Yo sola
En esta santa empresa oyes frases tipo:
-¿Sólo las tetas? ¿El culo no?
Acabo de oír esta a mi compañero de respaldo de silla. Nuestra empresa es seria, bien lo sabe nuestra señora del abrigo de pana, pero nos debemos a nuestros clientes. Y nuestros clientes, en sus móviles quieren tetas y culos envueltos en banderas de raso con los colores de su selección. Ya sea la selección alemana o la de Ecuador.
Pues tengo al diseñador compañero de atrás haciendo selecciones de Photoshop por la mismísima, ejem, utilizaré un sinónimo de los que escuchaba a mis amigas aguilarenses, seta maría de una chica que ha posado en el estudio contiguo con diversas camisetas y tangas de selecciones nacionales –había escrito sin querer “selecciones naturales”, para que veáis la mente, cómo es- de uno y otro continente. Cómo es la chica, ella tira de su tanga hacia arriba, tanto que hace difícil no dejarte nada fuera con la selección de Photoshop-, y de su bikini hacia abajo, y luego sólo hay que hacer una máscara de esos elementos y fundir con las banderas nacionales.
-Es que a la pobre no le dio tiempo a posar con las camisetas de todos los países –te explica comprensiva la responsable de contenidos. Ella ve con naturalidad todos sus contenidos, son como hijos para ella, aunque sean chicas enfebrecidas que se introducen la bandera de su país por cierta parte.
Aquí todo el mundo opina que la chica es fea, pero tiene unas tetas de impresión. Ese es un poco el resumen. Ahora mismo oigo clips de samba detrás de un biombo. Esta empresa es así. Y me gusta. Lo que sigo teniendo la movida es con el inglés. Ahora mismo estoy en una etapa como de miedo escénico, que consiste en que el poco inglés que sé, por si no fuera suficientemente poco en comparación con el que la peña maneja por aquí, lo balbuceo. Una pena. Tengo que apuntarme a clases de inglés y a un psicólogo para superarlo.
La verdad es que mi trabajo ocupa últimamente la parte gorda de mi vida. Esto cambiará a medida que pase el tiempo, pero es divertido de momento…
… y cambio el chip de lo que iba a decir para comunicaros que mi amiga Silvi acaba de ser mamá! Pues me alegro mucho. Sí, lo diré, por tópico que sea: parece que fue ayer cuando compartimos con ella esas borracheras, esas risas y, sobre todo, la frase que la hizo famosa:
-Yo sola.
Una sonrisa habrá asomado a la boca de quien lo pille. Y quien no lo pille se quedará con las ganas. Sí, con las ganas, que si conociérais la anécdota completa os íbais a reír un rato. Vuelvo al curro. Besos para todos.
-¿Sólo las tetas? ¿El culo no?
Acabo de oír esta a mi compañero de respaldo de silla. Nuestra empresa es seria, bien lo sabe nuestra señora del abrigo de pana, pero nos debemos a nuestros clientes. Y nuestros clientes, en sus móviles quieren tetas y culos envueltos en banderas de raso con los colores de su selección. Ya sea la selección alemana o la de Ecuador.
Pues tengo al diseñador compañero de atrás haciendo selecciones de Photoshop por la mismísima, ejem, utilizaré un sinónimo de los que escuchaba a mis amigas aguilarenses, seta maría de una chica que ha posado en el estudio contiguo con diversas camisetas y tangas de selecciones nacionales –había escrito sin querer “selecciones naturales”, para que veáis la mente, cómo es- de uno y otro continente. Cómo es la chica, ella tira de su tanga hacia arriba, tanto que hace difícil no dejarte nada fuera con la selección de Photoshop-, y de su bikini hacia abajo, y luego sólo hay que hacer una máscara de esos elementos y fundir con las banderas nacionales.
-Es que a la pobre no le dio tiempo a posar con las camisetas de todos los países –te explica comprensiva la responsable de contenidos. Ella ve con naturalidad todos sus contenidos, son como hijos para ella, aunque sean chicas enfebrecidas que se introducen la bandera de su país por cierta parte.
Aquí todo el mundo opina que la chica es fea, pero tiene unas tetas de impresión. Ese es un poco el resumen. Ahora mismo oigo clips de samba detrás de un biombo. Esta empresa es así. Y me gusta. Lo que sigo teniendo la movida es con el inglés. Ahora mismo estoy en una etapa como de miedo escénico, que consiste en que el poco inglés que sé, por si no fuera suficientemente poco en comparación con el que la peña maneja por aquí, lo balbuceo. Una pena. Tengo que apuntarme a clases de inglés y a un psicólogo para superarlo.
La verdad es que mi trabajo ocupa últimamente la parte gorda de mi vida. Esto cambiará a medida que pase el tiempo, pero es divertido de momento…
… y cambio el chip de lo que iba a decir para comunicaros que mi amiga Silvi acaba de ser mamá! Pues me alegro mucho. Sí, lo diré, por tópico que sea: parece que fue ayer cuando compartimos con ella esas borracheras, esas risas y, sobre todo, la frase que la hizo famosa:
-Yo sola.
Una sonrisa habrá asomado a la boca de quien lo pille. Y quien no lo pille se quedará con las ganas. Sí, con las ganas, que si conociérais la anécdota completa os íbais a reír un rato. Vuelvo al curro. Besos para todos.
el hijo de Juliete
Alguien me dice en un comentario que si puedo hablar con mi padre –Juliete- para arreglar una moto. La intención es buena, incluso arranca un deje de añoranza, pero no way. Mi padre hará diez años que no toca una moto. Traspasó el negocio. Pero vamos, hace ya una eternidad. Hubo un momento, a finales de los noventa, en que mi padre me dijo:
-¿Quieres el negocio?
Yo me lo pensé durante doscientos nanosegundos –bastante menos que una milésima de segundo- y respondí:
-No.
-Tú sabrás.
-No, no sé nada. Pero no.
A lo mejor es justificarse, pero creo que mi padre deseaba esa respuesta. Primero, porque le gustaba que su hijo siguiera su propio camino, aunque fuera un camino que él no entendiera muy bien. Segundo, porque recordaba muy bien los pies fríos del invierno, las noches en vela despiezando un motor, los fines de semana llevando motos nuevas a pueblos recónditos -servicio a domicilio y puesta en marcha gratuitos, cortesía de Ramos Enterprises, que mi madre sabía mucho de márketing pero era porque ella no tenía que pillarse el coche e ir a entregar una moto a San Periquitín del Baile en mitad de la nevada-. Seamos honestos: mi padre quería mandar el negocio a tomar por culo. Le importaban un cojón de pato la cartera de clientes, el valor de la marca y todas esas pijotadas. No creía en la empresa, y hacía bien –cualquiera que crea en la empresa por encima de lo que alcanza su sueldo o el valor de sus acciones es gilipollas y merece todos los disgustos y todas las canas que su posición burguesa e inconsciente le otorgue-. La empresa había sido su modo de vida, no el objeto de ella. Cuando llego el momento de mirar por la propia existencia, cerró la puerta, traspasó el negocio sin miramientos y se fue a su casa.
