Las bodas
Tiene razón Casti que estoy cayendo en barrena, y más mi hermana melliza, que dice que no friega tanto y que qué va a pensar la gente de Aguilar. Yo le digo que en Aguilar también se friega mucho ya que no hay que coger autobuses para ir a ningún lado, y por lo tanto la peña tiene más tiempo libre para fregar, salir a la plaza por la tarde, ir al gimnasio –se va mucho al gimnasio en Aguilar, ¿os habéis dado cuenta?-, tomarte el vermut –qué placer, el vermut en Aguilar, calle del Puente arriba y abajo-, pasearte hasta el pantano si no sale el norte, o con el norte, que se te queda el jeto tipo Amundsen el día antes de espicharla, o lo que sea que quieras hacer. Así que no me va a quedar otra que volver a hablar de mi familia.
El mayor agravio del mundo se ha producido hace menos de un mes, que una prima mía se ha casado y no hemos ido a la boda. Un dramón, sobre todo para mi madre, que siempre lo dramatiza todo; o algo es un drama o, simplemente, no ocurre. El hecho minúsculo de que ella tampoco ha ido a la boda –digamos que porque no le ha salido de los cojones, aunque ha utilizado un montón de excusas- no parece mermarle su numerito, que nos lo monta cada dos por tres, y dice que somos unos malos primos, que nuestras primas siempre nos han querido, que ya veremos si un día nos casamos nosotros, que hay que ver, y que soy un ridículo y un absurdo –ya sabéis que esto, así y por este orden, es lo que me llama mi madre cada vez que tiene ocasión-.
Hace meses yo pensaba que iba a ir, bien lo sabe el cielo, pero es que se me fueron quitando las ganas. Entre que mi relación deja la Guerra de los Rose en un cuento fraternal para niños y que no tengo que ponerme, me dije “a tomar por culo”. Lo de las bodas es una movida. No te puedes comprar la ropa en cualquier sitio porque alguien te lo repite y puedes caer muerto en la mismísma bancada de la iglesia, con todo lo que ello implica. Y si te dejas la pasta, para qué. Luego te pones a bailar, pongamos que con el novio de tu amiga la que emigró a United Kingdom a labrarse un porvenir –y a dejar el alcohol, venga-, y luego éste quiere sobarte según baila –sí, el novio-, y tú le empujas para apartarte, pero como los dos estáis borrachos –el alcohol no se deja- acabas en el suelo, con un metacarpio roto y la manga de la camisa colgando de un hilo. Y la cosa es que en breve se casa otra prima mía, y como no fui a la boda de una, tampoco voy a ir a la de la otra, digo yo. Que nunca necesite yo la ayuda de mi familia materna, virgen santa, que nunca la necesite porque flipo.
Si yo un día me caso, quién lo sabe, de qué me serviría ahora repudiar el matrimonio si cuanto antes abres la boca antes te la cierra la vida, no sé lo que haré. Para empezar, me haré unas invitaciones de diseño, que parezcan más un flyer del Cool –sin tabletas de chocolate, que mi desnudo es poco fibroso y peludo- que una invitación al uso, de esas de pergamino con letras góticas y anillos entrelazados. A no ser que se me permitiera el sarcasmo, en cuyo caso sí, usaría una de las típicas, pero escribiendo en gótica “un anillo para unirlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas”, que puede ser una definición del matrimonio tan buena como cualquier otra.
Haría la boda por la tarde, que madrugar es fatal para la piel, y me pondría un traje molón, algo atípico. Lo jodido es que no me podría casar en una iglesia, porque bajarían hileras de ángeles cegadores y furibundos, y subirían demonios candentes a llevarme al infierno con sus sonrisas de oreja puntiaguda a oreja puntiaguda y habría allí una pelea entre ángeles y demonios de tres pares de cojones, y a mis familiares mayores les daría un síncope con semejante espectáculo y sería una lástima de boda. Y todo porque sería una boda entre dos tíos, y eso, al de arriba, al menos según la iglesia, no le sentaría ni un poquito bien. Así que no me podré casar en una iglesia románica con sus capiteles y sus arcos de medio punto, con lo que me gustan, con lo fresquitas que son y lo que reverberan, y lo reverente de su atmósfera y lo atemporal, y lo sereno –la serenidad es como la piedra filosofal para mí, en pos de ella viajo-, y yo allí con mi traje “slim fit” y mi corbata mod, y todo feliz, prometiendo amor eterno, que es algo que en mi sano juicio no debería yo prometer jamás. Bueno. Buscaré algún otro sitio con encanto. Algún sitio antiguo. Besos para todos.
