Les juntamos y que sea lo que Dios quiera (y II)
Pues oyes, que acerté con lo de la sorpresa. Al principio sólo se le desencajó la mandíbula, pero luego fue volviendo en sí y nos subimos a la habitación y le di mis regalos, a saber: una cazadora vaquera que le quedaba niquelada -azul, aunque él la quería negra y entre yo y todos los dependientes de Madrid hemos logrado hacerle entrar en razón, que las cazadoras vaqueras negras son feas y además en verano no las fabrica nadie- y un libro de Egipto. El libro de Egipto -de esos grandes y llenos de fotos que la gente usa para hacerse la intelectual en las mesitas de sus salones y lo que todos pensamos es "leer no leerás, pero te conoces lo de libros de saldo del Vip's como la palma de tu mano"- le hizo hasta derramar unas lagrimillas. Me llené de compasión y de amor, porque yo no estoy acostumbrado a que alguien llore por una buena acción mía. Las acciones buenas mías se pueden contar con cuentagotas, así que me sorprenden tanto a mí como a sus destinatarios. Yo no sé lo que es querer o sentir amor, creo que soy heredero directo del corazón de piedra de mi madre, que dice una hermana mía, y es duro que eso lo diga una hija, que nuestra madre, en el fondo en el fondo en el fondo, nunca ha querido a nadie. Yo sé -y mi hermana lo sabe, es por picar- que eso no es cierto, que puedes estar seguro de que sólo las personas que parecen frías no lo son en absoluto.
Lo que pasa es que nuestra madre tiene serios problemas a la hora de mostrar sus sentimientos. Se ve tan vulnerable y tiene tanto miedo a ser herida que se escuda en capas infranqueables de autosuficiencia, autocompasión, autocomplaciencia y otras decenas de "autos". Así que es el miedo a ser herida lo que la hiere. Como a todos. No te jode...
A lo que iba, que el Zoo vertió algunas lágrimas sobre la segunda dinastía del periodo bajo. Y yo me emocioné un montón y me sentí un poco absurdo, porque no debería yo emocionarme tan poco frecuentemente. Y sentí envidia, porque creo que sólo las personas capaces de emocionarse genuínamente alcanzan a conocer el secreto ése de "¿Para qué hemos venido al planeta Tierra?". Lo que no es normal es que la última vez que me emocionara yo, hasta ayer, era cuando me enteré de que habían hecho Rent en película -con el cast original, encima, cágate-. No puede ser que sólo me emocionen los intangibles intelectuales. ¿Qué hay de las personas? En esas estaba yo mientras el Zoo me abrazaba en la cómoda de su habitación, y la Rosita, sentada en la cama, hojeaba el catálogo de moda que habían metido en el paquete de la cazadora.
Envidia, absurdez... como véis, los sentimientos secundarios que arroparon mi emoción de ayer no son lo más loable. Es que soy la hostia. Un cantamañanas, como me dice mi hermana.
Sabéis que no os quiero engañar. Y para hacerlo debería ocultaros el resto de la historia: y el resto de la historia es de que me sentí enamorado y encantado de compartir mi tiempo con un chico como el Zoo, que es bueno y valiente y sabe lo que quiere y aún conserva un cándido mirar sobre la vida. Y es exigente, no os creáis, sostener un abrazo lleno de emoción irrefrenable. O te dejas llevar o añades otra capa de protección a la práctica cebolla de protección en que te has convertido a los treinta y pico, lo cuál, a estas alturas, es un poco coñazo, ya.
Después del abrazo nos bajamos a cenar y cené con una mezcla de hambre -qué buenísimo estaba todo- e indignación moral por la cantidad ingente de pasta que ganan las farmacéuticas, puente despiadado entre la muerte del tercer mundo y la vida del primero, y lo descarado que es que se parezcan tanto a los bancos, con sus fundaciones-lavado-de-imagen-y-lo-que-es-peor-de-conciencia. Pero oyes, que te ponen una sopa de marisco y vas dejando la ética atrás. Pero cómo somos. Besos para todos.
Lo que pasa es que nuestra madre tiene serios problemas a la hora de mostrar sus sentimientos. Se ve tan vulnerable y tiene tanto miedo a ser herida que se escuda en capas infranqueables de autosuficiencia, autocompasión, autocomplaciencia y otras decenas de "autos". Así que es el miedo a ser herida lo que la hiere. Como a todos. No te jode...
A lo que iba, que el Zoo vertió algunas lágrimas sobre la segunda dinastía del periodo bajo. Y yo me emocioné un montón y me sentí un poco absurdo, porque no debería yo emocionarme tan poco frecuentemente. Y sentí envidia, porque creo que sólo las personas capaces de emocionarse genuínamente alcanzan a conocer el secreto ése de "¿Para qué hemos venido al planeta Tierra?". Lo que no es normal es que la última vez que me emocionara yo, hasta ayer, era cuando me enteré de que habían hecho Rent en película -con el cast original, encima, cágate-. No puede ser que sólo me emocionen los intangibles intelectuales. ¿Qué hay de las personas? En esas estaba yo mientras el Zoo me abrazaba en la cómoda de su habitación, y la Rosita, sentada en la cama, hojeaba el catálogo de moda que habían metido en el paquete de la cazadora.
Envidia, absurdez... como véis, los sentimientos secundarios que arroparon mi emoción de ayer no son lo más loable. Es que soy la hostia. Un cantamañanas, como me dice mi hermana.
Sabéis que no os quiero engañar. Y para hacerlo debería ocultaros el resto de la historia: y el resto de la historia es de que me sentí enamorado y encantado de compartir mi tiempo con un chico como el Zoo, que es bueno y valiente y sabe lo que quiere y aún conserva un cándido mirar sobre la vida. Y es exigente, no os creáis, sostener un abrazo lleno de emoción irrefrenable. O te dejas llevar o añades otra capa de protección a la práctica cebolla de protección en que te has convertido a los treinta y pico, lo cuál, a estas alturas, es un poco coñazo, ya.
Después del abrazo nos bajamos a cenar y cené con una mezcla de hambre -qué buenísimo estaba todo- e indignación moral por la cantidad ingente de pasta que ganan las farmacéuticas, puente despiadado entre la muerte del tercer mundo y la vida del primero, y lo descarado que es que se parezcan tanto a los bancos, con sus fundaciones-lavado-de-imagen-y-lo-que-es-peor-de-conciencia. Pero oyes, que te ponen una sopa de marisco y vas dejando la ética atrás. Pero cómo somos. Besos para todos.
Comentario:
Estoy esperando un plan europeo desde hace 10 dias por lo menos se lo habras comentado a Santi no? SANTI?





