Cosas que quemar en la hoguera de San Juan
Alguno de vosotros sabrá, si no muchos, que esta noche próxima es la noche de San Juan. Tan grande es la devoción mía por ese santo –siendo ateo- que hasta le dediqué una canción cuando era joven y tenía un grupo. No al santo, está bien, sino a la noche de San Juan, la más pagana de las noches. Bien, pues espero que dicha noche me pille en mi pueblo, bien acurrucado junto a mis amigos –y a mi novio, lo sabéis- viendo arder el fuego ese que todo lo purifica, que termina con lo antiguo y empieza con lo nuevo.
A poco, será una noche mejor que la pasada. Uno, inocentemente, se fue al cine con su sobrina, con la que puede hablar de música, de chicos y de padres, que son los tres temas del mundo; poco queda, fuera de ellos. Hablando de música no me reí, sólo aprendí –y reconocí que ya ni siquiera soy suficientemente alternativo, cosa que no me importa, porque el mainstream tiene su encanto-, pero hablando de padres me partí el eje de las equis. Es que ella de padres puede hablar, y mucho. Lo de su progenitor es un verdadero catálogo de… cómo diríamos… bueno, un catálogo.
El caso es que me fui feliz al cine con ella, a ver “El asesinato de Richard Nixon”, que me encantó, crítica feroz, como se suele decir, a nuestra sociedad, aunque esta vez es cierto, y con una escena final –genial Sean Penn con un avioncito de papel hacia la cámara- que es la escena con más huevos que se ha rodado en el cine post 11S, casi se me puso dura, de puro atrevida –tanto que a muchos seguro que les pasa inadvertido su atrevimiento-. En fin, que yo disfrutando de mi sobri y de la peli y salgo y me encuentro mil quinientas llamadas perdidas, la mitad de mi madre y la mitad del Zoo.
Decido llamar primero al Zoo –para que veáis- y cúmulo de malentendidos, porque yo le había llamado para comentarle que me iba al cine, aunque previamente acordamos que no nos veríamos. Él no había oído la llamada y luego yo estaba en el cine. Pero claro, llamó a mi casa y mi madre de los nervios, porque pensaba que estaba con él. Llego a mi casa –hablé con Zoo durante todo el trayecto, qué fácil os lo puse ayer, maderos encargados de las infracciones pozueleras- y mi madre al borde del infarto. Mi madre infartándose –había llamado a la policía y todo-, mi novio mosqueado y yo con la sonrisa en la boca por el trocito de obra de arte que venía de ver. Total, como yo ya sé que la felicidad dura poco, pues lo di por bueno.
Mi madre tenía dos teorías probables en su cabeza: una, que me hubiera estrellado con el coche. Otra, que como hay tantos atracos en el noroeste últimamente, me habían raptado para pedir un rescate. Yo no sé si mi madre se cree que es rica, pero sé que los ladrones probables saben que no lo es. Lo suyo es ese miedo egocéntrico, el mismo que a muchas madres les hace creer que alguien va a echar droga en los vasos de sus hijos para aficionarles, como si el primer interés de un camello no fuera primero cobrar y segundo dejarte muy claro que él es quien te sirve. El caso es que a mi madre le parece más probable que me rapten o que me estrelle que que no conteste porque estoy en el cine, a pesar de que esto último es lo que viene ocurriendo en la práctica totalidad de nuestra vida juntos.
En fin, que aquí nadie quiere hacerse responsable de la torpeza de sus actos y/o sentimientos, y tú vienes del cine y te encuentras a un montón de personas irresponsables y sufrientes que te piden explicaciones e intentan responsabilizarte de sus preocupaciones. Porque mi madre es responsable de lo que siente cuando marca mi teléfono y no contesto, y mi novio es responsable de si en el fondo no está de acuerdo con la decisión bilateral de no vernos un jueves. ¿De qué soy responsable yo? Pues, si tenéis alguna idea al respecto, no dejéis de comentarla aquí debajo. Por lo pronto, quemaremos todo esto y mucho más que se nos ocurra esta noche en la hoguera de San Juan. Besos para todos.
A poco, será una noche mejor que la pasada. Uno, inocentemente, se fue al cine con su sobrina, con la que puede hablar de música, de chicos y de padres, que son los tres temas del mundo; poco queda, fuera de ellos. Hablando de música no me reí, sólo aprendí –y reconocí que ya ni siquiera soy suficientemente alternativo, cosa que no me importa, porque el mainstream tiene su encanto-, pero hablando de padres me partí el eje de las equis. Es que ella de padres puede hablar, y mucho. Lo de su progenitor es un verdadero catálogo de… cómo diríamos… bueno, un catálogo.
