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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Medio minuto de sentimentalismo barato
El congreso ha dado esta mañana por fin, algunos llegamos a temernos que no ocurriera, su aprobación a la modificación del código civil en varios puntos que permitirán contraer matrimonio a los gays y lesbianas que lo deseen.

Más allá de debates sesudos, he mantenido muchos en estos días, sólo os escribo para extenderos algún tipo de felicitaciones / congratulaciones / agradecimientos, y da igual si estas son directas o indirectas. Simplemente, quiero expresarlas porque estoy contento:

Gracias / felicidades a mis hermanas, Nuri, Mari, Titi, Pilé; junto a mis padres, constituyen lo que yo entiendo por mi familia, ese concepto que en la práctica siempre es más amplio, intuititvo y complejo de lo que algunos se empeñan en promulgar. A sus respectivas parejas y a sus hijos. Ni uno sólo de ellos despierta en mí otra cosa que cariño, comprensión, apoyo, energía positiva, risas y... todas esas cosas que me hacen sentirme vivo, feliz y a salvo.

A Moni, pilar fundamental en mi vida desde que soy persona. Me hice mayor con ella, soy mucho de lo que soy por ella y siempre ha estado ahí, en los momentos en los que aprender dolía. A Vic, que la quiere.

A mis amigos de Aguilar: Arman, Nuri Vill, Silvi, Marisa, Casti, Lain, Pichina, Juanjo... muchos, muchos más. Crecí con ellos, la distancia no es un obstáculo para compartir con ellos nuestras vidas heterogéneas pero tan similares, en el fondo.

A mis amigos de Madrid, con quien comparto mi día a día, mis horas de verdad, mi vida actual, que llevan con dignidad la ardua tarea de aguantarme ;) , con quien construyo mi existencia: Yorch, Noe, Edu, Javito, Jesús, Christell...

A varios de los chicos con los que estuve. Compartir emociones con ellos me hizo más sabio, también más viejo, pero en la mayoría de las ocasiones, inménsamente feliz: Jose -el mejor, el más auténtico-, Ángel, Javi, Justo...

A mis ex-compañeros de la Sociedad Española de Ornitología: aprendí muchísimo de ellos. Muchísimo. Juan Varela -todo lo que sé de diseño me lo enseñó él-, M.Angel -que además me descubrió a los Tull-... gracias por vuestras enseñanzas y por vuestro desinterés.

A otros ex compañeros de carrera y de trabajo con quien compartí momentos geniales y trozos de mi vida que recuerdo con el más profundo de los afectos: Julian, Chusa, Barb y muchos más en Netfinger, JJ en Pris, Dinky y Juanan en ESIC...

A Lorencito. No os equivoquéis, está al final de esta lista simplemente porque he sido el último en conocer, cronológicamente, de cuantos aparecen aquí, pero sé que sospecháis -y no os equivocáis- que lo hubiera colocado mucho más arriba ;) . Es el chico por el que mis emociones apuestan, y apuestan fuerte. Mi corazón está dejando de ser una isla y se está convirtiendo en una península...

A Bruce Springsteen, cuya canción "Streets of Philadelphia" sonaba en la MTV en el momento exacto que le decía a mi hermana Nuri que era gay.

A Jose Luis el cura, primera persona a la que le conté que era gay -con lágrimas en los ojos- y que me dijo "como cura te diría muchas cosas, pero no creo en ellas, así que, como persona te digo que... olé tus cojones"

A Alberto, batería en un concerto que di, y que, al decirle yo "soy gay", él, simplemente respondió: "Ah. ¿Y?"

A mi pandilla de niño: mis primos Jaime, Sergio y Javi, el Carlos, el Rojo, el Juanma...

A Jim Jaramoush, que hizo "Noche en la tierra". A Allen, Almodovar, Scorsesse, "Los Juncos salvajes"... y a mi peli favorita "Explorers" de Joe Dante.

A David Brin por escribir "Earth", a P.K. Dick, Sturgeon, Burguess, a Dan Simmons por escribir "Carrion Comfort"...

A Dylan. Nada más que añadir.

A U2, Marillion, Dream Theater, Simple Minds, Prince, Jethro Tull, Mercedes Ferrer... toda esa peña en cuyos conciertos he vibrado como nunca... los músicos siempre cuentan con mi admiración, siempre me parecen especiales, únicos, siempre me dejan con la boca abierta... no sé que hubiera sido de mi sin la música a mi alrededor. Porque a veces no ha sido Moni, ni mis padres o hermanas, ni nadie, quien me acompañaba en los momentos en que necesitaba compañía, sino Dylan o Bono o Ian Anderson. Tengo mucho que agradercerles a esos pedazos de plástico con surcos alrededor.

