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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
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Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Arreglando bicis (segunda parte)
Ayer, en una cervecería, me quedaba yo empanado mirando a un camarero de camiseta ajustada, hasta que el Yorch me sacó de mi ensimismamiento:
-¿No te gustan más con cuello?
A la Noe se le salía la cerveza por las narices. Yo le dije, Noe, si le vas a reír todas las tonterías a tu novio, estamos apañados. Pero el Yorch tenía razón. La cabeza y los hombros de aquel chico eran contínuos no discretos, como los números reales -es increíble las cosas absurdas del colegio que guarda mi cerebro-. Aquí era hombro, y una infinitésima de metro más allá, era cabeza. Así, de golpe.

Pero yo hoy quiero seguir hablando del taller de mi padre y de aquellos infames veranos sólo enmendados por los desnudos parciales de su ayudante. He arreglado en mi vida un millon y medio de pinchazos de bici. Sin exagerar. Lo haría ahora con los ojos cerrados. Pero al principio no sabía bien y venía un tío y me decía:
-Oye, ayer me arreglaste la rueda y hoy se me ha vuelto a pinchar.
Yo la cogía, la desmontaba y la metía en agua de nuevo. Efectivamente, el parche que le había puesto el día anterior se había levantado. Y yo iba y le decía:
-¿A que has ido por el mismo camino de ayer?
-Pues sí.
-Pues eso es que está lleno de zarzas. Ya puedes tener cuidado.
Es que eran muy de pueblo. Yo le arreglaba el pinchazo y se lo volvía a cobrar. Así era yo. Todo lo deshonesto que no era mi padre. Y un puto listo.

Otro verano subí, por cuenta propia, el precio de los pinchazos. De 175 pesetas a 250. Me tiré todo el verano cobrándolos así, no penséis que me quedaba con nada, pero es q a mí me parecía mucho esfuerzo para tan poco precio. Y mi padre se enteró al final, cuando uno le fue a pagar las 250 y él le dio cambio. No me pegó porque mi padre nunca me ha pegado, pero me soltó una patada que esquivé de milagro. Yo creo que mi padre nos soltaba esas patadas dándonos una ventaja suficiente como para no pillarnos. Dar patadas no es pegar, pegar es con las manos.

Y luego aprendí a motar bicis, que las montaba con la polla al final, ya, que eran para que los bancos especuladores se las pudieran regalar a sus clientes -mi padre pillaba cacho, así que no comment-, y a afilar cadenas de motosierra. Pero nunca me gustó. Ni siquiera el corto porno que suponía compartir vestuario con el ayudante me compensaba. Prefiero mi vida de ahora, que no tengo que arreglar pinchazos y puedo pasar a la acción carnal en vez de conformarme con la mera contemplación.
 
Comentario:
Arreglando bicis...
yo envidio eso, es ese tipo de saberes que me gustaría poseer. Como cortar filetes. Te juro que voy a una carnicería y lo flipo viendo como el tío le da al cachillo.
Pasa un buen finde, compañero, y a ser feliz. O, vamos, lo que sea.
No