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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
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Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Cuatro apuntes, dos malos y dos buenos
Hijos míos, veo que sóis cabezones como vosotros solos y estáis entrando en el blog por miles de millones a pesar de que hace semanas que no escribo. Me gustaría creer que unos cuantos centenares de vosotros sóis nuevos y estáis deleitándoos con mis historias de mi tía la monja, de mi madre, de mis amigos o de mis tíos variados por parte de madre, que no tienen -ninguno de ellos- desperdicio. De hecho, sus vidas son lo más parecido a la ciencia ficción que yo conozco, y mira que soy fan de Philip K. Dick.

Pero es que últimamente no está el horno para bollos. No voy a ser absurdo -como diría mi madre, sabéis que ella siempre me dice "eres un ridículo y un absurdo"- y haceros creer que mi vida es un desastre, que nada tiene sentido, ni nada de eso. No soy tan imbécil. Es decir, soy muy imbécil, pero no me caracterizo por dejar de ser objetivo con el mundo y conmigo si me lo propongo. Sé que me va muy bien en la vida, no se me va la olla. Pero lo cierto es que en el trabajo me están dando bastante por el culo. Algunas perlas:

-Me han quitado de proyectos en los que gerentes y técnicos me pedían, puede decirse que a gritos.

-Me han aislado físicamente, estoy sentado en una isla en la que no hay nadie más. Podría seguir, pero la lista se hace larga.

Yo me dejo las puertas abiertas a la paranoia, a que todo sea producto de una distorsión de la realidad, a que, después de todos estos años, se esté cumpliendo mi peor pesadilla y me estoy volviendo como un cencerro. O tal vez no. Tal vez, en verdad, tenga un jefe que disfraza su desconocimiento con ira, malos modales y desprecio por los demás. En fin, muy largo de contar.

Así que, para terminar, otro par de perlitas de esas divertidas, de las que importan en la vida, de las que son propias de este blog seguido por millones:

-He conocido a los padres del Zoo y los padres del Zoo me han conocido a mí. Su madre me ha dicho que mejoro en relación a las fotos -supongo que es lo más parecido a un piropo que voy a obtener por el momento, aunque no me creáis tan tonto de no darme cuenta que, bien mirado, esta apreciación encierra más una crítica que un piropo- y su padre me ha preguntado por mi trabajo.

-He perdido el miedo a los dentistas. De hecho, ahora voy a mi dentista como Pedro por su casa, y le pregunto qué tal su rodilla y ella hasta me echa piropos, tipo "¿hoy también has ido al gimnasio? Cómo te machacas, ¿eh?" mientras me pone el babero, y yo: "Sí, pero no me rinde" y ella "Que sí te rinde, sí, mira que delgadito estás y qué bien", y me suelta el pinchazo con la anestesia en las zonas más recónditas de mi boca, y yo hasta disfruto de ese sabor a eucalipto y de los cosquilleos. Mi dentista y yo somos lo peor. Besos para todos.
 
Comentario:
Ánimo, julito, ya conoces el estilo de esa empresa, pero si tuvieran fácil lo de echarte, ya lo habrían hecho con su habitual "savoir faire"
No