A orillas del Danubio
Pues al final me he liado la manta a la cabeza –el otro día me dijo uno que yo utilizo mucho esta expresión, pero es que es verdad que yo me lío muchas veces la manta a la cabeza- y me voy con el Zoo a Budapest. Me han dicho que es una ciudad muy chula, y me lo ha dicho alguien de quien me fío. Alguien que no diría que Lisboa es sucia, alguien que ve el encanto donde está, no en la relumbre. Sergio me dijo:
-Ya verás, o lo pasáis bien o tiras a Zoo al Danubio.
El Sergio se pasa un montón.
El caso es que ya me estoy estudiando el librito de Budapest –qué pija es la gente, que si no te pilles otra cosa que el Lonely Planet, pero ya le he pillado el truco al Lonely Planet, es muy romántico en su percepción de los viajes, es para leer, muy pagado de sí mismo, prefiero mi guía Top 10 de El País Aguilar, que tan buenos resultados me dio en Madeira- porque no me quiero perder nada. Y quiero disfrutar. Hay quien piensa que yo tengo la palabra disfrutar sobrevalorada, y yo lo que creo es mucho peor, creo que este término nunca ha sido valorado lo suficiente. Que eso, que nos vamos a Budapest a un hotel barato y con encanto –o sea, sin cortina de la ducha-, tipo apartamento, que es lo que se estila por allí, y espérate que no te venga una familia húngara de ocupa, que la percepción de propiedad en un país que dejó atrás el comunismo el mismo día que yo perdí las esperanzas de que el Propecia me funcionara –o sea, hace bien poquito- es un tanto relajada.
Ahora, en vez de a Nietzsche, que me estaba poniendo la cabeza como un bombo –estaba yo a punto de escupir a la gente a la cara por la calle, oyes, tal el el repudio a tus semejantes que te inculca este tipo-, estoy leyendo a un psicólogo italiano mucho más constructivo, que también está como un cencerro –perdió a su hijo adolescente, y la segunda parte de su anterior libro era una ditraba para digerirlo, los vellos de punta se te ponían-, y también estoy aprendiendo lo mío. Por lo visto, yo soy como un niño. Me quejo por todo y la realidad que me rodea me es hostil. Y luego me leo la parte del adulto y resulta que también soy como un adulto, ya que valoro mi independencia, necesito libertad y tomo lo que la vida me da. La Moni, Vic, mi amiga Sara… hay varias personas por ahí muy conscientes de hasta qué punto yo “tomo” lo que la vida me da. Hay veces, que incluso no está la vida por la labor de darme nada y yo lo tomo de todas maneras. El caso es que el libro este me tiene confundido, porque o yo tengo personalidad múltiple o al final va a tener razón el Yorch, y es que los libros de autoayuda, como él los llama desdeñosamente, son una puta mierda. No, en serio, el libro tiene buena pinta y es probable que termine enseñandome algo. Lo que pasa es que aún no sé a dónde quiere el italiano llegar.
Ayer me he comprado una maleta naranja fosforito –cuando digo naranja fosforito digo naranja fosforito- y estaba yo en la cola del Carrefour para pagarla y el señor que venía detrás se armó de valor y me comentó muy educadamente que él tenía una y que no me la recomendaba porque se llenaba de mierda. Yo le dije que si la había llevado en avión y que si resistía, que ese era mi objetivo, y me dijo que eso sí, perfectamente, pero que se ensuciaba con mirarla, y yo le dije que me daba igual. Él me miró con cara de “hijo, no sabes lo que dices, se llena realmente de mierda”, pero era tarde, había mirado muchas y había mangado un candado de repuesto para el bolsito de fuera –sé que no está bien, que alguien quizá compre esa otra maleta naranja sin candado y su equipaje se despachurre por las tripas de algún avión, y pierda algún recuerdo querido, tal vez una foto de amor, una muñeca de trapo comprada en un zoco a la sombra, un CD con patentes secretas, una prenda con olor a colonia y sexo en una playa exótica… cosas irremplazables, pero cuando estoy nervioso soy muy egoísta-. Así que, hijos míos, particularmente Nuri, casti, La… si me véis aparecer en Oporto con una maleta naranja cubierta de mugre no quiero risas. Recordad que estaba en una cola ingente del Carrefour y tenía prisa.
Después del Carrefour me compré una sudadera negra en el Decathlon, por si los fríos a orillas del Danubio –aunque quien conoce el norte de Aguilar conoce todos los fríos posibles en el continente- y me fui al gym a hacer bíceps y espalda, que me han contando una movida de los grupos musculares y cómo agruparlos y que si el descanso muscular y que si la fuerza y la potencia que me río yo de los temarios de oposición. Por lo pronto, estoy que me voy por las patas abajo debido a los nervios de tener que volar, que me cago vivo, que eso de meterme en un vehículo y no pilotarlo yo me tiene como una gallina atada a los bajos del AVE. Si tenéis algún comentario que me ayude, algún refuerzo, algún dato empírico, no dejéis de comentarlo aquí. Me sentiré aliviado. Besos para todos.
