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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
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Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Ser estúpido
Tengo entendido que hay alguien en mi pueblo que se ha sentido ofendido por cierto episodio que narro muy atrás en este blog, relacionado con nuestras convivencias de confirmación, que habéis de saber que uno ha cumplido teóricamente para ser un cristiano como dios manda, valga la redundancia. Ni lo que cuento es objetivamente para tanto ni hay en mí ningún ánimo de ofender –menos aún a alguien que siempre ha contado con mi simpatía-, pero, por supuesto, todo el mundo tiene derecho a ofenderse –lo que me hace responsable de la ofensa- y por lo tanto pido disculpas desde aquí. Tendré más cuidado con los nombres reales. Sólo puedo decir que, si lo cité, es porque verdaderamente no tenía ningún ánimo más allá de ofrecer una anécdota divertida y de la que no considero que nadie pueda salir mal parado. Espero que no se termine el buen rollo y sigamos saludándonos cuando nos crucemos de nuevo en la noche aguilarense…

Dicho esto, al turrón. ¿Cómo va la organización de ese fin de semana en el norte? Espero que vaya adelante. No tengo nada nuevo que contar, a excepción de que ayer y el sábado me probé tantos vaqueros en las tiendas de Madrid que creo que he cogido alergia al algodón. Los pelillos de las piernas se me han quemado de tanto subirme y bajarme vaqueros lavados a la piedra, tantas tallas, tantos cortes Bragg, Lad y Classic, tantos botones semioxidados y tantas etiquetas cortantes como navajas. Y te tienes que pelear en los probadores, y guardar cola en éstos y en las cajas y hasta para pillar una talla en un mostrador, todos ellos vigilados por adolescentes cansados que cuidan del concierto en las tiendas como si fuéramos señoras que se mean en el baño del teatro.

Me compré una bandolera que no necesitaba y la devolví a los diez minutos. Me probé miles de vaqueros y cientos de camisetas y decenas de cinturones. Y algún gorro. Anduve varios kilómetros sin salir de la misma tienda, no creo que en el éxodo judío se haya caminado más. Revisé todas las etiquetas en apretadas hileras de prendas hasta que perdí la huella dactilar en el índice. Aguardé colas inútiles que parecían de refugiados en probadores con el máximo permitido de prendas, para salir después con que ninguna me valía, ya fuese un problema de talla, de hechura o de la propia hechura de uno, que no es para anuncio de calzoncillos, desde luego. Mis piernas están como separadas una de la otra –como demasiado separadas- y mi barriga se deshace de los tiros altos como una raqueta de una pelota de tenis. Las patas estrechas me hacen efecto Epilady y las anchas me hacen efecto morsa chilena. Los caídos me hancen efecto adolescente quiero y no puedo y los subidos efecto Obelix, quiero y puedo. Los de pana sólo me valen para el invierno y los de color camel con bolsitos son rollo Dr Livingstone o fotógrafo de viajes, y como que nadie se traga lo del espíritu aventurero si tu cara es la de no salir de la Gran Vía.

Y qué decir de los cinturones: me gustan los de tachuelas, pero a ellos no les gusto yo –que tengo teinta y tres tacos, cojones, y muy poco pelo en la cabeza-. Pienso que puedo rematarlo con los accesorios, pero tampoco, que ponerte un colgante casual y terminar pareciendo un ídolo inca de los demasiado recargados incluso para ellos es dos puntos seguidos de la misma línea.

Vamos, que no sabes como hacerlo. Sobre todo si tienes un fin de semana estúpido, que fue mi caso. Uno de esos en que eres estúpido con los demás y estúpido contigo mismo, y te sobran energías para cumplir con ambas tareas. Para rematar, llegué a casa y me vi la última hora de Mar Adentro, con la depresión consiguiente. ¿No os digo que soy estúpido? Besos para todos.
 
Comentario:
Julitros, si te sirve de consuelo, yo tambien ando perdidisimo con la moda, llevo dos tardes en el centro dedicadas a averiguar, básicamente, que la etiqueta "slim fit" que llevan ahora todas las camisas chulas significa "aquí no quepo". Nadie hace pantalones ni chaquetas por encima de la 50-52 (¿recuerdas la odisea hasta encontrar la americana de pana, que aprecio como si duera el último lince ibérico?), me niego a ir a tallas especiales, especiales lo serán sus padres, que yo veo Madrid lleno de tarugos, y en éstas estoy, y el tiempo corre en mi contra, y la ropa se va gastando, salvo mi única compra, un juego de slips que no desentonarían por corte y colores en un especial de lucha mexicana, y creo que ya estoy hablando demasiado...
 
Comentario:
Es que ya no hacen pantalones como los de antes... :PPPPPPP Yo también estoy hasta la mismísimas de las tallas. El otro día entré en una 38 de Blanco y a los cinco minutos no cabía en una 44 de la misma marca. Ô_ô La moda es una mierda. Hagámonos anacoretas del consumismo ya.

Ya verás qué bien nos viene ese fin de semana de oxigenación por tierras leonesas, ejem, perdón, berzianas. Besote. M
No