Sin embargo, para no ser un exclavo de la absurda de idea de empresa, mi padre fue el pináculo –para estos ojos, al menos- de lo que una empresa debe ser, según el tercer estadio de la mercadotecnia –el que ahora rula, el de el cliente por encima del todo-. Sacrificó sus fines de semana, atendió a todos y cada uno de los potenciales clientes que traspasaban aquella puerta de metal con una sonrisa en la boca y se preocupaba sinceramente de que sus problemas o necesidades encontraran solución. Siempre le vi hacerlo. Jamás le vi incumplir con su trabajo, aunque le costara horas extras o salud. Y me enseñó mucho a distinguir la necedad de lo demás. Porque cuando alguien era necio sonreía aún más y se compadecía.
Total, que mi padre pasa olímpicamente de motos, así que cuaquier queja, al defensor del pueblo. Ahora que lo pienso, el otro día entro por la puerta de casa y me encuentro una BH de niño de color rosa en mitad de la entrada. Una de dos, o mi hermana melliza había adoptado una niña crecidita o la típica regresión de las personas mayores a la niñez –por parte de padre o madre- había llegado demasiado lejos. Pero no. Era que mi padre iba a arreglar la bici de la hijita de algún vecino.
Recuerdo el olor de las bicis viejas y de la grasa, del agua sucia donde buscabas los pinchazos y de las chispas de la afiladora de motosierras. Recuerdo el sonido del motor de inflar ruedas y el de la muela de lijar, y más olores, el de virutas de cartón cuando sacabas una bici nueva, el del jabón para limpiar la grasa… oh, me he emocionado. Que no me he emocionado, joer, que es que me ha caído un correo de Alemania como aquel cielo que caía sobre la cabeza a los galos. Buen fin de semana a todos.
-¿Quieres el negocio?
Yo me lo pensé durante doscientos nanosegundos –bastante menos que una milésima de segundo- y respondí:
-No.
-Tú sabrás.
-No, no sé nada. Pero no.
A lo mejor es justificarse, pero creo que mi padre deseaba esa respuesta. Primero, porque le gustaba que su hijo siguiera su propio camino, aunque fuera un camino que él no entendiera muy bien. Segundo, porque recordaba muy bien los pies fríos del invierno, las noches en vela despiezando un motor, los fines de semana llevando motos nuevas a pueblos recónditos -servicio a domicilio y puesta en marcha gratuitos, cortesía de Ramos Enterprises, que mi madre sabía mucho de márketing pero era porque ella no tenía que pillarse el coche e ir a entregar una moto a San Periquitín del Baile en mitad de la nevada-. Seamos honestos: mi padre quería mandar el negocio a tomar por culo. Le importaban un cojón de pato la cartera de clientes, el valor de la marca y todas esas pijotadas. No creía en la empresa, y hacía bien –cualquiera que crea en la empresa por encima de lo que alcanza su sueldo o el valor de sus acciones es gilipollas y merece todos los disgustos y todas las canas que su posición burguesa e inconsciente le otorgue-. La empresa había sido su modo de vida, no el objeto de ella. Cuando llego el momento de mirar por la propia existencia, cerró la puerta, traspasó el negocio sin miramientos y se fue a su casa.
Sin embargo, para no ser un exclavo de la absurda de idea de empresa, mi padre fue el pináculo –para estos ojos, al menos- de lo que una empresa debe ser, según el tercer estadio de la mercadotecnia –el que ahora rula, el de el cliente por encima del todo-. Sacrificó sus fines de semana, atendió a todos y cada uno de los potenciales clientes que traspasaban aquella puerta de metal con una sonrisa en la boca y se preocupaba sinceramente de que sus problemas o necesidades encontraran solución. Siempre le vi hacerlo. Jamás le vi incumplir con su trabajo, aunque le costara horas extras o salud. Y me enseñó mucho a distinguir la necedad de lo demás. Porque cuando alguien era necio sonreía aún más y se compadecía.
Total, que mi padre pasa olímpicamente de motos, así que cuaquier queja, al defensor del pueblo. Ahora que lo pienso, el otro día entro por la puerta de casa y me encuentro una BH de niño de color rosa en mitad de la entrada. Una de dos, o mi hermana melliza había adoptado una niña crecidita o la típica regresión de las personas mayores a la niñez –por parte de padre o madre- había llegado demasiado lejos. Pero no. Era que mi padre iba a arreglar la bici de la hijita de algún vecino.
Recuerdo el olor de las bicis viejas y de la grasa, del agua sucia donde buscabas los pinchazos y de las chispas de la afiladora de motosierras. Recuerdo el sonido del motor de inflar ruedas y el de la muela de lijar, y más olores, el de virutas de cartón cuando sacabas una bici nueva, el del jabón para limpiar la grasa… oh, me he emocionado. Que no me he emocionado, joer, que es que me ha caído un correo de Alemania como aquel cielo que caía sobre la cabeza a los galos. Buen fin de semana a todos.
puntos de vista
(En primer lugar, hijos míos, sabed que ya podéis volver a dejar comentarios si os place, que ya funciona de nuevo).
Ay hijos míos, cuántas cosas os contaría de las personas que componen la familia del Zoo, pero no debo, porque tal vez soy leído, que soy un favorito en su Explorer. Y aquí las dejo, en la punta de la lengua, en una especie de amargor reconcentrado. ¿Tan malo es eso de Venezuela que abunda la atitud esa de idiota el último, que parece que viven en una guerrilla permanente y la única actitud posible en el mundo, más allá de éticas, aunque sí de morales, que a ellos les encanta hablar de moral, aún cuando suene más falso que Tom Cruise haciendo de padre enamorado, es la de tomo lo que puedo y que se jodan los demás, que esto es una carrera a muerte súbita? Que no, hombre, que no. Que la vida no es eso. Que hay actitudes repugnantes y otras no, y ya no se trata de puntos de vista. Que lo que hace la diferencia entre una buena persona y una mala persona es precisamente eso: nuestros puntos de vista y la medida en que los convertimos en acciones. Que la diferencia entre Hitler y Teresa de Calcuta son sólo puntos de vista, pero sólo a uno de los dos no deja demasiado bien los libros de historia. Que si quieres ir a lo tuyo descaradamente ve, pero no pretendas un aro de luz sobre tu cabeza. Sólo espero que Zoo escape un poco de ese tufillo familiar de exiliados agraviados que van a por todas caiga quién caiga. Que suena a judío de siglo XXI en Palestina, en plan "es que me jodísteis tanto que aún es ético que me lo siga cobrando, y más que me lo pienso cobrar". Espero que él vea la vida de otra manera. Porque si no, estoy apañado.
Joder, y además, este finde pasado he estado recluído en esa santa casa -he querido, lo admito, ya sabéis que la Rosita, que ella sí que libra de ese tufillo y además nos tiene pillados por la polla, o sea, por la comida- y no he existido para el resto del mundo. Tengo a mis hermanas un poco dejadas de la mano de dios, y eso no está bien. Ellas especulan con mi estado anímico. Tranquilas, sisters, estoy bien. Deberes para el próximo finde: quedar con mis hermanas.
