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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Cactus con guayaba
Ay, hijos míos. Hoy no me encuentro con energías para ser gracioso. El otro día he discutido con mi madre porque yo no quiero tener una madre que sea como el alcalde de Ávila -esta frase tengo pensado soltársela, lo que pasa es que, como no me hablo con ella, pues aún no he tenido la oportunidad, pero en cuanto se me pase el mosqueo es lo primero que le pienso decir-.

Pues discutí con ella por que no le gusta la palabra matrimonio para los gays, y sé que lo opina para picarme, y para chulo, yo. Pues le pegué un grito que la pobre respingó encima de sus trapos para abrillantar el suelo a la vez que camina -a algún vecino desperté fijo, eran las doce menos cuarto-, a mí me dolió hasta la garganta, y arrojé el mando a distancia de la tele al suelo y estalló en pedazos. Así que ahora, mis pobres padres no pueden ver la tele.

Y mi madre se siente culpable y me ha llamado ayer varias veces por la tarde, pero yo estaba sin batería y besando en el cuello a Zoo -vamos a llamar Zoo a este chico, por el momento-, y después me fui con los de Aguilar, que han venido a Madrid.

Cené con ellos en un restaurante de Chueca -vamos a Chueca por Pichina, que no es que de pronto se haya vuelto filogay, es que es línea verde y le pilla estupendo para volver a casa-, es uno nuevo que se llama Circus, que no está mal -aunque tampoco es maravilloso- y me tomé dos ensaladas -al mediodía me había comido dos pollos o siete, del Kentuky ese- y de postre un helado de cactus con guayaba. Como no sé a qué saben los cactus no os puedo decir si estaba logrado o no.

Y allí me encuentro con uno que pensé que estaba casado con una prima mía, y me dice:
-Hola, esta es Fulanita -y yo miré a fulanita y me dije "esta no es mi prima". Y yo, en mi inocencia infinita, le pregunté:
-¿Qué tal, sigues viviendo con Menganita -mi prima- en el piso de Chueca?
-Nos hemos separado hace un mes.
Muy bien, Julito, sigue cagándola. Lo de preguntarle por el niño ya lo dejé para otra vida.

En fin. Besos para todos. Sed felices vosotros que podéis, yo tendré que esperar unos días.
 
Me siguen
Mi compi de atrás, un veinteañero de Vitoria, porrero e informático, pescador en la ría de Bilbao en su tiempo libre -caña, birras y marihuana-, me dice antes:
-A los barbos les gusta el queso.
Y luego me enseña una foto de su planta de maría, del tamaño de un arce. Y me pregunta:
-¿Tú crees que me emporro demasiado?
Y yo creo que , y no sé cómo decírselo. Porque a este chaval no le apetece un cristo dejarlo. Pues nada, que se emporre todo lo que quiera. Yo también estoy escuchando a Ella Baila Sola en estos mismísimos instantes y no estoy precisamente orgulloso de ello. Todos tenemos zonas oscuras.

Las Ellas se lo Montan Solas son la caña. Echan a suertes si dejar o no al novio, y lo han notado porque no se habían puesto las bragas negras de encajes o los tacones y se dijeron a sí mismas:
-Pues va a ser que ya no me gusta.
El chico salía ganando, fijo. O si no, te dicen que "no lo vuelvas a hacer" como con una duda metódica, rollo "porque puedo vivir con eso o puedo vivir sin eso" o "tal vez no o tal vez sí" en el más puro estilo gallego -ver post a este respecto-. Eran unas sobradas estas chicas, y estarían buenas, sobre todo la morena, pero ya ves tú, salir con ellas debía ser un:
-A ver con qué me sale la Marilia hoy. ¿Me verá más alto o más guapo o mejor o me dirá que tenemos q hablar?

Y yo, que os pensaba hablar de mi tío Emeterio -nombre figurado, el auténtico es peor- que un día dijo, cuando nos íbamos de su pueblo:
-Cuidado en el cruce. Si os encontráis con un Mirafiori verde, son unos que me siguen.
-¿Cómo que te siguen? -preguntó mi madre, frunciendo el ceño.
-Sí. Quieren quedarse con todas las tierras de la Jandra.
-Mamá, el tío Eme está como una regadera -dije yo, cuando hubimos subido la ventanilla, y me llevé la charla. Pero es que es verdad, mi tío Emeterio está como un cencerro. Ahora, eso sí, los mejores bocatas de chorizo de olla que he comido en mi vida, los comí en su casa. La visión de cintas adhesivas atrapamoscas llenas de moscas y el olor de la cuadra no me podían quitar el hambre.

Ahora, las Ellas se lo Montan Solas se reparten los amigos como si fueran toallas de hotel. Qué pragmáticas que logran ser estas chicas... ojalá yo un día aprenda a ser así.
 