Al tío aquel que una vez me prestó gasolina de su coche para arrancar el mío.

A los episodios de Rossane

A Pili Santos y aquella amiga de la resi con quienes tanto me descojoné

A las noches de Chueca, sus bares, sus camareros colegas, sus amanaceres detrás del reloj de Vazquez de Mella...

A mi desconchado Opel Corsita... las cosas que ha tenido que ver! Y las que le quedan! Mención especial a mi anterior vehículo, mi R-11

A la Ana Gago, por quien durante tanto tiempo tuve verdadera pasión

A mis editores heterosexuales de mis relatos de Ciencia Ficción, qué bien se portaron, al contrario de mi no-editor homosexual de mi novela, que se portó como un hijo de puta.

a Tente

al autor de "Los Hollister"

....

gracias / congratulaciones a todos! me despido y recuerdo por último una frasecita de una canción de los Gun. Ya sabéis, mi vida se construye alrededor de frases de canciones, como decía en mi novela frustrada...

"I love this life
and I love this feeling I have inside"

Besos para todos

Julio
 
Taza y media
Antes de leer este post, os remito al titulado "Arman en el concierto de jazz", más abajo en esta misma página.

Es que es lo de que, cuando algo no te gusta, taza y media. Aguilar, fiestas de San Juan, 2005. Disfrutamos de un concierto callejero de una big band, instrumentos de viento, percusión. Buen rollito hippy, las terrazas a rebosar. Y nosotros, como siempre, en primera fila. Nos sentábamos en unas escalerillas que bajan a la Cascajera -el paseo al lado del río, bonito nombre-.

En esto, que el del clarinete se pone a tocar detrás nuestro, en el peldaño de arriba. Buen rollito, ya os digo. Justo encima del Arman. Pues el del clarinete agita el instrumento y un chorro de saliva cae... sobre la mano de Armando. Un buen chorrito.

No podía ser, saliva de músico y Arman confluyendo de nuevo años después, la Moni y yo no sábiamos dónde meternos -de la risa-. Arcadas, aspavientos, la atención de la peña en las terrazas descentrada de pronto. Armando cagándose en todo, limpiándose sin disimulo en los calcetines de vaca del clarinetista.

Pero ha habido mucho más, este finde. Concierto de los Amistades peligrosas, que se llevan a matar, tanto que hicieron el sound check por separado, y durante el concierto se la tiraban todo el rato.
-Vamos a dejar lo nuestro, Cristina -se ponía el Comesaña, como si no supiéramos que están cada uno a otra cosa mariposa. Y todo por que la Del Valle se saltó un tema. El Comesaña pasao de vueltas y la otra dándole a los bongos como una posesa. Ella mola más que él, comprometida y tal. Pero es q los temazos del grupo este molan, y lo sabéis. Me trajo recuerdos aquella de "me haces tanto bien, na na na na na..." Buenísima.

Y mis sobrinos me han vuelto a pillar borracho, y mi hermana se puso unos tacones que chirriaban, no me preguntéis por qué, como los muelles de una cama, así que tardamos veinte minutos en llegar a casa -se tardan cuatro- el viernes de madrugada, porque nos tuvimos a parar en varios portales del ataque de risa. Es que no lo imagináis. Besos para todos.
 
Zoo en la piscina (II)
Vino Zoo a mi piscina, hijos míos, y mi madre en casa se asustó y anunció, encima de sus trapos para los pies:
-No se te ocurra subirle a casa. Que no estoy arreglada.
Eso es todo lo que se le antojó decir, que no estaba arreglada. Yo siempre he conocido mi nivel de egoísmo, sé que puede ser muy, muy alto, tan alto que me cuesta creer que los demás seres humanos puedan igualarlo, mucho menos superarlo. Y me quedo helado cuando veo que los seres humanos lo igualan con la polla, y lo superan con idéntica facilidad. Y, cuando se trata de una madre, ya es que flipas.
-Traquila, mamá. Sólo vengo a pillar un bañador para él.
-Tienes uno ahí, de tu cuñado. A ti no te vale.
Encima de que se preocupa por su imágen cuando no ha lugar, insinúa que tengo las caderas anchas. ¡Pero si ella no sabe cómo tiene las caderas mi novio! Esto es la hostia.

