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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Mi muela 17
Yo ya sabía que tengo una puta mierda de boca, pero os juro que verla el otro día en una plancha de rayos X me dejó flipado. Y flipada se quedó la dentista, y me dijo:
-No deberían faltarte dos muelas, siendo tan joven.
-Gracias por lo de joven, pero, por favor, no me eches la charla, que bastante me ha costado dar el paso de venir.
Y después imprimió el presupuesto de arreglarme la piñata y casi me da algo. Digamos que me daría para comprarme un Golf de segunda mano con menos de 150.000 km. Con menos de 100.000, qué hostias. Así que acepté una parte del presupuesto -lo de que me atornillen un clavo hasta el cerebro y me pongan un diente de bromas, todo ello por el módico precio de 1.400 euros, lo dejaré para otra vida- y mañana mismo empiezo. Hiperventilo de sólo pensarlo.

Pero lo mejor es que hay una muela que es duda -la 17-, y podía ser entre un empaste -48 euros- o una corona -300 euros-. Es decir, la dentista lo examinaría mañana y decidiría si lo poco que me queda da para un empaste, con el ahorro traumático y económico consiguiente, evitando así la corona y el perno. Pues la duda quedó resuelta ayer, cuando me cargué aproximadamente el 56% de la pieza dental tratando de reducir un quico mientras nos tomábamos unas cervezas por Lavapiés. Putas tapas baratas.
-¿Qué pasa, se resiste el maíz? -me dijo el Yorch, mirando con asco el objeto que yo tenía en la palma de mi mano y que acababa de escupir.
-No es un quico -determiné-. Es mi muela.

Así que mañana será corona, sin duda. Con lo cuál me tendrán que hacer una endodoncia. Y lo del perno. Dios mío, sólo de pensarlo se me revuelven las tripas. Me daba la enfermera a elegir dentista entre varios y yo elegí una tía, por dos motivos: porque creo que son más consideradas -valiente inocente- y porque yo creo que si es un tío y me toca el nervio sin anestesia lo mismo le calzo una hostia. Además, que estoy muy quemado en el curro y siempre pagan justos por pecadores.

Yo le voy a decir que, conmigo, de anestesia gaste dos botes. Y luego quedaré con el Zoo, con media cara descontrolada y babeante nos iremos al cine y comeremos palomitas con sabor a anestesia. Ah, y como antes iré al gym tendré que preguntar si, con el metabolismo acelerado, las anestesias se esparcen por el cuerpo o algo así, a ver si se me va a quedar el brazo dormido, o algo. Como véis, la progresión neurótica de vuestro autor favorito no tiene fin. Me consuela un poco saber que en parte es teatro.

Sólo en parte. Besos para todos.

 
Domigo en casa del Zoo
El Zoo no tiene conosimiento ni lo ha conosío -pequeño homenaje a las madres murcianas anónimas-. Oyes, que es la segunda vez en nueve meses que llevamos de relación -que vamos a romper aguas, oiga- que está a punto de espicharla por comer marisco. Que no es marisco, que en realidad la palmaría por comer cualquier cosa que salga del mar y que no sea un pez. Que se pone malísimo, vaya. Que se tiene que tomar no sé qué pastilla inmediatamente o se queda con la cara más inflada que el gordo de Seven. Y es que, encima, el Zoo es lo que yo definiría como un grupo de riesgo: en su esquema de vida, la gula no es un pecado capital, es su modus operandi, la razón de sus días, el motivo para despertarse cada mañana. No puedo con él.

Pues que se vino la Rosita todo diligente con dos bolsas de comida para preparar -a las tres de la tarde, con lo que comimos a las cinco, pero es que la Rosita es de Hong Kong y no le puedes pedir más con occidente- y mira que pensó en él y trajo pollo además de gambas, pero le echó a todo una salsa que ponía "salsa de ostras" y nosotros pensándonos que era agridulce. Pero no fue eso lo que casi mata al Zoo, de haber sido eso no hubiera sido la gula, sino la negligencia. Y os digo que, en su caso, es la gula. Y es que, como tenía mucha hambre y no quería esperar, la emprendió con un plato de macarrones que había hecho su hermana y que habían quedado de otro día, y resulta que tales macarrones tenían chipirones. Mira, yo que sé. El caso es que se hiperventila exactamente a los ocho minutos y se pone fatal y se tiene que tomar la pastilla, y luego se tira el resto de la tarde como si se hubiera fumado un peta. Él, que es tan anti drogas ilegales -ya que de las de venta en farmacia tiene un neceser lleno-.

