Madrugones
No sé si os lo he dicho ya, pero estos madrugones que me pego son fatal para la salud y para la piel. Ayer me tiré hasta la una y media hablando por teléfono con Zoo -la última mitad se convirtió en una absurda discusión en la que Zoo me acusó de ser un creído, total porque yo le dije que sabía más que él de física cuántica, algo que, evidentemente, es broma, porque ni él ni yo tenemos ni puta idea- y hoy me he levantado a las siete. Echad cuentas. Como os digo, fatal para la piel. No sólo me mareo en la ducha, eso es algo que me pasa todo el año, sino que también me mareo desayunando y conduciendo en el coche.
Además es que, como llego rendido por la tarde, me echo unas siestas que consisten prácticamente en caer en coma. Mis glándulas salivales se disparan y babeo un montón, pero es una gozada estar solo en casa porque te puedes echar la siesta en calzoncillos en el sofá de la sala, que es lo suyo en verano.
Mirad, os iba a hablar de otra cosa, pero es que me he encendido porque me acaba de decir el Yorch:
-Tú una vez dijiste que como artista eres mediocre, no lo olvides -y sigue en su ordenador como si tal cosa. Y se pone el JJ:
-A mí el arte no me va, yo soy más bien filantrópico -él, que tiene una visión distorsionada de sí mismo, se piensa que es ya el típico rico que regala cantidades enormes de pasta a artistas -mediocres, como diría el Yorch-. No se da cuenta de que sólo es un consultor de segunda asalariado. Pero el Yorch tiene para todos:
-¿Tú quién te crees que eres, un George Soros de la vida?
A lo que responde JJ:
-Después de mi paso por aquí, os va a quedar cierta afición al dinero, por lo menos. Y no está mal, porque ya me está tocando los cojones éste -y se vuelve hacia mí-, que va de maricón y artista.
Y yo respondo, todo digno:
-Yo no me hago el maricón, perdona. Lo soy.
Pero no creáis que perdemos el buen rollo, al contrario, es nuestra forma de relacionarnos con el entorno. Esto le tuve que decir al Zoo ayer, que no me hago el listo, que simplemente estoy acostumbrado a cierto nivel cañero de disgresión con mis compañeros. Pero no, al final le dije que le quiero igual, que pelillos a la mar.
Y mi despertador, que no entiende del amor, me despertó a las siete, y yo salí del coma y entré en un infarto, y salí del infarto y ya entré en el estado de vigilia que me permite mear, comer, trabajar y todas esas cosas que uno hace durante el día. Odio madrugar. Qué feliz soy de pensar que el viernes es el último día que lo hago, antes de las vacaciones. Besos para todos.
Además es que, como llego rendido por la tarde, me echo unas siestas que consisten prácticamente en caer en coma. Mis glándulas salivales se disparan y babeo un montón, pero es una gozada estar solo en casa porque te puedes echar la siesta en calzoncillos en el sofá de la sala, que es lo suyo en verano.
Mirad, os iba a hablar de otra cosa, pero es que me he encendido porque me acaba de decir el Yorch:
-Tú una vez dijiste que como artista eres mediocre, no lo olvides -y sigue en su ordenador como si tal cosa. Y se pone el JJ:
-A mí el arte no me va, yo soy más bien filantrópico -él, que tiene una visión distorsionada de sí mismo, se piensa que es ya el típico rico que regala cantidades enormes de pasta a artistas -mediocres, como diría el Yorch-. No se da cuenta de que sólo es un consultor de segunda asalariado. Pero el Yorch tiene para todos:
-¿Tú quién te crees que eres, un George Soros de la vida?
A lo que responde JJ:
-Después de mi paso por aquí, os va a quedar cierta afición al dinero, por lo menos. Y no está mal, porque ya me está tocando los cojones éste -y se vuelve hacia mí-, que va de maricón y artista.
Y yo respondo, todo digno:
-Yo no me hago el maricón, perdona. Lo soy.
Pero no creáis que perdemos el buen rollo, al contrario, es nuestra forma de relacionarnos con el entorno. Esto le tuve que decir al Zoo ayer, que no me hago el listo, que simplemente estoy acostumbrado a cierto nivel cañero de disgresión con mis compañeros. Pero no, al final le dije que le quiero igual, que pelillos a la mar.
Y mi despertador, que no entiende del amor, me despertó a las siete, y yo salí del coma y entré en un infarto, y salí del infarto y ya entré en el estado de vigilia que me permite mear, comer, trabajar y todas esas cosas que uno hace durante el día. Odio madrugar. Qué feliz soy de pensar que el viernes es el último día que lo hago, antes de las vacaciones. Besos para todos.
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