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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Hoy mejor
Hijos míos, aquí la cosa está algo mejor. Ya he dormido como un ser humano normal la pasada noche y hoy, por lo tanto, soy un ser humano en modo normal de vigilia, no un alma en pena que se arrastra haciendo redondas las esquinas.

Sigo pensando que no sé si me gusta este trabajo, pero ya estoy dejando de engañarme en un punto: esto me pasa por esperar que el trabajo me realice. Dejarme llevar en este punto sé que no es sino alienarme... veremos a qué conclusiones llego en los próximos días. Como podéis intuir, aún ando lejos de la paz emocional.

En la empresa tengo de todo. Hay una pija que va a ser bastante compañera mía que me saca la cabeza -vale que hoy vengo en planos, o sea zapatillas tipo All Star pero de las de Carrefour, 2,99 en rebajas, pero me la sacaría de todas formas-. No os imagináis lo pija que es. Es aún peor: pija de las modernas. De las que saben que ser pijas a lo clásico no es ser suficientemente pijo. Sabéis a qué me refiero, ¿a que sí? Ya no compran en Burberrys, sino en Homeless y una mirada descuidada te puede hacer creer que son un poco andrajosas, pero todos sabemos que no. Porque, además, en esta hay algo que no falla: las mechas a medio quilómetro -metáfora robada de mi hermana-. No recuerdo que par de verbos se inventó esta mañana, pero se inventó dos -inventar verbos es algo que a los pijos les encanta, y ponen siempre antes o después el prefijo o sufijo "super"-.

Sin embargo, lo que sí tengo es dos compañeros modelo grunge / clubber / malasañero -"malasañear" es un verbo que esta tía se podía haber inventado, al estilo "ya sabes, ahí malasañeando toda la noche, en plan, ya sabes, superdivertido"-. Pues estos dos son majos, de aquellos con hombros encorvados por el peso de la culpa occidental, la de "he leído los libros suficientes como para saber que vivo muy bien y no hay quien se crea mi pose". Echar de menos, echo a mis ex compis Yorch y Noe, y también a otros más antiguos, como el Peq, pero qué le vamos a hacer, supongo que debo acostumbrarme.

Pueno, personas lectoras, voy a dejaros, que hay cosas que hacer y correos en la bandeja -aquí entran correos que flipas, y a todos hay que andar atento-. Estoy sentado al lado de una ventana y tener vistas está bien; sin embargo, dan calor como una sandwichera abierta. Ya sabéis, el caso es protestar. Besos para todos.
 
Vaya nochecita
Vaya nochecita.

Esta es una de esas sentencias que hace mucho, mucho, que no salían de mi boca. Porque hace mucho, mucho, que yo no pegaba ojo en toda la noche. Y no es una forma de decirlo; es una descripción somera de la realidad.

Cerebro embotado por el mogollón de cosas que ayer aprendí -intuyendo que sólo la punta del iceberg-, me puse en casa con mi música, y me tiré hasta la 1.30 sin darme cuenta, tal era mi concentración y tales eran mis deseos de desconectar. Pues me metí en la cama y las movidas de mi curro se entremezclaron en mi cabeza con estrofas, estribillos, pistas y arreglos, y las horas fueron pasando una a una, como gotas en la punta de una estalactita, perezosas pero inexorables, y me sentí jodido y el caso es que no me dormí. Cuando sonó el despertador, y parafraseo a uno de mi pueblo muy de pueblo, me entraban traidoras.

Ay, hijos. Acabo de hacer mi primera llamada internacional a Alemania, para resolver un marrón con la oficina de allí, unos cambios en la web, porque claro, allí no están bien vistos los banners en los que dos manos agarran dos orondos pechos de fémina. En ese trabajo me ando, a medias entre el picor juvenil y los negocios internacionales.