Un agobio, oyes. Pero lo bueno fue que, de pronto, allí apareció mi madre, en la piscina, con sus pendientes de tres oros que le regalamos los hijos por un cumpleaños, su blusa color crema y su marido, mi padre, del brazo. Las gotas de agua sobre mi piel se hicieron hielo, de pronto.
-¿Pero qué hacéis vosotros aquí? -pregunté yo, levantándome de un salto.
-No hables así a tus padres -se pone el Zoo. El que faltaba.
-Hemos venido a ver cómo os bañáis -dice mi madre, como lo más normal del mundo.
-¡Adiós! -espeté yo, no como forzando una despedida, sino como mera interjección, como un "apaga y vámonos", como un "la madre que me parió, nunca mejor dicho", como un "necesito un agujero aquí, en mitad del cesped, un agujero espacio-temporal por el que escapar, que me escupa varios siglos a partir de este momento y a dos o tres años luz de distancia". No way. No hubo agujero.

Y Zoo hablaba con mi hermana y con mis padres como si fueran los suyos propios, con toda su soltura, con toda esa seguridad en sí mismo que a mí, cuando no la tengo, me toca tanto los cojones. Me sentí violento, oyes. Qué le vas a hacer.

Hijos míos, no quiero ahondar más en este episodio, que se me encoge el estómago y me entra el hambre. Por cierto, que me piro a Aguilar este fin de semana. Lo pasaremos bien. Mañana os cuento más. Besos para todos.
 
Zoo en la piscina de la casa de mis padres
Pues sí, hijos míos, esta mañana fui a las oficinas de Iberia con el comercial del susurro hipnótico -ver post anterior- y le saqué el tema del miedo a volar. Como yo lo tengo y él es físico, así mataba dos pájaros de un tiro. Se puso a hablar todo seguido, tal cúal yo esperaba, y me sumergí en su relajante susurro como quien recibe un masaje chino en una cama de agua.
-Los aviones guardan casi todo el combustible en las dos palas y sólo una ínfima parte en el cuerpo -y así todo el rato, y yo hundiéndome en el asiento del copiloto.

Dios, qué gusto, esa voz grave y uniforme, ese tonillo aburrido y amable, esos pólipos en las cuerdas vocales que te llevan más y más alto. Los vellos como escarpias, los dientes girando en sus encías, agarras la agenda cada vez más fuerte, encoges los hombros y te resbalas abajo detrás del cinturón de seguridad. Tengo que meterme en más proyectos con este comercial. Me da la vida. Donde esté este tío cincuentón y su hablar anodino que se quite el sexo oral con Christian Bale.

Otra cosa. Esta tarde me ha dicho el Zoo que se quiere venir a la piscina de mi casa, y yo encantado, por un lado, pero por el otro tengo mis dudas. No sé si se lo quiero presentar a mis padres -a mi madre lo mismo le da un patatús, tener delante al chico que se acuesta con su hijo, tan alto y tan de repente-. Es que le tendría que prestar un bañador, y no se va a cambiar en la piscina montando el típico numerito de la toalla que se escurre. Además, ¿y se me da por besarlo en mitad de aquellas familias pijas de Pozuelo, que seguro que estuvieron en la puta mani del finde pasado? No me tiréis de la lengua, que bastante cabreo tengo con esos impresentables. Que luego la gente hace búsquedas en Google y aparezco yo como agitador de primer orden.

Es que es verdad, imaginaos a esos niños cayéndoseles los flotadores del susto, a sus madres sobrebronceadas cayéndoseles la cucharada de yogur, a esos padres cayéndoseles las hojas centrales del Marca o de La Razón ante la visión del beso apasionado y gay entre Zoo y yo, el sol del atardecer detrás de nosotros silueteando nuestros cuerpos dionisíacos -aquí me he pasao-. Imagináoslo. Ahí lo dejo. Mañana os cuento.
 
El susurro del comercial
Estoy esperando a que venga un comercial que me estaba contando algo, y me encanta. Es un señor mayor que tiene una voz super grave y super pausada que me hace cosquillas en la oreja... uy, que viene, ahora os cuento.

[...]

Ya se fué, tengo las orejas temblando y la piel me duele de ponérseme de gallina. Lo que os digo, que es de esas personas que hablan con un tono monótono y afable y te inspiran paz interior y te dan gustirrinín en el tímpano.
-¿Y a qué hora dices que vamos a verles mañana? -le pregunto.
-A las diez y media -y el "diez y media" reverbera en mis huesecillos de la oreja como una música celestial, como las campanas de alguna iglesia románica de cuando era niño, y huelo a trigo recién cortado y a tormenta de verano, y parte de la sangre que debo emplear para escucharle -y enterarme de qué cojones quieren los de Iberia Líneas Aéreas- acude rauda a rellenar los cuerpos cavernosos de mi pene.