Recuerdo con pavor que este año no hemos celebrado la Moni y yo nuestro aniversario. Nosotros celebramos todos los nueves de abril que una noche de domingo del 89 -no ha llovido, ni ná- juntamos nuestros labios en un húmedo beso en los reservados de arriba del Láser -la discoteca del pueblo- cuando aún tenía aquellos sofás acolchados llenos de quemaduras de cigarro. Y juntamos nuestras lenguas y las paseamos por nuestras encías -siento ser explícito, todo en pos de la fidelidad narrativa- mientras mi hermana hacía lo propio en los sofás de abajo con aquel novio facha de Valladolid que tenía -ya sé, ya sé que en Valladolid hay cosas que nunca cambian-. A mí el que me gustaba era el novio de mi hermana, para qué engañarnos, pero uno sentía que debía seguir el camino correcto. Y lo seguí: aquel fue el principio de una gran amistad, y la Moni y yo nos hicimos inseparables, aunque nunca volvimos a juntar nuestros labios de semejante modo. Aunque eso sí, fue asumir que lo mío no eran las tías y empezar a tocarle las tetas. Somos así -los seres humanos-. Besos para todos.
Ay hijos míos, cuántas cosas os contaría de las personas que componen la familia del Zoo, pero no debo, porque tal vez soy leído, que soy un favorito en su Explorer. Y aquí las dejo, en la punta de la lengua, en una especie de amargor reconcentrado. ¿Tan malo es eso de Venezuela que abunda la atitud esa de idiota el último, que parece que viven en una guerrilla permanente y la única actitud posible en el mundo, más allá de éticas, aunque sí de morales, que a ellos les encanta hablar de moral, aún cuando suene más falso que Tom Cruise haciendo de padre enamorado, es la de tomo lo que puedo y que se jodan los demás, que esto es una carrera a muerte súbita? Que no, hombre, que no. Que la vida no es eso. Que hay actitudes repugnantes y otras no, y ya no se trata de puntos de vista. Que lo que hace la diferencia entre una buena persona y una mala persona es precisamente eso: nuestros puntos de vista y la medida en que los convertimos en acciones. Que la diferencia entre Hitler y Teresa de Calcuta son sólo puntos de vista, pero sólo a uno de los dos no deja demasiado bien los libros de historia. Que si quieres ir a lo tuyo descaradamente ve, pero no pretendas un aro de luz sobre tu cabeza. Sólo espero que Zoo escape un poco de ese tufillo familiar de exiliados agraviados que van a por todas caiga quién caiga. Que suena a judío de siglo XXI en Palestina, en plan "es que me jodísteis tanto que aún es ético que me lo siga cobrando, y más que me lo pienso cobrar". Espero que él vea la vida de otra manera. Porque si no, estoy apañado.
Joder, y además, este finde pasado he estado recluído en esa santa casa -he querido, lo admito, ya sabéis que la Rosita, que ella sí que libra de ese tufillo y además nos tiene pillados por la polla, o sea, por la comida- y no he existido para el resto del mundo. Tengo a mis hermanas un poco dejadas de la mano de dios, y eso no está bien. Ellas especulan con mi estado anímico. Tranquilas, sisters, estoy bien. Deberes para el próximo finde: quedar con mis hermanas.
Recuerdo con pavor que este año no hemos celebrado la Moni y yo nuestro aniversario. Nosotros celebramos todos los nueves de abril que una noche de domingo del 89 -no ha llovido, ni ná- juntamos nuestros labios en un húmedo beso en los reservados de arriba del Láser -la discoteca del pueblo- cuando aún tenía aquellos sofás acolchados llenos de quemaduras de cigarro. Y juntamos nuestras lenguas y las paseamos por nuestras encías -siento ser explícito, todo en pos de la fidelidad narrativa- mientras mi hermana hacía lo propio en los sofás de abajo con aquel novio facha de Valladolid que tenía -ya sé, ya sé que en Valladolid hay cosas que nunca cambian-. A mí el que me gustaba era el novio de mi hermana, para qué engañarnos, pero uno sentía que debía seguir el camino correcto. Y lo seguí: aquel fue el principio de una gran amistad, y la Moni y yo nos hicimos inseparables, aunque nunca volvimos a juntar nuestros labios de semejante modo. Aunque eso sí, fue asumir que lo mío no eran las tías y empezar a tocarle las tetas. Somos así -los seres humanos-. Besos para todos.
La geisha de la cocina
Pone en el nick del MSN de una amiga que vive en Murcia: “la verdad está ahí fuera… y se está derritiendo”. Ya véis, empiezan los calores. Mi jefe, que tiene alergia al polen, tiene los alveolos más cerrados que el acento de mi amigo JJ, y cuando se ríe parece el Lindo Pulgoso aquel. Yo pensé que era que le habían roto la nariz en la pelea de boxeo que tuvo el viernes –y que ha perdido, al parecer, ya que su contrincante era muy alto y por lo tanto tenía los brazos muy largos, y por lo tanto mi jefe tenía que arrinconarle pero él no se dejaba, así que mi jefe lo tuvo que perseguir por todo el cuadrilátero infructuosamente, porque el otro no se dejaba, total que el tiempo se les echó encima y y mi jefe perdió por puntos, con lo que, además, se llevó un par de cachetes del entrenador, moraleja, no pierdas al boxeo porque te hostian doble-. A lo que iba, que su silbido nasal no es de nariz partida, sino de alergia.
Ayer fuimos a ver, como cualquier aburrido de domingo que se precie, la del Código Da Vinci, que, efectivamente, no es muy buena. Aunque es entretenida, a ojos de quien había oído ya todos los despellejes de la crítica e iba esperándose lo peor. La crítica tiene razon, es discursiva a más no poder, pero la historia, si obviamos el hecho de que tiene un morro increíble, es graciosa. Lo malo para nosotros, los ateos recalcitrantes, es que los argumentos rebuscados y fantásticos –como el que esta historia propone-, no son suficientes para hacer sucumbir a ese inteligente y depravado invento humano que es la iglesia. O será que el Dan Brown este es barato, que también. Molan los tintes feministas –lo de siempre, nada realmente feminista, porque el protagonista es un tío, por cierto, que es prácticamente imposible ser más inexpresivo que el Tom Hanks, y eso que ni siquiera va de botox-, mola la especulación histórica acerca del famoso profeta judío, molan las localizaciones –la peli es como una visita guiada a museos y catedrales de París y Londres- y mola, sobre todo, Ian McKellen, que no se cree a sí mismo y hace el mejor papel de toda la película. Y no es porque McKellen fuera pionero del activismo gay en la escena artística británica de los años setenta, que también.
Sí os recomiendo la que vimos el sábado, “Azuloscurocasinegro”, una opera prima de un españos de 35 tacos, el cabrón, que pese a sus fallos de primerizo ha hecho una peli guapa, inteligente, y lo más difícil: misericordiosa con el ser humano. Que ser cañero, aunque vistoso, es más fácil. Que es más fácil hacer un American Beauty que un The Straight Story.
El Sergio ha estado comiendo en casa del Zoo todos los días, y la Rosita se nos ha desvivido haciendo comidas. Da igual que salga, que se emborrache, que no duerma. Ella se levanta a las once, se ducha, se pone sus piratas y sus sandalias y sus escotes, saca sus cuencos y su salsa de ostras y te hace una comida que flipas. Te manda a por huevos o a por leche condensada y te recorres el barrio bajo el sol macillento de la M-30 en obras, pero merece la pena. Porque ella, hijos míos, no cocina: hace magia con las cazuelas. Yo creo que es una bruja, en realidad, y roba un poquito de nuestras almas cada vez que abordamos sus platos. Porque ella sonríe mientras nos ve comer y su plato está vacío. Y vuelca el cucharón cuando has terminado y no puedes decir que no. Y rellena tu copa y trae el postre y te pone un oporto de doce años para digerir. Le dije el otro día:
-Eres una Geisha de la cocina.
