La condición sin la cuál
Había olvidado esta sensación cremosa y un poco palpitante -pero indudablemente placentera- de venir a trabajar un viernes con resaca. Estás cansado, pero en tus neuronas todavía vibra el recuerdo de las endorfinas nocturnas... que lo has pasado de cojones y aún te dura la sonrisa, vamos.
Desde luego, estoy muy lejos de estar en paz. Pero si Marisa señala que me ha visto sonreír -aún reparando en que, efectivamente, la procesión va por dentro- es que no debo darme por jodido. Así que, Yo La Tengo bajo el brazo, he venido a trabajar a las once -como sólo podemos hacer los empleados cuyos jefes saben que el despido sería la mejor noticia que podrían dar-, he llegado directamente a las tostadas con tomate del bar y me he subido a continuar trabajando en el apasionante proyecto de la búsqueda de vapor de agua en Plutón que es denominado "ruptura" -eufemismo gigante que significa "no te damos trabajo a ver si te piras". De camino me han llamado de una empresa para la que hice una entrevista el otro día para decirme que no, gracias, que mi perfil es interesante pero no se corresponde con el de un desarrollador de negocio, cosa con la que yo, hijos míos, no estoy tan loco como para no estar de acuerdo.
Y también entraron por el buzón vital del abajo firmante noticias procedentes de la casa del Zoo, y es que su padre ha dicho que tal vez se vengan a Madrid a vivir, y que Zoo encontrará la puerta de una habitación abierta siempre que acate las reglas, que en este caso consisten en dejar de ser marica. Yo no sé si es posible llevar una vida en paz en contra de la opinión y deseos de tus progenitores, una vida en la que tus decisiones se basen en el amor, la aceptación y no en la reacción y en el rencor, pero la paz, como vengo diciendo, parece un logro lejano en todo cuanto me rodea.
Todo esto podría llegar a mermar mis sonrisas y mis ganas de hacer el imbécil -baremo inequívoco de si estoy cerca de la paz o lejísimos-, para desgracia de Marisa y la mía, si no fuera por el hecho de que tengo mi disfraz de geisha en el maletero del Corsa, pai-pai incluído, y me voy a mi pueblo en un par de horas a pasar frío y a pasármelo bien y a pasar de todo y a reunirme con mis amigos y tal vez con mi novio debajo de las mantas, mucho más tarde, cuando el disfraz ya haya sido convenientemente quemado con cigarros ajenos y el maquillaje haya sido esparcido en mejillas ajenas y la peluca me haya taladrado los occipitales y el sujetador me haya hundido la caja torácica y mis rodillas hayan dejado de sentir el mundo exterior a causa de la helada y del alcohol. Porque mi mente, que es envidiosa, imitará a mis rodillas y se plegará en sí misma en un tal vez inmaduro pero confortable ejercicio de autoprotección, y ni ella ni yo sentiremos nada durante un buen rato a excepción del mencionado recuerdo latente de las endorfinas nocturnas.
Y no me subestiméis. No será la noche, ni el alcohol, ni el disfraz lo que abra las puertas de mis glándulas endorfínicas. Serán las personas a mi alrededor, las personas que yo quiero, que me contarán cosas interesantes -no soy especial, todo lo humano y sólo lo humano es interesante-, que me sorprenderán y me incluirán en los lazos invisibles de la comunidad humana a la que pertenezco, y me harán reír, como sólo los congéneres de esta especie miserable y violenta pueden hacerlo. Sabéis que no soy de perros ni de soledades. Sabéis que sois la condición sin la cuál... no. Un beso a todos.
Desde luego, estoy muy lejos de estar en paz. Pero si Marisa señala que me ha visto sonreír -aún reparando en que, efectivamente, la procesión va por dentro- es que no debo darme por jodido. Así que, Yo La Tengo bajo el brazo, he venido a trabajar a las once -como sólo podemos hacer los empleados cuyos jefes saben que el despido sería la mejor noticia que podrían dar-, he llegado directamente a las tostadas con tomate del bar y me he subido a continuar trabajando en el apasionante proyecto de la búsqueda de vapor de agua en Plutón que es denominado "ruptura" -eufemismo gigante que significa "no te damos trabajo a ver si te piras". De camino me han llamado de una empresa para la que hice una entrevista el otro día para decirme que no, gracias, que mi perfil es interesante pero no se corresponde con el de un desarrollador de negocio, cosa con la que yo, hijos míos, no estoy tan loco como para no estar de acuerdo.