Pero estuvo bien la velada en casa de Zoo, porque a su cuñado, que me conoce y se conoce a sí mismo, le dio por servir whiskys de dos en dos, uno para él y otro para mí, y cayeron como cuatro -Red Label con agua del grifo- a lo largo de la jornada, el primero mientras picábamos pimientos para la receta de la Rosita. Para el último, el Zoo y su hermana nos miraban fatal, en plan parienta mosqueada. Te reías. Y vimos el vídeo de la boda -impagables esos directores anónimos, como las madres murcianas, amantes del zoom y de la panorámica que más que filmar parece que te hacen una radiografía- y me descojoné con el Miguelito -el ya esposo, mejor que novio, de la hermana de Zoo-, que una cosa es que fuera una boda informal, pero eso de no quitarte el abrigo en toda la ceremonia, por corta y civil que fuera, oyes, es pasarse. Que no vas a sacar una entrada para el cine, joder, que te estás casando. Pero es un puntazo, el Miguelito, un tío genial. Ya se lo dice el padre del Zoo en el vídeo, que ahora tiene tres hijos y una hija, y que lo importante, dice, con ese tono que delata procedencia docente, es "con quién te has casado, hija, ahora no puedes sino estar a la altura de las circunstancias por quien ya ocupa un lugar en nuestro corazón". Y no seáis cabrones, no queráis hacerme hablar. Que sóis unos cabrones. Besos para todos.
 
Las penas de Yorch y las mías
Estamos como queremos. El pobre Yorch se compró el coche -un flamante Ibiza azul lluvia- y no llegó a sacarlo del garaje. No arrancaba. Le dio una vuelta alrededor de su manzana en Lavapiés y de ahí al taller. Y en el taller que no le encuentran nada. Y el padre del Yorch como un basilisco (que es como hay que ponerse siempre en esa especie de mundo alternativo sin ley que son los talleres). Y le llaman el otro día al Yorch y se pone una operadora pizpireta:
-Buenas tardes, le llamamos de su concesionario Seat para conocer su nivel de satisfacción por el servicio prestado.
-¿Está de broma?
-¿Perdón? -la voz de la operadora tiembla ligeramente.
-¿Está de broma? -insiste el Yorch.
-En absoluto. Sólo queríamos...
-Ah, que usted no lo sabe. Verá, es que le podría contar algo del coche si hubiera salido del garaje. Pero no es el caso.
-En tal caso, ¿podría puntuarme del uno a diez la calidad de su vehículo?
-¿No me ha entendido? Le he dicho que no arranca.
-Ya -titubea la chica, que está empezando a saber lo que es un mal día-, bueno, pero es que tengo la obligación de hacerle esta encuesta.
-Muy bien, ¿la puntuación más baja empieza en cero o en uno?
-En uno.
-Pues eso.

Por mi parte, el otro día me quedé currando hasta las diez y me dio tiempo a tener dos discusiones, dos, con mis superiores, de esas que la gente se vuelve para mirar o levanta la cabeza por encima de los monitores. Mi jefe y su perrito faldero -la jefa del proyecto- intentaron joderme y creo que lo consiguieron. Busco mi centro en otros lugares, hijos míos, porque en el curro estoy tan centrado como la aguja de una radio que se ha salido del dial. Sí, me siento a millones de hercios de la estación de FM local más próxima. Y hoy han puteado al Yorch de nuevo -que ya tenía él suficiente con lo del carro-, y quiero ir al dentista pero no encuentro uno cerca ni me atrevo demasiado...

Pero ayer me regaló la Rosita un disco doble con artistas de Hong Kong que me compró allí, así que aquí estamos el Yorch y yo, disipando nuestras penas con la música puesta en los cascos, él el CD 1 y yo el CD 2, esuchando a la versión china de la música pop para adolescentes, una mezcla entre "Operación Triunfo" y "Tigre y Dragón", y oyes, funciona.

Y si no lo hace, esta noche tendremos la oportunidad de matar las penas con algo mucho más prosaico: la noche madrileña de Lavapiés y todo lo que allí se nos ofrezca. Besos para todos.
 
El sobrinísimo
El que es un cachondo es el sobrino de una amiga. Omito el nombre de ambos porsiaca, que luego me echan la bulla mis amigos, repentinamente discretos para con las vidas ajenas. Pues el chaval tiene veintidos años, pero ya aparentaba esa edad -hablo de madurez mental- cuando tenía ocho, así que os podéis imaginar. Es un clásico de las Nocheviejas -sólo le vemos de año en año el uno de enero- y todas, sin dejar ni una, se empeña en morrerarse con la Moni. La Moni de pronto se pone estrecha y se cierra en banda. El hecho de que a la Moni le gustan más las tías que el sobrino de Silvi, lejos de amilanarle, le crece. El morreo insatisfecho de este chico es más típico en Navidad que el turrón. Eso sí, se morrea conmigo y con todo el mundo que se le pone a tiro. A mí no me importa, que el chaval es guapete. Pues persigue a la Moni por todo el local, en plan:
-Vamos, morena, no vas a ser la primera que se me resiste.
Pero lo es, y al final la Moni le suelta un tortazo, pero estamos tan borrachos que no nos enteramos.