Así que le he retenido con preguntas absurdas porque no quería renunciar al placer. Y ahora se ha ido y me ha dejado con un eco extasiado en la oreja, un gozo palpitante que tardará tiempo en apagarse, que me dejará terriblemente solo cuando eso ocurra, un recuerdo de lo que pudo ser y no fue.

Me he apuntado las diez y media en la agenda y espero con impaciencia que llegue mañana, para montarme en su coche. Sacaré algún tema largo, los exámenes de sus hijos, por ejemplo, y dejaré que se extienda. Cerraré los ojos y regresaré a mi niñez, cuando mi padre jugaba conmigo al tenis, y volveré a ser inocente y libre.

Maldición, tengo que llamar a Amena para saber cuánto me debe la Moni de móvil. Es una pena hacerse mayor y tener que preocuparse de facturas. Y también tengo que hacer la Declaración. No sé dónde tengo mis papeles. Jolines, quiero ser pequeño de nuevo. Besos a todos.
 
La emoción del momento
De pronto, salió la Tyler del sound check, ocho de la tarde, parapetada tras cuatro guardacostas de esos, y allí estaban la Moni y la Vic, las reporteras más dicharacheras, con sus piratas y su bolsito y mi CD de la cantante en la mano:
-Bonnie, please, Bonnie, please -gritaba la Vic, abriéndose paso entre los fans.
La Bonnie se detuvo al lado de una rampa para minusválidos y la Vic se acercó desde arriba, poniéndose de puntillas y alargando el brazo con el libreto. Pero Moni no tuvo tiempo de frenar, atolondrada como es ella, y se chocó con Vic, y Vic se resbaló rampa abajo y se abalanzó contra la mismísima Bonnie Tyler.
-Uy -señaló Vic-, sorry.

La melena rubia teñida se le echó sobre la cara a la Tyler y se trastabilló en sus tacones, y tuvo que sujetarse en sus guardaespaldas alemanes. Uno de ellos se vuelve con cara de asesino hacia la Vic y mete codo.
-Sorry, en serio -se pone la Vic, pero no pierde el tiempo. Extiende la carátula-: for Julio, please.
La Tyler dice algo como "soy horrible para los nombres" con voz cazallera y echa un garabato. El último, saluda y se sube al autobús.

Así que, hijos míos e hijas mías, tengo mi CD de Bonnie Tyler firmao, como ayer os vaticiné. Y todo gracias a Vic y a Moni, que en ese momento yo me encontraba en mitad de un atasco en la Castellana y con un humor de tres pares de cojones por asuntos íntimos que no pienso contar, pero que tienen que ver con mi novio y con lo imbécil que yo puedo llegar a ser cuando se trata de vivir la vida.

Después del concierto, en el que nos tomamos unos cuantos whiskys, Moni la que más, que está recuperándose de su abstinencia y volviendo a los buenos tiempos, cuando era la más borracha a este lado de la carretera general, nos fuimos a tomar la última. Y la tomamos. Y hoy tengo resaca. Y el cielo es azul clarito, y me dispongo a autorregalarme por mi cumple una cámara digital, que me la voy a comprar hoy, que, si no, "me la quitan de las manos" -léase con el acento de las gitanas de Buenafuente. Besos para todos.
 
La Tyler y los Tull
Hoy me voy, hijos míos, a ver a la pesada de la Bonnie Tyler. Digo pesada para tirarme el moco, porque el caso es que su último disco me mola, es para escucharlo así, de broma. Pero se va a tocar la del "Total eclipse...", lo sé, que es el dramatismo hecho canción, y eso bien merece los 10 euros por Atrápalo que nos ha costao.

Porque también se vienen la Moni y la Vic, y han dicho que tenemos que cenar antes del concierto, pero yo más bien lo que quiero es tomarme unas copillas, que ver un concierto algo borracho es lo mejor del mundo, lo vengo diciendo.

Y el 18 de julio, con la fresca, me vienen los Jethro Tull a La Riviera, aquí sí que me muero, porque la Tyler me hace gracia y me resbala, pero los Tull son, junto con Marillion, mi gran pasión musical. El Ian Anderson debe tener ya como ochenta y nueve años, pero aún se toca la travesera con una pierna en alto y con mallas, ahora ya con un pañuelo en la cabeza, para que no se le aprecie la calva.

