logotipo

img_google
Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
En plan carta abierta, y tal
Sabéis que el hermano del Zoo está ya viviendo con ellos. La Rosita se ha ido a vivir al edificio de enfrente, que ya con cabían, y esa familia es como una piña. Buena gente, los nuevos, eso es verdad.

A lo que yo iba, hijos míos, es que todos esos venezolanos que conozco, a diferencia de muchos otros venezolanos, no saben mucho divertirse. No son muy hedonistas, que digamos. Debe ser cosa familiar, no del país. Ellos son responsables, trabajadores, preocupados y no se relajan ni un sólo segundo en todo el día. O sea, se relajan, pero no del todo. Y pienso yo: qué coñazo.

Si les preguntas, tal vez te respondan que ahora es momento de apretar, que ya se relajarán y divertirán cuando tengan las cosas un poco más montadas. A ello, yo respondería dos cosas. Primera y más importante: las cosas nunca terminan de estar montadas. No es pesimismo, ni mucho menos, es que el mundo es así. La condición humana, finita y terrenal, al igual que nuestro entorno -la naturaleza-, están fabricados con un chip de imperfección adherido a cada elemento, como las etiquetas del precio a la ropa de un Zara. Así que, querida familia, la primera noticia que os tengo en ésta, mi carta abierta, es que nunca lo tendréis todo del todo montado. Os comerán los gusanos mucho antes siquiera de que eso ocurriera.

Y la segunda cosa que respondería, y qué coño familia querida, queridos humanos pertenecientes a la raza humana y lectores, por añadidura, de este blog, es que... ¡dejad de engañaros, hostia! ¡Que nadie se cree eso de que me divertiré... mañana! ¡Que si piensas así nunca te divertirás!

Hijos míos, estoy harto de verlo. Mi propia progenitora es así. Espera a tener el trabajo hecho antes de empezar a divertirse. La cosa es que nunca tiene el trabajo hecho, nunca está el suelo de la cocina lo suficientemente limpio, toda la compra comprada, el lavabo suficientemente brillante... bueno, es que todos los ejemplos que se me ocurren con ella son de limpieza. El caso es que nunca ha llegado el momento de relajarse y divertirse.

Lo sabéis tan bien como yo: o empiezas a divertirte mientras trabajas, o mientras amontonas dinero, o mientras acumulas conocimiento técnico en tu cabeza, incluso mientras sufres, o nunca te divertirás. Y si nunca te diviertes y tampoco eres Teresa de Calcuta -es decir, tampoco haces nada que los demás noten a mejor verdaderamente-, pues yo qué sé, no quiero ser un cafre, pero deberías haber dejado alimento, agua y oxígeno para los que sí que se las arreglan medianamente en uno de esos dos campos. Es una exageración, claro, que todo el mundo tiene derecho a estar en esta Tierra. Hasta los militantes del PP o de los partidos nacionalistas-morro lo tienen, con eso os lo digo todo. Iba a decir los votantes, pero yo soy muy respetuoso, bien lo sabe la virgen de trapapalucos y los manifestantes del foro de la familia, que yo puedo perfectamente pasar al lado de una manifestación suya y superarlo sin secuelas, que yo sé que no hay cosa mejor para poner las cosas en su sitio que nuestra Madre Naturaleza. Aunque, querida Madre Naturaleza, lo de poner un hijo marica en cada padre de familia que justo era lo que odiaba está ya demasiado visto. Es cañero y mola, pero échale imaginación.

A lo que voy, que se me pira la pinza. Lo jodido es que yo tampoco pregono ni soy el paradigma del hedonismo. Pero es que estamos perdiendo el norte. Aviso a navegantes que navegan por el río de la vida, por los setenta o noventa o cuarenta y cinco años que tienen de plazo para atravesar esta vida con o sin éxito, que tanto da: aseguraos de que no perdéis la sonrisa mientras os hacéis vuestro hueco, de que el caracter no se os corrompe, porque si lo hace es para siempre, mientras termináis vuestras carreras o forjáis vuestras profesiones. No apartéis a nadie del camino sólo porque creéis -siempre erróneamente- que es un obstáculo para seguir amontonado -dinero, poder, metros cuadrados o belleza, siempre es amontonar-. Lo pagaréis caro, con lo peor que se puede pagar, que es con infelicidad y con culpa -no creáis que hay peña a la que la culpa le resbala, eso lo dicen justo antes de morir aplastados por ella-. Ejemplo, me diréis "es que Hitler nunca se sintió culpable", y yo os diré "vale, pero ¿a que tampoco lo has visto nunca sonreir? Un puto infeliz, vamos". Madre Naturaleza es especialmente agresiva con este grupo, los q apartan porque confunden a personas con obstáculos. No dejéis de recoger vuestro ego cuando lo veáis desparramado por el suelo -pensando que sóis perfectos, inmaculados, infalibles-... todo esto son sólo problemas de ego; es imposible reirse con el ego desparramado, sólo los que controlan su ego al tamaño de su propio cuerpo mantienen la sonrisa largo rato.

En resúmen: aseguraos que el sentido del humor es el motor de vuestra vida -recordad que el fin del viaje es el mismo para todos-. Cualquier otro objetivo está condenado al fracaso. Besos para todos.
 
Comentario:
Bravo, Julio, he de decir que me ha gustado y que estoy casi al cien por cien de acuerdo contigo. Siento discrepar en un punto de tu retórica filosófica: es muuuy posible reirse con los que tienen el ego desparramado. Vamos que si es posible (te lo digo yo). Bueno, ahí tienes el cómic (y ahora también la película) American Splendor. Pocos seres con un ego tan por los suelos me han hecho reir tan a mandíbula batiente. Y si el personaje del cómic no se reía de su vida de mierda, se hubiera suicidado mucho antes de si quiera plantearse el dibujo de una tira cómica. ;)

Eso sí, aquel que piense que algún día llegará el momento para divertirse, lo tiene clarinete. Carpe diem, vaya. Como te quedes esperando en esta vida lo único que te encontrás será la muerte y al final del camino, cuando ya no hay marcha atrás.

Besos y a ver cuando nos vemos, coño, que sigo viviendo en el mismo sitio, pero tres puertas más allá... ¿Vais para San Juan?
No