Tara
Entiendo, hijos míos, que debería recuperarme yo para este blog, que sé que entrais y vuestras caras se entristecen al ver que vuestro referente cultural, vuestro norte espiritual, la fuente que sacia vuestras oscuras ganas de saber qué opino de mis parientes del pueblo de mi madre, es decir, yo, no he añadido ni una sola letra a esta cumbre del relato español, cual Montaña Mágica de la meseta castellana.
Pues nada, que tuve mucho trabajo y ahora, que tengo algo menos, estoy vago. Simplemente. Y qué puedo contaros, a parte de lo evidente –reconocer que tengo esto más abandonado que el prota de Queer as Folk al rubito-. Pues poca cosa. Llueve en Madrid, ya era hora. El Zoo, o sea mi novio –no puedo evitar poneros en antecedentes, que tenéis la memoria de un mosquito- se cambia de casa, ya que su familia se muda al más allá –Fuentelabrada-. ¿Es Fuentelabrada? Es que cada vez que voy a mencionar dicho municipio me viene a la cabeza la Carrá –imitada por Martes y Trece- diciendo “fonto-labratta” y ya no sé cuál es el modo correcto. Que me perdonen los fontolabroides, si es que me lee alguno. Pues sí, se viene a vivir a Majadahonda, a compartir un piso con dos chicos más aburridos que “Vete de mí” –le peliculita esa que han hecho entre el hijo de Victor Belén y Ana Manuel, el hijo de Rosa León y no sé qué otros hijos pijos de padres intelectuales, que es más pesada que una vaca en brazos, y peor aún, pretenciosa, que de cine tiene poco, y sabéis que me jode poner verde a los rojos, que los adoro, pero es que los hijos de los rojos es otra cosa-. Pero es un piso precioso y los chicos son muy limpios, y yo creo que ninuno es maricón, así que no creo que me levanten al novio. Todo en orden.
Hablando de homosexualidad, aquí mismo tengo al lado, su culo a la altura de mi mirada, al tío más bueno con diferencia de esta empresa, válgame el cielo que no puedo decir su nombre, que quién sabe quién lee esto y mi carrera profesional, o al menos mi cedibilidad, al garete. Va con su jersey verde y su camisa por fuera, y nada de esto importa, porque de inmediato le desnudo con la mirada y a la mente me vienen las directas reflexiones de un personaje de Happiness, que la vi ayer en VHS y me impactó, no sé si contribuyó a ello el palpitar de mi video Siemens del año 88 –no exagero- no apto para epilépticos ni para nadie, qué cojones. Pues decía aquel personaje: “te la clavaría hasta que te saliera por la boca”. Bien, esto es lo que pienso yo del… eh, casi se me escapa el nombre.
Y es que yo creo que las hormonas, a pesar de que las canas colonizan poco a poco las laderas de mis sienes –único sitio donde preveo que la alopecia no va a terminar campando a sus anchas-, las tengo como nuevas. Como recién estrenadas en el cuerpo tembloroso de un adolescente. Una lástima. Tengo deseos sexuales por mi novio, por los chicos del gimnasio –no por todos, pero sí por una inmensa mayoría-, por algunos del trabajo –una inmensa minoría- y por el 15% de las personas que me cruzo por la calle. No podemos culpar a la primavera, evidentemente. Tampoco podemos culpar a la insatisfacción sexual. Tampoco a la Rosi, mi progenitora, quien para escribir un compendio de conocimiento sexual tendría que recurrir directamente al género de la ciencia ficción. Ni a mi padre, que se educó en la misma cultura de posguerra.
Hijos míos, sólo se hablar de sexo, como véis. Prometo dos cosas: que vuelvo a la regularidad en la escritura de este blog y que nunca más volveré a hablar de… bueno, que nunca más volveré a pasar hambre. Besos para todos.
