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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
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Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
La curiosidad
Una cosa es el frío y otra cosa es lo que hace en Aguilar todos los putos años en Carnaval. Digamos que frío es la primavera en Plutón. Lo de Aguilar es Plutón, pero en uno de sus inviernos frescos. Mi casa es mítica en lo que a refrigeración se refiere: consigue que salgas a la calle y sientas calor.

Sin embargo, las personalidades nunca cambian. Zoo, en mitad del desfile, percibió que su pestaña postiza se iba despegando -se había maquillado meticulosamente de geisha, lápiz de ojos, cejas, sombra, perfilador de labios...- ¿Qué hubiera hecho yo? Mandar a la pestaña a tomar por culo. ¿Qué hizo él? Volver a casa a pegarse la pestaña, tardándose su media hora larga. Y tuvimos que llevar en un bolsito los utensilios de maquillaje para retocarnos a lo largo de la noche.


Esto anterior es lo que había escrito en un borrador, pero carnaval quedó atrás y la oportunidad de comentarlo también. Y las ganas. Quizá lo estábais esperando. El márketing no es lo mío, a pesar de haberle dedicado cinco años de mi insulsa vida adolescente.

Leo el blog de uno de mis escritores favoritos, David Brin, y considero la posibilidad de emplear la blogosfera para ofrecer algo un poco más objetivo, más sustancioso que este blog personal. Y llego a la cuestión de la temática y ahí es donde freno en seco. ¿De qué hablaría? ¿Qué conocimiento podría compartir? Pienso en la política, pero mis definiciones políticas son simples: soy de izquierdas. ¿Por qué? Por dos razones: la primera es que la mayoría de las personas de las que he aprendido algo es de izquierdas. Mimetismo, el pilar fundamental de mi personalidad. Segundo: porque mi mente, mimética y esencial como ella sóla, se hace cuentas muy directas, al margen de lo acertado de sus conclusiones. Soy gay, y dos de las arterias de la derecha -el pensamiento conservador y el religioso- dirigen sus turbulentas corrientes en contra del hecho homosexual. Simple, ¿verdad? Poco podría ilustrar yo de política. Desde que me descubrí de izquierdas poco hago más que lamentarme de mi hipocresía -tengo un coche y un piso propios, me beneficio las veinticuatro horas del día del liberalismo económico más salvaje, mi dinero en cuentas naranjas especula empobreciendo el sur y el oriente del planeta- y leer libros y ver películas que me afianzan en mis opiniones. Ni siquiera soy lo suficientemente crítico.

¿Ciencia? Leo mucho de ciencia, pero el futuro, la mera posibilidad, el juego fatuo del pesimismo probable agotan mis energías, así que la ciencia, que es el alfa y el omega según opino sobre el papel, se queda en una comprensión tangencial, en una descripción del mundo válida para mí -soy más feliz desde que entiendo lo biológico y lo finito del individuo que me compone-, pero dificilmente comunicable. Además, quién soy yo para explicarle a la gente mi visión, a saber: somos un cúmulo caótico de células cuyo único afán es multiplicarse, morimos cuando lo hacen de menos y padecemos cáncer cuando lo hacen de más. Así que morimos de todas maneras.

Me gustaría ser Carel Kapek para defender con argumentos el que yo considero óptimo posicionamiento ideológico, el más honesto y certero: el humanismo, salvaje si puede ser, como lo es en la práctica el liberalismo. Pero nos preocupamos de los pollos sin pico que nos comemos bajo el nombre de Mc Nugget, de la tala de árboles en el amazonas, de los abrigos de piel y de la reproducción del oso Panda -el bicho más estúpido y asexual a este lado de la estratosfera-, y lo hacemos dentro de nuestras Adidas fabricadas en una noche lluviosa de sábado en Singapur, elevando el término "hipocresía" a la altura de donde los vikingos solían situar el Nirvana. Porque son adolescentes hambrientos los que fabrican mis zapatillas, no pollos ni osos Panda; son ellos, mis congéneres de manos agrietadas, quienes deberían estar los primeros en la lista de candidatos para agotar mi dosis diaria de compasión.

Podría hablar de arte, pero poco sé de ello, que también parto de una definición descabellada aquí. Considero que el arte nace del dolor, y no del dolor últi -si es que existe utilidad en él, todos sabemos por la peli de Attenborough que el sufrimiento es inútil- sino del ocioso, de la paja mental de las personas que se duelen pero ya se han llevado el alimento a la boca. Y añado una segunda premisa básica: el arte surge del individuo, no del grupo. Como comprenderéis, tampoco de arte puedo hablar, sería inmediatamente lapidado por otras subjetividades, duras como piedras de verdad, que hasta divertido sería si fueran de corcho, como las piedras de La Vida de Brian.

De música podría hablar: hasta a un concurso barato de tele podría ir con la cantidad de disco duro que ocupo albergando datos inútiles de fechas de lanzamientos de discos, posiciones de canciones y efemérides de cantantes. Y distingo un Marshall de un Vox, una reverb natural o la posición de un micrófono. Pero ya hice crítica musical en un periódico local y, de nuevo, no encuentro fuerzas para defender eso que creo, que la música popular está muerta y que sólo seguimos ahí -comprando discos- porque encontramos el gozo en la repetición -"joy of repetition", cantaba en el 88 el artista antes conocido como... ¿véis como me sé fechas inútiles?-.

En fin, que seguiré escribiendo de lo subjetivo, de lo miserable -por eso os reís tanto-, que es el único sitio donde encuentro material sin obligarme a un esfuerzo supremo. No me negaréis que lo mío es el discurso como fin. Como si no me hubiera sido relativamente sencillo llenar estos párrafos de retórica pesimista. Como si no hubiera sido capaz de hacer exactamente lo contrario. O tal vez no hubiera sido capaz. Cierto. Lo olvidaba. Además del mimetismo encuentro otro rasgo primario en mi personalidad: la duda. Sea como fuere, gracias por llegar al final de este post: demuestras que un rasgo primario de la tuya es la paciencia. Con suerte, también la curiosidad. Un beso para todos.
 
Comentario:
Gran canción Joy in Repetition pero no es el 88, es del 90. Peace and be wild
 
Comentario:
Te dejas a un lado el placer de leerte, yo no tengo mucha paciencia, sí curiosidad, pero te leo por puro placer, y en post como éste encuentro belleza, sensibilidad, arte y salero, y jode que se acabe.
Tú puedes escribir de lo que te de la real gana.
 
Comentario:
Me emboban las pompas de jabón...
Me emboba la gente que es capaz de hacer delicioso merengue con solo un poco ¿de leche?... y me encanta.

No te preocupes. Nadie te obliga. Disfruta.
 
Comentario:
Yo creo que podrías escribir de lo que quisieras. Sólo es proponérselo. A veces sale bien y otras te sale un churro. Sé la vie.

Y Tinta, si no tienes paciencia, tú te lo pierdes. ¿qué tal esa batucada el sábado? Qué envidia me daís, coño.


Un besote. M.
 
Comentario:
La paciencia es algo que mio que has usado hasta casi gastarla, o sea q como para no acabar de leer.NO TE JODE!.Por cierto me alegró verte el sabado riendote, maricon.
No