El mayor agravio del mundo se ha producido hace menos de un mes, que una prima mía se ha casado y no hemos ido a la boda. Un dramón, sobre todo para mi madre, que siempre lo dramatiza todo; o algo es un drama o, simplemente, no ocurre. El hecho minúsculo de que ella tampoco ha ido a la boda –digamos que porque no le ha salido de los cojones, aunque ha utilizado un montón de excusas- no parece mermarle su numerito, que nos lo monta cada dos por tres, y dice que somos unos malos primos, que nuestras primas siempre nos han querido, que ya veremos si un día nos casamos nosotros, que hay que ver, y que soy un ridículo y un absurdo –ya sabéis que esto, así y por este orden, es lo que me llama mi madre cada vez que tiene ocasión-.
Hace meses yo pensaba que iba a ir, bien lo sabe el cielo, pero es que se me fueron quitando las ganas. Entre que mi relación deja la Guerra de los Rose en un cuento fraternal para niños y que no tengo que ponerme, me dije “a tomar por culo”. Lo de las bodas es una movida. No te puedes comprar la ropa en cualquier sitio porque alguien te lo repite y puedes caer muerto en la mismísma bancada de la iglesia, con todo lo que ello implica. Y si te dejas la pasta, para qué. Luego te pones a bailar, pongamos que con el novio de tu amiga la que emigró a United Kingdom a labrarse un porvenir –y a dejar el alcohol, venga-, y luego éste quiere sobarte según baila –sí, el novio-, y tú le empujas para apartarte, pero como los dos estáis borrachos –el alcohol no se deja- acabas en el suelo, con un metacarpio roto y la manga de la camisa colgando de un hilo. Y la cosa es que en breve se casa otra prima mía, y como no fui a la boda de una, tampoco voy a ir a la de la otra, digo yo. Que nunca necesite yo la ayuda de mi familia materna, virgen santa, que nunca la necesite porque flipo.
Si yo un día me caso, quién lo sabe, de qué me serviría ahora repudiar el matrimonio si cuanto antes abres la boca antes te la cierra la vida, no sé lo que haré. Para empezar, me haré unas invitaciones de diseño, que parezcan más un flyer del Cool –sin tabletas de chocolate, que mi desnudo es poco fibroso y peludo- que una invitación al uso, de esas de pergamino con letras góticas y anillos entrelazados. A no ser que se me permitiera el sarcasmo, en cuyo caso sí, usaría una de las típicas, pero escribiendo en gótica “un anillo para unirlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas”, que puede ser una definición del matrimonio tan buena como cualquier otra.
Haría la boda por la tarde, que madrugar es fatal para la piel, y me pondría un traje molón, algo atípico. Lo jodido es que no me podría casar en una iglesia, porque bajarían hileras de ángeles cegadores y furibundos, y subirían demonios candentes a llevarme al infierno con sus sonrisas de oreja puntiaguda a oreja puntiaguda y habría allí una pelea entre ángeles y demonios de tres pares de cojones, y a mis familiares mayores les daría un síncope con semejante espectáculo y sería una lástima de boda. Y todo porque sería una boda entre dos tíos, y eso, al de arriba, al menos según la iglesia, no le sentaría ni un poquito bien. Así que no me podré casar en una iglesia románica con sus capiteles y sus arcos de medio punto, con lo que me gustan, con lo fresquitas que son y lo que reverberan, y lo reverente de su atmósfera y lo atemporal, y lo sereno –la serenidad es como la piedra filosofal para mí, en pos de ella viajo-, y yo allí con mi traje “slim fit” y mi corbata mod, y todo feliz, prometiendo amor eterno, que es algo que en mi sano juicio no debería yo prometer jamás. Bueno. Buscaré algún otro sitio con encanto. Algún sitio antiguo. Besos para todos.
Comentario:
Santa Cecilia está desacralizada, por lo tanto, creo, se pueden organizar bodas civiles :PPPP
¡Cásate, hombre! aunque no sea más que por ver la invitación tipo Cool (es que todavía me acuerdo de un flyer de una piba con cara de guarra, vestida, que la montaba a caballito, tal cual, un tío sadomaso) y verte a ti con tu slim fit y la corbata negra fina al más puro estilo Quadrophenia. Ja, ja.
Que lo sepas: yo me pondría mi vestido mantel de picnic, eso sí, escote bañera que te cagas (lo que se van a comer los gusanos...) y volvería a mi pelo asteroide "noventero".
Vamos, menuda fiestazo (total, en Sta Cecilia ya se organizan botellones, así que todo en el mismo sitio, jaté tú).
Besitos. M.
¡Cásate, hombre! aunque no sea más que por ver la invitación tipo Cool (es que todavía me acuerdo de un flyer de una piba con cara de guarra, vestida, que la montaba a caballito, tal cual, un tío sadomaso) y verte a ti con tu slim fit y la corbata negra fina al más puro estilo Quadrophenia. Ja, ja.
Que lo sepas: yo me pondría mi vestido mantel de picnic, eso sí, escote bañera que te cagas (lo que se van a comer los gusanos...) y volvería a mi pelo asteroide "noventero".
Vamos, menuda fiestazo (total, en Sta Cecilia ya se organizan botellones, así que todo en el mismo sitio, jaté tú).
Besitos. M.