No sé si es lógico no sentir un nuevo trabajo como tuyo, o de pronto echar de menos el anterior, que tanto defenestrabas. Ayer me escribió el tío que dejó la empresa el mismo día que yo, también era su primer día en su nuevo destino, y prácticamente me leyó el pensamiento. Me contaba que no se hallaba, que no le gustaba y que echaba nuestra antigua empresa de menos. Veremos. Supongo que me tengo que dar un margen. Supongo que tengo que aguantar. Besos para todos
 
Desde el curro nuevo
Aquí el hijo de Juliete escribiendo para todos vosotros de tapadillo desde mi nuevo curro. Como soy gilipollas -y un poco agonías-, me he venido hoy a conocer el nuevo curro para así no asustarme demasiado en mi primer día, que es el lunes. Pero bueno, ya he tenido suficiente, así que le diré a mi jefe, que parece majete, que me piro. Me doy cuenta de que aquí tengo más jefes que en el otro sitio, lo cuál no me gusta mucho, porque creo que tengo edad para ya ser jefe. Pero bueno, será mi sino.

Por lo demás, esto, si obviamos el hecho de que saldré a las ocho y pico de la noche la mayoría de los días -de acuerdo, nadie en su sano juicio lo obviaría-, no está demasiado mal. Gente joven y hasta teclados midi en algunas mesas. Bienvenidos al apasionante mundo de lo intangible y el entretenimiento para occidente.

Arriesgando el culo escribendo aquí así por el morro, me despido en esta mañana lluviosa de Las Rozas. Besos para todos. Más noticias probablemente desde casa del Zoo. Ya sabéis: yo, como siempre, de prestado.
 
Lisboa
Hola a todos desde la casa del Zoo, con el Fito y Fitipaldis sonando en los altavoces -a mi pesar, es bueno, pero no lo pondría yo-. Escribo rápido para contaros, de vuelta de nuestra semana en coche de alquiler por el oeste peninsular, que estoy enamorado de Lisboa. Pero qué brutos eran los lusos, que insistieron sobre las ruinas romanas y se montaron su capital en una tierra de colinas frente a la desembocadura del río. Así que Lisboa es una ola de casas decadentes y heterogéneas llenas de encanto, dispuestas en orden del desorden, belleza desde el cáos. Que me encantó. Que quiero volver.

Y empedraron las calles y sólo impusieron un poco de concierto después del terremoto en esa parte del centro que llaman Baixa, donde está la Plaza de Comercio, que también está bien, pero lo mejor comieza a derecha, cuando te internas por el barrio de Alfama, salvaje en su color y en el caracter de los niños -es que soy fotógrafo poco avezado, aunque me vine con mi foto pseudo Cartier-Bresson-, y a izquierda, donde se alza el Barrio Alto, germen de la nueva cultura lisboeta, o casi cultura, porque últimamente sólo somos modernos, pero allí se mueven, y te puedes tomar una copa en mitad de una exposición de pintura al oleo con paleta. Es parecido a Chueca, pero allí te tomas la copa simplemente. Y qué guapos algunos mulatos lisboetas -si no lo digo reviento, ya lo sabéis-.

Pasa el Zoo por mi nuca -no ha leído esto último- y me dice que se va a la cama, así que eso haré yo, que no he venido para hacer de este martes un sábado, a pesar de mis vacaciones forzosas.

El lunes, como sabéis, empiezo mi nuevo curro. De lo nervioso que estoy y de otras cosillas os hablaré en próximo post. Por cierto, gracias Yorch y Noe por vuestro regalito newyorkino. Que no he tenido la suerte de estar allí pero vengo con la sensación de haberos acompañado, tal era vuestro entusiasmo y mis ganas de conocerlo, joder, que mola eso de llegar a tu hotel y darte de morros con el negro de Urgencias.

