El partido en casa de Sergio
Las aguas han vuelto a cauces más razonables con el Zoo. Era de esperar, pero en esta vida ya sabéis que no debemos esperar nada, que basta que esperes para que te quedes… bueno, eso, esperando. Que no debemos desear. Que ya lo dicen los budistas.
Pues fuimos ayer a ver el partido a casa de Sergio y de Marisa, y lo pasamos bastante bien, a pesar del calor imperante en la capital. El Zoo y yo fuimos avisados de que aquel era un evento eminentemente heterosexual, y que no quería vérsenos en los sofás retozando entre el sudor y los ácaros, y mucho menos opinando de la forma física o del corte de pelo de los futbolistas, pero es que el Zoo y yo estamos recientemente reconciliados y el Zoo llevaba una camiseta justita de esas de canalé, y esos pantaloncitos… el caso es que no nos costó no opinar de los futbolistas –a pesar de que el colega ese de los anuncios de Calvin Klein juega en el Arsenal y se arrastró varias veces por el barro parisién- pero sí que nos magreamos bastante en el sofá de la Marisa.
Además, también aportábamos a la Rosita, con lo que contribuíamos seriamente al desasosiego de los forofos. Porque la Rosita te hace preguntas tipo:
-Oye, Sergio, esto no son equipos nacionales como los que juegan en la Copa América, ¿no?
La Rosita siempre tiene que preguntar las cosas dos veces. Uno, porque habla bajito. Otro, porque sus preguntas son el colmo de la indefinición.
Pues pedimos comida china y nos la comimos con palillos de brocheta, que no teníamos más, y asistimos al disgusto del Rober, el novio de Mari, que es muy del Madrid y se quedó un poco triste con el resultado. Sonó el teléfono y Marisa vaticinó, sin mirar:
-Es tu padre, que estará puteado.
Y cogió el teléfono el Rober, se levantó del sofá, puso cara de niño a punto de llorar y dijo, con voz compungida:
-Hola, papá –breve silencio de funeral-. Pues aquí estoy, llevándolo como puedo.
Marisa, mientras, se ponía sus pendientes del Barça –ella es totalmente del Barça- y cantaba el himno mientras tendía la ropa. Yo no he visto cosa igual de mujer dispuesta, no para un momento. Te habla de nuevo arte ruso mientras le quita la pedrería a una chaqueta de punto.
Yo también soy del Madrid, pero me gustó que ganara el Barça, y no por sentimientos nacionalistas –que no tengo-, ni separatistas –menos, qué coñazo los nacionalismos, qué estrechez mental y moral, qué morro supino al llamar “herencia histórica” lo que en realidad significa “me interesa la pasta”-, sino porque todo lo que sea remover es que me mola. Que el Madrid haya hecho cagar este año y la peña se plantee lo hipócrita y lo absurdo del mundo deportivo de élite, siempre me parecerá bien. Ver al rey con Maragall detrás respondiendo a preguntas apresuradas del periodista extraño de los bigotes, ver a la reina súbitamente abrazada por un jugador sudoroso del Barça, no tiene precio, para todo lo demás…
En fin, hijos míos, os dejo, que no sé yo si esto de escribir mi post en un correo para disimular, antes de pegarlo en el propio blog, no es subestimar demasiado a mi jefe. Besos para todos.
Pues fuimos ayer a ver el partido a casa de Sergio y de Marisa, y lo pasamos bastante bien, a pesar del calor imperante en la capital. El Zoo y yo fuimos avisados de que aquel era un evento eminentemente heterosexual, y que no quería vérsenos en los sofás retozando entre el sudor y los ácaros, y mucho menos opinando de la forma física o del corte de pelo de los futbolistas, pero es que el Zoo y yo estamos recientemente reconciliados y el Zoo llevaba una camiseta justita de esas de canalé, y esos pantaloncitos… el caso es que no nos costó no opinar de los futbolistas –a pesar de que el colega ese de los anuncios de Calvin Klein juega en el Arsenal y se arrastró varias veces por el barro parisién- pero sí que nos magreamos bastante en el sofá de la Marisa.
Además, también aportábamos a la Rosita, con lo que contribuíamos seriamente al desasosiego de los forofos. Porque la Rosita te hace preguntas tipo:
-Oye, Sergio, esto no son equipos nacionales como los que juegan en la Copa América, ¿no?
La Rosita siempre tiene que preguntar las cosas dos veces. Uno, porque habla bajito. Otro, porque sus preguntas son el colmo de la indefinición.
Pues pedimos comida china y nos la comimos con palillos de brocheta, que no teníamos más, y asistimos al disgusto del Rober, el novio de Mari, que es muy del Madrid y se quedó un poco triste con el resultado. Sonó el teléfono y Marisa vaticinó, sin mirar:
-Es tu padre, que estará puteado.
Y cogió el teléfono el Rober, se levantó del sofá, puso cara de niño a punto de llorar y dijo, con voz compungida:
-Hola, papá –breve silencio de funeral-. Pues aquí estoy, llevándolo como puedo.
Marisa, mientras, se ponía sus pendientes del Barça –ella es totalmente del Barça- y cantaba el himno mientras tendía la ropa. Yo no he visto cosa igual de mujer dispuesta, no para un momento. Te habla de nuevo arte ruso mientras le quita la pedrería a una chaqueta de punto.
Yo también soy del Madrid, pero me gustó que ganara el Barça, y no por sentimientos nacionalistas –que no tengo-, ni separatistas –menos, qué coñazo los nacionalismos, qué estrechez mental y moral, qué morro supino al llamar “herencia histórica” lo que en realidad significa “me interesa la pasta”-, sino porque todo lo que sea remover es que me mola. Que el Madrid haya hecho cagar este año y la peña se plantee lo hipócrita y lo absurdo del mundo deportivo de élite, siempre me parecerá bien. Ver al rey con Maragall detrás respondiendo a preguntas apresuradas del periodista extraño de los bigotes, ver a la reina súbitamente abrazada por un jugador sudoroso del Barça, no tiene precio, para todo lo demás…
En fin, hijos míos, os dejo, que no sé yo si esto de escribir mi post en un correo para disimular, antes de pegarlo en el propio blog, no es subestimar demasiado a mi jefe. Besos para todos.