Y hablo estos días con él por MSN y me parto la caja. Se pone nicks como este -verídico-: "Se AcAbArOn LaS NaViDaDeS Y HeMoS EsTuDiAdO Un HuEvO..." Y le digo:
-¿Tanto has estudiado?
-Qué va, no he hecho ni el huevo. Pero es por si se conecta mi madre.
No sabe nada, el chaval. Y hoy le recomiendo que no se columpie, que terminará poniendo "TeNgo UnA MaDrE quE nO Me La mErEzCo", pero me dice:
-Qué va, si hoy la tengo "no admitida".

Y me cuenta que tiene varias pretendientes y se las calza a todas, pero que a él le va una de 29 años con la que se lía últimamente. Me dice que le ha echado la charla porque las dos últimas veces que han quedado él ha aparecido borracho de no tenerse.
-Son todas unas zorras y he tardado en darme cuenta -me asegura, pero yo creo que él ha llegado a esa conclusión precozmente. Dice que las maduritas son lo mejor, que son más tranquilas y que él busca un poco de tranquilidad a estas alturas.
-Lo que me jode es que se me resista la Moni -y se bebe su copa en dos tragos, como si no tuviera nuez.

Y puedes hablar del IBEX 35 con él, y todo. Esta juventud es que se lo lleva todo por delante. Feliz aterrizaje en la explanada árida de enero, hijos míos, os desearía que todos vuestros deseos para este año se cumplieran, pero creo que de nada serviría si no los deseáis lo suficiente. Y qué hostias, bastante tengo yo con gestionar los míos propios. Besos para todos.
 
Roña
Uno no sabe la cantidad de roña -palabra asquerosa, cierto, pero es lo que es- que tiene encima hasta que te pegas un baño. Yo creo que la última vez que me di un baño, así de llenar la bañera, aún no tenía ni vello púbico. Pues, como nos pillamos la casa rural el Zoo y yo con bañera de hidromasaje, volví a sentir ese gustirrinín de meter las gónadas -otra palabra terrible- en agua caliente y toda tu vida pasa por delante de tu cerebro como en un flash, ¿sabéis a qué sensación me refiero? Es guay y extrañísima esa sensación, ¿a qué sí? Recuerdas olores de tu niñez y hasta olores que aún no has olido, cuando metes los huevos y el resto de tu cuerpo en una bañera con agua caliente y espuma. Pero pronto pasa, la sensación, es que si te quedaras trabado ahí sería para volverse loco, ¿eh?

Pues oyes, que salías de la bañera dos horas después con la piel como la de la última manzana del frutero -esa que nadie se come porque lleva quince días ahí- y dejando una película de grasa, células muertas y dios sabe qué en el agua, que parecía que vinieras de las Cruzadas. Y te habías duchado esa misma mañana!

Lo malo que tiene el hidromasaje es que hace un ruido como si la bañera tuviera un motor fueraborda y se fuera a arrojar al Cantábrico -que a nosotros nos quedaba a sólo 20 km-, pero lo demás son todo ventajas: puedes ponerte el agujero del aire donde más gustirrinín te dé, aunque a veces promuevas posturas imposibles y tirones musculares, pero ese gustirrinín donde a ti te gusta lo compensa todo; puedes bucear para dar besitos a tu pareja donde se te ocurra, aunque a veces olvidas que estás por debajo de la línea de flotación y no llevas snorkel y tragas un poquito de agua -y si no tienes pareja, mejor, puedes bucear a tus anchas sacando el culo fuera del agua, probando distintas profundidades, no os penséis que estoy yo aquí para hacer apología de la pareja, más bien al contrario, que aquello no deja de ser una bañera unipersonal-; puedes hacerte sombreros de espuma según distintos estilos: boina, bombín, una especie de mierda interestelar sin forma en la cabeza...-

Y lo mejor de todo: puedes cambiar a tu novio -para esto sí te hace falta un novio o lige o algo, alguien que no seas tú- de sitio bajo la excusa de que se te clava la grifería, dejarlo a él ahí y, cuando se despiste, abrir con el pie el grifo del agua fría y que le corra por todo el hombro. Es lo más. Pero lo pagé caro, que tuve espuma en los ojos hasta bien entrado el día siguiente. Besos para todos.

(Me cuenta right now el sobri de Silvi por el MSN que el Zoo le preguntó en nochevieja cómo es montárselo con una tía. Yo creo que a mi novio le van las tías! Al tiempo!)