Sobrevivir al botillo
En el botillo está la explicación de los agujeros negros. Físcos del mundo, sentaos alrededor de un botillo –echad la cabeza hacia atrás cuando se destape la olla, que podéis morir calcinados en vapor incandescente- y desentrañad el por qué de la atracción en un punto, la absorción ilimitada de energía, la densidad infinita. Me comí botillo el sábado, hubo un antes y un después. Antes era un ser humano, después fui un pelele gaseoso. Les pedí a mis amigos que me sujetaran con una cuerda para no salir volando.
Veo botillos por todos los lados, botillos alados que revolotean a mi alrededor como en una pesadilla, como un sueño de Dumbo. No contentos con ello, cenamos bacalao al estilo del Bierzo, diversas tartas de queso, y ayer, como en una huída hacia delante, almorzamos cocido maragato en la mismísima Astorga. Ya sabéis cómo va, se empieza por la carne y se termina por la sopa. Luego visitamos la catedral. Yo me tuve que sentar en un hueco silencioso y meditar allí, pensé en la vida y la muerte, frente a unos trípticos que aleccionaban sobre el pecado. En uno de ellos había un demonio con una cara barbuda en la entrepierna, y yo lo miraba y mi cerebro no funcionaba, ya que globos inmensos de gas ascendían por mi esófago provinientes del agujero negro maragato que yo tenía en mi estómago, y éstos impedían que la sangre llegara a mi cerebro. Así que permanecí como en un éxtasis teresiano un buen rato, sentado en aquella bancada de coro en la que no te podías sentar, contemplando aquel comic en fascículos del siglo XVI que se desplegaba policromado ante mis ojos, y cuya moraleja estaba bien clara: hagas lo que hagas, si es placentero, el demonio vendrá a por ti y ya te puedes despedir de un final digno sobre la tierra.
Grabé en video aquellas estampas –no se podía grabar en video-, llamé a mis amigos para ver dónde estaban –no se podía usar el móvil-, maldije las jornadas gastronómicas del Bierzo y mi propia falta absoluta de autocontrol con la comida –usar el nombre de dios en vano es lo que está más prohibido ahí-. Si no grabé en aquella sillería coral con la punta de mi llave del coche algo tipo “aquí yace un martir de la gastronomía leonesa” es porque estaba demasiado ocupado tratando de eructar antes de sufrir un paro cardíaco.
Y qué decir del viaje de vuelta. Zoo dormía a mi lado y yo conducía. Me dormía. Me daban sobresaltos. Taquicardias. Eructos nocivos como gas mostaza. Gas mostaza por algún otro orificio. La coca cola no me ayudaba. La tónica tampoco. Tenía ganas de abalanzarme sobre el carril contrario y terminar con todo aquello.
Pero sobreviví.
Así que sigo aquí y puedo decir que ha sido un fin de semana cojonudo. Rober, Marisa –anfitriones-, Nuri, Casti, Laín, Susana, Rober’s sister and cuñado –peazo choza in the middle of Ponferrada-… parafraseando a Bono… thanks for giving us a great life. Besos para todos.
Veo botillos por todos los lados, botillos alados que revolotean a mi alrededor como en una pesadilla, como un sueño de Dumbo. No contentos con ello, cenamos bacalao al estilo del Bierzo, diversas tartas de queso, y ayer, como en una huída hacia delante, almorzamos cocido maragato en la mismísima Astorga. Ya sabéis cómo va, se empieza por la carne y se termina por la sopa. Luego visitamos la catedral. Yo me tuve que sentar en un hueco silencioso y meditar allí, pensé en la vida y la muerte, frente a unos trípticos que aleccionaban sobre el pecado. En uno de ellos había un demonio con una cara barbuda en la entrepierna, y yo lo miraba y mi cerebro no funcionaba, ya que globos inmensos de gas ascendían por mi esófago provinientes del agujero negro maragato que yo tenía en mi estómago, y éstos impedían que la sangre llegara a mi cerebro. Así que permanecí como en un éxtasis teresiano un buen rato, sentado en aquella bancada de coro en la que no te podías sentar, contemplando aquel comic en fascículos del siglo XVI que se desplegaba policromado ante mis ojos, y cuya moraleja estaba bien clara: hagas lo que hagas, si es placentero, el demonio vendrá a por ti y ya te puedes despedir de un final digno sobre la tierra.
Grabé en video aquellas estampas –no se podía grabar en video-, llamé a mis amigos para ver dónde estaban –no se podía usar el móvil-, maldije las jornadas gastronómicas del Bierzo y mi propia falta absoluta de autocontrol con la comida –usar el nombre de dios en vano es lo que está más prohibido ahí-. Si no grabé en aquella sillería coral con la punta de mi llave del coche algo tipo “aquí yace un martir de la gastronomía leonesa” es porque estaba demasiado ocupado tratando de eructar antes de sufrir un paro cardíaco.
Y qué decir del viaje de vuelta. Zoo dormía a mi lado y yo conducía. Me dormía. Me daban sobresaltos. Taquicardias. Eructos nocivos como gas mostaza. Gas mostaza por algún otro orificio. La coca cola no me ayudaba. La tónica tampoco. Tenía ganas de abalanzarme sobre el carril contrario y terminar con todo aquello.
Pero sobreviví.
Así que sigo aquí y puedo decir que ha sido un fin de semana cojonudo. Rober, Marisa –anfitriones-, Nuri, Casti, Laín, Susana, Rober’s sister and cuñado –peazo choza in the middle of Ponferrada-… parafraseando a Bono… thanks for giving us a great life. Besos para todos.
Comentario:
Ja, ja, ja, ja. Chaval, que estoy en el curro y no me puedo reir todo lo que quiero (qué descojono, leche).
Para seguir con el final ñoño: gracias a vosotros por la visita. ;D
Besitos. M.
Para seguir con el final ñoño: gracias a vosotros por la visita. ;D
Besitos. M.
Comentario:
Pues nosotros no contentos con todo eso, nos compramos mantecadas de Astorga, higos en aguardiente y un peazo Botillo para seguir celebrando dicha gastronomía ya en casa, aunque esperaremos unos días para hincarle el diente. Gracias a todos también de nuestra parte por este finde tan chulo.Besitos





