Mi familia está como un cencerro
En mi familia no hemos estado nunca lo que se dice bien de la cabeza. Me llama mi hermana melliza taciturna. Me pregunta por mí y por algunos otros dramas familiares que tenemos en proyecto -en mi casa, si no tuviéramos dramas familiares no sabríamos en qué ocupar nuestro tiempo- y rápidamente se pone a contarme lo que la ha llevado a levantar el teléfono.
-Estoy fatal -se pone. Y me digo "vaya, ya le ha vuelto a gritar al novio y se ha sentido desgraciada all night long".
-A ver, qué ha pasado esta vez -me armo de paciencia.
-Me he encontrado una cucaracha en la pared del salón.
-¿Y? -por un momento pensé que la cucaracha la había mirado, se había reído y se había abalanzado sobre ella haciéndose cada vez más y más grande, moviendo sus colmillos como una cortadora de césped.
-Otra más, majo. Pues nada, que las tengo fobia.
-Pero si ya te vas a ir de esa casa -es verdad, se van a Majadahonda a vivir a una flamante casa nueva con tuberías nuevas. Tienes que respirar hondo, porque no es normal que tu hermana te llame como si se le ha muerto el padre cuando en realidad es que ha visto "otra" cucaracha en el piso del que se va a ir dentro de quince días.
Nada, que no sabemos lo que es el autocontrol. En nuestra casa, el autocontrol es algo que siempre hemos dejado en manos de las benzodiacepinas, porque nosotros estábamos muy ocupados sintiéndonos perdidos, desgraciados e incomprendidos. Diez minutos antes me había llamado mi madre:
-¿Qué pasa? -pregunto. Es que es raro que me llame.
-¿Estás enfadado conmigo? -me dice. Yo flipo.
-¿Por qué? Si no me has hecho nada. Que yo sepa.
-Ya, pero es que como te has hecho la bolsa esta mañana...
-Ya te dije ayer que hoy no pasaba por casa.
-Es que como anoche te dije esas cosas...
-¿Qué cosas? -yo no me acordaba, porque a mi madre le encanta picarme. Ella, de hecho, no habla conmigo, sino que espera arrancarme las conversaciones con cosas tipo:
-¿Y le gustas a tu novio con el pelo tan corto? -esto es lo que me dijo ayer nada más entrar yo por la puerta de casa a las doce de la noche, lo recordé.
-No llevo el pelo corto, mamá. Es que estoy calvo -no sé ni para qué entro al trapo.
Así que luego se siente culpable. Pues está mal decirlo de una madre, pero que se joda.
Pero bueno, prefiero a mi madre que a otros parientes de ella que llevan la neurosis hasta el paroxismo, como a uno al que mi padre echó de casa porque insinuó -cuando mis padres le dijeron que tenían un hijo gay, como aquel que reconoce que tiene ratones en el sótano- que a los gays nos encantaba "estropear" -creo que utilizó ese verbo- a niños de ocho años o incluso más jóvenes. Mi padre lo echó de casa y ya nunca hablan con él, y él llama para arreglar las cosas y mi madre vuelve a pelearse con él y a decirle que, si su marido no quiere ni verlo, que ella tampoco, y que se cuide muy mucho de meterse conmigo porque estoy lleno de hermanas que me defienden con uñas y dientes. Me encanta mi familia. No sé si hubiera elegido otra en una rifa de muñecas chochonas, pero prefiero esta familia a una picadora licuadora o a un monopatín con motor.
Así que ahora me voy con el Zoo a ver no sé qué hostias de magia química. Nada bueno puede salir de la universidad. Ya veréis que fiasco, para ver cómo echan un líquido y sale humo pesado, eso ya lo hacía yo con el Quimicefa. Adiós, siestita rica. El lunes os cuento.
-Estoy fatal -se pone. Y me digo "vaya, ya le ha vuelto a gritar al novio y se ha sentido desgraciada all night long".
-A ver, qué ha pasado esta vez -me armo de paciencia.
