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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
I have the touch
Ay, qué resaca tengo. Después de la comida de pollas, de recibir felicitaciones por pasar slides mientras los jefes soltaban sus discursos más falsos que unas zapatillas Mike, de atiborrarme a aperitivos para loros mientras conjeturábamos quién de nuestra empresa puede ser marica -la gente suelta la pluma mucho más en eventos como el de ayer-, nos fuimos a una terraza de la calle Ferrocarril a tomar unas copas.

Y era gracioso ver cómo nuestro Arturo Fernández particular, un comercial casposo de gemelos dorados, metía el pie hasta el fango, más cuanto más bebía, hasta llegar prácticamente a jugarse el puesto. Y me viene la de recursos humanos y se pone:
-Julio, tengo que decirte algo.
-Dime -"segunda charla por llegar cuando me sale de los cojones", pensé. Pero no.
-Últimamente, te veo más guapo.
-Ah, gracias -me quedé de piedra, pero me regaló el oído-. Debe ser el amor -añadí. Yo, tan bocas como siempre.
-¿Sí? Cuenta, cuenta -como les gusta a ellas sentirse progres por tener un gay reconocido en la empresa. No reciben subvenciones por ello, como por los disminuídos, pero cuánto les gustaría.

Una copa tras otra, pagaba la empresa, y le digo a un gerente:
-¿Y tu niña? ¿Ya tiene un año por lo menos, no?
-Pues ya pasa el tiempo deprisa para ti. Porque acaba de hacer cuatro meses.
Lo del pico, que me pierde, ya sabéis.

Y esta mañana, con el estómago como lo tengo, el JJ hablándome de vaselina y de correrse a la vez y de que, como él es muy nervioso y mueve mucho la pierna, que eso le ayuda a empujar en el sexo. Hasta me he tenido que cambiar de sitio. Y he ido al baño al segundo aviso de mis intestinos y se me ha dormido una pierna y, cuando me he levantado, casi voy de morros al lavabo.

Así que me he pasado por el forro del escroto -¿esto no es una redundancia?- la prohibición de utilizar auriculares y me he puesto a Peter Gabriel:

I'm waiting for ignition I'm looking for a spark
Any chance collision and I light up in the dark
There you stand before me, all that fur and all that hair
O, do I dare
I have the touch


Y aquí estoy, también me he quitado los zapatos, pasando de currar, anhelando con todas mis fuerzas las vacaciones -que no llegarán hasta dentro de siete días-, escuchando a Gabriel, agitando los dedillos del pie para que se me refrigeren, viendo cómo el Yorch y el JJ mueven sus bocas y se muestran preocupados por algo, pero es un algo trivial para mí, porque suena "I have the touch" en mi cabeza y estoy por encima de estos tejados y del barrio de la Ventilla.

Estoy solo aquí arriba y no hace tanto calor. Y nadie puede atraparme.
 
Comentario:
Anda, Arturo Fernández, osease, mi padre...

¿Qué tal chavalín? Qué poco contáis de Conil. Sí, vale, ya me he leído tu artículo de allá abajo, pero, vamos, que no soltaís prenda. ¿O será que yo no pregunto? Pues no sé.

Así que ayer tuviste cenita chupa pollas con la empresa, ¿no? Ay, qué recuerdos, oyessss, qué recuerdos. Serrano a las cuatro de la mañana bifurcándose en varios carriles más parriba y pabajo... Historias.

Un beso. Uy, otra cosa: ¿cuándo vas para Aguilar? Coño, soy un poco asín preguntándotelo aquí, si yo me voy ya.

Hale. Lo dicho. M.
No