Hijos míos, tenéis que descubrir a los Tull. Y que sepáis que el Anderson tenía su sex appeal en los 70, siempre iba con mallas y marcaba piernas de futbolista, el paquete no se lo he visto, que gastaba camisas isabelinas con cinturón. También molaba de cara, ponía siempre ojos de loco, pero era guapo el cabrón.

Así que saldrán mis Tull como si hubieran chapao el geriátrico, y empezarán con su:
-My sperm is in the gutter, my love is in the sink...
Y luego saldrá el conejo y luego la bailarina, y todos los hippies trasnochaos y yo compartiremos buena música y humo de marihuana.
-¿Me das un tirito? -le dije a un chaval que fumaba porro en mi anterior y hasta hoy único concierto de los Tull.
-No seas bobo, te doy uno entero.
-¿De verdad? -el buen rollito prima cuando se trata de los Tull.
-Claro que sí -se gira y se pone a un sesentón que tenía al lado-: Papá, pásame un peta.
-¿Ya te has largado los tuyos? -y así todo el rato.

Bueno, chicos, os dejo, que tengo que ponerme las bermudas, que a un concierto yo voy con mis pintas propias. Ya le he dicho a la Moni que se acuerde de traerme el libreto del CD de la Tyler, que ya sabéis cómo las gasto yo para lo de los autógrafos. Besos a todos.
 
Clientes
-Yo tengo mi página web en orden -le dice un cliente a la Noe, consultora como es ella-. Ofrezco mis productos exclusivamente a través de la web, tengo mi pasarela de pago y mi catálogo debidamente actualizado.
Se trata de productos de cosmética, al parecer. Noe habla con él en una toma de contacto inicial.
-Conozco la ley de protección de datos al dedillo -prosigue el colega-, así que puede decirse que, el tema web, lo controlo perfectamente. Lo que no se me da tan bien es el márketing.
-¿El márketing?
-Sí. Vengo vendiendo siete productos.
-¿Al día?
-No. Desde enero hasta junio.
Ahí es cuando a la Noe le ha entrado la risa y ha tenido que poner el mute. Es que es verdad. Tenemos unos clientes que son la hostia.

Y si os empiezo a contar yo, no paro. Una vez me dijo un tío, director comercial de una empresa de logística, no os voy a decir el nombre porque la conocéis, que no usara el verde en mi diseño.
-Pero es que el color secundario de su anagrama es el verde -argumenté yo.
-Ya. Pero es que a mi mujer no le gusta el verde.
Su puta vida.
-No me diga más. Seguro que le pone cara de acelga, el verde a su mujer -esto sólo lo imaginé, pero me hubiera gustado soltárselo.

Así todos los días. Y el otro día, un operador turístico me hizo quitar de su home un mazas que yo había puesto mirando a la playa, y lo tuve que cambiar por una foto casposa de una noruega con gafas Ray-Ban de las modelo Wayfarer, no sé si las recordáis, son totales, las de pasta de los ochenta con el rematito metálico en la sien.
-Claro que sí, hombre -resuelve el cliente, comparando ambas fotos-. A ver si se van a pensar que somos maricones -y se echa hacia atrás en su silla de cuero y todos sus lameculos rompen en carcajadas con él. Y yo ahí, aguantando el tipo.
-Verá -apunto yo, en un intento por salvar mi diseño-, es que aquí al fondo se ve un Seat Ciento Veintisiete.
El tío pilla la foto, más antigua que el Magia Borrás y la mira de cerca, por encima de la montura. Director de comunicación de dicho operador turístico, salen en la tele, oyes.
-Ah pues es verdad. Pues lo retocas y pones un Ibiza.
Y te tienes que callar. A ver qué vas a hacer. En el fondo, me gusta mi trabajo, no quiero perderlo ni ir a la cárcel.

Besos para todos.
 
Cositas privadas
Yo, es que soy la hostia. La hostia de tonto. Ayer me pongo a jugar con el celo -papel de ese de celo, de cello, como se diga- porque lo había estado usando laboralmente antes, total que me pongo una tira muy larga de celo desde la cara interna del codo hasta la muñeca, me da gustirrinín ver cómo se me arruga en la piel.
-Julio, ¿tienes preparada la defensa de la propuesta? -oigo detrás de mí. Mi jefe. Putada, casi nunca aparece por aquí. Y yo con el celo en el brazo.
-Sí. En seguida te la mando -digo, y me cruzo de brazos, pero el celo aún asoma. Veo que el jefe pasa fugazmente la vista por mi brazo y se detiene en los extraños pliegues. Opta por quitar la vista, en vez de detenerse a averiguar qué coño hacía este celo ahí. Mi cara es un poema de amor y comprensión. Hacia mí mismo, o algo.