Y ella te lo confirma:
-Me enseñaron a ser complaciente –y se gira misteriosamente a por su tarta de tres chocolates. No es la puerta del frigorífico lo que ella abre, sino la cancela del averno. Y nosotros lo sabemos. Pero para entonces ya estamos en sus redes.
-¿Te pongo un trozo más?
Y ya es demasiado tarde. Besos para todos.
Ayer fuimos a ver, como cualquier aburrido de domingo que se precie, la del Código Da Vinci, que, efectivamente, no es muy buena. Aunque es entretenida, a ojos de quien había oído ya todos los despellejes de la crítica e iba esperándose lo peor. La crítica tiene razon, es discursiva a más no poder, pero la historia, si obviamos el hecho de que tiene un morro increíble, es graciosa. Lo malo para nosotros, los ateos recalcitrantes, es que los argumentos rebuscados y fantásticos –como el que esta historia propone-, no son suficientes para hacer sucumbir a ese inteligente y depravado invento humano que es la iglesia. O será que el Dan Brown este es barato, que también. Molan los tintes feministas –lo de siempre, nada realmente feminista, porque el protagonista es un tío, por cierto, que es prácticamente imposible ser más inexpresivo que el Tom Hanks, y eso que ni siquiera va de botox-, mola la especulación histórica acerca del famoso profeta judío, molan las localizaciones –la peli es como una visita guiada a museos y catedrales de París y Londres- y mola, sobre todo, Ian McKellen, que no se cree a sí mismo y hace el mejor papel de toda la película. Y no es porque McKellen fuera pionero del activismo gay en la escena artística británica de los años setenta, que también.
Sí os recomiendo la que vimos el sábado, “Azuloscurocasinegro”, una opera prima de un españos de 35 tacos, el cabrón, que pese a sus fallos de primerizo ha hecho una peli guapa, inteligente, y lo más difícil: misericordiosa con el ser humano. Que ser cañero, aunque vistoso, es más fácil. Que es más fácil hacer un American Beauty que un The Straight Story.
El Sergio ha estado comiendo en casa del Zoo todos los días, y la Rosita se nos ha desvivido haciendo comidas. Da igual que salga, que se emborrache, que no duerma. Ella se levanta a las once, se ducha, se pone sus piratas y sus sandalias y sus escotes, saca sus cuencos y su salsa de ostras y te hace una comida que flipas. Te manda a por huevos o a por leche condensada y te recorres el barrio bajo el sol macillento de la M-30 en obras, pero merece la pena. Porque ella, hijos míos, no cocina: hace magia con las cazuelas. Yo creo que es una bruja, en realidad, y roba un poquito de nuestras almas cada vez que abordamos sus platos. Porque ella sonríe mientras nos ve comer y su plato está vacío. Y vuelca el cucharón cuando has terminado y no puedes decir que no. Y rellena tu copa y trae el postre y te pone un oporto de doce años para digerir. Le dije el otro día:
-Eres una Geisha de la cocina.
Y ella te lo confirma:
-Me enseñaron a ser complaciente –y se gira misteriosamente a por su tarta de tres chocolates. No es la puerta del frigorífico lo que ella abre, sino la cancela del averno. Y nosotros lo sabemos. Pero para entonces ya estamos en sus redes.
-¿Te pongo un trozo más?
Y ya es demasiado tarde. Besos para todos.
Vaya cague
10:00
Vaya cague. Hoy estoy solo, sin mi jefe, y hay un marrón de tres pares de cojones con uno de los países, con Alemania concretamente, que tendré que solucionar con mi inglés cancionero -como sabéis, yo hablo inglés con trozos sueltos de canciones de Bruce y de Dylan y de alguno más-. Os dejo que ya he recibido la primera llamada de la noche -como diría aquel-, y es en una especie de inglés siciliano. Tener a una italiana cabreada al otro lado de la línea no es la mejor manera de empezar el día, creedme. Peor sería tenerla en la misma habitación, también es verdad.
10.29
Y os preguntaréis: ¿dónde está mi jefe? Pues muy sencillo. A mi jefe le gusta el boxeo y esta noche tiene su primer combate bajo los focos. Hostia que pega, funde los plomos. Espero que no le borren el disco duro de un hostiazo en el occipital. Con lo fino y pacífico que parece.
Es que quiere descansar esta mañana para estar bien para el combate. Su novia, fotógrafa, sacará fotos del evento. Como vea que le zurran mucho a su chico se abalanzará sobre el contrario y le clavará la réflex digital en el cráneo. Hombre ya.
11.05
La italiana está como un corderito, es la calma que precede a la tormenta. No puedo quitar los ojos del Post It de mi jefe que me encontré esta mañana: "Italia se va a poner brava!!". Alemania va a caer en breve con las rebajas. Joder, ahora que lo pienso, soy un poco como los aliados: tengo mi frente abierto con Alemania e Italia. Me siento Eisenhower total -cuando comandante supremo, no cuando presidente republicano-. Me meriendo a los Rommel del mundo.
14.59
Hasta he entrado en el despacho de la jefa de las jefas, y discutido con ella una serie de temas que involucraban países y guerras mundiales, y yo, abanderado de los aliados, defendía mis posiciones en contra del avance ítalo-alemán, más serio de lo que la definición de "guerra relámpago" deja entrever. Qué estrés.
Pero también me ha dado tiempo a tomarme una cervecita en el bar de abajo, y de hablar un poco de arte y un poco de qué bueno es el José Cuervo entre los tequilas, y de cómo un cumpleaños puede ser suficientemente cool si te atiborras a costillas asadas y al mencionado tequila.
Creo que he solventado mi primer día andando solo. Me merezco el finde que se avecina, vamos. Besos para todos.
Vaya cague. Hoy estoy solo, sin mi jefe, y hay un marrón de tres pares de cojones con uno de los países, con Alemania concretamente, que tendré que solucionar con mi inglés cancionero -como sabéis, yo hablo inglés con trozos sueltos de canciones de Bruce y de Dylan y de alguno más-. Os dejo que ya he recibido la primera llamada de la noche -como diría aquel-, y es en una especie de inglés siciliano. Tener a una italiana cabreada al otro lado de la línea no es la mejor manera de empezar el día, creedme. Peor sería tenerla en la misma habitación, también es verdad.
10.29
Y os preguntaréis: ¿dónde está mi jefe? Pues muy sencillo. A mi jefe le gusta el boxeo y esta noche tiene su primer combate bajo los focos. Hostia que pega, funde los plomos. Espero que no le borren el disco duro de un hostiazo en el occipital. Con lo fino y pacífico que parece.
Es que quiere descansar esta mañana para estar bien para el combate. Su novia, fotógrafa, sacará fotos del evento. Como vea que le zurran mucho a su chico se abalanzará sobre el contrario y le clavará la réflex digital en el cráneo. Hombre ya.
11.05
La italiana está como un corderito, es la calma que precede a la tormenta. No puedo quitar los ojos del Post It de mi jefe que me encontré esta mañana: "Italia se va a poner brava!!". Alemania va a caer en breve con las rebajas. Joder, ahora que lo pienso, soy un poco como los aliados: tengo mi frente abierto con Alemania e Italia. Me siento Eisenhower total -cuando comandante supremo, no cuando presidente republicano-. Me meriendo a los Rommel del mundo.