Me dejé las las llaves en el sitio donde cenamos
Hijos míos, podréis creéroslo o no, pero alguien -uno de vosotros- ha llegado a este blog haciendo la siguiente búsqueda en Google:
-Enana mamada a perros animales.
Bien. No voy a entrar a juzgar vuestros hábitos sexuales, quién soy yo, bastante tengo con lo que tengo, tal y cuál. Y entiendo también que los caminos de los motores de búsqueda son tortuosos. Pero puedo aseguraros que aquí no váis a encontrar a enanos teniendo sexo con animales, ni siquiera con otros seres humanos, y vive dios que me parece genial si ello se da, anywhere. But not here.

Comprendo mejor otros criterios de búsqueda que también os han llevado hasta aquí, como "gratis peli tío masturbándose" -de hecho, no dejéis de reenviarme si os aparece algo molón con ésta- o "empalmado hermano bueno cachas" -aquí me chirría un poco lo de "hermano"- o "mapa carrefour de majadahonda".

Pero lo que os quería contar es que el viernes, después de la borrachera con los americanos -los pobres se acercaban a la barra y esperaban ser atendidos sin una voz tipo "niñooooooo! dos whiskis cola, cuando puedaaaaas!!", qué americanos que eran-, me encontré con que había perdido las llaves del coche. Pues muy bien, Julito, súbete andando desde Chueca hasta Moncloa, espera al puto Llorente, píllatelo y ve a amanecer mientras te recorres todas -y digo todas- las putas urbanizaciones de Aravaca, mientras adolescentes pijos y aprendices de malotes mantienen conversaciones tipo:
-La puta zorra de ella se me limpió to el cuajarón en los pantalones.
-Todo porque no le avistaste, hay que joderse.
-Si la avisé, pero no me oyó. La muy guarra.

Y llegué a casa, también sin llaves de casa -las guardo en el coche, qué pasa- y llamé y, naturalmente no me oyeron. Y me quedé dormido en la escalera, el culo en un peldaño y la cabeza en el siguiente, y escuché a duras penas bajar a un vecino a llevar a la niña a equitación, y me levanté de un salto y volví a llamar al timbre de casa como casualmente, como recién llegado, mareándome.
-Buenos días -dice el vecino.
-Buenos díaaaaaaas! Qué tal guapaaaaaaaa! -y debí añadir "qué, ¿a montar a caballo, asquerosa?", pero no lo hice.

Dos horas después -no es un decir, es que fueron dos horas después-, cuando mi espalda tenía ya marcadas hasta las vetas del mármol de la escalera, fui devuelto a mi redil, por fin. Nunca una cama había sido recibida con tanto agradecimiento.
 
Cuerpo braga
Menuda cuerpo braga que se me ha quedao de salir un poco ayer. Fuimos al Alfil a ver lo de los sketchs de los Monty Phitons, unas risas nos echamos, pero es que ya en la barra del teatro nos pedimos la Mari y yo unos whiskitos, porque ya estamos tan pasados de vueltas que, pa echarnos unas risas, necesitamos estar borrachos. Y cierto: las carcajadas de la Mari resonaron por toda la sala, y a destiempo, encima. A la Mari y a mí nos pasa lo mismo, nos hacen gracia las cosas que a nadie.

Luego la Mari y yo hablamos de su bipolaridad actual, y de cómo su jefa le había pedido unos logotipos para una consultora tecnológica y ella se había echado a llorar. Así, sin venir a cuento.
-Es que me dio tanta pena lo de los logotipos -me confesaba.

Y luego me puse bipolar yo, porque un tío que era hétero y hablaba con su novia por teléfono se me presentó, tras las típicas miraditas, y quiso descaradamente ligar, o eso interpreté yo, porque a santo de qué me tiene que parar por el pasillo y presentarse y decirse que a dónde voy y que dónde está eso, que me pillas con unos amigos muy héteros, pero hablamos luego. Mi bipolaridad era: le pego un muerdo o le piso los huevos.

Y nos fuimos el Javito y yo al Enfrente, donde había muy buena música pero cuatro gatos. Y hoy mi bipolaridad está en que no sé si me cago o me vomito, de hecho mi aparato digestivo no sabe si resolverse hacia arriba o hacia abajo, soy como un enchufe de corriente alterna, que cambia todo el rato de polaridad, y el caso es que se me queda todo dentro, jodiéndome la vida. Y he sido tan tonto que me he tomado unas patatas ali oli en el desayuno, pero bueno, no espero que me comprendáis.

¿Ya os he dado suficientemente asco? Pues nada, que el lunes seguimos. Cuidad de vuestros aparatos digestivos el finde. Y cuidadito con lo que hacéis que la virgencita lo ve todo.
 
La Jandra
Mi abulela Jandra era lo más. Sólo he conocido a esa abuela, nació en el 1903. Ahí lo llevas. Metro y medio, vestida de negro, pelo blanco en un moño. Y todo el puto día descojonada. Leía los letreros de la calle sin solución de continuidad:
-Academia de inglés rollal cull o englin matrícula gratis pantortillas vejo las auténticas reservado camarero- y se empezaba a partir el eje de las equis.
Cuando echaban una de tiros por ta tele se apartaba porque se pensaba que le podían meter una bala entre ceja y ceja. Lo creía a pies juntillas. Y mi padre la picaba:
-Jandra, póngase aquí delante, conmigo, que lo ve mejor.
-Deja, deja -decía ella, y a descojonarse.