Y hoy me he tomado un café con Zoo en su Facultad de Químicas y luego me ha llevado a conocer su laboratorio. Pues allí he estado, con los matraces y las pipetas. Yo me hubiera imaginado algo más tecnológico, pero no, hijos míos. Es como si abres cien cajas de Quimicefa y lo extiendes todo por ahí. Los tubitos con roña en el fondo, mucho vidrio y olor a azufre. Creo que mi amiga la Barb -a la que, como sabéis, los entornos médicos y de investigación la excitan sexualmente, literal- hubiera humedecido un poco las bragas.

Pues me han mostrado un líquido que si te toca la piel te deja una mancha morada durante varios días, y allí que metí el dedo. Efectivamente. Mi meñique izquierdo parece de los pitufos, y lo parecerá hasta el lunes o el martes, por mucho que me duche. Ahora me arrepiento un poco, igual que con lo del celo.

Eso, por no contaros que, cuando toco la guitarra, pierdo media horita o así poniéndome la cejilla en la mano y apretando suavemente, a ver cuánto dolor aguanto. Me encanta. Creo que, alguna vez, me he erectado.

¿Y sabéis el gusto que da coger un lapicero y enrollar en él tu párpado y notar el fresquito que se mete por la parte superior, nunca suficientemente aireada, del glóbulo ocular? Un placer.

Bueno, dejémoslo aquí. No quiero que empecéis a pensar que estoy como un cencerro. Sé que aún no lo pensáis. Buen fin de semana a todos.
 
Arman en el concierto de jazz
El Arman es un tío grande por dentro y por fuera. Por fuera es super grande, medirá uno ochenta y pico y pesará... bueno, bastante. Aunque ha adelgazado -si no pongo esto, cobro-. Pero todo lo que tiene de grande, lo tiene de remilgado. Todo le da asco. Le da asco si te tragas los mocos, no digamos si te los sacas con el dedo, se le salen los ojos de las órbitas si el tenedor chirría en el plato, hasta le sangran los oídos. Pero lo que más asco le da es la saliva. Saliva en cualquier lugar que no sea la boca de cada uno.
Mucho asco.
La saliva.

Pues aquel día de verano subimos a la ermita de Santa Cecilia, en mi pueblo, a ver actuar a un grupo de jazz. Como siempre -lo sabéis por el anterior post-, insistí para que nos pusiéramos en primera fila-. Su hermana -la Moni-, él y yo. Sillas de director y alatavoces Bose metidos en una iglesia románica, todo muy cool.

Pero no lo vimos venir. El caso es que el tío de la tompreta, un hippy descalzo con trenza, tocaba como un loco. Antes de la tercera canción, sacudió su tompreta y un hilillo de babas escapó del extremo de la misma.
- Dios -musitó el Arman. Su hermana y yo nos miramos por detrás de su espalda. Ella se tapó la cara, pero sus mejillas contraídas la delataban.
- Me cago en su puta madre -susurró el Arman, la vista fija en el hippy, como si en realidad viese a un marciano.
Al cabo de la siguiente canción, el trompetista volvió a sacudir su instrumento y esta vez el hilillo fue un, digamos, chorro.
- Hostia puta me cago en la hostia -proseguía Arman. Su hermana ya no podía sofocar la risa.
- No seas hijaputa. Me muero del asco.
- Si no me río de eso -intentaba disimular ella, en vano. Se llevó un codazo en todas las glándulas suprarrenales.

De pronto, el trompetista se levantó y empezo a deambular por el escenario. El primer sitio donde puso un pie fue en su charquito de babas. Las babas fueron esparcidas aquí y allá, dejando regueros irregulares por la tarima.
- Joder.
La garganta de Arman empezó a temblar. Su hermana y yo nos miramos, ya no podíamos aguantar el descojono. Cuando el músico volvió a extraer un chorro largo de babas, Armando ya no pudo más. Todo su cuerpo se convulsionó varias veces -nuestras sillas se movían con él, estaban todas pegadas- y, por fin, una arcada resonó arriba y abajo en la cruz central de la iglesia. Supongo que alguien lo confundió con un arrastrado atonal en la Gibson, pero no, fue mi amigo Arman que sintió cómo la merienda regresaba a su paladar. Se tapó la boca, farfulló algo -algo tipo "coged mi chaqueta"-, se levantó y corrió por la fila lateral hacia el exterior.
- Sal a ver qué le pasa -me instó su hermana.
- Sal tú, ¿no te jode?

