El valor añadido
El marisco que cené -devoré- el viernes se hizo fuerte en mi estómago, creo que sobre todo las nécoras, y yo, que nunca jamás vomito, a pesar de que me emborracho regularmente, vomité. Rodeando la taza del váter con los brazos a las 12 de la mañana, sin haber pegado el ojo, todo mi cuerpo temblando y con una sensación que sólo puede definirse como horrible, lo eché todo, en plan niña del exorcista.
Para cuando el sol se puso de nuevo, volví a estar dentro de mi cuerpo, con hambre y ganas de salir. Mi hermana melliza inauguraba su piso para todos sus hermanos -o sea, mis otras hermanas y yo, digamos que a ninguno de los hijos de mi padre le ponen las tías, supongo que le salí rana- y allí fuimos, a asustar al novio de mi hermana, que no tiene hermanas -ni hermanos gays-, y en su casa jamás se ha hablado de trapos ni de alimentación rica en fibra y carbohidratos, así que se debe sentir entre nosotros como visitando el zoo.
Sergio, así se llama el novio de mi hermana, no sabe dónde se mete. Que nos aguanta es la mejor prueba de que la quiere con todas sus fuerzas. La elocuencia no es lo suyo, y esto, hijos míos, es sin duda una virtud. A lo largo de mi vida, abrir la boca y cagarla ha sido todo uno. Admiro a la gente que escucha más que habla. Yo escucho un 20% del tiempo y hablo el 80% restante. Ello me acarrea dos problemas fundamentales. Primero, que casi siempre hablo sin saber, dándo palos de ciego, y segundo, que aburro a la gente. Sergio sólo abre la boca cuando sabe que va a tener razón -y la tiene- o cuando va a aportar un valor añadido -que lo aporta-. Yo hablo tanto que la mayoría de las veces no hago más que repetir algo dicho, rodear las conversaciones, vender motos, intentar manipular las opiniones de los demás o a ellos mismos -esto nunca se consigue, mierda-, hacerme pasar por alguien que no soy o lanzar temas bomba como "¿Vísteis que fulanito de tal se plantó con una camiseta de playa en la despedida?", luego dejo que los demás lo despellejen un ratito y por último digo "Tampoco os paséis, es un buen chaval". Nada de esto puede considerarse aportar valor añadido, ¿eh? Así que el Sergio, igual que otras personas -como mi sobrino Santi-, me hace sentirme vacuo y absurdo, con sus opiniones certeras y su espíritu permanentemente ecuánime. En fin, me alegraré por ellos y por sus novias.
Para cuando el sol se puso de nuevo, volví a estar dentro de mi cuerpo, con hambre y ganas de salir. Mi hermana melliza inauguraba su piso para todos sus hermanos -o sea, mis otras hermanas y yo, digamos que a ninguno de los hijos de mi padre le ponen las tías, supongo que le salí rana- y allí fuimos, a asustar al novio de mi hermana, que no tiene hermanas -ni hermanos gays-, y en su casa jamás se ha hablado de trapos ni de alimentación rica en fibra y carbohidratos, así que se debe sentir entre nosotros como visitando el zoo.
Sergio, así se llama el novio de mi hermana, no sabe dónde se mete. Que nos aguanta es la mejor prueba de que la quiere con todas sus fuerzas. La elocuencia no es lo suyo, y esto, hijos míos, es sin duda una virtud. A lo largo de mi vida, abrir la boca y cagarla ha sido todo uno. Admiro a la gente que escucha más que habla. Yo escucho un 20% del tiempo y hablo el 80% restante. Ello me acarrea dos problemas fundamentales. Primero, que casi siempre hablo sin saber, dándo palos de ciego, y segundo, que aburro a la gente. Sergio sólo abre la boca cuando sabe que va a tener razón -y la tiene- o cuando va a aportar un valor añadido -que lo aporta-. Yo hablo tanto que la mayoría de las veces no hago más que repetir algo dicho, rodear las conversaciones, vender motos, intentar manipular las opiniones de los demás o a ellos mismos -esto nunca se consigue, mierda-, hacerme pasar por alguien que no soy o lanzar temas bomba como "¿Vísteis que fulanito de tal se plantó con una camiseta de playa en la despedida?", luego dejo que los demás lo despellejen un ratito y por último digo "Tampoco os paséis, es un buen chaval". Nada de esto puede considerarse aportar valor añadido, ¿eh? Así que el Sergio, igual que otras personas -como mi sobrino Santi-, me hace sentirme vacuo y absurdo, con sus opiniones certeras y su espíritu permanentemente ecuánime. En fin, me alegraré por ellos y por sus novias.
Comentario:
No se si Wolffo es de fiar Julilitro, eso de brindar no creoq este muy bien visto. Valor añadido? Quien busca cosas tan complicadas, si solo buscamos ser felices y reinventar el AMOR todas las mañanas. SI has acertado MJ esta de noches y no me apetecia salir de juerga con una jakeka en el kilometro 13 de mi cabezon, aunq propuestas no me han faltado, ya sbes q en el maaxter de pendon berbenero saque CUM LAUDEM. Megabrazote.
Comentario:
Yo no sé lo que es justo, hijo de Juliete, no tengo ni idea. Sé que yo no soy justo.
Pero vuelves a divertirme con tu prosa desacarada y sabia. Brindo por ello, muchacho.
Pero vuelves a divertirme con tu prosa desacarada y sabia. Brindo por ello, muchacho.





