A lo que aspiro
Ay, es verdad Casti, estoy muy petardo. Pero es que el trabajo ocupa mis días, y el Croma key ocupa mis noches, y es que hacer volar las estrellas por detrás de una ventana de nave espacial y que sólo quede un poco cutre es lo máximo a lo que mi cerebro desea aspirar. Pero bueno, aquí me hallo, escribiendo a escondidas, con un par de Activias esperando a que no se me pasen los dientes y se me revuelvan las tripas pensando en comida, cosa que ocurrirá antes de las 11, pero de ningún modo en breve. Encima son de kiwi, que te cagas más.
Mi jefe ya me ha comentado un par de cosillas para hacer, tengo la oreja izquierda caliente. Me gusta mi trabajo, pero es que hay mucho. Tengo un poco más allá de los Activias un mapa de Dinamarca, y pensar en ello tampoco contribuye a la entereza de mis intestinos. Y es que ya me he reservado unos billetitos en Ryanair para ir a visitar al Zoo a Dinamarca este verano. Como sabéis, el Zoo va a hacer sus prácticas del doctorado en semejante país nórdico, en una ciudad que en danés se dice “jodense”, toma ya, y que es donde nación Hans Christian Andersen. En Dinamarca son de polos, o hacen cuentos para niños o inventan el porno.
Pero, temeroso de volar yo, no se me ocurrió otra cosa que entrar a Ciao punto es y mirar comentarios, y claro, qué retortijones. Que si los pilotos de Ryanair son imberbes inexpertos, que si los azafatos son más bordes que un portero de discoteca, que algún aterrizaje ha habido que parecía los Siete Picos en una subida de tensión, que si tal y Pascual. Mira, me cagaba. Total que pregunté a voces en la oficina que si los aviones de Ryanair se estrellan más que los demás, y me vinieron a decir que no, que se estrellan lo mismo, y me tranquilicé un poco, pero sólo un poco. Me parece que no me quito yo el miedo a volar así como así.
En fin, me quedaré ese billete y me haré cristiano, rezaré y rezaré, a ver si las alturas tienen compasión de mí y ese avión en el que yo vaya, sin asientos reclinables, me deposita en Dinamarca sano y salvo.
Hablando de cristianos, estoy todo el día hablando con mi madre de política. Ella va a votar al PP aún a pesar de tener un hijo gay y una hija sin casar que convive con su novio, pero ya sabéis que ser de derechas, tal y como andan las cosas –que la gente de este mundo no se corta un pelo en llevarse por delante todo lo que puede- es esencialmente hipócrita. No me quiero enrollar que me salen enemigos, pero vamos, que cada día estoy más escorao, no lo puedo evitar.
[por la tarde]
Son las cinco y media y estoy esperando a que mi jefa me llame para una gran reunión donde nos haremos los listos durante un rato y luego chocaremos glandes. Todo el mundo tiene glandes virtuales y todo el mundo los choca en las grandes reuniones –es el mismo concepto de “comerse las pollas” de Pulp Fiction-. Entra un calor por la ventana que tengo el lado derecho de mi rostro frito.
[al día siguiente]
Ay, hijos míos, qué poco productivo soy con esto de la literatura. Tengo este post abierto y no lo acabo. En fin. Me duele un poco el cuello porque las paredes de mi habitación se están calentando y con ellas mi cama y con ella yo, y abro el ojo a las 6 de la mañana, cuando nunca me ocurría, y me pongo a pensar en lo mal que me cae mi nueva compañera y en los ositos de peluche de mi nueva película, y de cómo rodar un aterrizaje de nave espacial en… bueno… no puedo decir dónde, y no sé cómo rodarlo, aunque en la cocina de mi casa hay un fluorescente que titila y no se enciende y eso me puede servir, y total que duermo mal y estoy de mala hostia, y me lamento ya de que no haya llovido más, que la lluvia me ponía contento –soy al revés, también en mí hay un cambio climático- y de cómo me conviene empezar a pensar en los demás cuanto antes, o volveré a los estados neuróticos de los que tanto arte sale, me viene Poe a la mente, pero que yo para nada deseo, porque en el arte soy mediocre y en la mediocridad asumida está la felicidad, que es ese estado al que yo, sí que sí, aspiro. Besos para todos.