La pieza de soft jazz llegó a su clímax y, cuando los aplausos terminaron, todos los asistentes pudimos escuchar una arcada agónica en el exterior, proseguida de un murmullo líquido. La peña arrugaba la cara en un gesto de desagrado y los músicos estiraban el cuello por encima de nuestras cabezas para tratar de ver qué pasaba.
-¡Puto cerdo! -se escucho gritar a nuestro amigo, y su última sílaba se fundió con un nuevo regüeldo.
-Hala, vamos para afuera -resolvió su hermana, dejando caer el programa en su regazo, como impaciente-. Está visto que no se puede ir con este chiguito a ningún sitio.

Así que ya lo véis: nunca llego a los bises en los conciertos de iglesias. Es mi sino. Besos para todos.
 
La próxima vez voy solo a un concierto de música antigua
Yo seré ateo, pero no soy ninguna clase de sacrílego. Una cosa es que no me santigüe cuando entro en las iglesias y otra es que ponga las cruces hacia abajo.

Pues fuimos a pasar el sábado el Zoo y yo a Segovia, en parte porque él no lo conocía -"hostias" exclamó, y él si es creyente, cuando el acueducto apareció ante nuestros ojos- y en parte para ver un concierto de un grupo vocal de música medieval.

Pues entramos en la iglesia, la de San Justo -que sepáis que yo tuve un novio que se llamaba Justo, qué guapo era pero cuánto se había drogado en la vida- y el Zoo se santiguó y nos fuimos derechitos a la primera fila. Siempre tenemos esa discusión, porque a mí me gustan las primeras filas y a él las últimas, para eso me la cojo en vídeo, digo yo siempre, y él no lo entiende. ¿Y qué ocurrió una vez hubo comenzado el evento? Pues que nos empezamos a meter mano.

Yo acariciaba al Zoo por la espalda -supongo que la peña lo vería- y automáticamente me empalmé, y la mirada se me iba a un cristo policromado que tenía justo encima, con dos dedos subidos y una cara de pocos amigos que flipas. Así que retiraba la mano. Pero el Zoo no debió ver el cristo y empezó a meterme mano él, poniendo las cosas peor por la zona de mi entrepierna.

Vimos claramente cómo una mezzosoprano se fijó en nuestras manitas y un "cuando el niño va al agua" se le fué medio tono para arriba, y pestañeó varias veces e intentó concentrarse en el director, pero nada, porque se sabía la pieza de memoria -en realidad, todos pasaban del director-, así que nos miraba y desafinaba.

Y unos chavales detrás, a quién se le ocurre, todo el rato dando por culo. El padre los mandaba callar, que me hubieran dado ganas de decirle:
-Cabrón, si la culpa es tuya por traerlos aquí.
De pronto, mientras metía mi mano por las costillas de Zoo, el chavalillo me asestó en el brazo un sablazo con su espada de plástico que aún tengo marca. Ahogué un grito y me salió un gemido, que quedó afortunadamente sofocado en el ímpetu del "Magnificat". Me volví:
-Puto crío -no me pude reprimir. Lo fulminé con la mirada.
-Oye... -empezó el padre.
-¿Os importaría guardar un poquito de silencio? -silbó una americana coñazo.
-¿Cuándo se aplaude? -se pone la hermana del chavalín, y se le caen cientos de M&M al suelo. La iglesia era ya un clamor contra los dos primeros bancos.

Hijos míos, qué concierto. Y al Zoo le dolía el cuello, le di unos masajillos en el intermedio, ante la atónita mirada de los segovianos y de aquel cristo furibundo. A mí, es que ya me da igual todo.

Así que no me pude quedar a los bises. Con lo que me gustan los conciertos de música antigua. Besos para todos.

PD: si queréis votarme para la movida esa de los blogs de Veinte Minutos, podéis hacerlo aquí.
 
La cosa artística
Hijos míos, que sepáis que tengo novio. Las cosas, como son. Y lo sé porque nos hemos pedido de salir. Algo así como:
-Quieres que de que de salir conmigo?
-Quiero.
Estoy pensando que estoy escribiendo sobre algo muy íntimo. El caso es que en mis auriculares suena la loca de la Bonnie Tyler, no sé si tiene algo que ver. También pienso que, ahora que tengo una relación duradera -o sea, de dos meses- y completamente asentada -¿véis como aún puedo ser gracioso?-, ya nunca más volveré a ser artísitico ni ocurrente escribiendo. Los mejores discos de Bruce son de antes de ser feliz en su matrimonio, Stephen King escribió su útlima novela digna -"It"- en el 86, el mismo año que dejó la coca. Poe, Dylan, todos hiciernon sus mejores obras en medio de la tortura psicológica y el desamor. O antes de salir de las drogas.