Lo de la tele no lo acabó de entender jamás. Tardamos en hacerle meterse en la cabeza que, aunque alguno se muriera en una serie, luego podía salir en otras películas. Hasta que, viendo conmigo Reservoir Dogs -ella se lo tragaba todo-, resolvió:
-Ese yo creo que ya no hace más -y a reírse.
Ya supimos que iba para vieja el día que yo me levanté, aparecí en la salita de mi casa bostezando y ella le dio un codazo a mi madre, me señaló y se puso:
-Anda, ¿y este quién es?

Y la loca de mi tía la monja un día dejó suelta a la Jandra y nos la encontramos en una terraza de un bar de mi pueblo -de los modernos- tomándose una cerveza con el pañuelo de verano -porque era gris- atado a la cabeza.
-Me lo ha traído ese muchacho tan majo. Está muy rico, esto -y a beber y a partirse. Los camareros de mi pueblo no respetan las canas.

El día del entierro de la abuela lo celebramos todos los primos como se merece: partiéndonos el culo. A la hora del almuerzo estábamos en una mesa aparte y yo empecé a soltar chorradas -es superior a mí, cuando me junto con mis primas las pijas-, me siguió un primo mío que no voy a nombrar, pero que no tiene conocimiento y su humor es mucho más grueso que el mío, aunque también encuentra su público, y no veáis, hijos míos, qué risas nos echamos. Los padres -descendientes directos de la Jandra- nos echaban miradas fulminantes porque no comprendían el verdadero espíritu de la Jandra. A la Jandra le hubiera gustado vernos así el día de su entierro, haciéndola homenaje. Ella hubiera dicho su frase favorita, aquella que repetía día tras día después del postre:
-Qué bueno estaba todo. De hoy en un año -y a estallar en carcajadas.
 
La gente sabia
Ay, hijos míos, tengo a la Marisa que está bipolar perdida estos últimos días. Ayer le pusimos un poco remedio emborrachándonos en el Gris escuchando a Interpol y a Placebo y a Marc Parrot; consiguió quedarse trabada en su etapa eufórica, y eso, como os podéis imaginar, está de puta madre. A unos americanos-coñazo que había por allí les pareció raro ver a la Marisa cantar "soy la paja en el ojo / soy la pólvora en remojo" con una papelera de mimbre verde chillón metida en la cabeza, pero eso es porque no la conocen.

Es que ayer supimos que había salido Papa el Mázinguer (Z) ese y estábamos un poco tristes. Yo, que desde las 5.40 estuve esperando una llamada del Vaticano con mi nombre ya elegido, para que no me pillara de sorpresa: Pío, y el número que me tocase. Pero escogieron al Mázinguer, que será culpable indirecto de la muerte de unas cuantas decenas de miles de niños en África por sida de aquí a que la palme.

Pues la Mari estará bipolar, pero hoy hemos discutido el Yorch -lo suyo es lo estacionario, como la astenia- si yo soy psicótico o neurótico. Yo le he convencido de que soy neurótico, que la psicótica es, por ejemplo, su amiga la enfermera, que un día saltó:
-Tendríais que ver las cosas que yo tengo que hacer a veces en el hospital -y se te queda mirando con ojos saltones, sin pestañear, acercándote la cabeza muy levemente. Te haces pis encima con esa tía.
Yo soy más tipo:
-Yo sólo puedo dormir en mi habitación de Aguilar o en la de Madrid-. Y conste que esto ya lo he superado, que ahora mi fobia es los aviones, estoy firmemente convencido de que sufriré un infarto la próxima vez que suba a uno y que bajaré cadáver.

Todo el mundo es un poco neurótico, el Yorch es patológicamente incapaz de pedir un vaso de agua en el Mc Donalds o un sobre más de kétchup, y es capaz de comerse la ensalada con las manos si no le ponen tenedor. Una vez le pregunté a mi sobrino Santi:
-¿Cómo haces tú para no obsesionarte cada vez que tienes un problema?
-Simplemente, me convenzo a mí mismo de que, pase lo que pase, todo saldrá bien.
Así de simple, me quedé de una pieza. Siempre me deja pillado la gente tan sabia.
 
