Mi último viernes (I)
9.30 AM
Incertidumbre sobre nuestras cabezas. No sé si mi último día en esta santa empresa es hoy o será el martes posterior a S.S. El trabajo está hecho, la caja de cartón con la foto de los niños en el fondo, solitaria y expectante, está abierta sobre la mesa -es un decir-. Mi cabeza está en cualquier parte menos aquí. Y tengo resaca. Ayer celebramos que otro compañero se piraba, la gente hace porras a ver quién es el próximo. El jefe no me habla, unos me dicen que hable con él, otros me dicen que espere. No sé si sabe que Recursos Humanos y yo pensamos que debería irme hoy. Tengo reservas en Lisboa (en un hotelito en la playa al lado de Sintra, Marisa!), en las Rias Baixas y un coche alquilado y ganas de salir corriendo Nacional Seis arriba, y no mirar atrás, y perderme en los bosques de eucalipto.
Y tengo que escribir mi mail de despedida, una tradición, y ser conciliador a la vez que tiras alguna pullita, como es costumbre, pero todo legal, que no lo puedan utilizar en un tribunal, vamos. Y tengo que grabarme CD's con mis trabajos y pensar qué líneas de mi borrador de contrato de la nueva empresa no me gustan. En realidad, el contrato tiene seis páginas y eso ya no me gusta en absoluto.
En fin... y también tengo sueño.
(continuará en un ratillo)
Incertidumbre sobre nuestras cabezas. No sé si mi último día en esta santa empresa es hoy o será el martes posterior a S.S. El trabajo está hecho, la caja de cartón con la foto de los niños en el fondo, solitaria y expectante, está abierta sobre la mesa -es un decir-. Mi cabeza está en cualquier parte menos aquí. Y tengo resaca. Ayer celebramos que otro compañero se piraba, la gente hace porras a ver quién es el próximo. El jefe no me habla, unos me dicen que hable con él, otros me dicen que espere. No sé si sabe que Recursos Humanos y yo pensamos que debería irme hoy. Tengo reservas en Lisboa (en un hotelito en la playa al lado de Sintra, Marisa!), en las Rias Baixas y un coche alquilado y ganas de salir corriendo Nacional Seis arriba, y no mirar atrás, y perderme en los bosques de eucalipto.
Y tengo que escribir mi mail de despedida, una tradición, y ser conciliador a la vez que tiras alguna pullita, como es costumbre, pero todo legal, que no lo puedan utilizar en un tribunal, vamos. Y tengo que grabarme CD's con mis trabajos y pensar qué líneas de mi borrador de contrato de la nueva empresa no me gustan. En realidad, el contrato tiene seis páginas y eso ya no me gusta en absoluto.
En fin... y también tengo sueño.
(continuará en un ratillo)





