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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
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Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
El descanso del guerrero
Cuando la vaquilla apareció de las sombras, lo primero que pensé es "no es tan grande". Pero en cuanto vi que tardaba tres segundos y medio en recorrerse el arco de la plaza hasta nuestro burladero, los cataplines se me pusieron duros como piedras.
-Te toca -me dijo nuestro general disfrazado, y me alargó el cazo. Sin pensarlo corrí hacia el centro de la arena, donde estaba el gran cubo de agua, de la cuál yo me debía llevar parte en mi recipiente. Con el agua en mi cazo, la vaquilla reparó en mí y me decidió como un objetivo probable.
-Su puta madre -susurré, sólo yo me oí, y corrí como alma que llevaba el diablo. Eché el agua en nuestro cubo, lo que quedaba de ella, y salté, me raspé el costado con el ladrillo encalado y caí en la grada. Más tarde me dijeron que la vaquilla sólo me había mirado, y que no había movido ni una sola pata hacia mí.

Así empezó la noche, y yo me fui confiando y hasta me puse a la Noe al hombro y la aupé para tratar de conseguir plátanos de gominola, teniéndole a la vaquilla no más miedo que a un perro callejero. Pero llegó la última, que ya era una vaca un rato más grande, con turbo inyección en las patas traseras, y había que recoger canicas del centro del coso. La traca final en cuanto a pruebas, vamos.
-No corráis en línea recta -nos había advertido el animador. Íbamos segundos y podíamos alcanzar a los primeros, que iban disfrazados de homeless.
Pues no me había metido el primer puñado de canicas en el bolsillo -tres cuartos de tierra, en realidad- cuando noté que el espacio se plegaba detrás de mí y el aire llegaba antes que el sonido y de pronto la enorme vaquilla se hizo gigante en mis retinas.
No hubo adrenalina suficiente en el mundo para inyectarse en mis venas. De nada me sirvió.
Me alcanzó. Me volteó. Vi la plaza desde arriba, las gradas, los focos, la gente absurdamente disfrazada tan abajo y yo pensé "hostias, qué bonito es todo desde aquí".
Y caí.

Así que llegué a casa de Zoo a las 4.00 AM borracho, sucio, con la camiseta blanca -ya marrón- desgarrada, los pantalones caquis con las rodillas desgastadas y conservando aún mis chapitas del Vietnam y mis gafas de pera, con heridas -no raspones, heridas- en el antebrazo y encima de la cadera. Parecía de verdad de venir de la toma de Shaigon. El Zoo, que no había sido avisado del disfraz, que no sabía nada de vaquillas, que debía creer que me esperaba después de un festejo corporativo y formal, abrió la puerta visiblemente recién despertado y se encontró ante mí de esa guisa que os comento.
-Toma -dije, y le extendí mi regalo plastificado-. Te he traído una camiseta de la fiesta. Creo que es tu talla.
-¿Pero qué es esto? -sus ojos se abrían de par en par.
-¿No te comenté lo del disfraz, no?
Por un momento pensé que no me dejaría pasar, que me echaría para siempre de su casa, de su guerra y de su vida, yo, que había tomado la plaza de Fuente el Saz para él, que había conseguido un segundo puesto y un bono regalo del Corte Inglés por valor de 40 euros, que llamaba a aquella puerta para obtener lo que creía merecer: el descanso del guerrero.
-¿Te has lavado eso con jabón? -preguntó, reparando en mi antebrazo.
-No había jabón. Y creo que me he hundido una costilla.
-Y hueles a tabaco.
-Imposible. Era al aire libre -caí tarde en que aquello acababa de ser una confesión. Auné mis últimas fuerzas y conseguí sonreír-. Me duele todo. ¿Puedo pasar?
Me evaluó durante unos instantes, se evaluó a sí mismo durante otros tantos y dejó caer los hombros con un bufido. Se hizo a un lado y susurró:
-Tengo yodo.
Nunca una frase de amor me había gustado tanto.
 
Comentario:
Qué lo ha pasado a lo guerrero este semana?
 
Comentario:
no se lo que es y a que viene,pero que hacias tu en una plaza, jesús que niño
 
Comentario:
p'habernos matao.

el año que viene, a tirar a la cabra (o al empleado díscolo) desde lo alto del campanario.

viva la empresa cañí.
 
Comentario:
Esta vez te has superado!!! Llevo mas de un cuarto de hora que no puedo parar de reir.

Otra cosa para que no huelas a tabaco la solución es: "chicle de menta".
 
Comentario:
Maravillosa la trilogía- sino lo leo no lo creo.

Suena como algo de la serie de la BBC "the Office" (http://www.bbc.co.uk/comedy/theoffice/) pero en versión española.

Yo tengo otra de estas cosas el Miércoles, a mayor gloria del jefe del jefe de mi jefe. Aunque el plan es que haremos presentaciones, vestidos de trabajo (casi prefiero las vaquillas).

Alegría!

Santi
No