Las dudas teológicas de mi madre
Al parecer, mi madre se confesó el domingo. Y lo hizo en los siguientes términos -espero que creáis todo esto, a mí mismo me costó creerlo ayer, pero sé que mi madre no miente-:
-La verdad, padre, es que yo hay algunas cosas de la iglesia con las que no estoy muy de acuerdo.
-Continúe -susurró la voz al otro lado de la celosía, armándose de paciencia.
-Resulta que tengo un hijo gay. Homosexual, vamos -añadió, como aclarándole el término anglosajón a un cura poco informado.
Aquí, el sacerdote ya se quedó callado. Le pareciera o no bien, aquello no era intrínsecamente un pecado de mi madre a perdonar. En principio.
-Y yo, qué quiere que le diga, hay cosas de la Iglesia con las que no estoy de acuerdo.
-Ha venido usted aquí para confesarse... -recordó el cura, y mi madre continuó para bingo.
-Lo sé. Mire -resumió-, es que yo le digo a mi hijo que use preservativos. Sé que la Iglesia lo desaprueba, pero es superior a mis fuerzas. Las enfermedades, ya sabe. Así que no sé si hago bien o mal, si peco, pero yo le digo a mi hijo que los use siempre. Sinceramente, si es pecado, espero que Dios me perdone, porque, aunque usted me dijera que es pecado mortal, seguiría diciéndoselo.
Olé sus huevos. El cura no dijo nada, le recomendó unos cuantos Padres Nuestros e intentó olvidarse del asunto.

Mi madre es así. Desde que sabe que soy gay, anda buscando consejo por ahí en las que ella considera altas instancias morales: los médicos y los curas. Porque al mismito día siguiente de yo decirle lo mío, mi madre se lo cascó a su médico de cabecera.
-Pues me parece muy bien, señora -le soltó la médico-. Lo que tienen que hacer es dejarlos en paz y que vivan su vida. Que los únicos homosexuales que vienen a la consulta son los que están reprimidos y casados y de todo.
Así que mi madre se fue a casa más contenta que un ocho. Ahora está todo pesada con que yo no me reprima, y yo le he dicho que no se preocupe, que yo voy prodigando mi homosexualidad sin quedarme precisamente corto. Ella ha tratado el tema con otros médicos y otros curas, incluso ha topado con algún cura moderno -o marica y lo suficientemente honesto consigo mismo- que le ha dicho que tiene que quererme igual.

Lo que yo le he pedido a mi madre es que no se lo salte a la gente tan de sopetón, porque ella te lo puede decir -lo de que su hijo es gay- después de oscultarle la rodilla o de darle un programa con los encuentros eucarísticos del mes que viene, y claro, la peña no está preparada.
-Hijo, yo lo hago a mi manera -se excusa ella-. Cada uno, a lo suyo.
-Dí que sí, mamá -le animo yo, todo orgulloso-. Eres la caña de España.
 
La fiesta de la espuma
Hijos míos, habéis de saber algo: yo inventé las fiestas de la espuma. Cuando tenía cuatro años mi padre llamó a mi madre por teléfono:
-Baja un segundo que tengo un lío con los pedidos.
-¿Y dejo a los chigüitos solos? -en qué momento.
-Es un segundo, Rosi.
Y mi madre bajó al taller, dos minutos desde casa. Al parecer, yo salté de la cuna lleno de decisión, arrastré un bote de Dixán -recordad que los de entonces eran de 5 kilos- hasta la bañera, lo vertí y encendí el agua de la ducha. ¿Alguien puede imaginar lo que pasaba por mi cabeza? Yo tampoco.

Una vecina subía al primero -nosotros vivíamos en el tercero- y vio que una lengua de espuma bajaba por las escaleras, un palmo de alta. Convirtiéndose en la tercera participante en una fiesta de la espuma de la historia -los primeros estábamos siendo mi hermana y yo- subió como pudo y comprobó que la espuma salía bajo la puerta de mi casa. Horrorizada corrió a buscar a mi madre -los corazones de las madres son a prueba de bombas-. La Rosi abrió la puerta y me descubrió ahí, navegando a la deriva boca arriba, en mitad de mi fiesta, morado y haciendo pompas con la que pretendía ser la última bocanada de oxígeno de mi vida.

Es que iba para químico. Otra vez eché lejía en el vaso de agua que mi padre se bebía todas las noches -lo tuvieron que llevar a hacer un lavado de estómago-. Más tarde, intentaría electrocutarlo con el niño Jesús mientras ponía el belén. También tengo una cicatriz encima del labio porque metí la boca en la máquina de coser de mi madre. Funcionando. Me llevaron a Don Luis -el médico-, me quitó el hilo azul de punto cruzado, tan elegante, y ya me puso otro un poco más apropiado.

Y vamos con el reporte habitual: a nuestro enviado especial a Guinea -el impagable JJ- le han colado un recargo de 350€ por exceso de equipaje. ¿Os extraña? ¿A que no? Es que creemos que también se llevaba agua embotellada, y de ahí el sobrepeso.
 
The american
Hijos míos, habéis de saber que este blog se lee en California como ejemplo de lo que es una familia española moderna. Pues sí, californianos, en España casi todo el mundo tiene una tía monja.
-¿En España hay farolas por las calles? -le preguntaron a un amigo, profesor en un colegio de Houston-tenemos-un-problema. Este amigo es uno al que dejé en mitad de un polvo por insinuar que debería depilarme, pero esto es otra historia.
-No, hacemos antorchas con las barbas de nuestros abuelos muertos -y la niña americana se echó a llorar.