14.59
Hasta he entrado en el despacho de la jefa de las jefas, y discutido con ella una serie de temas que involucraban países y guerras mundiales, y yo, abanderado de los aliados, defendía mis posiciones en contra del avance ítalo-alemán, más serio de lo que la definición de "guerra relámpago" deja entrever. Qué estrés.
Pero también me ha dado tiempo a tomarme una cervecita en el bar de abajo, y de hablar un poco de arte y un poco de qué bueno es el José Cuervo entre los tequilas, y de cómo un cumpleaños puede ser suficientemente cool si te atiborras a costillas asadas y al mencionado tequila.
Creo que he solventado mi primer día andando solo. Me merezco el finde que se avecina, vamos. Besos para todos.
El partido en casa de Sergio
Las aguas han vuelto a cauces más razonables con el Zoo. Era de esperar, pero en esta vida ya sabéis que no debemos esperar nada, que basta que esperes para que te quedes… bueno, eso, esperando. Que no debemos desear. Que ya lo dicen los budistas.
Pues fuimos ayer a ver el partido a casa de Sergio y de Marisa, y lo pasamos bastante bien, a pesar del calor imperante en la capital. El Zoo y yo fuimos avisados de que aquel era un evento eminentemente heterosexual, y que no quería vérsenos en los sofás retozando entre el sudor y los ácaros, y mucho menos opinando de la forma física o del corte de pelo de los futbolistas, pero es que el Zoo y yo estamos recientemente reconciliados y el Zoo llevaba una camiseta justita de esas de canalé, y esos pantaloncitos… el caso es que no nos costó no opinar de los futbolistas –a pesar de que el colega ese de los anuncios de Calvin Klein juega en el Arsenal y se arrastró varias veces por el barro parisién- pero sí que nos magreamos bastante en el sofá de la Marisa.
Además, también aportábamos a la Rosita, con lo que contribuíamos seriamente al desasosiego de los forofos. Porque la Rosita te hace preguntas tipo:
-Oye, Sergio, esto no son equipos nacionales como los que juegan en la Copa América, ¿no?
La Rosita siempre tiene que preguntar las cosas dos veces. Uno, porque habla bajito. Otro, porque sus preguntas son el colmo de la indefinición.
Pues pedimos comida china y nos la comimos con palillos de brocheta, que no teníamos más, y asistimos al disgusto del Rober, el novio de Mari, que es muy del Madrid y se quedó un poco triste con el resultado. Sonó el teléfono y Marisa vaticinó, sin mirar:
-Es tu padre, que estará puteado.
Y cogió el teléfono el Rober, se levantó del sofá, puso cara de niño a punto de llorar y dijo, con voz compungida:
-Hola, papá –breve silencio de funeral-. Pues aquí estoy, llevándolo como puedo.
Marisa, mientras, se ponía sus pendientes del Barça –ella es totalmente del Barça- y cantaba el himno mientras tendía la ropa. Yo no he visto cosa igual de mujer dispuesta, no para un momento. Te habla de nuevo arte ruso mientras le quita la pedrería a una chaqueta de punto.
Yo también soy del Madrid, pero me gustó que ganara el Barça, y no por sentimientos nacionalistas –que no tengo-, ni separatistas –menos, qué coñazo los nacionalismos, qué estrechez mental y moral, qué morro supino al llamar “herencia histórica” lo que en realidad significa “me interesa la pasta”-, sino porque todo lo que sea remover es que me mola. Que el Madrid haya hecho cagar este año y la peña se plantee lo hipócrita y lo absurdo del mundo deportivo de élite, siempre me parecerá bien. Ver al rey con Maragall detrás respondiendo a preguntas apresuradas del periodista extraño de los bigotes, ver a la reina súbitamente abrazada por un jugador sudoroso del Barça, no tiene precio, para todo lo demás…
En fin, hijos míos, os dejo, que no sé yo si esto de escribir mi post en un correo para disimular, antes de pegarlo en el propio blog, no es subestimar demasiado a mi jefe. Besos para todos.
Pues fuimos ayer a ver el partido a casa de Sergio y de Marisa, y lo pasamos bastante bien, a pesar del calor imperante en la capital. El Zoo y yo fuimos avisados de que aquel era un evento eminentemente heterosexual, y que no quería vérsenos en los sofás retozando entre el sudor y los ácaros, y mucho menos opinando de la forma física o del corte de pelo de los futbolistas, pero es que el Zoo y yo estamos recientemente reconciliados y el Zoo llevaba una camiseta justita de esas de canalé, y esos pantaloncitos… el caso es que no nos costó no opinar de los futbolistas –a pesar de que el colega ese de los anuncios de Calvin Klein juega en el Arsenal y se arrastró varias veces por el barro parisién- pero sí que nos magreamos bastante en el sofá de la Marisa.
Además, también aportábamos a la Rosita, con lo que contribuíamos seriamente al desasosiego de los forofos. Porque la Rosita te hace preguntas tipo:
-Oye, Sergio, esto no son equipos nacionales como los que juegan en la Copa América, ¿no?
La Rosita siempre tiene que preguntar las cosas dos veces. Uno, porque habla bajito. Otro, porque sus preguntas son el colmo de la indefinición.
Pues pedimos comida china y nos la comimos con palillos de brocheta, que no teníamos más, y asistimos al disgusto del Rober, el novio de Mari, que es muy del Madrid y se quedó un poco triste con el resultado. Sonó el teléfono y Marisa vaticinó, sin mirar:
-Es tu padre, que estará puteado.
Y cogió el teléfono el Rober, se levantó del sofá, puso cara de niño a punto de llorar y dijo, con voz compungida:
-Hola, papá –breve silencio de funeral-. Pues aquí estoy, llevándolo como puedo.
Marisa, mientras, se ponía sus pendientes del Barça –ella es totalmente del Barça- y cantaba el himno mientras tendía la ropa. Yo no he visto cosa igual de mujer dispuesta, no para un momento. Te habla de nuevo arte ruso mientras le quita la pedrería a una chaqueta de punto.
Yo también soy del Madrid, pero me gustó que ganara el Barça, y no por sentimientos nacionalistas –que no tengo-, ni separatistas –menos, qué coñazo los nacionalismos, qué estrechez mental y moral, qué morro supino al llamar “herencia histórica” lo que en realidad significa “me interesa la pasta”-, sino porque todo lo que sea remover es que me mola. Que el Madrid haya hecho cagar este año y la peña se plantee lo hipócrita y lo absurdo del mundo deportivo de élite, siempre me parecerá bien. Ver al rey con Maragall detrás respondiendo a preguntas apresuradas del periodista extraño de los bigotes, ver a la reina súbitamente abrazada por un jugador sudoroso del Barça, no tiene precio, para todo lo demás…
En fin, hijos míos, os dejo, que no sé yo si esto de escribir mi post en un correo para disimular, antes de pegarlo en el propio blog, no es subestimar demasiado a mi jefe. Besos para todos.
