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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
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Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Lo aprendido
Este fin de semana se presenta movidito. El Zoo se traslada de casa. Deja de vivir en medio de la nube de polvo de las obras de la M30 –los amortiguadores de mi coche y mi propia paciencia lo agradeceremos infinito- y se va a una urbanización pija con piscina y vistas a un parquecito bucólico en Majadahonda, detrás justo del ambulatorio de psiquiatría, por si las ansiedades.

Está muy bien el sitio, y el alemán y el de Valladolid –sus compañeros- parecen majos. Salón grande, Doby 5.1 a compartir, aunque una lástima de películas, de La Jungla de Cristal III –la mala- para abajo. Hablando de terceras partes, en mis cascos suena Bat out of hell III, Meat Loaf más grande que nunca, y no me pidáis explicaciones. Lo adoro. Pues eso, que mi egoísmo y mi lado desintersado pugnan por hacerse con el control de mi noche de viernes, y hasta después de la siesta no sé quién ganará. ¿Dormiré en casa del Zoo y me despertaré con las actividades de mudanza de sus hermanos a las 7 de la mañana? ¿Dormiré en mi casa e iré a la suya a las 10 cuando ya se trate de empezar con la de Zoo? Ay, hijos míos, cuando uno es un estómago bien alimentado de occidente, los debates internos son de este calibre. Pero son debates. Vergüenza me debería dar. Parafraseo a Felipe, el de Mafalda: “Ah, cómo, ¿no me da? Vaya, nunca termina uno de conocerse”.

Para rematar, mañana mismo, al final de la jornada, he comprometido yo una cena en casa del Charles junto con otros compis del curro, ya colegas, y es que este trabajo intenso une. El Zoo, convencido de que yo siempre me encuentro al borde de la noche y el desenfreno en que una vez me zambullí, le tiene miedo al Charles, quien, desde luego, está más que zambullido aún. A la casa del Charles –a 5 minutos de Malasaña, 6 de Bilbao y 7 de Chueca, 10 del pecado mortal- entras por un hall que es un canto al clubbing: montañas de vinilos de 45 alfombran los suelos, carteles de oscuros afters desaparecidos pueblan las paredes, sesiones, una mesa de mezclas con dos platos y etapas Bose, luz matizada detrás de sábanas étnicas. Un cuarto de baño dedicado íntegramente al crecimiento de una planta de marihuana, como un templo budista. Accedes al salón y allí está, perenne, su amiga estadounidense, que sólo fuma marihuana y no toma azucar porque está en sus quince días de limpiarse las venas. No alcohol, nada de pasta, sólo maría.

Así que no extrañas que al Zoo, que es como el policía vocacional de un pueblo mormón, se le haga cuesta arriba el plan. Le dije ayer que no problem, que lo dejábamos en suspenso. Porque yo creo que iremos. Tendré que utilizar todos mis conocimientos de la psique humana. Aunque me he leído un libro de lo mucho que marca la naturaleza (versus lo aprendido) en los humanos y estoy un poco descorazonado. Después de todo, mis padres no tienen la culpa de todo lo que ha ocurrido en este mundo, mi mundo, a partir de 1973. Pero qué cojones, mi madre te echa la culpa a veces hasta de lo que pasó antes de que nacieras. Pues nada, seguiré creyendo en el entorno, en la cultura, en la culpa de mis padres. Seguiremos culpándonos unos a otros, que, pensadlo bien, es más divertido.

Por cierto, no sé si son mis genes o mi entorno o qué, pero ayer me partí la caja viendo cómo metían miedo a los de Gran Hermano. Oyes, que me pasaba de la risa. Que tuve que llamar a mi hermana para ver si lo estaba viendo y, efectivamente, es cosa de genes, porque estaba partida el eje en su casa. Y me vengo al curro y lo cuento y me miran como las vacas al tren. Hay que ver. Ayer por la tarde salí del curro, me fui al Corte Inglés a cambiar un libro de la historia de la filosofía occidental –había leído en Amazon que tiraba un poco a facha, en plan Tomás de Aquino the best, Nietzche the worst- y me pillé uno de la historia de la E Street Band, el “Así habló Zarathrusta… [o como se escriba!!]”, que me lo ojeé y entre que me escandalizó y flipé, y mangué uno con un par de obras de teatro de Jardiel Poncela, que era bastante menos franquista de lo que podéis imaginar. Y llegué a casa y me empecé el de Jardiel Poncela y mola. Pero lo dejé porque me quedé riéndome con lo del Gran Hermano.

En fin, hijos míos. Son las 3.30 y me entra el sueño del viernes. Me voy a casa. Meat Loaf está cantando ahora una muy bonita y muy lenta. Besitos para todos.
No