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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
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Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
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Actores y tramoyistas
Hoy viene mi hermana Titi a Madrid, qué ilusión. Tengo que estrujarme para pensar restaurantes, porque últimamente no salgo mucho -como sabéis, Zoo tiene fobia desmedida al humo, aunque también le tiene, me enteré ayer, a los que vamos a los toros, y cuando digo fobia digo que le veo muy capaz de dejarme para siempre jamás por culpa de estas aficiones, por otro lado escasas en mí, ay qué sería de mí si un día le cogiera manía al sonido de una guitarra-. Pues viene la Titi, como digo, y ya tenemos reservas mis hermanas y yo en multitud de teatros y restaurantes.

Ayer, para calentar, nos vimos mi hermana Mari y yo lo de Divinas Palabras en el Dramático Nacional nuevo, en Lavapiés, y oyes, me encantó. Porque qué coño esperpento: la vida misma, o en mejor, el hombre es un lobo para el hombre. ¿Es que alguien se había confiado? Una pasada, y además el que hacía de perro y el que hacía de Guardia Civil estaban bien buenos, y creo que algún otro también, pero no alcancé a verlo entre tanta mugre. Y un árbol para acá y para allá, puesta en escena chulísima, y yo pensando que ser tramoyista tampoco es tan malo hoy en día, que es sólo darle al botón, y la gente que rodea al teatro tienen todos un encanto especial.

Sí hijos, es que mi hermana Nuri y yo tenemos siempre una idea romántica de los actores de teatro, ambulante o permanente, ricos o pobres. Ella y yo nos imaginamos en nuestros sueños conociendo a un actor de teatro callejero y siendo correspondidos y enamorándonos para siempre de su rostro guapo y hambriento, y recorriendo las calles de las ciudades belgas con su troupe. De tramoyistas, o algo. Y no nos importa, porque mi hermana y yo nunca hemos necesitado comer demasiado, por mucho que se os abran las carnes al oírme decir esto. Es nuestro sueño y lo protegemos como se deben proteger los sueños, avivándolos con imágenes en blanco y negro y evitando que sean sometidos a la luz directa de la realidad, que la realidad es una mierda. Nuestros novios no son una mierda, oyes -que seguro que les echaríamos de menos si nos faltaran, pues menudos somos-, pero la mirada acuciante y universal de aquellos actores abre un poco ventanas secretas y vislumbramos un mundo que se nos antoja excitante. Sin embargo, tenemos los pies en la tierra -que no sé si es bueno o malo- y les dejamos marchar después de ponerse su bata o de vender sus CDs, ellos a sus vidas itinerantes y nosotros a las nuestras asentadas y opulentas.

Mi hermana Nuri y yo fuimos educados en el apego, así que nos conformamos con fantasear. Ella y yo creemos que sólo en el compromiso social y personal está la felicidad, no en el arte ni en el desarrollo del ego. Yo no quiero ser una de esas personas que parecen siempre a la búsqueda de algo, que besan a alguien y buscan por encima de su hombro a quien besarán después -he sido promiscuo, pero si beso cierro los ojos, es matemático-. Ella y yo no queremos encontrarnos a nosotros mismos, no hay nada dentro de nosotros que nos produca una mínima fascinación, que no hayamos rastreado. No nos creemos capaces de grandes obras ni nos mueven búsquedas mesiánicas. Yo quise ser Bruce Springsteen, y después Bob Dylan, y después fui lo suficientemente inteligente como para dejarme de tonterías. Ni uniéndose en mí genialidad y sentido de la oportunidad lograría algo parecido. Dylan canta y yo lo escucho en un disco junto a otros cuantos miles de personas. Esas son las reglas.

Nuri me cuenta que ha discutido con su novio y yo le cuento que también ayer tuve una discusión absurda con el mío por teléfono. Y sé que son las frustraciones, los miedos y las iras de cuatro personas el origen de estos desencuentros. Porque nos jode el tiempo, o el pasado, o el futuro, o los jucios que nacen del otro o que tienen al otro por sujeto. Los seres humanos que no somos actores itinerantes o sus tramoyistas tenemos unas vidas de lo más insulso. Somos egoístas y se nos ve venir desde tres quilómetros. Sólo nos ocupan nuestros deseos y la infructuosa necesidad de conocer los de los demás. Nuestras obras, que es lo único que nos haría libres, son pobres.

Ay, hijos míos, a cuántas dimensiones oscuras te asoma Valle-Inclán si te pilla desprevenido. Me había pillado una napolitana de jamón y queso antes de la obra pero sólo me dio tiempo a un bocado porque había que entrar. Además llovía, y se me mojó. ¿Qué tiene que ver la napolitana en todo esto? Quién sabe. Pero me ha entrado hambre. Besos para todos.
 
Comentario:
Esto está genial jul, algo me había dicho mi novio. Muy acertado .. No somos unos simples caprichosos!
 
Comentario:
Hijo, pues nos has dao un repaso de los buenos, desde Valle hasta la napolitana de jamón y queso, has hecho una reflexión que te cagas. Ole y ole. Sigues sembrao.
 
Comentario:
Jejeje, tiempo hacía que no disfrutaba leyendo. Un beso, Julitros
No