Vaya nochecita
Vaya nochecita.
Esta es una de esas sentencias que hace mucho, mucho, que no salían de mi boca. Porque hace mucho, mucho, que yo no pegaba ojo en toda la noche. Y no es una forma de decirlo; es una descripción somera de la realidad.
Cerebro embotado por el mogollón de cosas que ayer aprendí -intuyendo que sólo la punta del iceberg-, me puse en casa con mi música, y me tiré hasta la 1.30 sin darme cuenta, tal era mi concentración y tales eran mis deseos de desconectar. Pues me metí en la cama y las movidas de mi curro se entremezclaron en mi cabeza con estrofas, estribillos, pistas y arreglos, y las horas fueron pasando una a una, como gotas en la punta de una estalactita, perezosas pero inexorables, y me sentí jodido y el caso es que no me dormí. Cuando sonó el despertador, y parafraseo a uno de mi pueblo muy de pueblo, me entraban traidoras.
Ay, hijos. Acabo de hacer mi primera llamada internacional a Alemania, para resolver un marrón con la oficina de allí, unos cambios en la web, porque claro, allí no están bien vistos los banners en los que dos manos agarran dos orondos pechos de fémina. En ese trabajo me ando, a medias entre el picor juvenil y los negocios internacionales.
No sé si es lógico no sentir un nuevo trabajo como tuyo, o de pronto echar de menos el anterior, que tanto defenestrabas. Ayer me escribió el tío que dejó la empresa el mismo día que yo, también era su primer día en su nuevo destino, y prácticamente me leyó el pensamiento. Me contaba que no se hallaba, que no le gustaba y que echaba nuestra antigua empresa de menos. Veremos. Supongo que me tengo que dar un margen. Supongo que tengo que aguantar. Besos para todos
Esta es una de esas sentencias que hace mucho, mucho, que no salían de mi boca. Porque hace mucho, mucho, que yo no pegaba ojo en toda la noche. Y no es una forma de decirlo; es una descripción somera de la realidad.
Cerebro embotado por el mogollón de cosas que ayer aprendí -intuyendo que sólo la punta del iceberg-, me puse en casa con mi música, y me tiré hasta la 1.30 sin darme cuenta, tal era mi concentración y tales eran mis deseos de desconectar. Pues me metí en la cama y las movidas de mi curro se entremezclaron en mi cabeza con estrofas, estribillos, pistas y arreglos, y las horas fueron pasando una a una, como gotas en la punta de una estalactita, perezosas pero inexorables, y me sentí jodido y el caso es que no me dormí. Cuando sonó el despertador, y parafraseo a uno de mi pueblo muy de pueblo, me entraban traidoras.
Ay, hijos. Acabo de hacer mi primera llamada internacional a Alemania, para resolver un marrón con la oficina de allí, unos cambios en la web, porque claro, allí no están bien vistos los banners en los que dos manos agarran dos orondos pechos de fémina. En ese trabajo me ando, a medias entre el picor juvenil y los negocios internacionales.
No sé si es lógico no sentir un nuevo trabajo como tuyo, o de pronto echar de menos el anterior, que tanto defenestrabas. Ayer me escribió el tío que dejó la empresa el mismo día que yo, también era su primer día en su nuevo destino, y prácticamente me leyó el pensamiento. Me contaba que no se hallaba, que no le gustaba y que echaba nuestra antigua empresa de menos. Veremos. Supongo que me tengo que dar un margen. Supongo que tengo que aguantar. Besos para todos
Comentario:
Animo Julio que eso pasa siempre al principio.
Ya hablaremos de Lisboa que a mi tambien me encanta.
A ver si me mandas tu nueva direccion de internet que tengo la del otro trabajo.
Muchos besos
Ya hablaremos de Lisboa que a mi tambien me encanta.
A ver si me mandas tu nueva direccion de internet que tengo la del otro trabajo.
Muchos besos
Comentario:
Supones bien Julitros: ahora todo es raro. Date un poco de tiempo, hombre. Ya verás como de aquí a un mes todo cambia.
Besitos y suerte. M.
Besitos y suerte. M.





