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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
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Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Somontano y mixtos de jamón y queso
Ayer conocí al cuñado del Zoo, un tipo majete. Llevé una botella de vino -Somontano-, algo un poco exótico en casa del Zoo, que es de la liga antialcohol, pero yo, que soy de la liga proalcohol, que si no bebo es porque es fatal para el hígado y me dejo de hipocresías y reconozco -ante mí y ante los demás- que, si no fuera por eso, el alcohol es lo mejor del mundo por encima del sexo y por debajo de Dylan, compré mi botella y me dirigí a aquel hogar.

La Rosita -es china y venezolana, y tiene un nombre impronunciable pero todo el mundo la llama Rosita- también se apuntó, y allí estábamos, el Zoo, su hermana, el recién llegado de Venezuela-for-the-first-time-and-forerver novio de su hermana, el Zoo, la Rosita y yo. La Rosita es una borracha, como yo, así que no me sentí solo. Y le dimos profusamente al somontano y la hermana del Zoo nos preparó unos bocatas cojonudos a la plancha.

Lo bueno de la Rosita, además de que es una borracha, es que está obsesionada con los asuntos de la monarquía. Hables de lo que hables, acabas hablando de los reyes, de los Borbones, de los Austrias, de sus palacios en España y de cómo puede hacer ella para visitar todos los castillos que alguna vez hayan albergado familias reales de la península. Le encanta todo el tema.
-Es que en Venezuela no tenemos reyes -te explica ella, con su acentazo que no entiendes nada. Es como el JJ pero de Venezuela, no la entienden ni los suyos. Eso, para un español de Castilla, como si habla en su cantonés natal, oyes.

Y resulta que la Rosita había visitado hasta el Valle de los Caídos, porque tiene hambre de tumbas de reyes y ya se ha terminado las de Madrid y está empezando con las de los dictadores. No es igual pero le gusta, de todos modos. Y se pone el cuñado de Zoo:
-¿Aquel era comunista, no?
Podéis imaginar que me di la vuelta con el somontano en la mano y el mixto en la otra y pensé "joer, qué de trabajito tengo yo aquí". Y es verdad, porque estaba rodeado de una panda de antichavistas -cosa también comprensible- más azules que el capuchón de un Bic -azul-, y yo, que soy más rojo que el capuchón de un Bic -rojo- pues me remangué las neuronas y me puse manos a la obra.

Al principio me miraban con los ojos como platos, y decía la Rosita, sirviéndose otro vaso -esta chica se llenaba el tazón como si fuera de leche-:
-Ah, bueno. Tú no eres comunista, tú eres socialista -como si hubiéra habido un asesinato en la casa y yo hubiera expuesto una coartada irrefutable. Vamos, que parecía quitarse un peso de encima.
-¿Y no es lo mismo? -preguntaba el cuñado.
-Uy, nada. No tiene nada que ver -resolvía la Rosita con aire de enterada y se pegaba un trago.

Y yo, que hubiera preferido liarme a besos con el Zoo, que es para lo que originalmente me había dirigido yo a esa casa, pegué un mitin político que se me jodió la garganta y todo. Pero dije lo que tenía que decir, y de pronto miré el reloj y vi que me quedaban catorce minutos para que el último tren del día pasara por Pirámides. Así que me despedí a toda hostia y allí les dejé, con el vino y los mixtos y las bocas abiertas, y yo corrí hasta mi tren, que se me salía el hígado por mi propia boca. Llegué a tiempo. Me puse los cascos, busqué "It's all right mama, I'm only bleeding" de Dylan y volé, como siempre, por encima de los tejados de la estación.

Buen finde a todos. Y, si necesitáis volar, poned a Dylan.
 
Comentario:
Como me mola que seas más rojo que el capuchón del boli...

Muchos Besos.
No