Me lo paso como los indios
Sí, hijos míos, estas navidades, o quizá antes en alguna tierra perdida y húmeda en el valle del silencio, si es que allí llega la electricidad y la tecnología DVD –que una cosa es que el nieto del asunto sea un reputado jefe de proyectos informáticos y otra muy distinta es que la abuela del mismo sea una freak del vídeo digital-, se estrena “Mirándolo con tiempo”, la última obra maestra del reputado cineasta Julitros, quien, cual hombre del renacimiento, ha pasado de la música al relato, y de éste a lo audiovisual, y ahí se anda metido en los últimos meses. Que estoy obsesionado. Que ando por mi cuarto documental, uno sobre Aguilar de Campoo que pretenderá arrancar alguna lágrima a mis hermanas, a quienes parecía habérseles olvidado lo apasionante y divertido que es nuestro pueblo, y lo han recordado –todas y de golpe- este verano pasado.
Así que llego todos los días después del gym o de cualquier otra cosa con que ocupe el final de mis tardes, ceno rápida y copiosamente, y me pongo a la edición de vídeo con mi HP –algunos no somos tan suertudos de haber sido obsequiados con un Mac, Mari- y me tiro hasta la una o las dos, y teniendo que trabajar, como trabajo, al día siguiente. Pero es que me apasiona, oyes. No os digo más que el otro día ví a un coche andando hacia atrás para aparcar y mi mente lo interpretó como un simple clip de película de coche circulando hacia delante al que hubieras dado la vuelta en la línea de tiempo. La línea de tiempo, qué hubiera sido de Platón y de toda la filosofía occidental si Platón hubiera tenido una línea de tiempo por la que moverse con un giro de muñeca. En fin, los obsesos del Tetris entenderán hasta qué punto distorsiona tu mente la realidad si pegas tu cabeza al cristal de un mundo virtual cualquiera.
Y estoy en el curro y busco de tapadillo samples con sonidos de ríos y pajaritos, porque tu río no tiene pajaritos y sabes que el sonido lo hace todo. Y fuerzas el azul de los cielos y usas música desconocida para que las discográficas no se te echen encima si un día saltas a la fama como un Amenábar tardío. Y saboreas el placer de inventarte una tensión inexistente entre un niño y un artista callejero con sólo jugar al plano y contraplano. Eres un poco como dios. Sin salir de tu HP. Con el volumen bajado de la tele. Como sacar a una modelo yonki de la cama y convertirla, maquillaje aquí, Photoshop allá, en la reina de la pasarela.
Vamos, que me lo paso como los indios. Que ni veo el resumen de Gran Hermano. Aunque ello suponga perderme el único programa auténticamente artístico de la televisión gratuíta –ya os explicaré esto otro día-. Bueno, hijos. Vosotros juzgaréis si mis noches en vela merecen la pena. El buen rato pasado mientras lo hacía me lo guardo yo.
Así que llego todos los días después del gym o de cualquier otra cosa con que ocupe el final de mis tardes, ceno rápida y copiosamente, y me pongo a la edición de vídeo con mi HP –algunos no somos tan suertudos de haber sido obsequiados con un Mac, Mari- y me tiro hasta la una o las dos, y teniendo que trabajar, como trabajo, al día siguiente. Pero es que me apasiona, oyes. No os digo más que el otro día ví a un coche andando hacia atrás para aparcar y mi mente lo interpretó como un simple clip de película de coche circulando hacia delante al que hubieras dado la vuelta en la línea de tiempo. La línea de tiempo, qué hubiera sido de Platón y de toda la filosofía occidental si Platón hubiera tenido una línea de tiempo por la que moverse con un giro de muñeca. En fin, los obsesos del Tetris entenderán hasta qué punto distorsiona tu mente la realidad si pegas tu cabeza al cristal de un mundo virtual cualquiera.
Y estoy en el curro y busco de tapadillo samples con sonidos de ríos y pajaritos, porque tu río no tiene pajaritos y sabes que el sonido lo hace todo. Y fuerzas el azul de los cielos y usas música desconocida para que las discográficas no se te echen encima si un día saltas a la fama como un Amenábar tardío. Y saboreas el placer de inventarte una tensión inexistente entre un niño y un artista callejero con sólo jugar al plano y contraplano. Eres un poco como dios. Sin salir de tu HP. Con el volumen bajado de la tele. Como sacar a una modelo yonki de la cama y convertirla, maquillaje aquí, Photoshop allá, en la reina de la pasarela.
Vamos, que me lo paso como los indios. Que ni veo el resumen de Gran Hermano. Aunque ello suponga perderme el único programa auténticamente artístico de la televisión gratuíta –ya os explicaré esto otro día-. Bueno, hijos. Vosotros juzgaréis si mis noches en vela merecen la pena. El buen rato pasado mientras lo hacía me lo guardo yo.
Comentario:
Pues a mí me parece genial. ¿Con qué andas, con After Effects o así, no? Es una gozada, majo, un auténtico placer (te lo dice una ex adicta al Tetris, al Flash, al Photoshop, al Director...).
Lo de llevar DVD, pues oyess, que llevamos uno de casa y todos los cables que nos encontremos... Y si no vamos a casa de los pás del reputado jefe de proyectos y listo (que allí sí que tienen déuvedé y demás parafernalia tecnológica).
A ver si le pongo las pilas al chaval que me anda muy despistado. Estad atentos a vuestros correos electrónicos, ho, ho, ho.
Besos, m.
Lo de llevar DVD, pues oyess, que llevamos uno de casa y todos los cables que nos encontremos... Y si no vamos a casa de los pás del reputado jefe de proyectos y listo (que allí sí que tienen déuvedé y demás parafernalia tecnológica).
A ver si le pongo las pilas al chaval que me anda muy despistado. Estad atentos a vuestros correos electrónicos, ho, ho, ho.
Besos, m.