Mi jefe ya me ha comentado un par de cosillas para hacer, tengo la oreja izquierda caliente. Me gusta mi trabajo, pero es que hay mucho. Tengo un poco más allá de los Activias un mapa de Dinamarca, y pensar en ello tampoco contribuye a la entereza de mis intestinos. Y es que ya me he reservado unos billetitos en Ryanair para ir a visitar al Zoo a Dinamarca este verano. Como sabéis, el Zoo va a hacer sus prácticas del doctorado en semejante país nórdico, en una ciudad que en danés se dice “jodense”, toma ya, y que es donde nación Hans Christian Andersen. En Dinamarca son de polos, o hacen cuentos para niños o inventan el porno.
Pero, temeroso de volar yo, no se me ocurrió otra cosa que entrar a Ciao punto es y mirar comentarios, y claro, qué retortijones. Que si los pilotos de Ryanair son imberbes inexpertos, que si los azafatos son más bordes que un portero de discoteca, que algún aterrizaje ha habido que parecía los Siete Picos en una subida de tensión, que si tal y Pascual. Mira, me cagaba. Total que pregunté a voces en la oficina que si los aviones de Ryanair se estrellan más que los demás, y me vinieron a decir que no, que se estrellan lo mismo, y me tranquilicé un poco, pero sólo un poco. Me parece que no me quito yo el miedo a volar así como así.
En fin, me quedaré ese billete y me haré cristiano, rezaré y rezaré, a ver si las alturas tienen compasión de mí y ese avión en el que yo vaya, sin asientos reclinables, me deposita en Dinamarca sano y salvo.
Hablando de cristianos, estoy todo el día hablando con mi madre de política. Ella va a votar al PP aún a pesar de tener un hijo gay y una hija sin casar que convive con su novio, pero ya sabéis que ser de derechas, tal y como andan las cosas –que la gente de este mundo no se corta un pelo en llevarse por delante todo lo que puede- es esencialmente hipócrita. No me quiero enrollar que me salen enemigos, pero vamos, que cada día estoy más escorao, no lo puedo evitar.
[por la tarde]
Son las cinco y media y estoy esperando a que mi jefa me llame para una gran reunión donde nos haremos los listos durante un rato y luego chocaremos glandes. Todo el mundo tiene glandes virtuales y todo el mundo los choca en las grandes reuniones –es el mismo concepto de “comerse las pollas” de Pulp Fiction-. Entra un calor por la ventana que tengo el lado derecho de mi rostro frito.
[al día siguiente]
Ay, hijos míos, qué poco productivo soy con esto de la literatura. Tengo este post abierto y no lo acabo. En fin. Me duele un poco el cuello porque las paredes de mi habitación se están calentando y con ellas mi cama y con ella yo, y abro el ojo a las 6 de la mañana, cuando nunca me ocurría, y me pongo a pensar en lo mal que me cae mi nueva compañera y en los ositos de peluche de mi nueva película, y de cómo rodar un aterrizaje de nave espacial en… bueno… no puedo decir dónde, y no sé cómo rodarlo, aunque en la cocina de mi casa hay un fluorescente que titila y no se enciende y eso me puede servir, y total que duermo mal y estoy de mala hostia, y me lamento ya de que no haya llovido más, que la lluvia me ponía contento –soy al revés, también en mí hay un cambio climático- y de cómo me conviene empezar a pensar en los demás cuanto antes, o volveré a los estados neuróticos de los que tanto arte sale, me viene Poe a la mente, pero que yo para nada deseo, porque en el arte soy mediocre y en la mediocridad asumida está la felicidad, que es ese estado al que yo, sí que sí, aspiro. Besos para todos.