-Me he encontrado una cucaracha en la pared del salón.
-¿Y? -por un momento pensé que la cucaracha la había mirado, se había reído y se había abalanzado sobre ella haciéndose cada vez más y más grande, moviendo sus colmillos como una cortadora de césped.
-Otra más, majo. Pues nada, que las tengo fobia.
-Pero si ya te vas a ir de esa casa -es verdad, se van a Majadahonda a vivir a una flamante casa nueva con tuberías nuevas. Tienes que respirar hondo, porque no es normal que tu hermana te llame como si se le ha muerto el padre cuando en realidad es que ha visto "otra" cucaracha en el piso del que se va a ir dentro de quince días.
Nada, que no sabemos lo que es el autocontrol. En nuestra casa, el autocontrol es algo que siempre hemos dejado en manos de las benzodiacepinas, porque nosotros estábamos muy ocupados sintiéndonos perdidos, desgraciados e incomprendidos. Diez minutos antes me había llamado mi madre:
-¿Qué pasa? -pregunto. Es que es raro que me llame.
-¿Estás enfadado conmigo? -me dice. Yo flipo.
-¿Por qué? Si no me has hecho nada. Que yo sepa.
-Ya, pero es que como te has hecho la bolsa esta mañana...
-Ya te dije ayer que hoy no pasaba por casa.
-Es que como anoche te dije esas cosas...
-¿Qué cosas? -yo no me acordaba, porque a mi madre le encanta picarme. Ella, de hecho, no habla conmigo, sino que espera arrancarme las conversaciones con cosas tipo:
-¿Y le gustas a tu novio con el pelo tan corto? -esto es lo que me dijo ayer nada más entrar yo por la puerta de casa a las doce de la noche, lo recordé.
-No llevo el pelo corto, mamá. Es que estoy calvo -no sé ni para qué entro al trapo.
Así que luego se siente culpable. Pues está mal decirlo de una madre, pero que se joda.
Pero bueno, prefiero a mi madre que a otros parientes de ella que llevan la neurosis hasta el paroxismo, como a uno al que mi padre echó de casa porque insinuó -cuando mis padres le dijeron que tenían un hijo gay, como aquel que reconoce que tiene ratones en el sótano- que a los gays nos encantaba "estropear" -creo que utilizó ese verbo- a niños de ocho años o incluso más jóvenes. Mi padre lo echó de casa y ya nunca hablan con él, y él llama para arreglar las cosas y mi madre vuelve a pelearse con él y a decirle que, si su marido no quiere ni verlo, que ella tampoco, y que se cuide muy mucho de meterse conmigo porque estoy lleno de hermanas que me defienden con uñas y dientes. Me encanta mi familia. No sé si hubiera elegido otra en una rifa de muñecas chochonas, pero prefiero esta familia a una picadora licuadora o a un monopatín con motor.
Así que ahora me voy con el Zoo a ver no sé qué hostias de magia química. Nada bueno puede salir de la universidad. Ya veréis que fiasco, para ver cómo echan un líquido y sale humo pesado, eso ya lo hacía yo con el Quimicefa. Adiós, siestita rica. El lunes os cuento.
Comentario:
hola de nuevo. me alegro de verte por acá otra vez.
a la pregunta de pilar (creo que era ella): nico, menesiano que estuvo en aguilar, daba matemáticas. me extraña, porque él hablaba mucho de esa promoción de jóvenes del colegio. vamos, que contaba sus historietas y todo eso.
saludos.
oscar.
a la pregunta de pilar (creo que era ella): nico, menesiano que estuvo en aguilar, daba matemáticas. me extraña, porque él hablaba mucho de esa promoción de jóvenes del colegio. vamos, que contaba sus historietas y todo eso.
saludos.
oscar.
Comentario:
Pues dile a Nuria que no venga a nuestra casa porque iba a flipar. Las jodías, encima, no pagan el alquiler y están en casa más que Sergio y yo.
Un besote. ;) M.
Un besote. ;) M.





