Exilio
Yo, a veces, tengo buen corazón. A finales de la semana pasada vine de mis cañas del jueves un poquito tocado a mi casa enfundada en plástico como si fuera una polla metida en un Durex y llamé al Zoo -cada vez que llamabas tenías que abrir el teléfono de su envoltorio de papel de estraza, qué bien, me han regalado un teléfono-. Y después de la charla que me pegó el Zoo por tardón y por borracho me puse Santa Teresa de Jesús, me puse en modalidad "haz el bien al prójimo", ese momento higher ground de armonía y consonancia vital que te llega sólo de dos formas: después de un entierro -joder qué bueno es comprobar de cerca lo cojonudo que es sólo estar vivo- o con cervezas de más.
Le dije:
-Llama a tu padre y dile que no volveré a subir a tu casa, que regrese de Burgos. Ya no tienes que demostrar nada.
En realidad, me llevó veinte minutos decir esto, porque yo uso muchos ejemplos, perífrasis y metáforas cogidas por los pelos cuando estoy borracho e intento convencer a alguien de que algo es por su bien.
-Y un huevo -me respondió el Zoo. También tardó veinte minutos en responderme esto, aunque en su caso las perífrasis son usadas perfectamente en estado de abstinencia, o sea, todo el rato.
Pero al final lo convencí. Y colgó y entro a hablar con su madre. Y al día siguiente recibí un mensaje en el que manifestaba su bienestar por haber hecho lo que debía. Su madre le había abrazado y había derramado unas lagrimillas, más por alivio marital que por amor maternal, que también. Quiero decir que, ¿quién aguanta a un marido de los omnipresentes agraviado en un viaje de ocho horas a Caracas? Menudo coñazo. Fue una pena no leer dicho mensaje antes de dormir, con el cerebro aún en remojo, me hubiera sentido como la mismísima Santa Teresa en uno de sus éxtasis. Que la borrachera te lleva a cimas de disfrute por el arranque ético más altas que las del Papa -mal ejemplo, lo sé- con nada que hagas. Lo sabéis tan bien como yo.
Y ahora escucho a los Yo La Tengo -no sabía que eran tan buenos, el colega Laín, que siempre ha sabido escuchar música, siempre hablaba de ellos- y pienso de nuevo en la situación. El mismo sábado por la mañana, el padre de la criatura ya estaba de vuelta en Madrid. Se le había subido el azucar, esperamos sinceramente que sus niveles regresen al intervalo razonable aquí. Así que su hijo y yo pasamos el fin de semana en ese cuchitril abandonado que tengo yo por piso como dos exiliados. Pero mi exilio es agradable, porque mi hermana se va a vivir a la calle de al lado con su novio, un piso precioso y nuevo y caro como la muerte, pero tan agradable y exterior que es imposible no caer rendido a su encanto. Les ayudamos un poco con la mudanza y nos invitaron a comer, así que salimos ganando. Pero salir ganando con mi hermana es una de las escasas situaciones en que no me gusta salir ganando. No es que sea interesado, es que compartimos la misma placenta durante casi un año y, de alguna forma, entre ella y yo no hay balanza exterior, ni siquiera cuenta de pérdidas y ganancias. Que la quiero vamos.
Así que tengo un trabajo que me repudia y un novio cuyos padres lo repudian. Y ayer vi al sabiondo del Reverte explicar su misantropía en la tele y no pude evitar estar en mucho de acuerdo con él. Parece ser que el repudio sostiene todos nuestros actos como las alfombras sostienen rodillas en una mezquita. Pero queda el amor incondicional de mi hermana. Y, hostias, mis padres tampoco me repudian. El amor de mi madre es vagamente... no sé cómo decirlo, pero no se odia a sí misma, así que me acepta. No me puedo quejar. Besos para todos.
Le dije:
-Llama a tu padre y dile que no volveré a subir a tu casa, que regrese de Burgos. Ya no tienes que demostrar nada.
En realidad, me llevó veinte minutos decir esto, porque yo uso muchos ejemplos, perífrasis y metáforas cogidas por los pelos cuando estoy borracho e intento convencer a alguien de que algo es por su bien.
-Y un huevo -me respondió el Zoo. También tardó veinte minutos en responderme esto, aunque en su caso las perífrasis son usadas perfectamente en estado de abstinencia, o sea, todo el rato.