Y luego vienen los americanos aquí y se quieren quedar, como el Eliahu, que pasó un verano en Aguilar y se folló a la práctica totalidad de los aguilarenses de sexo femenino y edad comprendida entre los dieciocho y los veintidos. Y el Eliahu, que se quedaba en casa de Arman, se llevaba todos los méritos, porque era el típico americano coñazo y encantador. Una mañana de domingo, la madre de Arman se encontró una docena de pasteles en el desayuno.
-Muchas gracias, Eliahu, mis hijos nunca han tenido este detalle.
Y el Arman se levantó, fulminó a su madre con la mirada y se fue a dormir -ambos habían llegado de marcha-, porque los pasteles los había comprado él, mientras el americano se había limitado a decir:
-¿Vas a comprar pasteles para tu madre? Mi madre se agarra el bolso cuando paso a su lado.

Yo conozco aquí un americano que se define a sí mismo como "la puta borracha" -directamente en español- y que se ha follado a la práctica totalidad de los homosexuales de Chueca comprendidos entre los dieciocho y los veintidos, y a otro que es de un pueblo de Iowa -va en serio- y que tiene una cabeza del tamaño de un puf de esos para sentarse. Habla y se mueve como Frankenstein, sólo le falta ir con las manos por delante. Yo creo que, correctamente, las categorías fisiológicas humanas son: negros, caucásicos, orientales, indios y los de Iowa.

En otro orden de cosas: nuestro JJ se va el domingo a Guinea! Ya lo tiene todo preparado. Yo quiero que sea feliz en África y encuentre el amor, o que no le duela, vamos, y quiero que todos vosotros le mandéis un mensaje de ánimo. Hacedlo porfa, y yo se lo mandaré a Guinea. Lo agradecerá, en la oscuridad de su mosquitera.
 
Mi tía la monja
Era yo adolescente y visitábamos a mi tía la monja. El monasterio está a las afueras de mi pueblo, pero íbamos a verla lo mismo que si estuviera en el sur de Francia. Clarisas: pelo cubierto, sotanta negra, de esas que si las ves de lejos parecen buñuelos de chocolate.
-Qué ilusión, teneros a todos aquí-decía ella, detrás de los barrotes, y empezaba con las alabanzas. Qué pesada y qué agradecida que era. Y mi estómago rugiendo, pensando en los pasteles, que eran mi motivación principal.

Pues saca la monja las manos por la reja, me estruja la cara y se pone, la muy zorra:
-Uy este chiguito, lo que ha afeao. Con lo guapo que era de pequeño.
Hija de puta. Hubiera abierto los barrotes con mis propias manos y le hubiera roto el cuello. Porque entonces no tenía datos, que si no, hubiera respondido:
-¿Sabes? Las monjas tenéis tres veces más probabilidades de sufrir cáncer de ovarios. Se debe a que no utilizáis el coño.
Mi madre, que debido a su educación judeo-cristiana y franquista tiene el sentido del humor en el culo y se ríe de las desgracias ajenas, se partía la caja. Mi hermana, la muy cabrona, habiendo nacido en el 73, también se descojonaba.

Pero tuve mi venganza años más tarde, cuando un día de verano, en mi pueblo, me levanté de resaca por la mañana a mear y me tropecé con un bulto en el pasillo. Que sepáis que iba sólo en calzoncillos y estaba empalmao -verídico-. Pues no era un bulto, era mi tía la monja, que, no me preguntéis por qué, estaba en mi casa. Casi la tiro al suelo, pero me agarré a ella, como una escena barata de película porno -solo que mi tía la monja no pondría ni a Robinson Crusoe cuatro años después de llegar a la isla- y nos fundimos ambos en un abrazo de pasión interreligiosa e intergeneracional, los vuelos de la sotana flotando a nuestro alrdedor como pétalos del amor.
-Virgen de Trapapalucos -balbució mi tía, que no me soltaba.
-Hostia puta -dije yo. La devolví a su centro de masas, el tocado ladeado, y me encerré en el baño.

Más tarde, mi madre empezó a decirme:
-Has dejado asustada a tu tía. ¿Se puede saber qué...?
Me escapé como pude. No quise dar explicaciones y no pude volver a mirar a mi tía la monja a la cara. Ni ella a mí.
 
Palomitas quemadas
Está bien, Nuri, hermana mía, compañera de cigoto -somos mellizos-; actualmente eres la persona de este mundo que más quiero, quizá porque en un momento fuimos espermatozoides contiguos en la parrilla de salida. Sin embargo, hoy vamos a aprender juntos la diferencia entre "importante" y "trivial".

Por ejemplo, la muerte en este preciso minuto de la madre de un niño de ocho años y otro de diez por SIDA en Burundi: importante. La muerte del Papa: trivial. Pero no politicemos -¿ah, que lo del Papa y los mass media no es política?- y pongamos un ejemplo más cercano. Que te manden una foto de una polla y te pueda pillar un jefe mirándola: importante. Que a tu novio se le quemen unas palomitas y luego huela toda la casa: trivial. Que tu novio -por ahondar en el caso- baje de casa y te acompañe a aparcar el coche para que no te violen -no es por faltar, Nuri, pero estás en esa edad indeterminada en que los violadores pasan de ti, no eres ni adolescente prieta ni madura morbosa-: importante. Lo de las palomitas: trivial.