A mí, drogarme me da mucho miedo, así que, como ahora soy inmensamente feliz, creo que mi producción artística va a ser una caca a partir de ahora. O quizá no, porque os sorprendería saber los mecanismos que tengo yo para ser infeliz aunque todo me vaya muy bien.

Soy especialista en hacerme pajas mentales, en liarme la manta a la cabeza y en cagarla, en general. Así que no os penséis, porque cualquier día de estos sentiré de nuevo esa confortable y habitual falta de paz interior que me caracteriza y volveré a ser gracioso contando episodios de mi tía la monja, como aquella vez que confundió al novio de mi hermana con mi sobrino el mayor y estuvo a punto de darle tobitas en la cabeza, o de mi tío el obseso sexual, o de mi otro tío el indefinidamente obseso -a secas-, o de mi tía la aspirante a pija, o lo de mi abuela Jandra, de mis primas casadísimas u obsesionadas con casarse... tengo una fauna familiar como para llenar megas y megas y jamás daríais crédito ni pararíais de reír. Lo que pasa es que tengo pánico a que alguna de mis primas llege, quién sabe cómo, a estas páginas y haya una escisión familiar de primer orden. A mí me importaría tres cojones; lo único, por mi madre, que, quieras que no, comparte genes con ellos.

Ahora me diréis que yo también comparto esos genes, pero he de recordaros que mi padre está de por medio, y todos aquellos genes quedaron diluídos en la cordura paterna.

Voy a ver si me pongo a trabajar, que esto de estar enamorado te baja la productividad horrores. Besos para todos -y no olvidéis que, gracioso o no, seguiré escribiendo aquí...-
 
Qué de cosas
Hijos míos, qué de cosas tengo que hacer hoy. Tengo que terminar la puta web de cierto resort en Gran Canaria -hasta los huevos de retocar fotos de abueletes salidos con rubias tetonas metiendo los pies en el mar- y después he quedado con Zoo. Es una larga historia, vamos a ayudar a un amigo suyo irlandés a hacer algún tipo de mudanza. Voy porque me lo ha pedido formalmente, y es que a mí me gustará mucho el Zoo, pero no tanto como para hacer trabajo físico de gratis a beneficio de alguien que no es familia mía ni me lo voy a traginar. Que no seais pesados, que me gusta el Zoo y no pienso traginarme a nadie más.
-Nos invitan a una cerveza después -intenta convencerme el Zoo.
-Está bien, iré. Pero espero que se trate de una mudanza, digamos, testimonial. Yo voy por el tema de la cerveza.
-Yo pienso tomarme un zumo.
-¿Es una indirecta? -este chico me hace sentirme un alcohólico. Algún día la tendremos.

Mientras, aquí en el curro te entretienes. A mí me tiene flipado la Dama Antigua, así llamamos a una que parece exactamente éso. Cómo os diría yo, bajita, completamente delgada, huesuda, gasta unos pantalones de esos de tiro muy largo y abombados por arriba y estrechos por abajo, estilo eighties, unas camisas ablusadas y unos zapatos como los de mi tía la monja -parece, en total, un globo desinflado-. El pelo lacio moreno, muy largo, recogido atrás con un cogedor tal cuál los elfos en la peli. Su voz -no podría ser de otra manera-, un hilito agudo y tenue. Me la cruzo yendo al baño, la piso sin querer y me dice:
-Perdona.
-¿Qué? -pregunto, es que no sabía si era a mí o era una voz interior, y tampoco es que la hubiera visto.
-Perdona -repite la Dama Antigua, todavía más pequeñita.
-No, perdona tú -digo, todo conciliador-. Si te he pisado yo.
-Ah -dice simplemente, y desaparece.

El Yorch se ha presentado hoy una hora antes en una movida a la que tenía que acudir. Con su corbata y su bolsa.
-Ha salido de casa con dos horas -me explica la Noe, su compañera de piso y novia.
-¿Tenía que ir fuera de Madrid?
-No. Arturo Soria.
Pues ha tenido que esperar una hora de reloj en el bar de abajo, pero allí ya estaba una comercial nuestra tomándose un café.
-¿Qué haces aquí tan pronto? -ha preguntado Yorch, como si él no estuviera apareciendo allí antes de que abrieran las calles.
-Es que me he despertado a las tres y media y se me va la olla con la hora.
No sabemos qué droga consigue la comercial esta -es argentina- de importación, pero queremos probar un poquito.