Pulpa
De pequeño, para que "echara la ruina" -expresión que yo siempre he entendido al revés de lo que significa- mi madre me mezclaba una yema de huevo en la leche. Y me decía:
-Pero qué numeritos montas, hijo mío, si no sabe a nada -yo, es que era pegarle un sorbo y desencajárseme la mandíbula. Del asco infinito.
-Jopé que no -y le enseñaba mis brazos con los pelos de punta-. No me lo pienso tomar. Y me voy, que tengo que estudiar solfeo.
-Te voy a solfear yo las narices -palabras textuales de mi madre.
Todo esto venía a que ayer, el Zoo, que se cree mi nutricionista particular, me aconsejaba no sé qué brebaje de plátanos con huevo con no sé cuántas cosas más, de las irreconciliables en un batido. Y a mí, como a Kafka, me entraba la náusea. Porque rememoré aquellos trocitos flotando en la leche como pulpa y me cagaba del asco. "Pulpa" y no "vulva", como dijo la Moni una vez en sociedad, refiriéndose a los trocitos de fruta en su zumo, y la gente puso los ojos como platos, "se me queda la vulva entre los dientes" dijo, a mí se me salía la Coca Cola por la nariz, de la risa.
-No me voy a tomar ningún zumo de esos -le digo al Zoo-. Paso total del rollo gym agobiao-. Reconozco que esto es la típica racionalización freudiana de a quien le fastidia ir al gym y que el contorno de sus biceps siga igual mes tras mes.
-Si no es por el gym, es por tus tres kilos de más.
-No son de más, tal vez antes estaba demasiado delgado -breve silencio al otro lado de la línea. Evidentemente, Zoo buscaba las palabras para no herirme.
-¿Y qué estás comiendo ahora? -cambió de tercio. Me escuchaba masticar.
-Un melocotón -reconocí-. El segundo.
-Eso está muy bien, pero necesitas proteínas.
-Pues me como un filete.
-Pensaba que comer carne por la noche te desvelaba.
-¿Cuándo he dicho yo eso? -lo malo de ser un bocas es que todo lo que dices puede ser utilizado en tu contra, las manos a la espalda, cuidado con la cabeza al entrar en el coche.
-El otro día en mi casa, cuando te ofrecí unos filetes de pollo.
-Eran las tres de la mañana y habían perdido la cadena de frío -creo que os conté que Zoo tuvo el frigorífico estropeado varios días, que íbamos a por hielo a las gasolineras para meterlo en la nevera de cámping.
-Aquellos filetes habían sido comprados ese mismo día, tiré los otros. No deseo envenenarme ni envenenar a nadie. ¿Siempre tienes respuesta para todo?
-No siempre. Pero a las tres de la mañana no me suele apetecer pechuga de pollo.
-Pero qué numeritos montas, hijo mío, si no sabe a nada -yo, es que era pegarle un sorbo y desencajárseme la mandíbula. Del asco infinito.
-Jopé que no -y le enseñaba mis brazos con los pelos de punta-. No me lo pienso tomar. Y me voy, que tengo que estudiar solfeo.
-Te voy a solfear yo las narices -palabras textuales de mi madre.
Todo esto venía a que ayer, el Zoo, que se cree mi nutricionista particular, me aconsejaba no sé qué brebaje de plátanos con huevo con no sé cuántas cosas más, de las irreconciliables en un batido. Y a mí, como a Kafka, me entraba la náusea. Porque rememoré aquellos trocitos flotando en la leche como pulpa y me cagaba del asco. "Pulpa" y no "vulva", como dijo la Moni una vez en sociedad, refiriéndose a los trocitos de fruta en su zumo, y la gente puso los ojos como platos, "se me queda la vulva entre los dientes" dijo, a mí se me salía la Coca Cola por la nariz, de la risa.
-No me voy a tomar ningún zumo de esos -le digo al Zoo-. Paso total del rollo gym agobiao-. Reconozco que esto es la típica racionalización freudiana de a quien le fastidia ir al gym y que el contorno de sus biceps siga igual mes tras mes.
-Si no es por el gym, es por tus tres kilos de más.
-No son de más, tal vez antes estaba demasiado delgado -breve silencio al otro lado de la línea. Evidentemente, Zoo buscaba las palabras para no herirme.
-¿Y qué estás comiendo ahora? -cambió de tercio. Me escuchaba masticar.
-Un melocotón -reconocí-. El segundo.
-Eso está muy bien, pero necesitas proteínas.
-Pues me como un filete.
-Pensaba que comer carne por la noche te desvelaba.
-¿Cuándo he dicho yo eso? -lo malo de ser un bocas es que todo lo que dices puede ser utilizado en tu contra, las manos a la espalda, cuidado con la cabeza al entrar en el coche.
-El otro día en mi casa, cuando te ofrecí unos filetes de pollo.
-Eran las tres de la mañana y habían perdido la cadena de frío -creo que os conté que Zoo tuvo el frigorífico estropeado varios días, que íbamos a por hielo a las gasolineras para meterlo en la nevera de cámping.
-Aquellos filetes habían sido comprados ese mismo día, tiré los otros. No deseo envenenarme ni envenenar a nadie. ¿Siempre tienes respuesta para todo?
-No siempre. Pero a las tres de la mañana no me suele apetecer pechuga de pollo.
Comentario:
Pues eso, que no era Kafka, querido, que "La Naúsea" es de Jean Paul Sartre. Ay, tanta ciencia ficción ta va a acabar trastornando majo. Un besote. M.
Comentario:
que no era kafka que era sartre o albert camus los existencialistas franceses
Comentario:
que no era kafka que era sartre o albert camus los existencialistas franceses