-Me tiene contenta, ayer dejó quemar unas palomitas jugando al mus con sus amigos y huele toda la casa a jamón frito -palabras textuales.
-No es para tanto, ¿no?
-Joer que no. No pude dormir a cuenta de las palomitas -y aquí es cuando evoqué a nuestra madre, promotora de ese único óvulo que terminó convirtiéndose en nosotros dos. ¿Fueron dos óvulos? Yo qué sé.
-Estás fatal. Total, porque oliera un poco a cine.
-¿A cine? Ay, pobre.

La Noe me ha confirmado que el olor de palomitas quemadas es muy distinto -y bastante peor- al de un cine. Pero mi hermana es un poco exagerada. O sea, el novio de mi hermana debería controlar un poco más los tiempos del horno y similares pormenores domésticos, en vez de tanta abstracción intelectual -es astrofísico, con eso os lo digo todo- y mi hermana debería meter la cabeza en una bolsa cuando empieza a hiperventilarse. Y con poco más, yo ya les auguro una relación fructífera, hijitos -si los quieren- y todo eso.

Y es ahora cuando yo me pongo a pensar en mí y me pregunto: "¿alguna vez discutiré yo con un novio de palomitas quemadas?". Pero hallarle a esto una respuesta, hijos míos, y no el efecto Doppler en las enanas marrones, sí que es un verdadero ejercicio de abstracción intelectual.
 
Sé decir "no"
Hasta donde sabemos, el JJ lleva gastados 300 euros en material para llevarse a Guinea, mosquitera incluída. También se ha procurado un gorro que, por lo visto, le cubre toda la cabeza.
-Y si no lo uso en Guinea, me vale pa Huerva -ha dicho. Él es de allí.
No se van a reír ni nada los militares insurrectos que le van a encerrar en una habitación a los cinco minutos de posar los pies en el trópico. La iPod y el móvil se lo levantan fijo. Tenía una reunión con el asesor de inversiones y nos ha prevenido:
-Si alguien pregunta por mí, que estoy poniéndome una vacuna.
No, si le está sirviendo lo de Guinea, con la tontería.

He tenido un encuentro virtual con un impresentable del que hace tiempo que no tenía noticias. El cuñado del mentalista, vamos. Me dice en el MSN, de pronto:
-¿No te han gustado?
-Buenas -he saludado, primero-. ¿No me ha gustado el qué?
-Te he mandado unas fotos.
Abrí el correo y ahí estaban, dos primeros planos de su polla. He miraro alrededor, esperando encontrarme a algún consultor con los ojos como platos.
-Flipo -he escrito. Últimamente empleo mucho este verbo, resume cierto estado de estupefacción en que me sumen con frecuencia las personas humanas.
-¿No te ha gustado? ¿Tienes alguna de tu polla por ahí?
-Nunca me he hecho fotos de la polla.
-Venga ya -y un smile guiñando-. Anda, envíame alguna.
-¿No me has leído bien? -escribí, por no mencionar que este muchacho ya conoce mi polla live. En fin, que la gente está fatal.

Ayer me tomé un café -lo especifico porque sé que se os va mucho la olla- con el chaval ese de Barcelona que es reportero en un programa para gays. Vino a Madrid a un casting para Globomedia.
-Tengo que hacer de bakala chungo -me dijo, y empezó a recitar su papel.
-Mañana esconderás la pluma, ¿no?
-¿Ah, pero tengo pluma? -pareció sorprenderse.
También le tuve que explicar que suena más natural "que te den por culo", en vez de "que te den por el culo". No es que me lo dijera a mí, que lo pareció, es que venía en el papel. Más tarde quiso enrollarse conmigo, pero yo no quise. Como véis, sé decir "no". Todo por culpa del Yorch, que se está convirtiendo en portavoz de mi conciencia o algo así, que me había dicho, cuando le comenté mi cita:
-Así no vamos a ningún lado.
 
Mrs. White
No diré el nombre de aquella profesora de clases particulares para no implicar a terceros, que bastantes he implicado ya. Llamémosla Mrs. White -los más avezados lo pillarán-. Y no creáis que no me cuesta hablar de lo que voy a hablar, que es las metidas de gamba. Es un tema muy íntimo, éste. Piensas en metidas de gamba cuando estás a punto de dormirte y te desvelas y tienes q dar unas cuántas vueltas en la cama para quitártelas de la cabeza. Reconocedlo.