El caso es que me fui feliz al cine con ella, a ver “El asesinato de Richard Nixon”, que me encantó, crítica feroz, como se suele decir, a nuestra sociedad, aunque esta vez es cierto, y con una escena final –genial Sean Penn con un avioncito de papel hacia la cámara- que es la escena con más huevos que se ha rodado en el cine post 11S, casi se me puso dura, de puro atrevida –tanto que a muchos seguro que les pasa inadvertido su atrevimiento-. En fin, que yo disfrutando de mi sobri y de la peli y salgo y me encuentro mil quinientas llamadas perdidas, la mitad de mi madre y la mitad del Zoo.
Decido llamar primero al Zoo –para que veáis- y cúmulo de malentendidos, porque yo le había llamado para comentarle que me iba al cine, aunque previamente acordamos que no nos veríamos. Él no había oído la llamada y luego yo estaba en el cine. Pero claro, llamó a mi casa y mi madre de los nervios, porque pensaba que estaba con él. Llego a mi casa –hablé con Zoo durante todo el trayecto, qué fácil os lo puse ayer, maderos encargados de las infracciones pozueleras- y mi madre al borde del infarto. Mi madre infartándose –había llamado a la policía y todo-, mi novio mosqueado y yo con la sonrisa en la boca por el trocito de obra de arte que venía de ver. Total, como yo ya sé que la felicidad dura poco, pues lo di por bueno.
Mi madre tenía dos teorías probables en su cabeza: una, que me hubiera estrellado con el coche. Otra, que como hay tantos atracos en el noroeste últimamente, me habían raptado para pedir un rescate. Yo no sé si mi madre se cree que es rica, pero sé que los ladrones probables saben que no lo es. Lo suyo es ese miedo egocéntrico, el mismo que a muchas madres les hace creer que alguien va a echar droga en los vasos de sus hijos para aficionarles, como si el primer interés de un camello no fuera primero cobrar y segundo dejarte muy claro que él es quien te sirve. El caso es que a mi madre le parece más probable que me rapten o que me estrelle que que no conteste porque estoy en el cine, a pesar de que esto último es lo que viene ocurriendo en la práctica totalidad de nuestra vida juntos.
En fin, que aquí nadie quiere hacerse responsable de la torpeza de sus actos y/o sentimientos, y tú vienes del cine y te encuentras a un montón de personas irresponsables y sufrientes que te piden explicaciones e intentan responsabilizarte de sus preocupaciones. Porque mi madre es responsable de lo que siente cuando marca mi teléfono y no contesto, y mi novio es responsable de si en el fondo no está de acuerdo con la decisión bilateral de no vernos un jueves. ¿De qué soy responsable yo? Pues, si tenéis alguna idea al respecto, no dejéis de comentarla aquí debajo. Por lo pronto, quemaremos todo esto y mucho más que se nos ocurra esta noche en la hoguera de San Juan. Besos para todos.
Comentario:
La culpa la tienen Adán y Eva por comer manzanas (hay quye joderse), porque sino ¿quién me iba a decir a mí que me iba a encontrar las "puertas" de la hoguera cerradas?
Besotes. M.
Besotes. M.
Comentario:
Con los padres es que no hay forma de acertar.
El famoso verano de la riada del camping de Biescas los míos tenían a su hijo acampando en la misma zona, solo que en un camping dos valles más al oeste (pero ellos no tenían esta última información). Total, que allí todo el mundo con las tiendas de campaña anegadas, alucinando con el suceso, leyendo las listas que habían puesto en el bar del camping con familiares que habían llamado (no había móviles), y decido llamar a casa para que no se preocuparan. La respuesta de mi madre me desarmó: "no, si como nadie nos había avisado de nada, nos imaginábamos que estabas bien".
Pues eso, ni tanto ni tan calvo.
El famoso verano de la riada del camping de Biescas los míos tenían a su hijo acampando en la misma zona, solo que en un camping dos valles más al oeste (pero ellos no tenían esta última información). Total, que allí todo el mundo con las tiendas de campaña anegadas, alucinando con el suceso, leyendo las listas que habían puesto en el bar del camping con familiares que habían llamado (no había móviles), y decido llamar a casa para que no se preocuparan. La respuesta de mi madre me desarmó: "no, si como nadie nos había avisado de nada, nos imaginábamos que estabas bien".
Pues eso, ni tanto ni tan calvo.
Comentario:
El responsable es el que inventó la telefonía móvil. Es que ya no nos acordamos de lo bien que se vivía sin ella y, aunque tenga algunas ventajas (p.e. llamar a casa antes de llegar, etc...) tiene más invonvenientes. Todos suponen que debes de estar disponible "full time" porque para eso tienes un móvil. Pues va a ser que no...
Comentario:
"Es la noche mágica de San Juan..."
Decía la canción ( preciosa, una de mis preferidas de Julitros, sobre todo la versión acústica).
Santi
Decía la canción ( preciosa, una de mis preferidas de Julitros, sobre todo la versión acústica).
Santi





