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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
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Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
La fiesta de mañana
Yo, es que flipo. Con lo que odio yo últimamente esta empresa y mañana nos vamos de selebreichon. Hasta las tres de la mañana, capéas, cenas y demás comidas de polla incluídas. Y lo peor: tenemos que disfrazarnos. Por un segundo pensé que no me iba a tocar con mis compis y ya iba a montar en cólera, pero no, hemos podido hacer grupos más o menos a nuestro gusto. ¿Y de qué vamos a ir nosotros? De combatientes del Vietam, que hasta me he currado unas chapitas. Y ahora nos vamos a una de mayoristas chinos en Lavapies a conseguir unas gafas de pera por dos euros, que ha dicho el chino que si le regateamos nos las dejará a uno ochenta. Los chinos son así, ya sabéis, superan la ficción -y me refiero a la escena del regateo de La Vida de Brian-.

Yo he pedido metralletas de verdad -y pongo justicia divina en pan Viet-Cong ido de la olla-, pero me temo que tendré que conformarme con una de juguete. No se partirá la clavícula algún cargo ejecutivo que yo me sé...

Pero peor es para el Yorch. Porque, además de esa sensación que nos une a ambos de que lo del disfraz y los juegos y la vaquilla es una patochada, se le une a él el pánico escénico -el de caerte en la arena del coso y rodar cual croqueta delante de tu jefe de consultoría, por ejemplo- y no lo lleva. Yo sé que no lo lleva. Y su novia también lo sabe.
-¿Si me pone muy de los nervios esta noche te puedo llamar? -me dice la Noe en bajito.
-Claro. Y me le pasas para que le dé dos gritos. Pero tú no le cuentes lo de escenificar tu propio disfraz mientras te presentas en mitad del ruedo, que sería liarla.
-Ni loca.

Ayer estuve viendo con el Zoo "El Mercader de Venecia" -os la recomiendo- y me identifico talmente con el personaje del judío usurero. No por rata -que lo soy- ni por meterme en la piel Al Pacino -que me gustaría-, sino porque el odio visceral, indómito y siempre creciente de dicho judío hacia el cristiano, su hija y el mundo en general. Que suscribiría total aquello de:
-La villanía que me enseñásteis yo mismo os la ejecutaré, y doy fe de que lo haré mejor que mis instructores.

A lo mejor me notáis un pelín rebosante de odio y de malas vibraciones, y tal vez os quedéis incluso cortos -"Libertad Duradera" no llamaría yo a mi operación, me faltarían adjetivos-, pero os puedo asegurar que estoy muy feliz, gracias a mi vida personal, que es que cruje de lo bien que va. De eso se trata, ¿no?
No