Y también entraron por el buzón vital del abajo firmante noticias procedentes de la casa del Zoo, y es que su padre ha dicho que tal vez se vengan a Madrid a vivir, y que Zoo encontrará la puerta de una habitación abierta siempre que acate las reglas, que en este caso consisten en dejar de ser marica. Yo no sé si es posible llevar una vida en paz en contra de la opinión y deseos de tus progenitores, una vida en la que tus decisiones se basen en el amor, la aceptación y no en la reacción y en el rencor, pero la paz, como vengo diciendo, parece un logro lejano en todo cuanto me rodea.
Todo esto podría llegar a mermar mis sonrisas y mis ganas de hacer el imbécil -baremo inequívoco de si estoy cerca de la paz o lejísimos-, para desgracia de Marisa y la mía, si no fuera por el hecho de que tengo mi disfraz de geisha en el maletero del Corsa, pai-pai incluído, y me voy a mi pueblo en un par de horas a pasar frío y a pasármelo bien y a pasar de todo y a reunirme con mis amigos y tal vez con mi novio debajo de las mantas, mucho más tarde, cuando el disfraz ya haya sido convenientemente quemado con cigarros ajenos y el maquillaje haya sido esparcido en mejillas ajenas y la peluca me haya taladrado los occipitales y el sujetador me haya hundido la caja torácica y mis rodillas hayan dejado de sentir el mundo exterior a causa de la helada y del alcohol. Porque mi mente, que es envidiosa, imitará a mis rodillas y se plegará en sí misma en un tal vez inmaduro pero confortable ejercicio de autoprotección, y ni ella ni yo sentiremos nada durante un buen rato a excepción del mencionado recuerdo latente de las endorfinas nocturnas.
Y no me subestiméis. No será la noche, ni el alcohol, ni el disfraz lo que abra las puertas de mis glándulas endorfínicas. Serán las personas a mi alrededor, las personas que yo quiero, que me contarán cosas interesantes -no soy especial, todo lo humano y sólo lo humano es interesante-, que me sorprenderán y me incluirán en los lazos invisibles de la comunidad humana a la que pertenezco, y me harán reír, como sólo los congéneres de esta especie miserable y violenta pueden hacerlo. Sabéis que no soy de perros ni de soledades. Sabéis que sois la condición sin la cuál... no. Un beso a todos.
Comentario:
¿El Joker? ¿El sargento Kabukiman de la Troma? ¿El payaso de It? Es difícil encontrar una comparación para definir la pinta de Zoo.
En cuanto a tí, querida, eres la viva imagen del ocaso del imperio nipón, para qué te voy a engañar.
Pero se os ateridos y felices, que es de lo que va el carnaval de Aguilar. Felicidades a tod@s.
En cuanto a tí, querida, eres la viva imagen del ocaso del imperio nipón, para qué te voy a engañar.
Pero se os ateridos y felices, que es de lo que va el carnaval de Aguilar. Felicidades a tod@s.
Comentario:
Julio, no sé qué decirte que no sepas ya. Así que te digo buenos días y que estamos por aquí impacientes por esas crónicas del Carnaval aguilarense (yo currando como una hp el fin de semana).
Pondremos mientras tanto a Yo la tengo. Un beso, Zigi Zhang travestida. M.
Pondremos mientras tanto a Yo la tengo. Un beso, Zigi Zhang travestida. M.
Comentario:
jaja, lo intentaré, pero tú sabes que me es imposible no parecer un travesti apaleado en una esquina llegadas ciertas horas. Ayer os recordaba a ti y a la Chusa, tú con aquel disfraz indefinido que sería incapaz de describir sin ofender a la etnia gitana y la Chusa, ella sí, con su impecable maquillaje de bruja perversa. Besitos y pásalo bien por aquí, aunque sea con un somero antifaz breve en lo que cruzas la
Plaza de las Descalzas rumbo a tu nidito de amor!
Plaza de las Descalzas rumbo a tu nidito de amor!
Comentario:
Pásalo bien... pero procura no darle esta vez a tu geisha carnavalera ese aire entre heroinómana y cuñada de Homer Simpson que te das cuando te disfrazas de tía... un poco de respeto a la milenaria cultura japonesa, por favor.





