Los calores extinguidos
Mola eso de sentirte importante, un poco el centro de atención, y que la gente repare en ti en los pasillos, unos con mirada compasiva, otros con ojos envidiosos, otros con simplemente "ah, este es último tío que se pira" -hasta me sé de alguno que sentirá que ha ganado alguna clase de batalla-. Por lo que a mí respecta, sólo se ha producido un cambio: que al ir a mear al baño inspecciono antes en busca del gran jefe, porque se me cortaría el chorrillo.
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios de ánimo, hay que joderse, sólo escribís aquí cuando os echo carnaza. Si os hablo del amor y de las cosas importantes de la vida, ni puto caso; pero si os digo que he cargado tres pisos con una alfombra repleta de moho o que amanezco empalmado y me fundo en un abrazo mortal con mi tía la monja o que me cambio de curro, entonces sí, entonces estáis ahí para decir "me parto de risa" o "ánimo, sige así". Se agradecen los ánimos, pero pensaría que sóis un poquitín hijos de puta si no fuera por el hecho de que yo asumo desde el principio que me debo a mi público. Dicho de otro modo, soy un escritor de best-sellers, como el Tom Clancy -menos facha- o el Ken Follet -más bajito-. Pero no os penséis: los recursos básicos y el humor grueso, como lo suyo, es lo mío. Aunque me da un poco de cosa este extremo: a ellos no les soporto. Y soy un tipo majete. Así que una de dos: o no sois tipos majetes o yo no soy, en realidad, un Tom Clancy de la vida, gorra de los Red Sox calada, tanque en el jardín trasero y gotas de semen en el marco de una foto de Ronald Reagan incluídos.
Pues sí, la gente me felicita, pero es como cuando felicitaban a Neil Amstrong en la primavera del 69. Él pensaba "gracias, tronco, pero me ponía ahora mismo en tus zapatos si no fuera porque los míos ya huelen a mierda". Y es que me cago un poco. De miedo. De ese desconocido trabajo que me espera, con jefes desconocidos y subordinados desconocidos y gente moderna. Yo ya no soy tan moderno, venía yo pensando hoy mientras me comía mi dorger kebab directamente traído de Alemania, Lavapiés abajo.
Por otro lado, estoy intentando arreglármelas para no quedarme sin una merecida semana de descanso en estos días sacros de Semana Santa. Tengo los días firmados, pero en esta empresa igualmente santa -por decir algo- eso es papel mojado, masticado y escupido -ay, qué asco me ha dado visualizar esta última metáfora, cojones; lástima de estilo apresurado, me río yo de los Tom Clancy-. Pero tenemos que alquilarnos un coche y aventurarnos por los agrestes parajes del noroeste peninsular, donde las gentes hablan otros idiomas y sienten pena siempre por sus compratiotas que se echaron a la mar, qué pasa alrededor de mí, qué me pasa que no sé, barcas nuevas mandásteis labrar, todo eso. Que queremos empezar donde terminaba la tierra cuando era plana y llegarnos hasta Lisboa, con sus calles derruídas y sus monumentos en ocaso permanente. Que tengo que desempolvar mis discos de gaitas y tambores, mis pequeños secretos de cuando Milladoiro no existía para mí y hasta entonces sólo había sido Amancio Prada. Que ahora Milladoiro es una pasarela hasta el cielo y un harpista más guapo que cualquier otro chico sobre la tierra. Ya empezamos. Yo siempre pensando en lo único. No puedo sino parafrasear lo que dice un personaje de taberna al final de "Luces de bohemia" -vale, esta es mi semana Valle-Inclán, me está encantando la obra esta, y yo que pensé que leer teatro era aburrido-:
-A usted le conviene una mujer con los calores extinguidos.
Cambiadle el sexo y pensad en mí. Solo que yo funciono con energía nuclear. Besos para todos.