-Qué pesado está mi marido -decía Mrs. White-. Quiero que me lleve a ver la Expo el año que viene -fijaos si hace tiempo- y dice que vale, pero entonces él se compra el todoterreno. A ver cómo le convenzo de que lo primero sí, lo segundo no.
-Pues amenázale con quedarte embarazada -dije yo, levantando mi cabeza de la trigonometría. De dónde sacaría yo semejante cosa, es q era un inocente, lo vengo diciendo.
Silencio en la sala. Miradas fulminantes. Rubor por doquier.
-A ver, gilipollas -me dijo la Moni a la salida-, ¿eres el único en este pueblo que no sabe que Mrs. White no puede tener niños?
Así que la White era esméril y yo ni puta idea. Pues, como esas, cientos.

O mi cuñao, que me pilló una vez recién salido de la ducha -no quiero abundar mucho en este episodio, es que aún me da vergüenza- sin poner el albornoz y hablando por teléfono, y con una diadema que había pillado por ahí puesta en la cabeza, porque era cuando tenía pelo y me dejaba un flequillo muy volado, y con la diadema hacía un truqui para que me quedara el flequillo guay mientras se me secaba, pero toda mi intimidad se vino abajo porque mi cuñao entró en casa con la compra y me cazó de semejante guisa: en bolas, con una diadema en la cabeza y hablando por teléfono.

Dios, por qué cuento estas cosas. No lo necesito.

De todas formas, la White era un recurrente foco de las ínfulas adolescentes. Silvi Aparicio -toma, aquí pongo hasta el apellido, a tomar por culo- le dijo una vez a la White:
-Joder, White, me estás escupiendo los apuntes.
-Es que tengo un problema en las glándulas salivales... -empezó a decir la White, que se armaba de paciencia.
-Que no, joder -la Silvi es que tenía un carácter que para qué-, que me los estás escupiendo y punto. Apunta para otro lado.
Y luego venía la Marisa con sus pájaros prehistóricos o sus cartas del club de fans de los New Kids on the Block -ver uno de mis primeros posts- y para qué querías más. La White se ganaba el cielo. Me consta que ya no da clases particulares.

Y que visitó la Expo.
 
Mosquiteras
Durante mi estancia en Inglaterra pillé a la tía de mi casa masturbándose. Entré en su habitación -yo era muy inocente- sin llamar, para preguntarle que si tea or coffee y me dijo, con sus manos entre las piernas y tumbada en la cama boca arriba:
-I'm busy now, give me a minute.
Yo lo capté un buen rato después de cerrar la puerta. Era muy inocente, ya os lo digo. Cuando bajó, estaba roja como un tomate. De ese rojo que sólo se pueden poner los ingleses albinos, que si apagas la luz te alumbran la estancia.

El Javito se ha dejado barba -es que su ex era oso-. Yo le he dicho que mejor sin ella, que así me recuerda a Sadam Hussein cuando lo sacaron del agujero, pero creo que no me va a hacer caso. Ayer se fue al Hot y pilló. Yo fui al Gris y no pillé, pero me encontré con un par de amigos. A uno de ellos le han suspendido de empleo y sueldo quince días en su trabajo de mierda, y tenía un Buro-fax sin abrir esperándole en su casa, así que lo estaba celebrando.

El JJ, que como sabéis se va a Guinea Ecuatorial a hacer una toma de requisitos, está francamente exaltado, debe ser un efecto secundario de las vacunas contra la malaria. Ha estado peleando con los de Recursos Humanos porque, de su lista de pedidos, le están chuleando la mosquitera.
-A ver -les ha dicho-, allí hay mosquitos como manzanas reinetas.
-Pero si ya llevas el repelente.
-El repelente es sólo para los Anopheles.
-En el hotel tendrán mosquiteras.
-Sí. Rotas.
El típico tira y afloja con la peña de RRHH. Sólo que esto es una cuestión de vida o muerte, estoy con el JJ. Me he leído el prospecto del repelente y yo creo que funciona hasta con ñus, pero hace bien en exigir la mosquitera. Allí puedes despertarte y ver amanecer en el desierto en las garras de una libélula con alas como tablas de surf.
-¿Tú vas a hacer una consultoría o a cazar elefantes? -se ha mofado el Yorch, con la suficiencia de quien se queda en Madrid.
-Cuanto más te acercas al trópico, más grande es todo -ha explicado el JJ.
-Estoy de acuerdo -dice el Yorch-. Creo que todavía no te has planteado esa cuestión de los tamaños.
El JJ ha abierto los ojos como platos. No, evidentemente no se lo había planteado. Creo que deberíamos dejar de añadir presión sobre ese chaval. Bastante tiene con lo que tiene.
 
La Marián
Tendríamos diez o doce años, era verano. Yo me tiraba todo el día con mi vecino Daniel -era guapo de pequeño y lo siguió siendo de mayor, hasta que se quedó calvo, y si me atrevo a reflejar esto es porque ahora está mucho más calvo que yo- y su hermana Marián. La Marián era viroja, no de un ojo, sino de los dos. Lo mejor que podías hacer era no mirarla a los ojos cuando hablaba y adivinar a quién se refería por el contexto. De otro modo, te despistarías. Total, que iba siempre con un ojo tapado, cada cierto tiempo le cambiaban el parche de lado, y le iban a operar de los dos ojos en algún momento de su pre-adolescencia. El rollo del parche no le libraba de necesitar, además, gafas de culo de botella, que le hacían ojo y parche minúsculos como lentejas. Podía ser muy duro calzar semejante aspecto en un pueblo como el nuestro.

