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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
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Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Un sueño al socayo
Esta mañana he llegado tarde al curro -un poco más tarde de lo habitual- porque habían arrojado escombros a la vía entre Pozuelo y El Barrial, con el consiguiente retraso. Me he comvertido en una sardinilla más en la gran lata de sardinas de dos plantas del vagón y he visto cómo, deteniéndose el tren en Delicias, una mujer se olvidaba de los escalones y se abalanzaba sobre un congénere y le clavaba la barbilla en la glándula suprarrenal.
-Ay, perdone -balbucía la mujer, y se incorporaba de rodillas.
-No pasa nada -decía el chico, frotándose el costado-, es que los conductores de tren últimamente frenan como taxistas.

Y he llegado aquí y, como no he podido desayunar porque en mi casa van a arreglar unas grietas y la han plastificado toda como en "E.T." al final, me he sacado en la máquina unos sándwiches de chorizo y un bollito Dulcesol. Total, había leído en el periódico gratuíto de alguien que la grasa no tiene nada que ver con la posibilidad de infarto, comprobado, comprobado, comprobado. Que no se me olvide que después de cepillarme los piños me tengo que tomar la poción mágica que me mandó la dentista, de la cuál tengo varios frasquitos minúsculos en mi mochila.

Y aquí soy el dueño de dos islas abandonadas, de la desolación de cables de red y teléfonos huérfanos, de percheros vacíos y papeleras sin utilizar. Soy el rey de InfoJobs, el gurú del mobbing. Estoy laboralmente jodido y personalmete tocado (a causa de lo primero), pero aún soy capaz de reírme. Creo. Ayer me reí con la Rosita y sentí una mezcla extraña con Zoo, a quien traté un poco mal el otro día y ahora se comporta como los judíos en este principio de siglo: dando por culo sin remisión, pero con el permiso moral del pasado, con lo que terminas multiplicando por diez la crueldad originaria.

Y hoy, en vez de ir al gym, que es lo que tendría que hacer, voy a volver a quedar con Zoo para ver por segunda vez la exposición de los faraones. La cosa es que va su madre. Y la Rosita, y su hermana y el cuñado. Y yo, que sólo por hoy me gustaría tener unas alas enormes a la espalda y salir volando de aquí, de Madrid, y volar hasta la sierra y después volar la meseta norte, yerma y congelada, y llegar hasta la cornisa Cantábrica y bajar un poco antes, a la altura de mi pueblo, y tal vez llamar a la puerta de mi amigo Arman y decirle:
-¿Nos vamos a tomar el vermú?
Que el vermú me da igual, que es por ir y buscar un socayo -zona al sol y al resguardo del aire- en la Cascajera y sentarme ahí y hablar de tonterías y de recuerdos adolescentes mientras me da el sol en la cara y el frío corta mis labios, y sentirme feliz. No feliz a medias, como estoy ahora, ni esa felicidad que reposa justo sobre el umbral de la ansiedad, sino completa y absurdamente feliz. Y libre. Sobre todo, libre. Besos para todos.
 
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Buscandome te he encontrado.
Un saludo Julio.
 
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De acuerdo con estos consejos, y uno más: yo no sé para que estamos en el planeta, ni siquiera si hay que estar para algo. Pero pero al menos deberías tener claro que, desde luego, para lo que no estamos ninguno es para gastar el limitado tiempo de la vida languideciendo en la isleta vacía de una oficina, sin utilizar nuestras capacidades en algo que nos dé gustito.
En fi, yo trataría de negociar una salida airosa, y si se ponen burros, pues supongo que lo que te hacen es denunciable.
 
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Animo Jul, te digo lo mismo que Moni, mándalos a kagar a la vía¡ date un gustazo, mímate un poquito, ellos se lo pierden, convéncete, ellos se lo pierden. Date un respiro, cambia. Hay otros trabajos, hay otras empresas, hay otros MUNDOS por descubrir.
Animo majete¡
(Vaya post más bueno :O)
 
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sé de lo que hablas, te entiendo muy bien, estás pidiendo a gritos un cambio radical, es este caso de curro, deberías armarte de valor y largarte cuanto antes, por que lejos de mejorar la situación va a empeorar y no te hace ningún bien quedarte hasta última hora (que como decía tu madre "solo quedan las putas y los borrachos".. jeje), así que arregla con ellos el despido, la baja voluntaria o lo que sea pero VUELA de esa puñetera empresa. No tienes problema de pasta, así que no tienes por que depender de su despido, puedes permitirtelo (juegas con ventaja en este caso), yo creo que no merece la pena prolongar lo inevitable...
retoma tus raíces, recuerda tus buenos momentos, disfruta de los tuyos y de las maravillosas cosas que conforman tu vida (que las tienes y buenas) y olvídate, ríete, emborrachate... retoma al JULIO que sabe VIVIR, y no-le-des-más-vuel-taaaas!!!, que no merece la pena de verdad, ni ese curro ni ningún otro..
has estado muchos años, has vivido muuuu bien en esa empresa, pero que muuu bien, pos ya está, que te quiten lo bailao y ahora, a otra cosa mariposa.. así, como sin darle mucha importancia, como que no quiere la cosa... con la filosofía de la que le han roto la antena de coche y se pone a dar el parte del tiempo en una pared con ella... (...jejeje)

mil besines jul.
 
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El socayo es un estado del alma. No necesitas estar en la Cascajera, hombrededios, sal un rato a tomar el sol del invierno madrileño, y manda a esos cutres al último rincón de tu mente, justo detrás del ligue más intrascendente de tu vida.
 
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La acedía te hace escribir de maravilla, Julio.

Tranquilo que no nos queda nada para ir a comer pipas al socayo...

Besos. M.
 
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Animo salao ya me tomo yo el vermut por ti, pero esto es como los amores platónicos que cuando los consigues no son lo que creias..en semana y pico no he visto al tal Arman...pero si a su perro.
Este año de gueisas...
 
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Desde Marzo...de los mejores posts. Te comentaría taaaantas cosas al respecto, que es que sólo de pensarlo me da pereza.
Pero bien.
Besos.
No