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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Probetas
Menudo disgusto me he llevado, hijos míos, sabéis cómo soy yo para el dinero, cuando me han dicho que la broma de la hostia en el coche de mi hermana, que tan sólo me costó una fracción de segundo preparar, me va a costar más de 600 euros. Una especie de calor febril me ha subido a las mejillas, como cuando metes la pata, y una garra fría se ha cerrado alrededor de mi corazón. Como corresponde a un rata como yo, he hecho una regla de tres con la calculadora de Windows para saber cuántos días de trabajo me iba a costar la broma y no os diré el resultado –podríais calcular mi neto mensual, pillines, y todo el rollo que me tiro quedaría al descubierto- pero el hecho es que me jode, y mucho, trabajar esa cantidad de días para pagar una puta avería de coche.

A medida que avanza el día, el dolor por este montante va siendo más tenue; decrece a medida que la aceptación ocupa el lugar de la ira. No tengo tiempo para pedir más presupuestos, ni tiempo ni ganas. Lo llevaré cuando me toque, sufriré por el sablazo, y a otra cosa mariposa. Conseguirá esto disuadirme de conducir como si fuera montado en una ambulancia de los caballitos, es decir, mirando para atrás, subiéndome al asiento, girando el volante como un timón de barco o entreteniéndome con la vida al pasar? No, Julitros, tu coche no es un coche de Scalextric, no va enganchado a unos raíes. Hay que estar atento para conducirlo, lo típico. Seré gilipollas…

En otro orden de cosas, lo pasamos bien en la despedida de Rosita. Zoo se fue y yo me quedé y reviví viejos tiempos en discotecas modernas del centro de la ciudad, donde los niños bien toman pastillas y mantienen conversaciones iluminadas pero, joer, interesantes -¿seré yo también un iluminado?-. Sergio se quedó a su despedida, lo cuál está muy bien, aunque la suma final de veces que la había mandado a tomar por culo a final de la noche, como les ocurre casi siempre, ascendía a la centena. Lo de éstos a las 7 de la mañana es como una de Oliver y Hardy, pero a color y con diálogos. Los diálogos son que la Rosita dice algo ininteligible, Sergio dice “déjame en paz y vete por ahí” señalando alguna estación de la línea verde y ella dice “mierda” y se ríe, porque el karma de la Rosita no se termina nunca. El otro día terminaron pasados por agua, y la Rosita, además, virtió sobre Pichina una probeta entera que llevaba en el bolso de un perfume concentrado lleno de aceites esenciales –era como aceite de oliva-, que es somo si te pusieran sobre un centímetro cuadrado de piel el resultado de ocho litros de perfume, el caso es que Pichina olerá a pachuli hasta el otoño.

Por cierto, que nos contó la Rosita que ya tiene el resultado de sus investigaciones de nueve meses, que es otra probeta llena de un líquido, apenas unos mililitros de una pócima mágica que te pone dura la polla como el auricular de un teléfono antiguo, dura y brillante como él, que ella está trabajando, va en serio, en una movida que deja al Viagra como excitador de pollas a la altura de un programa de La Clave. Pues bien, se llevará su probeta en el avión. ¿No da cosa que el resultado de casi un año de tu trabajo sea un tubito con líquido y vas a jugarte la vida trayéndolo de un lado a otro? ¿Y si se le salta el corcho? ¿Y si se sienta encima? ¿Y si hace mucho calor y se evapora? Yo qué sé, mil cosas. ¿Estará muy concentrado también? ¿Si se cae al mar se ponen todos los peces del Atlántico duros como piedras? Lo que es la vida. Y me parece a mí mi trabajo raro. Besos para todos.
 
Comentario:
aun no me has respondido a la pregunta que te he puesto en el anterior post, asi que si tienes a bien...

besos.
No