Pues sí que da de sí la movida de los toros
Ay, hijos míos, no sabéis la cantidad ingente de problemas con mi partner el Zoo que me ha traído todo lo relativo al mundo de la lidia. Yo, que estoy a punto de entender la diferencia entre un pase bueno y uno de oreja, que me falta un pequeño matiz y muchos del argot, pero esto último me importa menos, me veo que no vuelvo a Las Ventas. Que os lo diga mi hermana, que la tuve que dejar tirada porque el antes mencionado partner me montó el numerito al más puro estilo capítulo 104 de Cristal, y es que él, joder, maldita sea, no lleva lo de que a su novio le gusten los toros.
Sí, hijos míos, el Zoo viene las últimas semanas mostrando su peor cara, un yo paranoide e inseguro al más puro estilo mismísimo-progenitor que no sé muy bien a qué obedece, pero no puede ser todo los toros. Intentó una treta lamentable el viernes -una de esas de celos de última hora que resultan más peligrosas de lo que la ofuscación te permite ver en un principio- y remató la faena, valga la expresión, ayer por la tarde, con un numerito similar.
En fin, no sé dónde quedará todo esto. Todas las palabras quedaron dichas y redichas y el mal rollo ha dejado paso al hastío, que casi es peor.
En otro orden de cosas, con el resto de personas que rodean mi vida he tenido un fin de semana agradable y castizo. Vistillas van, Vistillas vienen, qué ambientito había por allí, sobre el cesped, cuánta hierba por arriba y por abajo, y hasta ahí puedo leer. La Rpsita Poon, el Sergio y yo nos hinchamos a cerveza -y digo hinchar- y nos tomamos unos bocadillitos, y era un placer dormitar mientras escuchas una charanga de fondo y el vodevil barato en que se han convertido ya las conversaciones entre la Poon y Sergio, tipo:
-Pues no entiendo por qué me tratas así -la Poon.
-¿Cómo te trato?
-Así.
-¿Es que no me hiciste el otro día llorar?
-El otro día estabas borracha -esto no es muy de vodevil.
-No tienes ni idea de cómo tratar a las mujeres. Tienes mucho que aprender.
-Lo que tú digas, Rosita.
Y en esto, sonaba mi móvil y el Zoo me llamaba y volvíamos a discutir. Lo nuestro también es de vodevil, qué cojones.
Lo mejor de todo el fin de semana fue el cumpleaños de mi sobri Andrea. Nos fuimos al campo y llevamos la comida y nos pusimos morados de cosas riquísimas que preparó mi hermana Mari, un grupo heterogéneo, como a mí me gusta.
Bueno, os contaría más cosas, pero ya me huele, que aquí hay mucho curro. Besos for all.
Sí, hijos míos, el Zoo viene las últimas semanas mostrando su peor cara, un yo paranoide e inseguro al más puro estilo mismísimo-progenitor que no sé muy bien a qué obedece, pero no puede ser todo los toros. Intentó una treta lamentable el viernes -una de esas de celos de última hora que resultan más peligrosas de lo que la ofuscación te permite ver en un principio- y remató la faena, valga la expresión, ayer por la tarde, con un numerito similar.
En fin, no sé dónde quedará todo esto. Todas las palabras quedaron dichas y redichas y el mal rollo ha dejado paso al hastío, que casi es peor.
En otro orden de cosas, con el resto de personas que rodean mi vida he tenido un fin de semana agradable y castizo. Vistillas van, Vistillas vienen, qué ambientito había por allí, sobre el cesped, cuánta hierba por arriba y por abajo, y hasta ahí puedo leer. La Rpsita Poon, el Sergio y yo nos hinchamos a cerveza -y digo hinchar- y nos tomamos unos bocadillitos, y era un placer dormitar mientras escuchas una charanga de fondo y el vodevil barato en que se han convertido ya las conversaciones entre la Poon y Sergio, tipo:
-Pues no entiendo por qué me tratas así -la Poon.
-¿Cómo te trato?
-Así.
-¿Es que no me hiciste el otro día llorar?
-El otro día estabas borracha -esto no es muy de vodevil.
-No tienes ni idea de cómo tratar a las mujeres. Tienes mucho que aprender.
-Lo que tú digas, Rosita.
Y en esto, sonaba mi móvil y el Zoo me llamaba y volvíamos a discutir. Lo nuestro también es de vodevil, qué cojones.
Lo mejor de todo el fin de semana fue el cumpleaños de mi sobri Andrea. Nos fuimos al campo y llevamos la comida y nos pusimos morados de cosas riquísimas que preparó mi hermana Mari, un grupo heterogéneo, como a mí me gusta.
Bueno, os contaría más cosas, pero ya me huele, que aquí hay mucho curro. Besos for all.
Aguilarenses todos
Ay hijos míos, hoy estoy como en uno de esos viernes antiguos, con la resaca cabalgando sobre mis bridas o como coño se diga. Y no os penséis que ayer me bebí hasta el agua de los floreros, más bien me tomé sólo tres cervezas -vosotros sabéis tan bien como yo que eso no es nada-, es que yo creo que ya estoy mayor.
Fui a los toros, sé que muchos -incluido mi novio- no lo soportáis, pero, cómo os lo diría, no tengo tiempo para bullas. Lo inhumano de muchos ecologistas aparentes y lo humano mío ya lo expuse convenientemente hace un año -ver posts relativos- y se me hace cuesta arriba volver sobre ello. Sólo con el Zoo estoy dispuesto a gastar saliva, que para eso es mi partner, y poca, porque un "a tomar por culo" a tiempo vale más que mil palabras.
De una pieza me quedo, porque me entero que medio Aguilar me lee. Y esto es la hostia, porque si yo voy a mi pueblo poco imagino que varias personas de las que me cruzo siguen el mecanismo mental siguiente:
a) Este es el hijo de Juliete el de las bicis (eso los antiguos); Este es el tío del blog (esto los modernos).
b) Es gay (ambos grupos). Ahora ha sentado la cabeza, pero sus principios eran un despropósito de promiscuidad a lo largo y ancho de la noche madrileña (ver posts del año pasado hasta más o menos abril).
c) Se chocó con su tía la monja en calzoncillos y empalmado (los antiguos probablemente conozcan a mi tía la monja. ¿Lo leerá también ella?)
Es muy fuerte. Pero qué puedo hacer, nada más que una huída hacia adelante. He empezado con ella, de hecho, que ahora escribo aquí con mi jefe a menos de 30cm de mi codo izquierdo y sin una pizca de rubor.
Total, que mi pueblo es un sitio muy bonito, y la gente de ahí es toda muy simpática, y Aguilar es un destino turísitico de máxima proyección internacional, ya que su románico debe ser considerado como uno de los mejores de Europa, y por ende, del mundo.
¿Querríais esto? ¿A que no? Claro. Aguilar es muy bonito, eso es verdad -que se lo pregunten a la Rosita Poon-, pero no todos allí son muy simpáticos y su románico es cojonudo, pero también lo es el del norte de Cataluña. Pero Aguilar tiene la Fuente del Coño -"coño, una fuente!" y un pantano guapísimo donde te bañas en verano, y una noche que a finalres de los ochenta fue el colmo de la decandencia y de la diversión extrema, como tiene que ser una noche -me encantó vivir sus finales- y están mis amigos, que son los mejores amigos que cualquier persona con sentido común puede soñar.
