Como una foca
He pillado tres kilos estas vacaciones y no me los quito de encima. Me rodean a la altura del ombligo como un cinturón de asteroides, se bambolean mientras camino siguiendo escrupulosamente las leyes de la teoría de partículas, que son las mismas que levantan las olas en el mar. Soy como una especie de bidón con piernas y brazos.
El joputa del Sergio se descojonaba cuando estuvimos en Cádiz y me vió sin camiseta.
-Ah, pues sí se nota el gimnasio, sí -y ahogaba las carcajadas contra la almohada. Y yo me tenía que callar.
Así que ahora estoy muerto de hambre. Ya lo tenía antes del té, pero el té de esta máquina es, al contrario que otros tés, malísimo para el estómago. De hecho, como baba de alien, se abre paso a través de tus vísceras y ahora mismo está atravesando el suelo hacia el piso de abajo.
La culpa la tiene Casti, que se viene a pasar unos días a Madrid y celebra cada día como si fuese el último de un astronauta en la Tierra antes de subirse al transbordador espacial. Cuánto pulpo, cuánta ensalada de queso de cabra y bacalao, cuántas lágrimas de chocolate e ísimos del Bazaar. Me cago en todo.
Pero yo insisto. Ayer volví al gimnasio y ahí estaba, mi barriga abriéndose paso, bamboleándose todas sus miles de partículas en forma de onda más allá de la camiseta -ya amplia, de por sí-. Y, para colmo, se me acaba la batería de la iPod. Pues jódete y escucha Telemadrid con su versión antigubernamental del asunto, o conversaciones de levantadores de pesas enfebrecidos, tipo:
-Joder, tronco, me he bajao la sesión de este viernes del DJ Pollas en Ministry y es la polla. Tenía un paraguas con agujeros y sacaba una linterna y hacía juegos de luz y la polla.
-Te cagas. Pues este próximo se pira a Pachá Ibiza y yo voy, espero hacerlo con trescientos talegos, porque no tengo un pavo.
-Ya ves. ¿Me pasas las de quince?
Que no puedo con ellos, hijos míos, que pensaréis que en el fondo es envidia, pero va en serio que no. Besos para todos.
El joputa del Sergio se descojonaba cuando estuvimos en Cádiz y me vió sin camiseta.
-Ah, pues sí se nota el gimnasio, sí -y ahogaba las carcajadas contra la almohada. Y yo me tenía que callar.
Así que ahora estoy muerto de hambre. Ya lo tenía antes del té, pero el té de esta máquina es, al contrario que otros tés, malísimo para el estómago. De hecho, como baba de alien, se abre paso a través de tus vísceras y ahora mismo está atravesando el suelo hacia el piso de abajo.
La culpa la tiene Casti, que se viene a pasar unos días a Madrid y celebra cada día como si fuese el último de un astronauta en la Tierra antes de subirse al transbordador espacial. Cuánto pulpo, cuánta ensalada de queso de cabra y bacalao, cuántas lágrimas de chocolate e ísimos del Bazaar. Me cago en todo.
Pero yo insisto. Ayer volví al gimnasio y ahí estaba, mi barriga abriéndose paso, bamboleándose todas sus miles de partículas en forma de onda más allá de la camiseta -ya amplia, de por sí-. Y, para colmo, se me acaba la batería de la iPod. Pues jódete y escucha Telemadrid con su versión antigubernamental del asunto, o conversaciones de levantadores de pesas enfebrecidos, tipo:
-Joder, tronco, me he bajao la sesión de este viernes del DJ Pollas en Ministry y es la polla. Tenía un paraguas con agujeros y sacaba una linterna y hacía juegos de luz y la polla.
-Te cagas. Pues este próximo se pira a Pachá Ibiza y yo voy, espero hacerlo con trescientos talegos, porque no tengo un pavo.
-Ya ves. ¿Me pasas las de quince?
Que no puedo con ellos, hijos míos, que pensaréis que en el fondo es envidia, pero va en serio que no. Besos para todos.
Comentario:
A la luna no se si voy pero marcianos.....