Pues nada, que tuve mucho trabajo y ahora, que tengo algo menos, estoy vago. Simplemente. Y qué puedo contaros, a parte de lo evidente –reconocer que tengo esto más abandonado que el prota de Queer as Folk al rubito-. Pues poca cosa. Llueve en Madrid, ya era hora. El Zoo, o sea mi novio –no puedo evitar poneros en antecedentes, que tenéis la memoria de un mosquito- se cambia de casa, ya que su familia se muda al más allá –Fuentelabrada-. ¿Es Fuentelabrada? Es que cada vez que voy a mencionar dicho municipio me viene a la cabeza la Carrá –imitada por Martes y Trece- diciendo “fonto-labratta” y ya no sé cuál es el modo correcto. Que me perdonen los fontolabroides, si es que me lee alguno. Pues sí, se viene a vivir a Majadahonda, a compartir un piso con dos chicos más aburridos que “Vete de mí” –le peliculita esa que han hecho entre el hijo de Victor Belén y Ana Manuel, el hijo de Rosa León y no sé qué otros hijos pijos de padres intelectuales, que es más pesada que una vaca en brazos, y peor aún, pretenciosa, que de cine tiene poco, y sabéis que me jode poner verde a los rojos, que los adoro, pero es que los hijos de los rojos es otra cosa-. Pero es un piso precioso y los chicos son muy limpios, y yo creo que ninuno es maricón, así que no creo que me levanten al novio. Todo en orden.
Hablando de homosexualidad, aquí mismo tengo al lado, su culo a la altura de mi mirada, al tío más bueno con diferencia de esta empresa, válgame el cielo que no puedo decir su nombre, que quién sabe quién lee esto y mi carrera profesional, o al menos mi cedibilidad, al garete. Va con su jersey verde y su camisa por fuera, y nada de esto importa, porque de inmediato le desnudo con la mirada y a la mente me vienen las directas reflexiones de un personaje de Happiness, que la vi ayer en VHS y me impactó, no sé si contribuyó a ello el palpitar de mi video Siemens del año 88 –no exagero- no apto para epilépticos ni para nadie, qué cojones. Pues decía aquel personaje: “te la clavaría hasta que te saliera por la boca”. Bien, esto es lo que pienso yo del… eh, casi se me escapa el nombre.
Y es que yo creo que las hormonas, a pesar de que las canas colonizan poco a poco las laderas de mis sienes –único sitio donde preveo que la alopecia no va a terminar campando a sus anchas-, las tengo como nuevas. Como recién estrenadas en el cuerpo tembloroso de un adolescente. Una lástima. Tengo deseos sexuales por mi novio, por los chicos del gimnasio –no por todos, pero sí por una inmensa mayoría-, por algunos del trabajo –una inmensa minoría- y por el 15% de las personas que me cruzo por la calle. No podemos culpar a la primavera, evidentemente. Tampoco podemos culpar a la insatisfacción sexual. Tampoco a la Rosi, mi progenitora, quien para escribir un compendio de conocimiento sexual tendría que recurrir directamente al género de la ciencia ficción. Ni a mi padre, que se educó en la misma cultura de posguerra.
Hijos míos, sólo se hablar de sexo, como véis. Prometo dos cosas: que vuelvo a la regularidad en la escritura de este blog y que nunca más volveré a hablar de… bueno, que nunca más volveré a pasar hambre. Besos para todos.
Comentario:
¡Ya era hora majo! Oye, ¿qué es eso de las pelis? No paras quieto, ¿eh? Qué envidia me das, qué de tiempo para hacer de todo. Qué suerte.
Besillos para ti y para la Nuvilla (¿ya habeis llegado del Éfeso, no? Obvio).
Besillos para ti y para la Nuvilla (¿ya habeis llegado del Éfeso, no? Obvio).
Comentario:
je je, efectivamente, llegas tarde... POR SUPUESTO que hay carátula!! y no quiero que los propios que aparecen en la misma me vengan con derechos de imagen!! jaj a
Comentario:
Me alegro que estés de vuelta!También habrá tenido que ver en tu retraso literario el que te dedicas ahora también a producir pelis, qué ganas tengo de verla!Ahora tendrás que diseñarla una carátula no? eso si no la tienes ya,...
Besos.
Besos.