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios de ánimo, hay que joderse, sólo escribís aquí cuando os echo carnaza. Si os hablo del amor y de las cosas importantes de la vida, ni puto caso; pero si os digo que he cargado tres pisos con una alfombra repleta de moho o que amanezco empalmado y me fundo en un abrazo mortal con mi tía la monja o que me cambio de curro, entonces sí, entonces estáis ahí para decir "me parto de risa" o "ánimo, sige así". Se agradecen los ánimos, pero pensaría que sóis un poquitín hijos de puta si no fuera por el hecho de que yo asumo desde el principio que me debo a mi público. Dicho de otro modo, soy un escritor de best-sellers, como el Tom Clancy -menos facha- o el Ken Follet -más bajito-. Pero no os penséis: los recursos básicos y el humor grueso, como lo suyo, es lo mío. Aunque me da un poco de cosa este extremo: a ellos no les soporto. Y soy un tipo majete. Así que una de dos: o no sois tipos majetes o yo no soy, en realidad, un Tom Clancy de la vida, gorra de los Red Sox calada, tanque en el jardín trasero y gotas de semen en el marco de una foto de Ronald Reagan incluídos.
Pues sí, la gente me felicita, pero es como cuando felicitaban a Neil Amstrong en la primavera del 69. Él pensaba "gracias, tronco, pero me ponía ahora mismo en tus zapatos si no fuera porque los míos ya huelen a mierda". Y es que me cago un poco. De miedo. De ese desconocido trabajo que me espera, con jefes desconocidos y subordinados desconocidos y gente moderna. Yo ya no soy tan moderno, venía yo pensando hoy mientras me comía mi dorger kebab directamente traído de Alemania, Lavapiés abajo.
Por otro lado, estoy intentando arreglármelas para no quedarme sin una merecida semana de descanso en estos días sacros de Semana Santa. Tengo los días firmados, pero en esta empresa igualmente santa -por decir algo- eso es papel mojado, masticado y escupido -ay, qué asco me ha dado visualizar esta última metáfora, cojones; lástima de estilo apresurado, me río yo de los Tom Clancy-. Pero tenemos que alquilarnos un coche y aventurarnos por los agrestes parajes del noroeste peninsular, donde las gentes hablan otros idiomas y sienten pena siempre por sus compratiotas que se echaron a la mar, qué pasa alrededor de mí, qué me pasa que no sé, barcas nuevas mandásteis labrar, todo eso. Que queremos empezar donde terminaba la tierra cuando era plana y llegarnos hasta Lisboa, con sus calles derruídas y sus monumentos en ocaso permanente. Que tengo que desempolvar mis discos de gaitas y tambores, mis pequeños secretos de cuando Milladoiro no existía para mí y hasta entonces sólo había sido Amancio Prada. Que ahora Milladoiro es una pasarela hasta el cielo y un harpista más guapo que cualquier otro chico sobre la tierra. Ya empezamos. Yo siempre pensando en lo único. No puedo sino parafrasear lo que dice un personaje de taberna al final de "Luces de bohemia" -vale, esta es mi semana Valle-Inclán, me está encantando la obra esta, y yo que pensé que leer teatro era aburrido-:
-A usted le conviene una mujer con los calores extinguidos.
Cambiadle el sexo y pensad en mí. Solo que yo funciono con energía nuclear. Besos para todos.
Comentario:
y Viana do Castelo y sus bosques llenos de posibilidades ;-)
Comentario:
¿Te vas a Lisboa en Semana Santa? Coño, què envidia (no dejéis de visitar Sintra, ¿eh?).
Besos. M.
Besos. M.
Comentario:
Yo no soy un tipo majete, no se si usté es un Tom Clancy de la vida, pero me encanta venir por aquí y ver tu particular sentido de la vida, por no hablar de cuando te pones serio, que te creces que no veas y la que se quita la gorra de los Pistons soy yo.
Te lo dice una mujer mala con los calores extinguidos, pero eso es otra historia ;D
Te lo dice una mujer mala con los calores extinguidos, pero eso es otra historia ;D