Lo que tenía la Marián, no sé si a causa de lo anterior o además de lo anterior, es que era muy patosa. Raro era el verano que no se rompía un brazo o una pierna. Pero yo me lo pasaba muy bien con ella, porque ya entonces sospechaba lo que hoy sé que es cierto: que, con la ropa puesta y en líneas generales, las tías son mucho más divertidas que los tíos.

Aquella tarde, bajábamos los tres hacia el portal después de "El coche fantástico", Daniel y yo saltando las escaleras de tres en tres, de cuatro en cuatro, de cinco en cinco. Y llegamos al penúltimo tramo, que constaba de quince escalones. Daniel y yo hicimos lo de siempre, nos apoyamos en la pared y en el pasamanos y saltamos los quince escalones de golpe. Pero, esta vez, la Marián anunció:
-Voy a saltarlo yo también.
-Esta niña es idiota -dijo el Daniel, que conocía bien a su hermana-. Mi madre me mata -es que era un poco más pequeña que nosotros.
-Déjala, yo creo que puede -dije yo, que en el fondo confiaba en ella.
Y ella, que estaba un poco a por mí, por culpa de las gafas que le distorsionaban la realidad, se lanzó.

Pues la Marián rodó a partir del peldaño octavo, rebotó contra la pared, hizo de espaldas el descansillo y bajó el último tramo hasta la puerta alternándose con la cabeza y la rabadilla. Yo nunca había visto nada igual. Corrimos a por ella y lo primero que dije yo fue:
-Tiene algo raro en la cara.
-Hala -exclamó el Daniel-. Se le ha puesto bien un ojo.
-Qué tonterías dices.
Fuimos a llamar a su madre y se la llevaron al hospital a Palencia, pasmados. Los médicos se quedaron igual de pasmados, le hicieron pruebas, regresaron al día siguiente.

-Se le ha arreglado un ojo del golpe -me contó su hermano. Dábamos vueltas por las eras, como todas las tardes-. Sólo le van a operar de un ojo, del otro. ¿Y si la tiramos otra vez por las escaleras?
-No seas bruto -me llevó a decir el sentido común.
-Es verdad. No vaya a ser que nos carguemos otra vez el bueno.

 
Estos ingleses están locos
-Be careful with the whole in the wall -me dijo la inglesa de la casa del Marihuana, cuando llegué a buscarle.
-¿Qué ha dicho? -le pregunté al Marihuana, es que a mí me había sonado a bufido de perro.
-Que cuidado con el agujero de la pared -me tradujo el Marihuana. Le llamaban así porque tenía cara de trabado, pálido y con ojeras, todo de fábrica.

Típico verano en el sur de Inglaterra, quince años, el Marihuana y yo era la primera vez que salíamos del pueblo. Y allí estábamos, en la segunda planta de un cottage frente a la isla de Wight, con un inmenso agujero -redondo- en la pared, tapado con una manta a modo de tapiz. Así construían las ventanas ellos. Yo hacía semanas que había dejado de alucinar con los ingleses. Me limitaba a ponerme morado de patatas sabor cebolla y a conjeturar modos de dar muerte a los gatos de mi casa. Aquellos gatos eran la reencarnación de Belcebú, estoy convencido.

Pues el Marihuana y yo nos contábamos nuestras penas con la manta de fondo, que ondulaba un poco a causa del viento exterior, y en esto que llegó el francés de su casa.
-Are you coming at the party tonight? -empezó-. They don't have orange juice, anyway -añadió, en plan sarcástico. Era un puto chulo.
-Be careful with the...-intentó advertirle el Marihuana.
Pero fue tarde. El chulo del francés, de pie, cruzó un pie delante del otro, en plan John Wayne, puso un brazo en jarras y con el otro fue a apoyarse de lleno en la manta. No pudimos hacer nada. Francés y manta desaparecieron hueco abajo, dejando entrar la luz de las nubes que iluminó nuestros rostros estupefactos.
-Se mató -apuntó el Marihuana.
Nos levantamos del sofá y corrimos a mirar por el agujero. La suerte quiso que la manta que contenía al francés y el francés cayeran sobre el tejado de paja que acababan de cambiar en la casa, recogido en un montón. Se salvó como en las películas.
-¿Are you OK? -vociferé.
-Que no, que se ha matado.
Cuando el francés se puso en pie, no le tenían las rodillas y se tuvo que sentar. Aquella noche, mientras el Marihuana y yo bailábamos a los Smiths y a Adam and the Ants, el francés no se movió de la silla. Hay que ver qué susto tenía en el cuerpo.

Oye, y si tenéis más ejemplos vivientes de lo raros y peligrosos que son los ingleses, no dejéis de comentarlos aquí. Buen fin de semana a todos.