-Ya verás, o lo pasáis bien o tiras a Zoo al Danubio.
El Sergio se pasa un montón.
El caso es que ya me estoy estudiando el librito de Budapest –qué pija es la gente, que si no te pilles otra cosa que el Lonely Planet, pero ya le he pillado el truco al Lonely Planet, es muy romántico en su percepción de los viajes, es para leer, muy pagado de sí mismo, prefiero mi guía Top 10 de El País Aguilar, que tan buenos resultados me dio en Madeira- porque no me quiero perder nada. Y quiero disfrutar. Hay quien piensa que yo tengo la palabra disfrutar sobrevalorada, y yo lo que creo es mucho peor, creo que este término nunca ha sido valorado lo suficiente. Que eso, que nos vamos a Budapest a un hotel barato y con encanto –o sea, sin cortina de la ducha-, tipo apartamento, que es lo que se estila por allí, y espérate que no te venga una familia húngara de ocupa, que la percepción de propiedad en un país que dejó atrás el comunismo el mismo día que yo perdí las esperanzas de que el Propecia me funcionara –o sea, hace bien poquito- es un tanto relajada.
Ahora, en vez de a Nietzsche, que me estaba poniendo la cabeza como un bombo –estaba yo a punto de escupir a la gente a la cara por la calle, oyes, tal el el repudio a tus semejantes que te inculca este tipo-, estoy leyendo a un psicólogo italiano mucho más constructivo, que también está como un cencerro –perdió a su hijo adolescente, y la segunda parte de su anterior libro era una ditraba para digerirlo, los vellos de punta se te ponían-, y también estoy aprendiendo lo mío. Por lo visto, yo soy como un niño. Me quejo por todo y la realidad que me rodea me es hostil. Y luego me leo la parte del adulto y resulta que también soy como un adulto, ya que valoro mi independencia, necesito libertad y tomo lo que la vida me da. La Moni, Vic, mi amiga Sara… hay varias personas por ahí muy conscientes de hasta qué punto yo “tomo” lo que la vida me da. Hay veces, que incluso no está la vida por la labor de darme nada y yo lo tomo de todas maneras. El caso es que el libro este me tiene confundido, porque o yo tengo personalidad múltiple o al final va a tener razón el Yorch, y es que los libros de autoayuda, como él los llama desdeñosamente, son una puta mierda. No, en serio, el libro tiene buena pinta y es probable que termine enseñandome algo. Lo que pasa es que aún no sé a dónde quiere el italiano llegar.
Ayer me he comprado una maleta naranja fosforito –cuando digo naranja fosforito digo naranja fosforito- y estaba yo en la cola del Carrefour para pagarla y el señor que venía detrás se armó de valor y me comentó muy educadamente que él tenía una y que no me la recomendaba porque se llenaba de mierda. Yo le dije que si la había llevado en avión y que si resistía, que ese era mi objetivo, y me dijo que eso sí, perfectamente, pero que se ensuciaba con mirarla, y yo le dije que me daba igual. Él me miró con cara de “hijo, no sabes lo que dices, se llena realmente de mierda”, pero era tarde, había mirado muchas y había mangado un candado de repuesto para el bolsito de fuera –sé que no está bien, que alguien quizá compre esa otra maleta naranja sin candado y su equipaje se despachurre por las tripas de algún avión, y pierda algún recuerdo querido, tal vez una foto de amor, una muñeca de trapo comprada en un zoco a la sombra, un CD con patentes secretas, una prenda con olor a colonia y sexo en una playa exótica… cosas irremplazables, pero cuando estoy nervioso soy muy egoísta-. Así que, hijos míos, particularmente Nuri, casti, La… si me véis aparecer en Oporto con una maleta naranja cubierta de mugre no quiero risas. Recordad que estaba en una cola ingente del Carrefour y tenía prisa.
Después del Carrefour me compré una sudadera negra en el Decathlon, por si los fríos a orillas del Danubio –aunque quien conoce el norte de Aguilar conoce todos los fríos posibles en el continente- y me fui al gym a hacer bíceps y espalda, que me han contando una movida de los grupos musculares y cómo agruparlos y que si el descanso muscular y que si la fuerza y la potencia que me río yo de los temarios de oposición. Por lo pronto, estoy que me voy por las patas abajo debido a los nervios de tener que volar, que me cago vivo, que eso de meterme en un vehículo y no pilotarlo yo me tiene como una gallina atada a los bajos del AVE. Si tenéis algún comentario que me ayude, algún refuerzo, algún dato empírico, no dejéis de comentarlo aquí. Me sentiré aliviado. Besos para todos.





