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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Nas y lo demás
Llamémosla Nas. Es de ascendencia iraní, ojos almendrados, morena, unas tetas como cabezas de niño chico. Hace un par de semanas le paró la Policía de Las Rozas, ella iba con Madonna a todo trapo en su Saab berlina, bailando en el asiento, sin papeles ni seguro, porque las chicas de Las Rozas se mueven en Las Rozas como vaqueros en el lejano oeste, a sus aires, conquistando el terreno virgen. Se saltó un semáforo en rojo, pero como Madonna y ella se encontraban en el culmen del dueto, no vieron las sirenas ni oyeron el altavoz. El coche de policía la siguió un par de calles y por fin ella se dio cuenta. Salió Nas del vehículo, tan pequeñita, sonrió y el policía terminó dándole el teléfono.

El otro día le dice una compi:
-Qué bonitos los tangas con triangulito de metal para pillar las tiras por detrás.
Ella se excita y viene corriendo:
-¿A que sí?
-Es que el tuyo se te sale.

Ayer me llama y me dice:
-Ay lo que me ha pasado. Otra vez con la policía.
Y me cuenta que la pillaron otra vez, esta vez varios policías, y ella sin papeles y dos stops sin parar a la chepa. Le pidieron los papeles. Y le pusieron la multa. Y el poli le preguntó:
-¿Se puede saber qué hace una chica con un coche tan grande?
Lejos de parecerle estúpida esta pregunta –se lo pareció, pero Nas no tiene un pelo de tonta-, le contó su vida:
-Nada, me quedé con él. Era de mi exmarido. También me quedé con el piso –y se echa a reír-. Pero lo quiero vender, es muy grande para mí.
-Yo acabo de comprarme uno, pero si no, te lo compraría. Es un coche cojonudo.
-Pues cómpramelo.
-Ya no puedo. Pero dame tu número, que a lo mejor conozco un tío que lo compraría.
Y Nas, todo nerviosa, porque ella no piensa en follar, os lo juro que no piensa, pero todo el mundo quiere follar con ella. Y ese no enterarse es lo que les da las ganas a los demás. El caso es que le dio el número, y a la media hora, en casa, le llamó el policía para perdonarle la multa. Sí, habéis oído bien: le perdonó la multa. ¿Puede hacerse eso? ¿No hay bases de datos u otros rollos patata? No lo sé. Pero le PERDONÓ la multa.

Lo que yo os iba a contar, en cualquier caso, es que mi actual novio y yo, ese novio cuyo amor yo pregoné a los cuatro vientos, está, por decirlo rápidamente, a puntito de mandarme a tomar por culo. ¿Y por qué? Diría que me lo pregunto, pero no es así, y es que conozco muy bien el porqué. La verdad es que estoy un poco extraño. El otro día le expliqué a mi madre, que está todo el día dándome el coñazo –lleva la cuenta de los días que llevo sin verme con Zoo, creo que van para veinte-, que yo lo que tengo son un montó de deseos sexuales. Le dije que ella no lo entiende porque es mujer, y mis hermanas tampoco por lo mismo, y que ya estoy harto de que me miren con los ojos como platos, porque tener deseos sexuales, digamos omnidireccionales, no significa ser intrínsecamente un desalmado. Ellas intentan hablar de ética cuando se habla de naturaleza, y yo, desde que he descubierto a Nietzsche, me he dado cuenta de que lo mío es cosa de la naturaleza, y que tales impulsos no se deben cercenar, y que lo natural es virtud mucho más que lo ético.

Entonces, mi madre, ayer día del padre, ha ido hermana por hermana contándoles mi teoría de lo masculino incomprendido en esta casa, y cada una de mis hermanas le ha dado una opinión. Por teléfono en mi casa se habla mucho de mí, y a mí eso me gusta. Yo creo que vivo demasiado bien y que esta es la raíz de mis problemas. Pero como estoy seguro de que pagaré por elló, me perdono. Besos para todos.
No