Bueno, que me enrollo. Aguilarenses todos: necesitamos un bar irlandés donde se escuche a los Silencers y a los Waterboys. Necesitamos una fuente bonita en la plaza -cuando digo bonita significa rehuír la imitación histórica y contratar algún arquitecto con criterio y que no tenga miedo a refundir lo nuevo y lo viejo, que es la única forma de no parecer cutre, léase Bilbao, que lo hicieron cojonudamente con su museo, el Reina Sofía en Mad, el puente de Oporto y otros-. Necesitamos vender ese castillo como se merece, con su centro de interpretación y sus maquetas. Que sí, cojones.
Besos para todos.
Fui a los toros, sé que muchos -incluido mi novio- no lo soportáis, pero, cómo os lo diría, no tengo tiempo para bullas. Lo inhumano de muchos ecologistas aparentes y lo humano mío ya lo expuse convenientemente hace un año -ver posts relativos- y se me hace cuesta arriba volver sobre ello. Sólo con el Zoo estoy dispuesto a gastar saliva, que para eso es mi partner, y poca, porque un "a tomar por culo" a tiempo vale más que mil palabras.
De una pieza me quedo, porque me entero que medio Aguilar me lee. Y esto es la hostia, porque si yo voy a mi pueblo poco imagino que varias personas de las que me cruzo siguen el mecanismo mental siguiente:
a) Este es el hijo de Juliete el de las bicis (eso los antiguos); Este es el tío del blog (esto los modernos).
b) Es gay (ambos grupos). Ahora ha sentado la cabeza, pero sus principios eran un despropósito de promiscuidad a lo largo y ancho de la noche madrileña (ver posts del año pasado hasta más o menos abril).
c) Se chocó con su tía la monja en calzoncillos y empalmado (los antiguos probablemente conozcan a mi tía la monja. ¿Lo leerá también ella?)
Es muy fuerte. Pero qué puedo hacer, nada más que una huída hacia adelante. He empezado con ella, de hecho, que ahora escribo aquí con mi jefe a menos de 30cm de mi codo izquierdo y sin una pizca de rubor.
Total, que mi pueblo es un sitio muy bonito, y la gente de ahí es toda muy simpática, y Aguilar es un destino turísitico de máxima proyección internacional, ya que su románico debe ser considerado como uno de los mejores de Europa, y por ende, del mundo.
¿Querríais esto? ¿A que no? Claro. Aguilar es muy bonito, eso es verdad -que se lo pregunten a la Rosita Poon-, pero no todos allí son muy simpáticos y su románico es cojonudo, pero también lo es el del norte de Cataluña. Pero Aguilar tiene la Fuente del Coño -"coño, una fuente!" y un pantano guapísimo donde te bañas en verano, y una noche que a finalres de los ochenta fue el colmo de la decandencia y de la diversión extrema, como tiene que ser una noche -me encantó vivir sus finales- y están mis amigos, que son los mejores amigos que cualquier persona con sentido común puede soñar.
Bueno, que me enrollo. Aguilarenses todos: necesitamos un bar irlandés donde se escuche a los Silencers y a los Waterboys. Necesitamos una fuente bonita en la plaza -cuando digo bonita significa rehuír la imitación histórica y contratar algún arquitecto con criterio y que no tenga miedo a refundir lo nuevo y lo viejo, que es la única forma de no parecer cutre, léase Bilbao, que lo hicieron cojonudamente con su museo, el Reina Sofía en Mad, el puente de Oporto y otros-. Necesitamos vender ese castillo como se merece, con su centro de interpretación y sus maquetas. Que sí, cojones.
Besos para todos.
hola
Hijos míos, aquí en el curro ya estamos todos sentados en una misma isla, juntitos en amor y compañía. Me refiero con todos a mis compañeros modernos y listos y guapos. Así que me da un poco de corte actualizar este blog, porque no quiero líos yo, nada más empezar.
Os diré que estoy cada día más contento aquí, lo cuál no significa que sea inmensamente feliz, sino que voy adaptándome poco a poco.
Os dejo por el momento, hijos míos. Así de soso y escueto es ese post. Para eso, no haber puesto nada, diría el otro, y tendría razón. Besos para todos.
Os diré que estoy cada día más contento aquí, lo cuál no significa que sea inmensamente feliz, sino que voy adaptándome poco a poco.
Os dejo por el momento, hijos míos. Así de soso y escueto es ese post. Para eso, no haber puesto nada, diría el otro, y tendría razón. Besos para todos.
Reflexiones
Reconozcámoslo. Mi jefe es un tipo majete. La gente que me rodea es, en general, razonablemente maja. De hecho, por aquí no sopla la caspa que en el otro curro aterrizaba sobre nosotros -no siempre, no hay que exagerar- por toneladas. La moqueta de aquí está limpia -no huele a moqueta-, los baños están limpísimos y la peña de limpieza es particularmente simpática. Yo qué sé. Son sólo algunos datos dispares. ¿Y cómo es que yo aún no me siento del todo bien?
Pues por dos razones. La primera es que pensar que cuando uno rompe con una situación que le era dolorosa la restitución del placer es igualmente inmediata es de no estar en este mundo. No funciona así. Porque el pensamiento tiene inercia, como una bola gigante de plomo -no me hagáis visualizar este tipo de metáforas que sabéis que mi cerebro entra en fase-. No puedes detener el malestar así, de pronto, sólo con evitar el objeto que lo producía.
Y la otra razón es que, joder, me falta bastante para ponerme aquí al día. Debéis saber que ayer ingresé en una video-conferencia con UK y no entendía nada y tenía que pedir que me repitieran y cada vez me hice más y más pequeños. No creáis que soy de los que dice esto sabiendo que, en el fondo no fue tan mal: la video-conferencia fue definitivamente mal. Quedé fatal, los ingleses se miraban extrañados y la compañera de aquí, una chica pizpireta y doña perfecta con voz de pito y ropa azul clarito y blanco y ese aspecto, sabéis a cuál me refiero, que a los heterosexuales les inspira sometimiento sexual -"toma, por pija, you like it from behind"- y a los gays nos inspira un tortazo a mano abierta -"lista de los cojones"-, ella se limitó a traducirme con gesto de desagrado, como si algo le oliera mal. La hubiera degollado, cómo os lo diría.
Que me enrollo y no puedo quedarme mucho por aquí, en este espacio de ceritos y unos en el que me siento tan confortable. Que soy un pesado y un tonto, soy una gran bola de plomo -jaaarrr!- incapaz de frenar. Pero sé que freno, ahora el entorno no aparece tan borroso como antes. Que le voy pillando el tranquillo a este curro. Que aún me queda por pillarle. Que esto, por lo visto, es en lo que consiste. Besos para todos.
Pues por dos razones. La primera es que pensar que cuando uno rompe con una situación que le era dolorosa la restitución del placer es igualmente inmediata es de no estar en este mundo. No funciona así. Porque el pensamiento tiene inercia, como una bola gigante de plomo -no me hagáis visualizar este tipo de metáforas que sabéis que mi cerebro entra en fase-. No puedes detener el malestar así, de pronto, sólo con evitar el objeto que lo producía.