Besos para todos.
 
desde casa del Zoo
Hola, hijos míos! Os escribo desde la casa del Zoo, que no os terminé de contar! Pues eso, que esta mañana mucha emoción de la despedida, y aún sigo emocionado. Oye, que te vas y empiezas a añorar automático, aunque hayas estado en un mismo campo de concentración. Y esta tarde estaba un poco en el gym y me llamó el Zoo y se me saltaron las lágrimas, de pura emoción concentrada, y lloré como un imbécil en el vestuario, menos mal que ya no había nadie por allí. Es que han sido buenos años. Es que lo aprendí todo en esta empresa.

Pues lo que os decía, que estoy aquí con:

1) Un venezolano de padre de Burgos -el Zoo-.
2) Una china de Hong Kong venezolana -Mrs. Rosita Poon-.
y 3) Una libanesa brasileña venezolana, que será la cuarta acompañante en nuestro viaje por las Rías Baixas y Lisboa.

Plan de viaje: tres días los venezolanos y yo por las Rías Baixas -el Zoo tendrá que omitir el pulpo y el marisco, menuda putadón, porque, como sabéis, con sólo olerlo tarda nueve minutos en morirse- y tres días en Lisboa. Todo está reservado, incluído el coche de alquiler. Mola, porque la libanesa brasileña venezolana sabe, evidentemente, portugués, así que más fácil. Y nos vamos a quedar al ladito mismo de Sintra.

Mientras escribo -un vasito de los de Nocilla de ron con coca light entre el monitor y yo- creo que el Zoo está saliendo del armario con la libanesa brasileña venezolana -en adelante LBV, para abreviar-, ya que no esperamos reprimirnos muestras de cariño en nuestro viaje. Entre vosotros y yo, la LBV parece maja pero un poquitín sabihonda. Veremos qué tal se porta. A los venezolanos que conozco les encanta estudiar y vivir de becas y hacerse los listos. Claro, que eso no les diferencia mucho de otros tantos españoles que también conozco. Si es que nos ponemos racistas en cuanto nos descuidamos.

Yo sigo dándole al ron y oyéndoles hablar en la cocina. Yo creo que bajo esos fluorescentes hay sangre de los cinco continentes, removida pero no agitada, por favor. A la que más oigo es a la LBV. Yo, que mi sangre es castellana y punto, y eso me hace más simple que el mecanismo'un'chupete, tengo claras mis motivaciones, a estas alturas. Me doy al ron mientras mi novio me saca del armario y espero a que la Rosita me venga con un manojito de bombones venezolanos. Que sepáis que Nestle tiene un morro de la hostia y fabrica allí unos bombones cojonudos que aquí ni olemos.

Y otra cosa, en esta casa hace un frío del copón. Aquí todos abren las ventanas y parecen querer sacarse el calor tropical de los huesos a golpe de corriente nocturna. Y yo, congelao. Hala, otro traguito. Han echado la de "Qué hecho yo..." de Almodovar y me la he perdido por ir a buscar a la LBV al aeropuerto -proveniente de Barcelona-, que nos ha venido con una funda de portátil por maleta. O alguien le ha engañado con las fechas o sólo se pone tops y tangas o piensa tirarse toda la semana con lo puesto, porque ahí no cabe ni la pasta de dientes. Pero con su funda de HP que se ha plantado.

Si hasta estornudo, de la rasca. En la tele están anunciando una crema reductora y oyes, la peña se queda guay en la foto del "después". Yo me echo otro trago. En la mesita hay una partida de ajedrez con un mate de las negras como una catedral -eso es que el cuñao del Zoo ha vuelto a vapulear a la hermana- y los envoltorios de mis bombones ahí desparramados, juzgándome. Y la superoferta televisiva de dos centímetros en 50 minutos multiplicando el juicio. Se me va la olla, gentes, os voy a dejar. Podría seguir escribiendo indefinidamente, pero tengo que dar la cara en esa cocina multirracial y enfrentarme a la mirada de la LBV como amante de su hasta ahora heterosexual compañero de laboratorio en las verdes praderas de la universidad venezolana. Besos para todos.
 
el mail de despedida
Estoy emocionado, así que solo puedo copiaros aquí mi mail de despedida de la gente de la empresa. Sus respuestas me las guardo en un huequito que tengo aquí, aquí dentro.