Pero al final lo convencí. Y colgó y entro a hablar con su madre. Y al día siguiente recibí un mensaje en el que manifestaba su bienestar por haber hecho lo que debía. Su madre le había abrazado y había derramado unas lagrimillas, más por alivio marital que por amor maternal, que también. Quiero decir que, ¿quién aguanta a un marido de los omnipresentes agraviado en un viaje de ocho horas a Caracas? Menudo coñazo. Fue una pena no leer dicho mensaje antes de dormir, con el cerebro aún en remojo, me hubiera sentido como la mismísima Santa Teresa en uno de sus éxtasis. Que la borrachera te lleva a cimas de disfrute por el arranque ético más altas que las del Papa -mal ejemplo, lo sé- con nada que hagas. Lo sabéis tan bien como yo.
Y ahora escucho a los Yo La Tengo -no sabía que eran tan buenos, el colega Laín, que siempre ha sabido escuchar música, siempre hablaba de ellos- y pienso de nuevo en la situación. El mismo sábado por la mañana, el padre de la criatura ya estaba de vuelta en Madrid. Se le había subido el azucar, esperamos sinceramente que sus niveles regresen al intervalo razonable aquí. Así que su hijo y yo pasamos el fin de semana en ese cuchitril abandonado que tengo yo por piso como dos exiliados. Pero mi exilio es agradable, porque mi hermana se va a vivir a la calle de al lado con su novio, un piso precioso y nuevo y caro como la muerte, pero tan agradable y exterior que es imposible no caer rendido a su encanto. Les ayudamos un poco con la mudanza y nos invitaron a comer, así que salimos ganando. Pero salir ganando con mi hermana es una de las escasas situaciones en que no me gusta salir ganando. No es que sea interesado, es que compartimos la misma placenta durante casi un año y, de alguna forma, entre ella y yo no hay balanza exterior, ni siquiera cuenta de pérdidas y ganancias. Que la quiero vamos.
Así que tengo un trabajo que me repudia y un novio cuyos padres lo repudian. Y ayer vi al sabiondo del Reverte explicar su misantropía en la tele y no pude evitar estar en mucho de acuerdo con él. Parece ser que el repudio sostiene todos nuestros actos como las alfombras sostienen rodillas en una mezquita. Pero queda el amor incondicional de mi hermana. Y, hostias, mis padres tampoco me repudian. El amor de mi madre es vagamente... no sé cómo decirlo, pero no se odia a sí misma, así que me acepta. No me puedo quejar. Besos para todos.
Comentario:
Jul, Jul, qué tristón estás últimamente por la blosgosfera... Luego verte es otra cosa (la procesión va por dentro, ¿no?). Escucha a los Yo La Tengo que son buenos para esto de las melancolías: o te las curan (Flying Lesson (Hot Chicken # 1)) o te provocan un suicidio lento y doloroso (Pablo and Andrea). ¡Cómprate el Electropura ya, coño!
Lo de Reverte, ay, ay, yo también lo vi y me quedé un poco pallá... No sé muy bien si lo que dijo fue de coña (justificación de las guerras y tal) o me estaba tomando el pelo... Últimamente una no está muy fina en esto de leer entre líneas. ¿Le creo o no le creo? ¿Se habrá creído este un Tomás Moro del Siglo 21? Yo qué sé. Qué vida esta.
Besitos para ti y para Nurita. M.
Lo de Reverte, ay, ay, yo también lo vi y me quedé un poco pallá... No sé muy bien si lo que dijo fue de coña (justificación de las guerras y tal) o me estaba tomando el pelo... Últimamente una no está muy fina en esto de leer entre líneas. ¿Le creo o no le creo? ¿Se habrá creído este un Tomás Moro del Siglo 21? Yo qué sé. Qué vida esta.
Besitos para ti y para Nurita. M.
Comentario:
Jo Julio se me saltan las lágrimucas. Muchas gracias, pero si soy yo la que estoy en deuda contigo! Mis muebles en tu casa es lo que la ha hecho un cuchitril durante dos meses, así que lo de invitaros a comer es ná. Tú si que eres bueno (y no lo digo sólo por eso). Y hablando de muebles yo creo que si voy a conseguir regalar a Zoo la cómoda jeje.. Besitos