Y la otra razón es que, joder, me falta bastante para ponerme aquí al día. Debéis saber que ayer ingresé en una video-conferencia con UK y no entendía nada y tenía que pedir que me repitieran y cada vez me hice más y más pequeños. No creáis que soy de los que dice esto sabiendo que, en el fondo no fue tan mal: la video-conferencia fue definitivamente mal. Quedé fatal, los ingleses se miraban extrañados y la compañera de aquí, una chica pizpireta y doña perfecta con voz de pito y ropa azul clarito y blanco y ese aspecto, sabéis a cuál me refiero, que a los heterosexuales les inspira sometimiento sexual -"toma, por pija, you like it from behind"- y a los gays nos inspira un tortazo a mano abierta -"lista de los cojones"-, ella se limitó a traducirme con gesto de desagrado, como si algo le oliera mal. La hubiera degollado, cómo os lo diría.
Que me enrollo y no puedo quedarme mucho por aquí, en este espacio de ceritos y unos en el que me siento tan confortable. Que soy un pesado y un tonto, soy una gran bola de plomo -jaaarrr!- incapaz de frenar. Pero sé que freno, ahora el entorno no aparece tan borroso como antes. Que le voy pillando el tranquillo a este curro. Que aún me queda por pillarle. Que esto, por lo visto, es en lo que consiste. Besos para todos.
Morriña de Aguilar
Ayer, como en los viejos tiempos, me dio mucha pena irme de mi pueblo -Aguilar de Campoo, y lo pongo bien clarito para que salga en todas las búsquedas, qué cojones-. Y es que, como me estoy tomando esto del nuevo curro como si me llevaran al matadero, pues me daba pena y me agarraba yo a los muros del castillo con uñas y dientes. Porque lo hemos pasado estupendamente. Tengo unos amigos que no me los merezco. Acogieron a la Rosita -no es la primera china que pisa Aguilar, pero es la primera que habla venezolano y no vocaliza, y la entiendes tan poco como si fuera del propio Pekin.
Ya sabéis, lo que más haces en mi pueblo es comer. Hemos desayunado, comido y cenado generosamente, y rellenado los valles entre comidas comiendo y/o picando dulcería varia y también hemos bebido, que son calorías vacías, como dice mi madre -a mí no me parecen, ni mucho menos, vacías, no me río yo, ni nada-. También hemos estado en Llanes, que yo no lo conocía, que vende hasta en su logotipo los Cubos de la Memoria y es, con diferencia, lo peor que tiene. Lo que a la Rosita le ha gustado es Santander, ella es de las que se deja deslumbrar por el pijerío y la opulencia. Pero menos que el propio Aguilar, porque con lo que viene flipada flipada es con la capital del mundo: Aguilar de Campoo. Le ha gustado su orografía, sus gentes, su cielo añil, sus bares, sus menús del día, sus galletas, y si debiéramos destacar sólo una cosa, la Nela. La Nela es la novia de Arman, de las últimas en entrar en el grupo, pero ha ido escalando puestos y ahora es es confidente de unos cuántos -¿verdad Sergio?-. Pues la Rosita no se despegaba de ella, y eso que le decía cosas tipo:
-Yo creo que tú no pronuncias muy bien en español porque eres china.
-Pero si yo he nacido en Venezuela -decía Rosita.
-Bueno, es igual -resolvía Nela-. Pero eres china.
Y Nela estuvo muy interesada en la cultura china y ahora nos queremos ir todos a Hong Kong, ya que Nela opina que allí pillará ideas para la tienda -Nela se pasa 24 horas al día buscando ideas para su tienda de ropa, aunque sea en el escaparate de un ultramarinos-.
Ayer volvíamos todos tristes en el coche, y yo estaba más triste porque sólo poníamos música de intérpretes latinos, y me aprendí una estrofa de Chayanne que hablaba de "todos los latinos unidos en un solo corazón". Por cierto, qué voz más pequeñita tiene el Chayanne este, con lo grande que es.
También vi a la Gago, que es una de mis personas preferidas de este mundo, que es una antigua amiga del pueblo cuya vida y milagros darían para un blog y lo colocaba en el top ten fijo. Es más, ni os lo creeríais. Pues estaba muy guapa y la acompañamos a por su hija la Rebeca, que yo siempre he dicho que ese nombre sale de cuando a la Moni le preguntaban los paletos en la discoteca cómo se llamaba, y ella respondía:
-Rebeca.
-Ah, yo soy Ramón. De Alar -Alar es un pueblo de la zona.
-Yo Rebeca. De Mournay.
Verídico. Y te descojonabas. Pues yo creo que la Gago ha llamado Rebeca a la niña en honor a la Moni. Os lo digo.
Bueno, voy a seguir currando porque, si en este curro me toco los cojones como en el anterior, duro menos que la Nela sentada en una silla. Varios de vosotros me cogeréis la metáfora. Besos para todos.
Ya sabéis, lo que más haces en mi pueblo es comer. Hemos desayunado, comido y cenado generosamente, y rellenado los valles entre comidas comiendo y/o picando dulcería varia y también hemos bebido, que son calorías vacías, como dice mi madre -a mí no me parecen, ni mucho menos, vacías, no me río yo, ni nada-. También hemos estado en Llanes, que yo no lo conocía, que vende hasta en su logotipo los Cubos de la Memoria y es, con diferencia, lo peor que tiene. Lo que a la Rosita le ha gustado es Santander, ella es de las que se deja deslumbrar por el pijerío y la opulencia. Pero menos que el propio Aguilar, porque con lo que viene flipada flipada es con la capital del mundo: Aguilar de Campoo. Le ha gustado su orografía, sus gentes, su cielo añil, sus bares, sus menús del día, sus galletas, y si debiéramos destacar sólo una cosa, la Nela. La Nela es la novia de Arman, de las últimas en entrar en el grupo, pero ha ido escalando puestos y ahora es es confidente de unos cuántos -¿verdad Sergio?-. Pues la Rosita no se despegaba de ella, y eso que le decía cosas tipo:
-Yo creo que tú no pronuncias muy bien en español porque eres china.
-Pero si yo he nacido en Venezuela -decía Rosita.
-Bueno, es igual -resolvía Nela-. Pero eres china.
Y Nela estuvo muy interesada en la cultura china y ahora nos queremos ir todos a Hong Kong, ya que Nela opina que allí pillará ideas para la tienda -Nela se pasa 24 horas al día buscando ideas para su tienda de ropa, aunque sea en el escaparate de un ultramarinos-.
Ayer volvíamos todos tristes en el coche, y yo estaba más triste porque sólo poníamos música de intérpretes latinos, y me aprendí una estrofa de Chayanne que hablaba de "todos los latinos unidos en un solo corazón". Por cierto, qué voz más pequeñita tiene el Chayanne este, con lo grande que es.
También vi a la Gago, que es una de mis personas preferidas de este mundo, que es una antigua amiga del pueblo cuya vida y milagros darían para un blog y lo colocaba en el top ten fijo. Es más, ni os lo creeríais. Pues estaba muy guapa y la acompañamos a por su hija la Rebeca, que yo siempre he dicho que ese nombre sale de cuando a la Moni le preguntaban los paletos en la discoteca cómo se llamaba, y ella respondía:
-Rebeca.
-Ah, yo soy Ramón. De Alar -Alar es un pueblo de la zona.
-Yo Rebeca. De Mournay.
Verídico. Y te descojonabas. Pues yo creo que la Gago ha llamado Rebeca a la niña en honor a la Moni. Os lo digo.
Bueno, voy a seguir currando porque, si en este curro me toco los cojones como en el anterior, duro menos que la Nela sentada en una silla. Varios de vosotros me cogeréis la metáfora. Besos para todos.