Hola a todos,

Un caluroso jueves de primavera de 1998 me preguntaron en una oficina de Majadahonda si yo sabía HTML. Yo dije que sí, pero no era cierto -ya lo puedo decir ;) -. Había gustado mi book y aún quedaba ese escollo. Así que un amigo me prestó un ordenador, me compré un manual y aprendí HTML en el fin de semana. Quería aquel trabajo, sí o sí. Cómo os lo diría, internet era el futuro y yo era muy de pueblo, y a los de pueblo las cosas del futuro nos alucinan. El lunes siguiente entré a trabajar en aquel sitio llamado Pris, un pinpín desorientado que navegaba por primera vez el mismo día que diseñaba su primera una página web.

Y hasta hoy. Sigo siendo un pinpín, vale, pero ahora llevo unas cuántas páginas web a mis espaldas. Entré con más pelo en la cabeza, un poco más delgado -como Jordi-, y aunque no salgo casado y con churumbel, hay por ahí por lo visto unas leyes de las que lo mismo echo mano un día de estos!!

Lo que me jode es que el evento de ayer del Jordi eclipsa cualquier intento de replicarlo hoy a las 3, y que el estómago lo tenéis como lo tenéis, y tampoco quiero poner a prueba mi poder de convocatoria por si acaso me sorprendo, así que las birritas las dejaremos para después de semana santa. Os convocaré puntualmente.

Lo que sí voy a hacer es ponerme un poco melancólico -que me gusta a mí un drama- y deciros que ha sido un placer trabajar con vosotros. De cada uno de vosotros he aprendido algo -incluso saber lo que uno no quiere ser de mayor es también aprender!!- y me llevo un montón de vivencias y de risas, que es lo que importa. Echaré de menos los "estás muy liao?" de Fran, los "ponme bonito este documento, es un segundín" de Raúl, los "trabaja un poco" de Nacho García mientras supervisaba el pasillo con las manos en los bolsillos, las menciones del MA Fernández a mi persona o a mi pueblo o a la actividad principal de mi pueblo (galletolandia) en cualquier presentación de compañía de más de 200 personas, los "pero tú que haces exactamente?" de los becarios y de mi madre... que os echaré de menos, cojones!

Besos y abrazos y los distribuís como queráis,

Julio

 
Mi último viernes (I)
9.30 AM

Incertidumbre sobre nuestras cabezas. No sé si mi último día en esta santa empresa es hoy o será el martes posterior a S.S. El trabajo está hecho, la caja de cartón con la foto de los niños en el fondo, solitaria y expectante, está abierta sobre la mesa -es un decir-. Mi cabeza está en cualquier parte menos aquí. Y tengo resaca. Ayer celebramos que otro compañero se piraba, la gente hace porras a ver quién es el próximo. El jefe no me habla, unos me dicen que hable con él, otros me dicen que espere. No sé si sabe que Recursos Humanos y yo pensamos que debería irme hoy. Tengo reservas en Lisboa (en un hotelito en la playa al lado de Sintra, Marisa!), en las Rias Baixas y un coche alquilado y ganas de salir corriendo Nacional Seis arriba, y no mirar atrás, y perderme en los bosques de eucalipto.

Y tengo que escribir mi mail de despedida, una tradición, y ser conciliador a la vez que tiras alguna pullita, como es costumbre, pero todo legal, que no lo puedan utilizar en un tribunal, vamos. Y tengo que grabarme CD's con mis trabajos y pensar qué líneas de mi borrador de contrato de la nueva empresa no me gustan. En realidad, el contrato tiene seis páginas y eso ya no me gusta en absoluto.

