas algo que no vas a querer oír, fijo.
Pero Javito es como yo: obsesivo y cabezón. Sé que lo va a hacer y que en un par de días me va a llamar llorando. Lo sé. Porque claro, al segundo mensaje el otro le va a decir "¿entonces, a las ocho detrás del Carrefour de San Periquitín?" y el Javi va a empezar a hiperventilar.

Yo a Javi le quiero mucho, hemos compartido noches memorables y nos hemos visto en todo tipo de situaciones, hasta el punto de conocer al otro mejor que a uno mismo, sobre todo en lo que se refiere a los putos tíos. Pero no hay cosa peor que un ciego cuando guía a otro ciego. Bajo la máxima de "hay que vivir el amor, pillarse sin miedo, lanzarse al vacío", todas esas patochadas que el Javito me metió en la cabeza -yo no había sido nada romántico hasta que empecé a brindar con él por el amor infinito con chupitos de José Cuervo-, nos hemos pegado y visto pegar más hostias que uno de esos de vale-tudo.

Javi: primero, no le pongas a prueba que lloras. Segundo: si no te quiere ya puedes hacer el pino-puente que te va a dar igual. Tercero: vuélvete a Madrid que aquí son menos cazurros. Que me has dejado solo y me tengo que arrojar a la noche sin guía espiritual -no es que fueras un guía recomendable, pero eras el mío-. Te echo de menos, gilipollitas!
 
Han echado al Alvarito
Qué disgusto más tonto, que han botao al Alvarito de la empresa. Cosas que me gustaba hacer con el Alvarito:

- Imitar al camarero del Simal con lo de "dodepanchu" (dos de pan, Chus) o "te la estah bujcando" o "¿pero tú te vah a apuntah al gimnasio?" -esto último me lo dijo a mí como diciendo "pero si eres una puta mierda de tío"-.
- Imitar al retrasado de "The Goonies" cuando decía aquello de "cho-co-la-teeeee!"
- La movida de enseñar a la gente el camino al reverso tenebroso a través de el dolor -vaginal él y anal yo-, de cómo la sabiduría y el conocimento sólo podía enseñarse a través de tránsito -voluntario o no- al lado oscuro.
- Reírnos de sus calentones a las cuatro de la tarde. O a media mañana, con sus erecciones por culpa de la cuarentona buenorra de las faldas de leopardo.
- Cuando me enseñaba a reventar cuentas de Hotmail. Predicó con el ejemplo reventando la mía, era un lince sacándote casualmente la respuesta a la pregunta secreta.
- Grabar una versión del "Dangerous" de Depeche Mode con él y el Juanito a las voces y yo a todo lo demás -el Alvarito se pensaba que programar un teclado era nada más posar los dedos a ojo-.
- Hacer croquis geográficos de sus ligues y de los míos, dejarnos notas tipo "pero no me lo trago, como tú" o "vaya pavo que tenemos" y escribirnos cartelitos con simplemente "gilipollas".
- Hacer bromas mu brutas con nuestras respectivas madres, tipo "tu madre ya no puede tirar los corners" -es que estaba mal de la rodilla- o "Ése es de cuando nació tu madre", refiriéndose al Alejandro Magno.
- Echarnos unos bailes en el Cool, y él se picaba porque yo le decía que el francés bailaba mejor que él. Era mentira, pero es q entraba al trapo que te cagas. El francés sólo molaba cuando hacía lo de Michael Jackson y el Alvarito es un hiphopero consumao.
- Cuando se puso a salir con la que hoy es su novia, la Nuri, hermana de su mejor amigo, y no sabía cómo decírselo al chaval, a pesar de que los pillaba en casa solos y no se coscaba.

Pues nada, Alvarito, te echaremos de menos. A ti y a esa cazadora para el Polo Sur con pellejillosque te has echao. Ya sabes que tienes que revisarte "La cosa" de John Carpenter, que llevaban todos una como esa. Y ese pelito metrosexual mola, y la perillita no te la quites, y no seas tan chulo, que un día vas a cobrar -juraba que un día iba a entrar en el despacho del director general y le iba a decir "¿a ti qué te pasa en boca?", así, sin el artículo "la"-... nos vemos en los bares!