logotipo

img_google
Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
aburrirse
Ayer estuvimos en casa de Moni y Vic hasta las dos de la mañana. Me dejé llevar por la envidia a quienes no tenían que trabajar hoy, y claro, pago las consecuencias. A pesar de que tenemos que entregar el Monasterio de El Escorial en formato electrónico dentro de un mes, aquí estoy yo, escuchando a Little Feat, porque no soy capaz de hacer nada más. Diréis que soy un irresponsable. No. Simplemente, no tengo edad.

Ayer hablábamos del amor, de no echar balones fuera, de volver los ojos sobre uno mismo como único método posible para sentirse bien y hacer al otro sentirse bien, de qué poco hago yo esto y qué poco lo hace el Zoo, y de qué poco damos nuestro brazo a torcer. También hablamos de la guerra civil, un ámbito en el que yo me siento más cómodo, porque, hijos míos, me da igual que la peña sea capaz de ver juicios de valor como hechos, de que las posiciones equilibradas sean las más valoradas en el ámbito intelectual. Los hechos son los hechos. Y los hechos son que entre los hombres no hay piedad. Y la única opinión que defenderé, una vez leídos unos cuantos libros, es la que proviene de quién me cae más simpático. No es lo mismo la consecuencia de 40 años de dictadura que cualquier otra consecuencia. Lo que pasa es que al final estábamos todos de acuerdo, así que presiento, que, en vez de guerra, seguíamos hablando del amor, ese tema que subyace en todos –cuando digo amor, quiero decir sexo-.

Ay, qué aburrido estoy. Aburrirse el fatal, es el peor síntoma de todos. No se me ocurre qué puedo hacer para dejar de aburrirme. Trabajar no, no me quita el aburrimiento. Tengo una mierda de coche al que llevo al taller el lunes, por quinta vez –o así- este año, y esta tarde atiendo mi piso, que viene un perito a ver la gotera que recorre en diagonal la pared de la sala. Podréis decir que qué suerte, que soy un propietario, pero soy un propietario de bienes en ruinas, y como cualquier propietario de esos que a todos no caen mal, mi preocupación son mis ruinas, y no parece que nada me haga feliz. Tengo que llamar a la vecina para que saque el cadaver del armario que linda con mi sala, o que llame a su seguro, tengo que explicarle al del taller que se supone que ya arregló mi avería con el refrigerante, también tengo que explicarles a los de HP que la bandeja de CD de mi portátil no lee bien los discos, y que es una avería evidentemente dentro de la garantía. Tengo que explicarles a todos estos desalmados mis problemas con una sonrisa en los labios. Una sonrisa telefónica, en el caso correspondiente -me han dicho que existe algo así-. Lo que pasa es que yo pienso que los de los talleres y los de los seguros, son, en líneas generales y con profusas excepciones, unos hijos de puta. Los de HP lo llevan en el nombre, así que no hay que abundar.

Como véis, estoy escribiendo el post más aburrido e inútil de este blog. Así que mejor lo dejo aquí. Tengo ganas de pegarme ese finde con mis amigos por tierras leonesas. Besos para todos.
 
Comentario:
Asi que fuisteis a León?

A que parte?

De ir a la capital, yo no me perderia el MUSAC, lo mejor que ha pasado en León capital desde hace mucho tiempo...

Ya nos contarás como lo pasasteis!

Santi
No