En fin... y también tengo sueño.

(continuará en un ratillo)
 
Los calores extinguidos
Mola eso de sentirte importante, un poco el centro de atención, y que la gente repare en ti en los pasillos, unos con mirada compasiva, otros con ojos envidiosos, otros con simplemente "ah, este es último tío que se pira" -hasta me sé de alguno que sentirá que ha ganado alguna clase de batalla-. Por lo que a mí respecta, sólo se ha producido un cambio: que al ir a mear al baño inspecciono antes en busca del gran jefe, porque se me cortaría el chorrillo.

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios de ánimo, hay que joderse, sólo escribís aquí cuando os echo carnaza. Si os hablo del amor y de las cosas importantes de la vida, ni puto caso; pero si os digo que he cargado tres pisos con una alfombra repleta de moho o que amanezco empalmado y me fundo en un abrazo mortal con mi tía la monja o que me cambio de curro, entonces sí, entonces estáis ahí para decir "me parto de risa" o "ánimo, sige así". Se agradecen los ánimos, pero pensaría que sóis un poquitín hijos de puta si no fuera por el hecho de que yo asumo desde el principio que me debo a mi público. Dicho de otro modo, soy un escritor de best-sellers, como el Tom Clancy -menos facha- o el Ken Follet -más bajito-. Pero no os penséis: los recursos básicos y el humor grueso, como lo suyo, es lo mío. Aunque me da un poco de cosa este extremo: a ellos no les soporto. Y soy un tipo majete. Así que una de dos: o no sois tipos majetes o yo no soy, en realidad, un Tom Clancy de la vida, gorra de los Red Sox calada, tanque en el jardín trasero y gotas de semen en el marco de una foto de Ronald Reagan incluídos.

Pues sí, la gente me felicita, pero es como cuando felicitaban a Neil Amstrong en la primavera del 69. Él pensaba "gracias, tronco, pero me ponía ahora mismo en tus zapatos si no fuera porque los míos ya huelen a mierda". Y es que me cago un poco. De miedo. De ese desconocido trabajo que me espera, con jefes desconocidos y subordinados desconocidos y gente moderna. Yo ya no soy tan moderno, venía yo pensando hoy mientras me comía mi dorger kebab directamente traído de Alemania, Lavapiés abajo.

Por otro lado, estoy intentando arreglármelas para no quedarme sin una merecida semana de descanso en estos días sacros de Semana Santa. Tengo los días firmados, pero en esta empresa igualmente santa -por decir algo- eso es papel mojado, masticado y escupido -ay, qué asco me ha dado visualizar esta última metáfora, cojones; lástima de estilo apresurado, me río yo de los Tom Clancy-. Pero tenemos que alquilarnos un coche y aventurarnos por los agrestes parajes del noroeste peninsular, donde las gentes hablan otros idiomas y sienten pena siempre por sus compratiotas que se echaron a la mar, qué pasa alrededor de mí, qué me pasa que no sé, barcas nuevas mandásteis labrar, todo eso. Que queremos empezar donde terminaba la tierra cuando era plana y llegarnos hasta Lisboa, con sus calles derruídas y sus monumentos en ocaso permanente. Que tengo que desempolvar mis discos de gaitas y tambores, mis pequeños secretos de cuando Milladoiro no existía para mí y hasta entonces sólo había sido Amancio Prada. Que ahora Milladoiro es una pasarela hasta el cielo y un harpista más guapo que cualquier otro chico sobre la tierra. Ya empezamos. Yo siempre pensando en lo único. No puedo sino parafrasear lo que dice un personaje de taberna al final de "Luces de bohemia" -vale, esta es mi semana Valle-Inclán, me está encantando la obra esta, y yo que pensé que leer teatro era aburrido-:
-A usted le conviene una mujer con los calores extinguidos.
Cambiadle el sexo y pensad en mí. Solo que yo funciono con energía nuclear. Besos para todos.